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Электронная книга - «Traficantes de dinero». Краткое содержание книги:

El presidente del banco FMI anuncia a toda la directiva que tiene cáncer y pronto va a morirse, hay dos candidatos para ocupar su puesto, Alex y Roscoe. Alex es liberal, con ideas nuevas, pero Roscoe es conservador. La lucha entre ambos para llegar a la cima conduce a una trama muy interesante que empieza cuando desaparecen misteriosamente 6000 dólares de la caja de la empleada Juanita Núñez, se nos revelan muchas incógnitas sobre el funcionamiento interno de un banco y cómo una mala inversión puede llevarlo a la quiebra de la noche a la mañana.
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Ella dijo con aire contrito:

– Quise asegurarme de que no apareciera. Sólo unas pocas personas estaban enteradas y yo quería que las cosas siguieran así.

Él sacudió la cabeza.

– No había manera. Nolan Wainwright me lo dijo esta mañana, y éstas fueron sus palabras: «Todo el asunto parece planeado por la propia mano de Margot Bracken». Y Nolan había empezado a interrogar a la gente. Antes era detective de la policía, ¿sabes? Alguno habría hablado si el comentario no hubiese aparecido.

– Pero no necesitaban mencionar tu nombre.

– Si quieres saber la verdad -dijo Alex sonriendo-, me gusta un poquito eso de «equidistante banquero».

Pero la sonrisa era falsa y comprendió que Margot se daba cuenta. La verdad era que el comentario le había sacudido y deprimido. Seguía deprimido esa noche, aunque se había alegrado cuando Margot telefoneó para anunciar que venía.

Preguntó:

– ¿Has hablado hoy con Edwina?

– Sí, la he telefoneado. No parecía enojada. Nos conocemos bien. Además, a ella le gusta que el Forum East esté otra vez en marcha… con todo. Tú también debes estar contento.

– Ya conoces mis sentimientos sobre el asunto. Pero eso no quiere decir que apruebe tus turbios métodos, Bracken.

Había hablado con más rudeza de lo que pensaba. Margot reaccionó con rapidez.

– No ha habido nada turbio en lo que yo o mi gente hemos hecho. Y no sé si puede decirse lo mismo de tu maldito banco.

Él levantó las manos, a la defensiva.

– No discutamos. No esta noche.

– Entonces no digas esas cosas.

– Está bien. No las diré.

La rabia momentánea de ambos desapareció.

Margot dijo, pensativa:

– Dime… ¿cuando todo empezó, no se te ocurrió que yo podía estar metida en el ajo?

– Sí. En parte porque te conozco bien y recordé que te habías callado la boca sobre lo del Forum East, cuando esperaba que nos hicieras trizas a mí y al banco.

– ¿Se te hicieron difíciles las cosas… cuando se analizaba el asunto en el banco?

Él contestó bruscamente:

– Sí, así fue. No sabía si convenía compartir lo que sospechaba o callarme. Como mencionar tu nombre no hubiera supuesto nada importante ante lo que estaba pasando, me callé. Ahora comprendo que hice mal.

– ¿De manera que ahora algunos creen que tú estabas enterado?

– Roscoe lo cree. Tal vez Jerome. No estoy seguro de los demás.

Siguió un silencio incierto hasta que Margot preguntó:

– ¿Te importa? ¿Importa mucho? -Por primera vez desde que se conocían la voz de ella era ansiosa. La preocupación ensombrecía su cara.

Alex se encogió de hombros, y decidió tranquilizarla.

– Realmente no importa, creo. No te preocupes. Sobreviviré.

Pero importaba. Importaba mucho en el FMA, a pesar de lo que acababa de decir, y el incidente había sido doblemente infortunado en aquel momento.

Alex estaba seguro de que la mayoría de los directores del banco había visto el comentario donde aparecía su nombre y la pregunta pertinente: «¿Conocía Alex y aprobó la invasión de su propio hogar?» Y, si algunos no lo habían visto, Roscoe Heyward se iba a encargar de que lo vieran.

Heyward había mostrado claramente su actitud.

Aquella mañana Alex había ido a ver directamente a Jerome Patterton cuando el presidente llegó, a las 10 de la mañana. Pero Heyward, cuyo despacho estaba más cerca, había llegado antes.

– Adelante, Alex -había dicho Patterton-. Es mejor que tengamos una sola reunión de tres y no dos reuniones por separado.

