Bailando Al Anochecer
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:
Y desnuda, además.
Oyó un gemido de dolor al otro lado de la cama y se apresuró en esa dirección. Belle yacía sobre el suelo hecha un bulto. Se agachó y la tomó en brazos. "¿Qué demonios haces ahí abajo, amor?"
"Fuego," graznó Belle.
John la miró sin expresión.
"¡Fuego!" repitió ella, con un poco más de urgencia, dándole un débil empujón.
"¿Qué pasa con el fuego?"
"Tengo frío."
"¿Tratabas de llegar junto al fuego?"
Belle suspiró y asintió.
"Creo que deberías quedarte en la cama. Te pediré más mantas."
"¡No!" gritó Belle, y John se tambaleó ante su frenético forcejeo. "Quiero el fuego."
"Te diré lo que vamos a hacer, ¿por qué no te pongo en la cama y le traigo una vela para que la tengas cerca."
"Estúpido."
Dios lo ayudara, casi se rió. "Venga, cariño. Vuelve a la cama." La acostó y la tapó con las sabanas, tragando nerviosamente mientras las remetía a su alrededor. Había estado tan graciosa y adorable que por un momento había olvidado lo gravemente enferma que estaba.
Pero no podía seguir engañándose. Sólo un milagro impediría que la fiebre se apoderara de su agotado cuerpo, y John no creía en los milagros. Definitivamente iba a empeorar antes de que llegara la mejoría.
Belle seguía inquieta. "Agua," pidió con voz ronca.
John le acercó un vaso a los labios, usando un paño para secar el agua que se derramó por su barbilla. "¿Mejor? "
Belle se lamió los labios resecos. "No me dejes."
"No lo haré."
"Estoy asustada, John."
"Lo sé, pero no tienes de qué preocuparte," mintió él. "Ya verás."
"Ya no tengo frío."
"Eso es bueno," dijo él, alentadoramente.
"Aún siento la piel un poco fresca, pero por dentro… " Tosió, y todo su cuerpo se estremeció de los espasmos. Cuando finalmente se calmó, terminó su pensamiento. "…por dentro estoy ardiendo."
John reprimió su desesperación. Tenía que ser fuerte para ella. Tenía que compartir esta batalla con ella. No estaba seguro de que fuera capaz de conseguirlo sola. "Shhh, querida," dijo con dulzura, acariciándole suavemente la ceja. "Duérmete. Tienes que descansar un poco."
Belle se fue adormeciendo. "Olvidé decírtelo," masculló. "Olvidé decírtelo esta tarde."
¿Esa tarde? Dios, pensó John, parecía que había transcurrido una eternidad.
"Olvidé decírtelo," insistió Belle.
"¿Qué, cariño?" le preguntó suavemente.
"Que siempre te amaré. No importa si tú no me amas también."
Y por primera vez, él no sintió aquella extraña sensación de angustia.
Capítulo Veintiuno
Sentado junto a la cama, John bajó la vista para mirar a Belle; la preocupación nublaba sus rasgos. Habían pasado ya varias horas desde que ella despertó y trató de llegar junto al fuego. Todavía temblaba, y la fiebre le había subido constantemente.
Estaba empeorando.
Sonó una queda llamada a la puerta, y se abrió. Entró Caroline, con el rostro contraído de preocupación. "¿Qué ha pasado?" preguntó en un apremiante susurro. "Acabamos de llegar a casa, y Thornton nos ha dicho que Belle está enferma."
John soltó de mala gana la mano de Belle y escoltó a Caroline al pasillo. "Belle salió a dar un paseo y la sorprendió la tormenta. Se golpeó la cabeza." Le contó, brevemente, el resto de los detalles omitiendo mencionar la discusión que dio lugar a su precipitado e improvisado paseo. Tan sólo conocía a sus parientes políticos del día anterior. Si Belle quería hablar con sus padres de sus problemas, le parecía bien. Él, un virtual extraño, no pensaba hacerlo.
Caroline se llevó la mano a la garganta en un ademán nervioso. "Pareces terriblemente cansado. ¿Por qué no duermes un poco? Yo me quedaré con ella."
"No."
