El Vizconde Que Me Amo
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «El Vizconde Que Me Amo». Краткое содержание книги:
La joya más preciada, la joven y hermosa Edwina Sheffield, es su elección natural. Pero para conseguirla ha de obtener antes la aprobación de la hermana mayor de la muchacha, Kate. Anthony comprobará que convencer a esa mujer arrogante y decidida de que ha dejado de ser un vividor no es tarea fácil. Como tampoco lo es quitársela de la cabeza cuando llega la noche.
– No hemos tenido el comienzo más favorable -dijo, y frunció un poco el ceño al ver que ella hacía un gesto afirmativo- pero en mi opinión, y espero que estés de acuerdo, hemos conseguido cierto grado de amistad.
Ella asintió una vez más, pensando que tal vez pudiera aguantar toda la conversación sin hacer otra cosa que menear la cabeza.
– La amistad entre marido y mujer es de vital importancia -continuó-, incluso más importante, desde mi punto de vista, que el amor.
Esta vez ella no asintió.
– Nuestro matrimonio se basará en la amistad y el respeto mutuos – pontificó – y en mi caso yo no podría sentirme más complacido por tal disposición.
– Respeto -repitió Kate, sobre todo porque él la miraba con expectación.
– Haré todo lo posible para ser un buen esposo -siguió -. Y, siempre que no me excluyas de tu cama, te seré fiel tanto a ti como a nuestros votos matrimoniales.
– Eso es ciertamente progresista por tu parte -murmuró ella. Él no decía nada que ella no diera por supuesto, y no obstante le resultaba todo un poco fastidioso.
Bridgerton entrecerró los ojos.
– Confío en que me estés tomando en serio, Kate.
– Oh, desde luego.
– Bien. -Pero Anthony le dedicó una mirada peculiar. Kate no estuvo segura de que él la creyera-. A cambio -añadió- espero que ningún comportamiento tuyo mancille el nombre de mi familia.
Kate sintió que su espalda se ponía rígida.
– Ni soñaría con eso.
– Eso pensaba. Ésa es una de las razones de que esté tan complacido con este matrimonio. Serás una vizcondesa excelente.
Lo dijo como un cumplido, Kate lo sabía, pero de todos modos sonó un poco hueco, tal vez un pelín condescendiente. Hubiera preferido sin duda que le dijera que iba a ser una esposa excelente.
– Tendremos una buena amistad -anunció-, nos tendremos respeto mutuo y tendremos hijos, hijos inteligentes, gracias a Dios, ya que eres sin duda la mujer más inteligente que conozco.
Aquello compensaba su condescendencia, pero Kate apenas tuvo tiempo para sonreír por aquel cumplido ya que él se apresuró a añadir:
– Pero no debes esperar amor. Este matrimonio no tendrá nada que ver con el amor.
A Kate se le formó un nudo espantoso en la garganta, se encontró asintiendo con la cabeza una vez más, sólo que esta vez cada movimiento de cuello le provocaba un incomprensible dolor en el corazón.
– Hay ciertas cosas que no puedo darte -dijo Anthony- y me temo que el amor es una de ellas.
– Entiendo.
– ¿Sí?
– Por supuesto -soltó con cierta brusquedad-. No me quedaría más claro si me lo escupiera a la cara.
– Nunca me he propuesto casarme por amor -continuó él.
– No es eso lo que me dijiste cuando cortejabas a Edwina.
– Cuando cortejaba a Edwina -contestó- yo intentaba impreonarte a ti.
Kate entrecerró los ojos.
– No me estás impresionando ahora.
Él soltó una larga exhalación.
– Kate, no he venido aquí a discutir. Sencillamente me parecia mejor que fuéramos sinceros el uno con el otro antes de nuestra boda el sábado por la mañana.
– Por supuesto -suspiró ella, y se obligó a asentir una vez más. No era intención de él insultarla, y ella no debería haber reaccionado de forma exagerada. Le conocía lo suficiente ya como para saber que sólo actuaba así por preocupación. Anthony sabía que nunca la amaría; lo mejor era dejar aquello claro desde el principio.
Pero dolía de todos modos. Kate no sabía si le amaba, pero estaba bastante segura de que podría amarle, y se temía que después de semanas de matrimonio le querría.
Y habría sido tan encantador que él pudiera corresponderle.
