El Vizconde Que Me Amo
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «El Vizconde Que Me Amo». Краткое содержание книги:
La joya más preciada, la joven y hermosa Edwina Sheffield, es su elección natural. Pero para conseguirla ha de obtener antes la aprobación de la hermana mayor de la muchacha, Kate. Anthony comprobará que convencer a esa mujer arrogante y decidida de que ha dejado de ser un vividor no es tarea fácil. Como tampoco lo es quitársela de la cabeza cuando llega la noche.
– Todo está en el tono de voz -le dijo Anthony con tono de superioridad mientras le deslizaba un firme brazo por la cintura para que no pudiera levantarse.
Kate miró el brazo, luego le miró a la cara con expresión inquisidora.
– Vaya -dijo en tono reflexivo- ¿por qué tengo la impresión de que ese tono de voz te resulta eficaz también con las mujeres?
Él se encogió de hombros y se inclinó hacia delante sonriendo con los párpados caídos.
– Normalmente funciona -murmuró.
– Pero en este caso no. -Kate plantó las manos en los brazos de la silla e intentó incorporarse.
Pero él era demasiado fuerte.
– Especialmente en éste -dijo mientras su tono de voz descendía hasta un ronroneo que no podía ser más grave. Con la mano que le quedaba libre le tomó la barbilla y le volvió el rostro hacia él. Kate sintió sus labios suaves pero exigentes, que exploraron su boca de un modo tan meticuloso que la dejó sin aliento.
Continuó moviendo la boca por la línea del mentón hasta su cuello donde hizo una pausa sólo para susurrar.
– ¿Dónde está tu madre?
– Ha salido -dijo Kate de forma entrecortada.
Los dientes de Anthony tiraban del ribete de su corpiño.
– ¿Y cuánto tardará?
– No lo sé. -Soltó un leve chillido cuando la lengua avanzó bajo la muselina y trazó una línea erótica sobre su piel-. Dios bendito, Anthony, ¿qué estás haciendo?
– ¿Cuánto rato? -repitió.
– Una hora. Tal vez dos.
Él alzó la vista para asegurarse de que había cerrado la puerta antes al entrar.
– ¿Tal vez dos? -murmuró sonriente contra la piel de Kate. ¿De veras?
– Tal vez sólo una.
Le metió un dedo bajo el borde superior del corpiño, cerca del hombro, asegurándose de sujetar también el extremo de su camisola.
– Una hora -dijo- también me parece espléndido. -Luego, tras detenerse tan sólo para llevar sus labios a la boca de Kate de modo que no pudiera protestar lo más mínimo, le bajó el vestido con un rápido movimiento, llevándose también la camisola.
Anthony notó el jadeo de ella en su boca, pero continuó ahondando en su beso mientras ponía la palma de la mano sobre la plenitud del pecho de Kate. Le parecía perfecta bajo sus dedos, suave y respingada, llenando su mano como si estuviera hecha a su medida.
Cuando notó que su resistencia se desvanecía, pasó a besarle la oreja, mordisqueando con suavidad el lóbulo.
– ¿Te gusta esto? -le susurró mientras apretaba suavemente con la mano.
Ella asintió temblorosa.
– Mmm, bien -murmuró Anthony repasando con la lengua su oreja-. Complicaría mucho las cosas que no te gustara.
– ¿P-por qué?
Él contuvo el regocijo que le desbordaba la garganta. No era el momento de reírse, pero era tan inocente, caray. Nunca había hecho el amor con una mujer como ella; le estaba sorprendiendo lo delicioso que le parecía.
– Digamos -respondió- que me gusta mucho.
– Oh. -Kate le dedicó la más vacilante de las sonrisas.
– Y hay más, ¿sabes? -le susurró, y dejó que su aliento le acariciara la oreja.
– Estoy segura de que lo habrá -contestó, su voz un mero jadeo.
– ¿Ah sí? -le preguntó en tono bromista mientras volvía a estrujarla.
– No estoy tan verde como para pensar que se puede hacer un bebé sólo con lo que estamos haciendo.
– Estaré encantado de enseñarte el resto -murmuró él.
– No… ¡Oh!
Volvió a estrecharla, esta vez permitió que sus dedos le hicieran cosquillas en la piel. Le encantaba que ella no fuera capaz de pensar cuando él le tocaba el pecho.
– ¿Qué decías? -se interesó mientras le mordisqueaba el cuello.
– ¿Yo… algo?
