Bailando Al Anochecer
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:
Capítulo Veinte
Belle no tenía ni idea de a dónde se dirigía al salir de la salita, pero cuando tropezó con Mary, su criada, en el pasillo, supo lo que tenía que hacer.
"Ponte la capa, Mary," dijo, con voz inusualmente aguda. "Tengo que salir."
Mary echó un vistazo hacia el exterior a través de la ventana. "Está bastante nublado, milady. ¿Está segura de que el recado no puede esperar hasta mañana?"
"No tengo ningún recado que hacer. Solamente quiero salir."
Mary notó el tono sofocado en la voz de su señora y asintió. "Voy a por mi capa."
Belle se arrebujó en la suya. Ni siquiera había tenido la posibilidad de quitársela después de que ella y John regresaran del Salón de Té Hardiman.
Unos minutos más tarde Mary regresó, apresurándose escaleras abajo. Belle no esperó a que terminara de bajar para abrir la puerta de la calle. Necesitaba aire fresco. Tenía que salir.
Caminaron a zancadas a lo largo de Upper Brook Street en dirección a Park Lane. Mary instintivamente hizo ademán de girar hacia el sur. "¿No quiere ir a Rotten Row?" preguntó cuando Belle siguió caminando hacia delante sin ella.
Belle negó furiosamente con la cabeza. "Quiero escapar de las multitudes."
"Yo no me preocuparía por eso, milady." Mary miró alrededor. Toda la gente bien de Londres se apresuraba a abandonar el parque. El cielo parecía como si fuera a diluviar en cualquier momento. "Realmente creo que debería pensar en regresar a casa. Estoy segura de que va a llover pronto. Y cada vez está más oscuro. Su madre pedirá mi cabeza. O su marido."
Belle se volvió como un resorte. "Ni lo menciones."
Mary retrocedió un paso. "Muy bien, milady."
Belle dejó escapar un suspiro arrepentido al instante. "Lo siento, Mary. No quería ser tan cortante."
Su criada colocó una consoladora mano sobre su brazo. Llevaban ya años juntas, y Mary conocía bien a su patrona. "Está bien, milady. Él la ama muchísimo."
"Ese es precisamente el problema," refunfuñó Belle. Suspiró y se adentró en el parque. Qué distancia recorrieron, no estaba segura. Probablemente no demasiada, pero el viento y el frío la cansaron. Finalmente, dijo a su criada. "Volvamos a casa, Mary."
La criada se permitió un audible suspiro de alivio. Caminaron con dificultad unos momentos hasta que Belle, de repente, detuvo a Mary, extendiendo un brazo frente a su cintura. "Detente", dijo en un susurro.
"¿Qué sucede? "
Belle había entrecerrado los ojos para ver mejor al hombre de cabello rubio que había divisado a unos treinta y tantos metros por delante. ¿Era aquel Spencer?
Con su vista era imposible asegurarlo. Maldición, ¿por qué había sido tan tonta? Jamás se le habría ocurrido salir de paseo al parque con tan sólo una criada como escolta si hubiera estado pensando con claridad. Una gruesa gota de lluvia aterrizó sobre su nariz, sacándola de su inmovilidad.
"Retrocede," susurró a Mary. "Muy despacio. No quiero llamar la atención." Caminaron de puntillas hacia atrás, en dirección a un área arbolada. Belle no creía que el hombre rubio las hubiera visto, y aún así, sus nervios seguían alerta. Probablemente no era Spencer, trató de convencerse. Pero en caso de que lo fuera, sería demasiada coincidencia para creer que también había salido de paseo por Hyde Park en un día frío y ventoso, sin otra razón que tomar un poco de aire fresco. La única explicación de su presencia allí era que la estaba siguiendo, pero el hombre rubio no parecía seguirla.
Aún así, debía ser cuidadosa. Se internó más profundamente entre los árboles.
El aire se estremeció súbitamente con el retumbar de los truenos, y la lluvia comenzó a caer con fuerza, rápida y furiosa. En pocos segundos, tanto Belle como Mary estaban caladas hasta los huesos. "Debemos regresar," gritó Mary, por encima del estruendo.
"No hasta que ese hombre… "
"¡Se ha marchado! " Mary la cogió del brazo y comenzó a tirar de ella hacia el sendero.