– Lo mejor es que nos entendamos bien -repitió él con amabiliad.
Kate no paraba de asentir. Un cuerpo en movimiento tendía a permanecer en movimiento. Se temía que si paraba empezaría a hacer algo estúpido como echarse a llorar.
Bridgerton estiró el brazo por encima de la mesa y le tomó la mano, provocando un estremecimiento en ella.
– No quería que te hicieras falsas ilusiones antes de empezar el matrimonio -dijo- y me pareció que tú tampoco lo querrías.
– Por supuesto que no, milord -dijo ella.
El vizconde puso un ceño.
– Pensaba que ya te había dicho que me llamaras Anthony.
– Es cierto -respondió-, milord.
Él retiró la mano. Kate observó cómo volvía a colocarla sobre su regazo y tuvo la extraña sensación de verse privada de algo.
– Antes de irme, tengo algo para ti. -Sin apartar los ojos de su rostro, se metió la mano en el bolsillo y sacó un pequeño estuche de joyería-. Debo disculparme por tardar tanto en ofrecerte un anillo compromiso -murmuró mientras se lo tendía.
Kate pasó los dedos sobre la cubierta de terciopelo azul antes de abrir la cajita. Dentro había un anillo de oro bastante sencillo, adornado por un único diamante de talla redonda.
– Es una reliquia Bridgerton -explicó-. Hay varios anillos de compromiso en la colección, pero he pensado que éste te gustaría más. Los otros eran bastante pesados y recargados.
– Es muy hermoso -dijo Kate, incapaz de apartar la mirada de la joya.
Anthony le cogió el estuche.
– ¿Puedo? -murmuró mientras sacaba el anillo de su cavidad de terciopelo.
Kate estiró la mano y se maldijo al darse cuenta de que estaba temblando; no mucho, pero seguro que lo bastante para que él lo notara. Sin embargo, Anthony no dijo nada; la calmó con su mano mientras con la otra le deslizaba el anillo por el dedo.
– ¿Queda bastante bien, no te parece? -preguntó mientras le sostenía aún las puntas de los dedos.
Kate hizo un gesto afirmativo, incapaz de apartar la mirada del anillo. Nunca había sido muy aficionada a los anillos; éste iba a ser el primero que llevara con regularidad. Le resultaba extraño tenerlo en el dedo, pesado, frío y muy, muy sólido. En cierto modo, hacía que todo lo sucedido durante la última semana pareciera más real. Más definitivo. Se le ocurrió pensar mientras contemplaba el anillo que había medio esperado que un rayo cayera del cielo y detuviera el desarrollo de los eventos antes de que pronunciaran definitivamente sus votos nupciales.
Anthony se acercó un poco más, luego se acercó a los labios los dedos recién adornados.
– ¿Tal vez debiéramos sellar el acuerdo con un beso? -murmuró.
– No estoy segura…
Anthony tiró de ella para sentarla sobre su regazo con una mirada traviesa.
– Yo sí.
Pero mientras Kate se caía sobre él, dio sin querer una patada a Newton, que soltó un ladrido sonoro y quejumbroso, era obvio que molesto por que le hubieran interrumpido la siesta de forma tan descortés.
Anthony alzó una ceja y miró a Newton por encima de Kate.
– Ni siquiera le había visto aquí.
– Estaba echando un sueñecito -explicó Kate-. Duerme muy profundamente.
Pero una vez despierto, el perro se negó a quedarse sin tomar parte en la acción, y con un ladrido un poco más despierto, dio un salto sobre la silla y luego aterrizó sobre el regazo de Kate.
– Oh, por el amor de… -Anthony se vio obligado a parar de refunfuñar al recibir un gran beso baboso de Newton.
– Creo que le caes bien -dijo Kate tan divertida con la expresión de asco de Anthony que se olvidó incluso de sentirse cohibida por su posición sentada encima de él.
– Perro -ordenó Anthony- baja al suelo ahora mismo.
Newton bajó la cabeza y gimió.
– ¡Ahora!
Con un gran suspiro, Newton se dio media vuelta y se dejó caer pesadamente en el suelo.
– ¡Cielo santo! – exclamó Kate estudiando al perro, que ahora se cobijaba debajo de la mesa, con el morro echado sobre la alfombra con aire lastimero-. Estoy impresionada.