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Электронная книга - «El Vizconde Que Me Amo». Краткое содержание книги:

Los cotilleos de lady Whistledown no fallan nunca: una vez más, Anthony Bridgerton es el soltero más codiciado de la temporada en la alta sociedad victoriana. Pero este año, el atractivo vizconde, amante de la diversión y enemigo del compromiso, sorprende a todos y decide buscar esposa y sentar cabeza.
La joya más preciada, la joven y hermosa Edwina Sheffield, es su elección natural. Pero para conseguirla ha de obtener antes la aprobación de la hermana mayor de la muchacha, Kate. Anthony comprobará que convencer a esa mujer arrogante y decidida de que ha dejado de ser un vividor no es tarea fácil. Como tampoco lo es quitársela de la cabeza cuando llega la noche.
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Pero se hacía tarde, probablemente ya era hora de marcharse. Kate había dicho que no esperaba a su madre al menos durante una hora, pero Anthony sabía que no había que confiar en la noción del tiempo de las mujeres. Kate podría equivocarse o su madre podría cambiar de idea o cualquier cosa podría haber sucedido, y aunque él y Kate iban a casarse dentro de dos días, no parecía demasiado prudente que les atraparan en el salón en una posición tan comprometedora.

Muy a su pesar, porque estar sentado en la silla con Kate sin hacer otra cosa que abrazarla le producía una satisfacción sorprendente, se puso en pie y la levantó en sus brazos mientras lo hacía, volviendo luego a dejarla en la silla.

– Ha sido un interludio delicioso -murmuró inclinándose para darle un beso en la frente-. Pero me temo que tu madre estará a punto de llegar. Te veré el sábado por la mañana.

Kate parpadeó.

– ¿El sábado?

– Es una superstición de mi madre -explicó con sonrisa avergonzada-. Cree que da mala suerte a la novia y al novio verse el día anterior a la boda.

– Oh. -Se puso en pie y se alisó con pudor el vestido y el cabello-. ¿Y tú también lo crees?

– En absoluto -dijo con un resoplido.

Ella asintió.

– Entonces es muy dulce por tu parte satisfacer los caprichos de tu madre.

Anthony se paró un momento, muy consciente de que cualquier hombre con su reputación no quería parecer estar bajo las faldas de su madre. Pero así era Kate, y sabía que ella valoraba la devoción a la familia tanto como él, de modo que dijo finalmente:

– Son pocas cosas las que no haría para tener a mi madre contenta.

Sonrió con timidez.

– Es una de las cosas que más me gusta de ti.

Anthony hizo una especie de gesto como si quisiera cambiar de tema, pero ella lo interrumpió con:

– No, es la verdad. Eres una persona mucho más bondadosa de lo que te gustaría que creyera la gente.

Puesto que no iba a ser capaz de salir victorioso de una discusión con ella, y tenía poco sentido contradecir a una mujer que le estaba haciendo un cumplido, se llevó un dedo a los labios y dijo:

– Shhh. No se lo digas a nadie. -Y entonces, con un último beso en su mano y murmurando un Adieu, se encaminó hacia la puerta y salió a la calle.

Una vez sobre su caballo y de regreso a su pequeña casa de la ciudad al otro lado de Londres, se permitió valorar la visita. Había ido bien, pensó. Kate parecía haber entendido los límites que él había establecido al matrimonio y había reaccionado a sus relaciones con un deseo que era tierno e intenso al mismo tiempo.

En conjunto, pensó con una sonrisa de satisfacción, el futuro parecía brillante. Su matrimonio sería un éxito. En cuanto a las inquietudes anteriores…, bien, estaba claro que no tenía nada de qué preocuparse.

Kate estaba preocupada. Anthony se había desvivido porque ella entendiera que nunca la querría. Y lo cierto era que parecía no querer que ella le amara.

Luego había empezado a besarla como si el mundo se acabara al día siguiente, como si fuera la mujer más hermosa de la Tierra. Era la primera en admitir que tenía poca experiencia con los hombres y sus deseos, pero estaba claro que él parecía desearla.

¿O simplemente se imaginaba que era otra persona? No la había elegido la primera a ella como esposa. Mejor no olvidaba aquello.

Y aunque ella se enamorara de él… bien, tendría que callárselo, así de sencillo. En realidad no podía hacer otra cosa.