Belle se desasió de un tirón. "¡No! ¡No puedo! No si es… " Miró hacia el camino. Ni rastro del hombre. Aunque tampoco es que pudiera ver demasiado. Había oscurecido ya, y la torrencial lluvia no ayudaba.
Un súbito crujido restalló en sus oídos. Belle jadeó, retrocediendo de un brinco. ¿Había sido un trueno? ¿O una bala?
Comenzó a correr.
"¡Milady, nooo! " Mary salió disparada tras de ella.
Presa del pánico, Belle corrió a través de la arboleda, su vestido se enganchaba con las ramas, y su cabello se le arremolinaba sobre los ojos. Tropezó, cayó, y se incorporó para seguir corriendo. Respiraba con fuerza, totalmente desorientada. No vio la rama del árbol que se interponía en su camino.
Está se estrelló contra su frente.
Y ella cayó de espaldas.
"¡Oh, Dios mío!," grito Mary. Se arrodilló y sacudió a Belle. "¡Despierte, milady, despierte!”
La cabeza de Belle se bamboleó de un lado a otro.
"Oh no, oh no," se lamentó Mary. Trató de arrastrar a Belle hacia el sendero, pero la lluvia había empapado sus gruesas ropas, haciéndola demasiado pesada para la criada.
Con un pequeño grito de frustración, Mary apoyó a Belle contra el tronco de un árbol. ¿Se quedaba con ella o iba en busca de ayuda? No le gustaba la idea de dejar a su señora allí sola, desamparada, pero la alternativa… Miró alrededor. Estaban rodeadas de árboles. Nadie las vería nunca allí.
Habiendo tomado su decisión, Mary se enderezó, recogió sus faldas, y echó a correr.
John estaba sentado en la biblioteca, dando vueltas a una copa de whisky. Había alcanzado un grado de angustia tal que ni el alcohol podía hacer que desapareciera, y así, la copa permanecía en sus manos, intacta.
Permaneció sumido en una horrenda inmovilidad, viendo como el sol descendía por detrás del horizonte y desaparecía, escuchando como las diminutas gotas de lluvia repiqueteaban contra el cristal de una ventana y se convertían en gruesos riachuelos.
Debería ir junto a ella. Debería pedirle perdón. Debería dejarla decirle que lo amaba. Sabía que no lo merecía, pero si tanto la trastornaba oírle decir esa verdad… No había nada que sobrecogiera tanto su corazón como ver lágrimas en los ojos de Belle.
Suspiró. Había demasiadas cosas que debería hacer. Pero era un bastardo y un cobarde, y lo aterrorizaba la certeza de que si trataba de tomarla en sus brazos ella lo rechazaría.
Finalmente dejó la copa. Con un suspiro fatalista, se puso en pie. Iría a verla. Y si ella lo rechazaba… Sacudió la cabeza. Era demasiado doloroso pensar en ello.
John subió hasta su habitación, pero no había ninguna señal de que Belle hubiera estado allí desde su discusión. Perplejo, volvió sobre sus pasos, cruzándose con el mayordomo en el rellano de la escalera.
"Disculpe," dijo John. "¿Pero ha visto a Lady Blackwood?"
"No, lo lamento, milord," contestó Thornton. "Creí que estaba con usted."
"No," murmuró John. "¿Está lady Worth en casa?" Seguramente Caroline sabría el paradero de Belle.
"Lord y lady Worth cenan esta noche con sus excelencias, el duque y duquesa de Ashbourne. Se marcharon hace más de una hora."
John parpadeó. "Muy bien. Gracias. Estoy seguro de que encontraré a mi esposa en algún sitio."
Descendió el último tramo de escalones y estaba a punto de buscarla en el salón favorito de lady Worth cuando la puerta de la calle se abrió con estruendo.
Mary jadeaba, su cabello castaño estaba aplastado sobre su cabeza, y todo su cuerpo se estremecía ante el esfuerzo que debía hacer para respirar. Sus ojos se dilataron cuando lo vio. "¡Oh, milord! "
Un helado terror estrujó el corazón de John. "¿Mary? " susurró. "¿Dónde está Belle? "
"Se cayó," jadeó Mary. "Se cayó. Y se golpeó la cabeza. Traté de arrastrarla. Lo hice. Lo juro."
John ya tenía el abrigo puesto. "¿Dónde está? "