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Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:

Lady Arabella Blydon está decidida a descubrir los más oscuros secretos de Lord John Blackwood, incluso si ello significa ignorar todas las advertencias para que desista. Marcado por la guerra, tanto en el cuerpo como en el alma, John sabe que él jamás podrá ser lo suficientemente bueno para esta bella mujer, pero Belle no descansará hasta que él retorne a la luz y la alegría de la vida?. Y gane un lugar en su corazón para siempre.
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Belle no abrió los ojos. "Pero estoy muy cansada."

"No me importa," dijo John, inflexible. "Permanecerás despierta. ¿Me entiendes? "

A Belle le llevó unos segundos comprender su orden. "Si tú lo dices," contestó finalmente.

Durante el resto del trayecto, John alternó entre espolear a Thor para mantenerlo a toda la velocidad que el terreno permitía y sacudir a la temblorosa Belle para impedir que se durmiera. Tenía que conseguir llevarla a casa y hacerla entrar en calor. Le aterrorizaba la idea de que si se dormía no tuviera energía suficiente para volver a despertar.

Después de lo que le parecieron horas, salieron de entre los árboles y ganaron velocidad mientras cabalgaban a toda velocidad a través de Hyde Park y de las calles de Londres. Se detuvieron frente a los escalones de entrada de la residencia de los Blydon. John desmontó velozmente, llevando a Belle junto con él. El mozo que los seguía a caballo con Mary se hizo cargo de las riendas para conducir a Thor de vuelta a los establos. Después de mascullar un rápido agradecimiento, John entró a zancadas en el vestíbulo, llevando a Belle en sus brazos.

"¡Thornton!" gritó.

En unos segundos el mayordomo se materializó frente a él.

"Ordene preparar un baño caliente inmediatamente. Que lo pongan en mi habitación."

"Sí, milord, en seguida milord." Thornton se volvió hacia la señora Crane, el ama de llaves que lo había seguido hasta el vestíbulo.

Antes de que pudiera decir una palabra, ella ya había asentido y se apresuraba a subir.

John subió la escalera tan rápido como le era posible, su pierna buena sorteaba los escalones de dos en dos. Llegó al rellano con Belle suavemente apretada contra su pecho. "Ya casi estamos, mi amor," murmuró. "Te prometo que te daré calor."

La cabeza de Belle se movió ligeramente. John deseaba que fuera porque lo había oído y asentía, pero tenía el descorazonador presentimiento de que el movimiento era únicamente debido a la velocidad con la que él la transportaba. Cuando alcanzaron a su habitación, dos criadas llenaban apresuradamente una bañera. "Calentamos el agua tan rápido como podemos, milord," dijo una de ellas a toda prisa, haciendo una reverencia.

John asintió cortante y posó a Belle sobre una toalla que había sido extendida encima de la cama. El cabello se apartó de su rostro, revelando un feo hematoma de tono purpúreo que ensombrecía su frente. John sintió que sus pulmones se quedaban sin oxigeno y una rabia indecible se apoderó de él. Contra qué, no estaba seguro…lo más probable que contra si mismo.

"¿John?" preguntó ella débilmente, con un revoloteo de sus párpados.

"Estoy aquí, mi amor. Estoy aquí."

"Me siento rara, muy rara. Tengo frío, pero no lo siento. Creo, creo que estoy…" Belle había estado a punto de decir "muriendo", pero su último pensamiento racional antes de desmayarse fue que no quería preocuparlo.

John maldijo entre dientes, notando al instante el momento en que ella se alejaba de él. Con dedos entumecidos pero firmes se apresuró a desabrochar los helados botones del traje de amazona. "¡No me dejes, Belle!" gritó. "¿Me oyes? ¡No puedes dejarme ahora! "

La señora Crane entro ajetreada en la habitación, llevando dos cubos más de agua humeante. "¿Milord?" preguntó. "¿Está seguro de hacerlo? Es decir quizás una mujer… "

Él se dio la vuelta y dijo en tono extremadamente acerado, "Es mi esposa. Yo me ocuparé de ella."

La señora Crane asintió rígidamente y abandonó la habitación.

John volvió de nuevo su atención a los botones de Belle. Cuando hubo terminado, abrió la chaquetilla y se la sacó por los brazos. Murmurando una apagada maldición, rasgó su camisola interior de arriba a abajo. Se le pegaba de tal forma al cuerpo que le habría llevado demasiado tiempo quitársela. Además, de esta forma ella podía seguir tumbada. Silenciosamente, posó una mano sobre sus costillas. Tenía la piel pálida y húmeda. Con renovado temor, John redobló sus esfuerzos y la despojó de la empapada falda y enaguas.

