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Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:

Lady Arabella Blydon está decidida a descubrir los más oscuros secretos de Lord John Blackwood, incluso si ello significa ignorar todas las advertencias para que desista. Marcado por la guerra, tanto en el cuerpo como en el alma, John sabe que él jamás podrá ser lo suficientemente bueno para esta bella mujer, pero Belle no descansará hasta que él retorne a la luz y la alegría de la vida?. Y gane un lugar en su corazón para siempre.
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Belle lo miró por entre sus pestañas cuajadas de lágrimas. "¿Qué vamos a hacer? "

"No vamos a hacer nada," contestó él, acercándose y acariciándole el pelo. Entonces, con gentileza, se puso en cuclillas, le apartó las manos de la cara, y la besó suavemente en la ceja. "Sin embargo, yo voy a escribirle una nota a Spencer."

Se acercó a la mesa donde había dejado la pluma y el papel que había usado más temprano. "¿Qué me sugieres que le diga?" le preguntó, en tono tranquilo, tratando de hacerla olvidar su temor y su ansiedad.

"Creo que deberías empezar con “Estúpido hijo de…” "

"No creo que funcione," la interrumpió John, sin alterarse, preguntándose donde demonios había adquirido ella un vocabulario tan colorido. "No queremos insultarlo."

"Puede que nosotros no, pero yo te aseguro que sí. "

"Belle," suspiró él, disimulando su sonrisa. "Eres un tesoro. ¿Qué habré hecho para merecerte?"

"No lo sé," contestó ella, levantándose. "Pero si no quieres perderme, te daré un importante consejo: no te mueras." Y con estas palabras, suspiró y abandonó el cuarto, incapaz de permanecer cerca de un pedazo de papel que tal vez causara la muerte de John.

El sacudió la cabeza cuando la vio marcharse. No se lo estaba tomando demasiado bien. ¿Pero cómo iba a culparla? Si alguien estuviera tratando de matarla, él registraría Londres de punta a punta como un loco, tratando desesperadamente de atraparlo antes.

Expulsando este desagradable pensamiento de su mente, John devolvió su atención a la pluma y el papel que esperaban frente a él. Era extraño eso de mantener correspondencia con el asesino de uno.

Spencer,

¿Cree que yo soy estúpido?

Sugiero que nos encontremos en algún lugar ligeramente más aceptable,

como el Salón de Té de Hardiman.

Elija usted día y hora.

Blackwood

Había llevado a Belle varias veces a Hardiman durante su precipitado noviazgo. Allí podrían conseguir una mesa privada, y lo que era más importante, el establecimiento era frecuentado por la mayoría de las matronas de la aristocracia y las debutantes por lo que Spencer no se atrevería a intentar ninguna tontería. Además, sería fácil para Alex vigilar despreocupadamente desde alguna mesa cercana.

John volvió a enviar al mensajero al alojamiento de Spencer. Confiaba en una pronta respuesta; Spencer seguramente estaría esperando en su casa a que llegara una respuesta a su invitación.

Suspiró y se mesó los cabellos. Debería ir a hablar con Belle. Lo desgarraba verla tan angustiada, pero no sabía qué decirle. No conocía palabras que la hicieran sentir mejor. Llevaba casado con Belle menos de veinticuatro horas y ella ya se sentía desdichada. Le había fallado a su esposa, y se sentía incapaz de aliviar su sufrimiento.

Su esposa.

Los labios de John esbozaron una débil sonrisa. Le gustó cómo sonaba. Se incorporó tan repentinamente, que el sillón chirrió sonoramente al deslizarse por el entarimado.

Salió a grandes zancadas en dirección al vestíbulo, tan rápidamente como su pierna herida le permitía. "¡Belle! " la llamó, dirigiéndose hacia la planta superior. "¡Belle! ¿Dónde estás? "

Ella apareció en lo alto de las escaleras, con una expresión de pánico en el rostro. "¿John? ¿Sucede algo? ¿Qué pasa? "

"Sólo quería verte, eso es todo." Él sonrió ligeramente, tratando de aliviar su tensión. "¿Siempre tienes que hacer tres preguntas cuándo una sola bastaría? "

"Por todos los cielos, John, me has dado un susto de muerte. Por favor no vuelvas a gritar así otra vez. Ya estoy bastante preocupada tal y como están las cosas."

Él cruzó el espacio que los separaba y la rodeó con los brazos. "Por favor, cariño. Vas a ponerte enferma. Regresemos a tu habitación y hablemos."