Capítulo 16

Ha sido puesto en conocimiento de Esta Autora que el enlace entre lord Bridgerton y la señorita Sheffield va a ser un acto reducido, íntimo y privado.

En otras palabras. Esta Autora no está invitada.

Pero no tema, Querido Lector. En situaciones como ésta, Esta Autora es una persona de recursos y promete descubrir los detalles de la ceremonia, tanto los interesantes como los banales.

La boda del soltero más cotizado de Londres es sin duda algo de lo que esta humilde columna debe informar, ¿no creen?

REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,

13 de mayo de 1814

La noche anterior a la boda, Kate estaba sentada en su cama ataviada con su vestido favorito mirando con aturdimiento una multitud de baúles esparcidos por el suelo. Todas sus pertenencias estaban recogidas, dobladas y embaladas con esmero, listas para ser trasladadas a su nuevo hogar.

Incluso Newton estaba preparado para el viaje. Le habían bañado y secado, le habían colocado un nuevo collar en el cuello, y habían metido sus juguetes favoritos en un macuto que ahora se encontra el vestíbulo de la entrada, justo al lado del arcón de madera delicadamente tallada que Kate tenía desde que era una niña. La presencia en Londres del arcón, lleno de los juguetes y tesoros de la infancia de Kate, había provocado en ella un alivio tremendo. Parecía sentimental y tonto, pero servía para que encarara con menos miedo la próxima transición. Llevar sus cosas a casa de Anthony, pequeños objetos sin valor alguno para otra persona que no fuera ella, servía para que su nueva casa pareciera también la suya.

Mary, quien siempre parecía entender lo que necesitaba Kate antes mismo de que lo entendiera su hija, había mandado un aviso a sus amigos en Somerset en cuanto Kate se comprometió, y les pidió que enviaran a Londres el arcón a tiempo para la boda.

Kate se levantó y recorrió la habitación. Se detenía y pasaba dedos por un camisón doblado sobre la mesa, aún a la espera de ser transferido a sus baúles. Era una prenda escogida por lady Bridgerton -Violet, tenía que empezar a pensar en ella como Violet-, de corte recatado pero tejido diáfano. La visita a la tienda de ropa interior había sido un auténtico tormento para Kate. ¡Al fin y al cabo era la madre de su prometido quien estaba seleccionando prendas para la noche de bodas!

Mientras Kate cogía el camisón y lo metía con cuidado en el baúl, oyó unos golpecitos en la puerta. Invitó a entrar a quien llamara y Edwina asomó la cabeza. También ella estaba vestida para irse a dormir, con el pelo claro recogido en un moño flojo en la nuca.

– Pensaba que a lo mejor te apetecía un poco de leche caliente -dijo Edwina.

Kate sonrió agradecida.

– Suena muy apetecible.

Edwina se agachó y cogió la jarra de cerámica que había dejado en el suelo.

– No puedo sostener dos jarras y abrir el pomo al mismo tiempo – explicó con una sonrisa. Una vez dentro cerró la puerta con el pie y le tendió una jarra. Con la mirada fija en Kate, Edwina le preguntó sin más preámbulos-. ¿Estás asustada?

Kate dio un sorbo con cautela para comprobar la temperatura antes de tragar. Estaba muy caliente, aunque no quemaba, algo que de alguna manera le produjo bienestar. Bebía leche caliente desde la infancia, y su sabor y textura siempre le aportaban aquella sensación de calor y bienestar.

– No exactamente asustada -contestó por fin mientras se sentaba sobre el extremo de la cama- pero sí nerviosa. Decididamente nerviosa.

– Bien, no es de extrañar -dijo Edwina mientras sacudía animadamente la mano que le quedaba libre-. Habría que ser idiota para no estar nerviosa. Toda tu vida va a cambiar. ¡Toda! Hasta tu nombre. Serás una mujer casada. Una vizcondesa. Pasado mañana no serás la misma mujer, Kate, y después de mañana por la noche…

– Ya basta, Edwina -interrumpió Kate.

– Pero…

– No es que me estés tranquilizando mucho.

– Oh. -Edwina esbozó una sonrisa avergonzada-. Lo siento.

– Está bien. -Kate le quitó importancia.

Edwina consiguió morderse la lengua durante cuatro segundos antes de preguntar.

– ¿Ha venido mamá a hablar contigo?

– Aún no.

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