Cuando estuvo desnuda en sus brazos, la llevó hasta la humeante bañera que ya estaba casi llena. Se arrodilló y metió un dedo en el agua. Frunció el ceño. Tal vez estaba caliente de más, pero no estaba seguro de tener tiempo para esperar a que se enfriara. Con una plegaria en los labios, introdujo a Belle en la tina. "Ya está, amor. Te prometí que te daría calor."

Ella no respondió a la calidez del agua. "Despierta Belle," la azuzó John, sacudiendo sus esbeltos hombros. "No puedes dormir hasta que no hayas entrado en calor."

Belle masculló algo ininteligible y lo empujó débilmente con la mano.

John tomó el combativo gesto como una buena señal, aunque seguía creyendo que debía conseguir despertarla. La sacudió de nuevo, y cuando no funcionó, hizo lo único que se le ocurrió. Le sumergió la cabeza bajo el agua.

Belle emergió entre balbuceos, y durante unos instantes hubo una mirada de absoluta lucidez en sus ojos. "¡¿Qué demonios haces?! " gritó.

"Calentándote, amor," dijo John con una sonrisa.

"Bien, pues no estás haciendo buen trabajo. ¡Estoy helada! "

"Lo hago tan rápido como puedo."

"El agua me hace daño."

"Es inevitable, me temo. Te escocerá un poco mientras te entibia."

"Está demasiado caliente."

"No, amor, eres tú quién está demasiado fría. "

Belle se quejó agotada como un bebé. Entonces bajó la vista, miró las grandes manos de John acariciando suavemente su piel desnuda, y se desmayó.

"Dios todopoderoso," blasfemó John. Ella era otra vez un peso muerto, y si la soltaba aunque fuera un momento, estaba seguro de que se ahogaría. "¡Thornton!" bramó.

Thornton, quien había estado rondando solícitamente tras la puerta cerrada, apareció al instante. Echó un vistazo a la joven dama desnuda en la bañera, tragó nerviosamente, y se volvió de espaldas. "¿Sí, milord? "

"Traiga a alguien que encienda un fuego aquí. Esto está tan frío como un madito depósito de cadáveres."

"Sí, milord. Yo mismo me encargaré, milord." Thornton fue a ocuparse de la chimenea, manteniéndose escrupulosamente de espaldas a la tina.

Pasados unos minutos John estaba satisfecho de que el helor hubiera desaparecido de la piel de Belle, aunque estaba seguro de que ella todavía se sentía helada en su interior. La sacó del agua, secó tiernamente su piel con una toalla, y la depositó en la cama. La tapó con las sabanas, arropándola como a una niña. Sin embargo, en pocos instantes, ella comenzó a temblar de nuevo. John le puso una mano en su frente. Estaba caliente, pero si no se equivocaba, en una hora estaría ardiendo.

Suspiró y se hundió en un sillón. Iba a ser una noche espantosamente larga.

* * *

Tenía tanto, tantísimo frío. ¿Por qué no podía entrar en calor? Belle se removió y giro en la enorme cama, su cuerpo frotándose por instinto contra las sabanas para entrar en calor.

Era horrible. El dolor había vuelto, y le dolía cada uno de los huesos y de los músculos del cuerpo. ¿Y qué era ese extraño repiqueteo? ¿No podían ser sus dientes? ¿Y por qué demonios tenía tantísimo frío?

Apretando los dientes por el esfuerzo, Belle se obligó a abrir los ojos. Un fuego ardía en la chimenea. Fuego. El fuego le daría calor. Apartó las sabanas y trabajosamente avanzó hacia los pies de la cama. Seguía demasiado lejos. Con agonizante lentitud, movió las piernas a un lado de la cama. Se miró a si misma confusa. ¿Por qué no llevaba nada puesto? Da igual, decidió, descartando el pensamiento. Tenía que concentrarse en aquel fuego.

Dejó que sus pies se apoyaran en el suelo, e inmediatamente sus piernas se doblaron bajo su peso. Cayó, aterrizando dolorosamente sobre la alfombra con un golpe ahogado.

John, que se había quedado dormido en el sillón que había colocado al lado de la cama, despertó al instante. Miró la cama vacía y se incorporó de un salto. "¿Belle?" Recorrió la habitación con la vista frenéticamente. ¿Dónde podía haber ido ella en su estado?

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