Él hizo un movimiento afirmativo con la cabeza, la débil barba le rozó la garganta.
– Estoy seguro. Pero, claro, tal vez sea mejor que no te oiga. Había empezado con la palabra «no». Sin duda -añadió pasándole la lengua por la parte inferior de la barbilla- es una palabra que no debe ronunciarse entre nosotros en un momento como éste. Pero -su lengua continuó por la línea de la garganta hasta el hueco de la clavícula- estoy divagando.
– ¿Ah… sí?
Anthony asintio.
– Creo que estaba intentando determinar qué es lo que te agrada, como debería hacer todo esposo.
Kate no dijo nada, pero su respiración se aceleró.
Él sonrió contra su piel.
– Por ejemplo, ¿qué me dices de esto? -Extendió la palma de tal manera que ya no tomaba su pecho sino que dejaba que la mano le rozara con sutileza el pezón.
– ¡Anthony! -soltó medio asfixiada.
– Bien -aprobó y pasó a su cuello. Empujó con suavidad su barbilla para que le quedara más accesible-. Me alegra que vuelvas a llamarme Anthony. «Milord» es tan formal, ¿no te parece? Demasiado formal para esto.
Y entonces hizo algo con lo que había estado fantaseando semanas. Bajó la cabeza sobre su pecho y se lo metió en la boca, lo saboreó, lo lamió, jugueteó con él y se deleitó con cada jadeo que se le escapaba a ella, con cada espasmo de deseo que sentía que estremecía el cuerpo de Kate.
Le encantaba que reaccionara de esta manera, le emocionaba poder hacerle esto.
– Muy bien -murmuró, el aliento caliente y húmedo contra su piel-. Qué bien sabe.
– Anthony. -La voz de Kate sonaba ronca-. ¿Estás seguro…?
Le puso un dedo en los labios sin tan siquiera levantar la cara para mirarla.
– No tengo ni idea de qué quieres preguntar, pero la respuesta es… -Desplazó la atención al otro pecho-. Estoy seguro.
Kate soltó un sonido gimiente, de esa clase que sale del fondo de la garganta. Todo su cuerpo se arqueaba bajo las atenciones de Anthony, quien jugueteaba con renovado fervor con el pezón, acariciándolo con delicadeza entre sus dientes.
– Oh, cielos…, oh, ¡Anthony!
Recorrió con la lengua la aureola. Era perfecta, simplemente perfecta. Le encantaba el sonido de su voz, ronca y quebrada por el deseo. Su cuerpo sintió un cosquilleo de sólo pensar en su noche de bodas, sus gritos de pasión y necesidad. Ella ardería debajo de él, y se deleitó ante la perspectiva de hacerla explotar.
Se apartó para poder verle el rostro. Estaba sonrojada, los ojos aturdidos y dilatados. El pelo empezaba a soltarse de ese horrendo gorrito.
– Y esto… -dijo estirándoselo de la cabeza- tiene que desaparecer.
– ¡Milord!
– Prométeme que no volverás a ponértelo.
Kate se retorció en su asiento, de hecho sobre su regazo, lo cual contribuyó bien poco al estado de urgencia de su entrepierna, para mirar por encima de la silla.
– No voy a hacer tal cosa -replicó-. Me gusta mucho ese gorro.
– No es posible -dijo él poniéndose serio.
– Pues sí… ¡Newton!
Anthony siguió su vista y estalló en una sonora carcajada,que provocó que ambos se sacudieran en el asiento. Newton masticaba con gran satisfacción el gorro de Kate.
– iBuen perro! -exclamó él con una carcajada.
– Te obligaría a comprarme uno -masculló Kate mientras se estiraba el vestido hacia arriba- de no ser por la fortuna que ya has gastado conmigo esta semana.
Esto le divirtió.
– ¿Ah sí? -preguntó con leve interés.
Kate hizo un gesto afirmativo.
– He estado de compras con tu madre.
– Ah. Bien. Estoy seguro de que no te ha permitido comprar nada como esto. -Hizo una indicación al gorro ahora destrozado en la boca de Newton.
Cuando volvió a mirarla, Kate había torcido la boca hasta formar una línea contrariada que le sentaba muy bien. No pudo evitar sonreir. Se dejaba leer con tal facilidad. Su madre no le habría dejado comprar un gorro tan poco atractivo, y ahora la consumía no ser capaz de ofrecer una respuesta a esta última frase.
Anthony suspiró con agrado. La vida con Kate no iba a ser aburrida.