– Antes de hablar, Jerome -dijo Alex-, quiero ser el primero en mencionar el tema. ¿Ha visto esto? -puso el recorte del comentario de Con la Oreja en Tierra sobre el escritorio.

Sin esperar, Heyward dijo, con mal tono:

– ¿Cree que hay alguien en el banco que no lo haya visto?

Patterton suspiró.

– Sí, Alex, estoy enterado y desearía no estarlo. También hay una docena de personas que me ha llamado la atención sobre el asunto y no me cabe duda de que habrá otras.

Alex dijo con firmeza:

– Entonces tiene usted derecho a saber que lo que está ahí impreso es para crear problemas y nada más. Le doy mi palabra de que ignoraba absolutamente todo lo que pasó en la sucursal central, y que no sabía más que los otros cuando la cosa estaba en marcha.

– Mucha gente creerá -comentó Roscoe Heyward- que, dadas sus «relaciones» -puso un énfasis sardónico en la palabra «relaciones»- esa ignorancia es improbable.

– La explicación que he dado -exclamó Alex- está dirigida únicamente a Jerome.

Pero Heyward se negó a que le dejaran de lado.

– Cuando la reputación del banco se ve públicamente disminuida, a todos nos importa. En cuanto a su supuesta explicación: ¿realmente supone que alguien puede creer que todo el miércoles, el jueves, el viernes, el fin de semana y hasta el lunes, no tenía usted idea, ninguna idea, de que su amiga estuviera metida en el asunto?

Patterton dijo:

– Vamos, Alex: ¿qué contesta usted a eso?

Alex sintió que la cara se le ponía colorada. Estaba dolido -y se había sentido así varias veces desde el día anterior- de que Margot le hubiera colocado en esta posición absurda.

Con toda la tranquilidad que pudo, contó a Patterton la sospecha que había tenido la semana pasada de que Margot pudiera estar metida en el asunto, y su idea de que nada se ganaba si discutía con los otros esa posibilidad. Explicó, además, que hacía más de una semana que no había visto a Margot.

– Nolan Wainwright opinaba lo mismo -añadió Alex-. Me lo dijo esta mañana temprano. Pero Nolan también se calló, porque, para ambos, no era más que una impresión, un presentimiento, hasta que apareció el comentario.

– Tal vez alguien le crea, Alex -dijo Roscoe Heyward. Su tono y expresión afirmaban: Yo no.

– Vamos, vamos, Roscoe -protestó con suavidad Patterton-. Está bien, Alex. Acepto su explicación. Aunque confío en que use de su influencia con miss Bracken para que, en el futuro, dirija su artillería hacia otra parte.

Heyward añadió:

– Sería mejor que no la dirigiera hacia ninguna parte.

Ignorando la última frase, Alex dijo al presidente del banco, con una sonrisa que era una mueca apretada:

– Puede contar con eso.

– Gracias.

Alex estaba seguro de que había oído la última palabra de Patterton sobre el tema, y que la relación de ambos podía volver a ser normal, por lo menos en la superficie. Pero no estaba tan seguro de lo que había detrás de la superficie. Probablemente en la mente de Patterton y en la de otros -incluidos algunos miembros del Directorio- la lealtad de Alex tendría, a partir de ahora, un interrogante de duda. Y, si no era eso, podía haber reservas respecto a la discreción de Alex con las amistades que tenía.

De cualquier modo aquellas dudas y reservas iban a estar en la mente de los directores al llegar el fin de año, cuando estuviera cerca el retiro de Jerome Patterton y la Dirección volviera a plantearse el problema de la presidencia del banco. Y, aunque los directores eran grandes hombres en algunos sentidos, en otros, como Alex sabía muy bien, podían ser mezquinos y estar llenos de prejuicios.

¿Por qué? ¿Por qué tenía que haber pasado aquello justamente ahora?

Su humor sombrío se agudizó, mientras Margot le miraba, con ojos interrogantes y una expresión todavía ansiosa e incierta.

Margot dijo, con más seriedad que antes:

– Te he creado dificultades. Muchas, creo. No finjamos que no es así.

Él estuvo a punto de tranquilizarla de nuevo, pero cambió la idea, comprendiendo que había llegado el momento de que fueran sinceros consigo mismos.

– Otra cosa -prosiguió Margot-, quiero que recuerdes que hablamos de esto sabiendo lo que podía pasar… preguntándonos si podíamos seguir siendo como somos… gente independiente… y continuar juntos sin embargo…

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