Bailando Al Anochecer
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:
La única respuesta de Belle fue redoblar su lucha.
John no cedió una pulgada. "Belle", suplicó. Su garganta tragaba espasmódicamente. "Por favor."
"¡Suéltame!" gritó Belle.
Caroline eligió aquel inoportuno momento para regresar a la habitación con una botella de láudano en las manos. "¿Qué le está haciendo? "
John respondió preguntando a su vez. "¿Dónde está el láudano?"
Caroline vertió un poco en un vaso y se lo dio.
"Venga, Belle," dijo él suavemente, tratando de incorporarla y al mismo tiempo mantenerla quieta. Sostuvo el vaso contra sus labios. "Sólo un poquito."
Los ojos de Belle se clavaron en algo tras de él y gritó otra vez. Se llevó las manos bruscamente a la cabeza, golpeando el vaso y tirándolo de las manos de John. Cayó al suelo, derramando la medicina por todos lados.
"Yo se lo daré esta vez," dijo Caroline. "Tú sujétala." Sostuvo el vaso contra los labios de su hija y la obligó a tomar un trago.
Momentos después Belle se había calmado, y tanto su madre como su marido exhalaron un suspiro de agotamiento.
"Shhh," la tranquilizó John. "Ahora puedes dormir. La pesadilla ha desaparecido. Descansa, mi amor."
Caroline retiró unos cuantos mechones del rostro de Belle. "Debe haber algún modo de que podamos ponerla más cómoda."
John se acercó en dos zancadas al tocador y tomó algo. "Aquí hay uno de sus artilugios para el pelo. ¿Cree que podría sujetárselo? "
Caroline sonrió. "Se llama pasador, John." Recogió el pelo de Belle y lo sujetó en un moño suelto. "¿Estás seguro de que no quieres dormir unas horas? "
"No puedo," dijo él, con voz ronca.
Caroline asintió compasivamente. "Entonces lo haré yo. Estarás cansado por la mañana. Necesitarás ayuda." Se dirigió a la puerta.
"Gracias," dijo él, repentinamente.
"Es mi hija."
Él tragó, recordando cuándo había estado enfermo de niño. Su madre nunca había ido a visitarlo. Abrió y cerró la boca, y se limitó a asentir.
"Soy yo quien debería darte las gracias," añadió Caroline.
John alzó la vista bruscamente, su perpleja expresión preguntaba, "¿Por qué?"
"Por quererla. No podría pedir más. No podría esperar más." Abandonó la habitación.
Belle pronto cayó en un sueño profundo. John la empujó al otro lado de la cama, donde las sabanas no estaban tan húmedas por el sudor. Se inclinó y le besó la sien. "Tú puedes con esto," le susurró. "Puedes conseguirlo."
Regresó a su sillón y se dejó caer. Debió haberse quedado dormido, porque cuando abrió los ojos, ya había amanecido, aunque apenas podía asegurarlo a causa de la intensa lluvia. El tiempo era sumamente triste, y la lluvia no daba señales de amainar. Los ojos de John barrieron la escena callejera, tratando de encontrar cualquier cosa en el paisaje urbano capaz de proporcionarle un atisbo de optimismo. Y a continuación hizo algo que no había hecho en años.
Comenzó a rezar.
Ni la condición de Belle ni el tiempo mejoraron en varios días. John permaneció en perpetua vigilancia al lado de la cama de su paciente, obligándola a beber agua y caldo siempre que era posible, y suministrándole láudano cuando se tornaba demasiado inquieta. Hacía el final del tercer día, John asumió que Belle tendría un serio problema si la fiebre no remitía pronto. No había comido nada sólido, y se había quedado muy delgada, demasiado delgada. La última vez que John la lavó con el paño húmedo había notado que sus costillas sobresalían de forma lastimosa.
El doctor había acudido todos los días, pero no resultó de mucha ayuda. No podían hacer otra cosa que esperar y rezar, le había dicho a la familia.
John se tragó su preocupación y se estiró para tocar la frente de Belle. Ella parecía completamente ajena a su presencia. De hecho, parecía ajena a todo, excepto a las pesadillas que poblaban su mente enfebrecida. John estaba calmado y resuelto cuando comenzó a cuidar ella, pero ahora hasta su entereza comenzaba a desmoronarse. Apenas había dormido en tres días, y no había comido mucho más que Belle. Tenía los ojos inyectados en sangre, el rostro demacrado, y un vistazo en el espejo le dijo que tenía casi tan mal aspecto como su paciente.