"Pero John…"
"Puede quedarse también, si lo desea, pero yo no la dejaré." Giró sobre sus talones y regresó a zancadas junto a la cama de Belle. Ella respiraba de forma regular. Era una buena señal. Le puso una mano sobre su frente. Maldición. Estaba aún más caliente que antes. Dudó que dentro de una hora respirara igual de bien.
Caroline lo siguió y se detuvo a su lado. "¿Ha estado así toda la noche?" susurró.
John asintió. Se inclinó y, tomando el paño que había estado remojando en agua fría, lo escurrió. "Vamos allá, amor," canturreó, poniendo una mano sobre su frente ardiente. Ella masculló algo en sueños y se removió.
Se agitó de nuevo y, de repente, abrió los ojos de forma desmesurada, con expresión de pánico.
"Shhh, estoy aquí," dijo él suavemente, acariciándole la mejilla. Belle pareció reconfortada por aquello y lentamente sus párpados se cerraron. John tenía la impresión de que, en realidad, no había llegado a verlo.
Caroline tragó con nerviosismo. "Creo que deberíamos llamar a un médico."
"¿A estas horas de la noche? "
Ella asintió. "Me ocuparé de ello."
Mientras John permanecía sentado junto a Belle, velándola preocupado, su mente repasaba una y otra vez el devastador comentario que ella había hecho horas antes.
No importa si tú no me amas.
¿Era posible que ella lo amara incondicionalmente? ¿A pesar de su pasado?
Siempre te amaré.
Y de repente se le ocurrió… que nadie le había dicho esas palabras antes.
John levantó el paño húmedo de la frente de Belle y lo remojó de nuevo en la palangana de agua. No tenía tiempo para autocompadecerse a causa de una infancia infeliz. Tampoco era como si hubiese pasado hambre o hubiera sufrido malos tratos. Simplemente, no había sido querido, aunque sospechaba que miles de niños en Gran Bretaña habían compartido un destino similar.
En la cama, Belle había empezado de nuevo a removerse agitada. John inmediatamente volcó en ella toda su atención.
"Basta," gimió ella.
"¿Basta de que, cariño? "
"¡Basta! "
Se inclinó y suavemente la sacudió por los hombros. "Es una pesadilla." Santo Dios, lo destrozaba verla así. Tenía el rostro congestionado y febril, y todo el cuerpo cubierto por una delgada capa de transpiración. Trató de apartarle el pelo de los ojos, pero ella le apartó la mano. Lamentaba no saber usar uno de esos malditos artilugios para el pelo que ella solía usar para recogérselo. Estaría más cómoda si pudiera recogerlo para que no se le enredara sobre la cara.
"Fuego," gimió Belle.
"No hay fuego aquí, solo el de la chimenea."
"Demasiado calor."
John rápidamente escurrió el paño húmedo.
"No, no, basta… " Belle, se incorporó de golpe y gritó.
"No, amor, acuéstate." John comenzó a enjugarle el sudor del cuerpo, esperando que esto le aliviara el calor. Los ojos de Belle estaban abiertos y lo miraban, pero John no detectó el menor signo de reconocimiento en su mirada fija.
"¡Basta, basta!" chilló ella, golpeándole las manos para apartarlas. "¡No me toques! Está demasiado caliente."
"Sólo trato de… "
"¿Qué demonios sucede?" Caroline irrumpió en la habitación.
"Está delirando," dijo John, tratando de cubrir a Belle con las sabanas.
"Pero sonaban muchos gritos."
"Le he dicho que está delirando," estalló John, tratando se mantener las sabanas en su sitio a pesar de la agitación de Belle. "Mire a ver si hay láudano. Tenemos que calmarla." Suspiró, recordando que se dirigía a su suegra. "Lo siento, lady Worth. Es sólo que… "
Ella levantó la mano. "Lo entiendo. Iré a buscar el láudano."
Belle comenzó a luchar contra él, la fiebre incrementaba su fuerza. Aún así, no era contrincante para John, cuyo firme y musculoso cuerpo había sido forjado por años de permanencia en el ejército. "Despiértate, condenación," dijo él ferozmente. "Si despiertas el fuego desaparecerá. Te lo prometo."