"Nuestra habitación," lo rectifico Belle, sorbiendo por la nariz.

"¿Qué? "

"Nuestra habitación. Ahora estoy casada. Ya no quiero tener una habitación solo mía."

"Yo tampoco quiero que la tengas. Belle, pronto llevaremos una vida normal. Te lo prometo."

Belle se dejó conducir al dormitorio. Deseaba tanto creerlo "No puedo evitar sentirme asustada, John," dijo suavemente.

El la abrazó y aspiró la ligera fragancia de su pelo. "Lo sé, querida, lo sé. Pero olvida ese miedo por el momento. No hay nada de lo que temer aquí y ahora."

Sus labios se curvaron en una diminuta sonrisa. "¿En este preciso instante…? "

"Solo existo yo." Remontó la línea de su mandíbula con los labios, deslizándose lánguidamente hasta su oído. Y, de repente, no le basto. Sus manos se curvaron sobre su trasero, apretándola aún más íntimamente contra él. Besó cada trocito de piel expuesta, sus manos y muñecas una vez que había finalizado con su cuello. Acababa de regresar al lóbulo de su oreja izquierda cuando oyeron una voz en la puerta.

"¡Ejem!"

John no se molesto en volverse, limitándose a agitar una mano en dirección al ofensivo criado.

"¡¡Ejem!! "

La voz sonó más insistente así que John, de mala gana, se separó de Belle y giró la cabeza hacia la puerta. Una dama elegantemente vestida permanecía allí de pie con una extraña expresión en su rostro. John nunca la había visto antes, aunque tenía realmente unos asombrosos ojos azules que le resultaban conocidos, verdaderamente azules, casi como los de…

Una inminente sensación de fatalidad recorrió su cuerpo cuando, despacio, se volvió hacia Belle, quién todavía estaba estrechamente apretada contra su cuerpo. Parecía angustiada. Muy angustiada. Casi de color verde.

"¿Mamá? "

John brincó lejos de Belle a una velocidad asombrosa.

Caroline, condesa de Worth, se despojó de sus guantes con un vigor lindante con la furia. "Veo que has estado muy ocupada desde que me marché, Arabella."

Belle tragó en seco. El uso por parte de su madre de su nombre completo no la hizo sentir optimista. "Bueno, sí," tartamudeó. "Sí."

Caroline se giró hacia John. "Creo que debería marcharse."

"¡No puede! " dijo Belle, rápidamente. "Vive aquí."

El único signo externo de perturbación de Caroline fue un espasmo en la garganta al tragar en seco. "No estoy segura de haberte oído bien."

John se apresuró a acercarse. "Quizás debería presentarme. Soy Lord Blackwood."

Caroline no le ofreció la mano. "Qué bien para usted," contestó, acerbamente.

"Y esta," prosiguió él, haciendo un gesto hacia Belle, "es mi esposa, Lady Blackwood. "

"¿Disculpe? ". Ni una fisura en su compuesta fachada

"Nos hemos casado, mamá," dijo Belle con una débil sonrisa. "Justo ayer. "

Caroline clavó en su hija una mirada de incredulidad, después en el hombre con el que se había casado, y la tornó de nuevo a su hija. "Belle, ¿podría hablar un momento en privado contigo, por favor?" Agarró el brazo de su hija con una fuerza que desmentía la amabilidad de sus educadas palabras y la arrastró al otro extremo de la habitación. "¿Te has vuelto loca? " le siseó. "¿Te das cuenta de lo que has hecho? ¿Dónde demonios estaba Emma? ¿Y cómo te ha permitido hacer esto? "

Desde el otro extremo del cuarto, John se preguntó si esta propensión a formular una pregunta tras otra sin esperar respuesta sería un rasgo de familia.

Belle abrió la boca para contestar, pero Caroline alzó una mano. "¡No lo hagas!" le advirtió. "No digas ni una palabra."

Con un hábil movimiento, volvió a agarrar el brazo Belle y la devolvió al lado de John.

"Mamá," dijo Belle. "Si solamente… " Sus palabras se estrellaron contra la aplastante mirada de represión de Caroline.

"Si me disculpáis," dijo Caroline, en tono calmado. Se acercó rápidamente a la puerta y gritó, "¡Henry!" Belle y John alcanzaron a escuchar una apagada respuesta, a la cual Caroline contestó, "¡Ahora mismo, Henry! "

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