Comenzaba a desesperar. Si Belle no mejoraba pronto, no sabía lo que iba a hacer. Varias veces durante su vigilia había dejado caer, sin fuerzas, la cabeza entre las manos, sin molestarse en tratar de contener las lágrimas que rodaban por su cara. No sabía cómo iba a ser capaz de seguir viviendo si ella moría.
Con expresión desolada, se acercó junto a la cama y se sentó sobre el colchón, junto a ella. Yacía inmóvil y tranquila, pero John detectó un leve cambio en su condición. Estaba demasiado tranquila, y su respiración se había vuelto superficial. El pánico se apoderó de John, como una garra estrujándole el corazón, e inclinándose, la agarró por los hombros y la zarandeó. "¿Te estás rindiendo?" le exigió ásperamente. "¿Lo haces? "
La cabeza de Belle cayó hacia un lado y gimió.
"¡Maldita seas! ¡No puedes rendirte " John la zarandeó con más fuerza.
Belle oía la voz como si le llegara a través de un largo, largo túnel. Sonaba como la de John, pero ella no podía entender qué hacía él en su dormitorio. Parecía enfadado. ¿Estaba enfadado con ella? Belle suspiró. Qué cansada estaba. Demasiado cansada para lidiar con un hombre enfadado.
"¿Me oyes, Belle?" lo oyó decir. "Nunca te perdonaré si me abandonas."
Belle se estremeció cuando sintió sus enormes manos apretando con fuerza sus antebrazos. Quiso gemir de dolor pero no tenía energía suficiente. ¿Por qué no podía dejarla en paz? Lo único que quería era dormir. Nunca se había sentido tan cansada. Tan solo deseaba acurrucarse y dormir para siempre. Reuniendo todas sus fuerzas, logró decir, "Vete."
"¡¡Ahá!! " gritó John triunfalmente. "Aún sigues conmigo. Aguanta, Belle. ¿Me oyes? "
Por supuesto que lo oía, pensó Belle con irritación. "Vete," dijo, con un poco más de fuerza. Se movió impaciente, hundiéndose más entre las sabanas. Tal vez no seguiría molestándola si se escondía bajo el edredón. Si tan solo pudiera seguir durmiendo, se sentiría mucho mejor.
John podía ver como la voluntad la abandonaba, aunque hubiera logrado hablar. Había visto esa mirada antes, en los rostros de algunos compañeros durante la guerra. No los afortunados que murieron en el campo de batalla, sino en los de los desgraciados que habían luchado contra la fiebre y la infección durante las semanas posteriores y perdieron. Contemplar cómo Belle dejaba lentamente que la vida se le escapara era más de lo que podía soportar, y algo dentro de él se hizo pedazos.
Una oleada de furia estalló en su interior, y olvidó todos sus votos de ser sensible y considerado mientras la cuidaba durante su enfermedad.
"Maldita sea, Belle," gritó amargamente. "No voy a quedarme sentado aquí y verte morir. ¡No es justo! No puedes abandonarme ahora. ¡No lo permitiré! "
Belle no respondió y John trató de engatusarla.
"¿Sabes lo furioso que estaré contigo si mueres? Te odiaré para siempre por abandonarme. ¿Es eso lo que quieres?" Desesperado, escrutó los rasgos de Belle, buscando cualquier signo de mejoría, pero no encontró ninguno. Toda la pena y la rabia y la preocupación convergieron en su interior, y finalmente, agarrándola de forma brutal, la tomó en sus brazos, estrechándola contra él mientras le hablaba.
"Belle," le dijo con voz ronca. "No hay esperanza para mí sin ti." Hizo una pausa cuando un estremecimiento sacudió su cuerpo. "Quiero verte sonreír, Belle. Sonreír de felicidad, con tus ojos azules llenos de calidez y felicidad. Verte leer un libro y disfrutarlo. Deseo tanto hacerte feliz. Siento no haber aceptado tu amor. Pero lo haré. Te lo prometo. Si tú, en tu infinita bondad y sabiduría, has encontrado algo en mí digno de tu amor, bueno entonces…, entonces, supongo que no soy exactamente tan malo como pensaba. ¡Oh, Dios, Belle!" dijo en un grito desgarrado. "Por favor, por favor aguanta. Si no puedes hacerlo por mí entonces hazlo por tu familia. Te quieren tanto. No querrás verlos sufrir, ¿verdad? Y piensa en todos los libros que no has leído aún. Te prometo conseguirte el próximo libro de Byron si no lo traen a la librería de señoras. Todavía tienes demasiado por hacer, mi amor. No puedes marcharte ahora."