El Vizconde Que Me Amo
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «El Vizconde Que Me Amo». Краткое содержание книги:
La joya más preciada, la joven y hermosa Edwina Sheffield, es su elección natural. Pero para conseguirla ha de obtener antes la aprobación de la hermana mayor de la muchacha, Kate. Anthony comprobará que convencer a esa mujer arrogante y decidida de que ha dejado de ser un vividor no es tarea fácil. Como tampoco lo es quitársela de la cabeza cuando llega la noche.
Permanecieron así durante todo un minuto, los dos conteniendo la respiración, hasta que Anthony por fin dejó caer sus brazos, y ambos dieron un paso atrás. Kate se llevó una mano a la boca, sus dedos índice, corazón y anular apenas le tocaron los labios.
– No deberíamos haber hecho eso -susurró.
Él se apoyó contra una de las columnas de la glorieta, con aspecto de encontrarse verdaderamente satisfecho con su suerte.
– ¿Por qué no? Estamos prometidos.
– No lo estamos -admitió ella-. En realidad, no.
Alzó una ceja.
– No se ha formalizado ningún acuerdo aún -explicó Kate apurada-. Ni se ha firmado ningún documento. Y yo no tengo dote. Deberías saber que no tengo dote.
Esto le provocó una sonrisa.
– ¿Intentas librarte de mí?
– ¡Por supuesto que no! -Se movió levemente, cambió su peso de pie.
Él dio un paso hacia ella.
– Sin duda no intentas darme motivos para que me libre de ti, ¿verdad?
Kate se sonrojó.
– N-no -mintió, pese a que era justo lo que había estado intentando hacer. Por supuesto, era lo más estúpido que se le podía ocurrir. Si se retractaba de este matrimonio, ella habría perdido para siempre su reputación, no sólo en Londres, sino también en el pequeño pueblo de Somerset donde vivían. Las noticias de una mujer perdida se propagaban siempre con rapidez.
Pero resultaba difícil de digerir no ser la escogida por alguien, y una parte de ella casi quería que él conf irmara todas sus sospechas: que no la quería como novia, que prefería mucho más a Edwina, que se casaba con ella sólo porque tenía que hacerlo. Le dolería de un modo horroroso, pero si él lo manifestaba, ella ya lo sabría. Y saberlo, aunque fuera amargo, siempre sería mejor que no saberlo.
Al menos entonces calibraría con exactitud dónde se encontraba. Tal y como estaban las cosas, se sentía sobre arenas movedizas.
– Dejemos una cosa clara -dijo Anthony, y captó toda su atención con un tono decidido. Kate encontró su mirada, y los ojos de él ardían con tal intensidad que no pudo apartar la vista-. He dicho que iba a casarme contigo. Soy un hombre de palabra. Cualquier otra especulación sobre el tema sería de lo más insultante.
Kate hizo un gesto de asentimiento. Pero no pudo evitar pensar: Cuidado con lo que deseas… cuidado con lo que deseas.
Acababa de aceptar casarse con el mismo hombre del que temía estar enamorándose, y lo único que se pudo preguntar fue: ¿piensa en Edwina cuando me besa?
Cuidado con lo que deseas, bramó su mente.
Es posible que luego lo consigas.
Capítulo 15
Una vez más, Esta Autora ha demostrado tener razón. Las reuniones en el campo ofrecen como resultado los compromisos más sorprendentes.
Desde luego que sí, Querido Lector, sin duda lo lee aquí por primera vez: el vizconde de Bridgerton va a casarse con la señorita Katharine Sheffield. No con la señorita Edwina, como habían especulado los cotilleos sino con la señorita Katharine.
En cuanto a la manera en que se formalizó el compromiso, la dificultad para obtener detalles al respecto está siendo asombrosa. Esta Autora sabe de buena tinta que la nueva pareja fue atrapada en una postura comprometedora, y que la señora Featherington fue testigo, pero la señora F ha tenido los labios sellados en lo referente a todo este asunto, algo poco común en ella. Dada la propensión al cotilleo de la dama, a Esta Autora no le queda otro remedio que imaginar que el vizconde (quien no destaca precisamente por su debilidad de carácter) ha amenazado con lesionar a la señora F si se atreve a pronunciar una sola sílaba.
REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,
11 de mayo de 1814
Kate no tardó en comprender que la mala fama no le sentaba bien.
Los dos días restantes en Kent habían sido bastante horribles; en cuanto Anthony había anunciado su noviazgo en la cena, tras comprometerse de forma ciertamente tan precipitada, apenas había tenido ocasión de respirar entre todas las felicitaciones, preguntas e insinuaciones que le hacían los invitados de lady Bridgerton.
El único momento en que se sintió de verdad relajada fue cuando pocas horas después del anuncio, tuvo por fin ocasión de hablar en privado con Edwina quien, tras arrojar los brazos alrededor de su hermana, se declaró «contentísima», «encantada» y «nada sorprendida, ni lo más mínimo».
Kate sí había expresado su sorpresa porque Edwina no estuviera sorprendida, pero ésta se limitó a encogerse de hombros y decir:
– Para mí era obvio que estaba loco por ti. No sé cómo es que nadie más se había dado cuenta.
Lo cual dejó a Kate bastante perpleja, ya que había estado convencida de que Anthony tenía su mira matrimonial puesta en Edwina.
En cuanto Kate regresó a Londres, las especulaciones fueron incluso peores. Por lo visto, cada miembro de la élite aristocrática encontraba obligado detenerse en el pequeño hogar alquilado de las Sheffield en Milner Street para hacer una visita a la futura vizcondesa. La mayoría de ellos conseguían comunicar sus felicitaciones con una dosis sustancial de implicación poco halagadora. Nadie creía posible que el vizconde en realidad quisiera casarse con Kate, y por lo visto nadie se percataba de lo grosero que era decirle eso a la cara.
– Santo cielo, eso sí que es tener suerte -dijo lady Cowper, la madre de la infame Cressida Cowper, quien, por su parte, no le dijo ni una sola palabra a Kate y permaneció enfurruñada en un rincón lanzando miradas asesinas en su dirección.
– No tenía ni idea de que estuviera interesado por ti -insistió efusiva la señorita Gertrude Knight, con una expresión facial que decía a las claras que seguía sin creerlo, y tal vez incluso confiaba en que tal compromiso resultara ser puro teatro, pese a su anuncio en el London Times.
Y lady Danbury, quien era conocida por no andarse nunca con rodeos, manifestó:
– No tengo ni idea de cómo le ha atrapado pero tiene que haber sido un truco ingenioso. Hay unas cuantas muchachitas ahí afuera a las que les encantaría que les diera un par de lecciones, hágame caso.
Kate se limitó a sonreír (o eso intentó al menos; sospechaba que sus esfuerzos por conseguir respuestas corteses y amistosas no eran siempre convincentes). Asentía con la cabeza y murmuraba:
– Soy una muchacha afortunada -cada vez que Mary le hincaba el codo en el costado.
En cuanto a Anthony, el afortunado hombre había conseguido evitar el examen riguroso al que ella se había visto sometida. Le dijo a Kate que tenía que quedarse en Aubrey Hall para ocuparse de algunos detalles de la finca antes de la boda, fijada para el siguiente sábado, sólo nueve días después del incidente en el jardín. Mary había expresado su inquietud porque tal premura levantara «comentarios», pero lady Bridgerton había explicado con bastante pragmatismo que habría «comentarios» de cualquier modo y que Kate estaría menos sometida a insinuaciones poco halagadoras una vez que contara con la protección del nombre de Anthony.
Kate sospechaba que la vizcondesa, quien ya era reputada por su firme intención de casar a sus hijos adultos, quería simplemente ver a Anthony delante del obispo antes de que tuviera ocasión de cambiar de idea.
Kate tuvo que mostrarse conforme con lady Bridgerton. Pese a lo nerviosa que estaba por la boda y el matrimonio que vendría a continuacion, nunca había sido persona que pospusiera las cosas. Una vez que tomaba una decisión, o como en este caso, una vez que alguien había decidido algo por ella, no veía motivos para demorar las cosas. Y en cuanto a los «comentarios», una boda apresurada podría incrementar las insinuaciones, pero Kate sospechaba que cuanto antes se casaran ella y Anthony antes se apagarían, y antes podría confiar en regresar a la oscuridad habitual de su propia vida.