Traficantes de dinero
- Автор: Хейли Артур
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Traficantes de dinero». Краткое содержание книги:
Ella dijo con aire contrito:
– Quise asegurarme de que no apareciera. Sólo unas pocas personas estaban enteradas y yo quería que las cosas siguieran así.
Él sacudió la cabeza.
– No había manera. Nolan Wainwright me lo dijo esta mañana, y éstas fueron sus palabras: «Todo el asunto parece planeado por la propia mano de Margot Bracken». Y Nolan había empezado a interrogar a la gente. Antes era detective de la policía, ¿sabes? Alguno habría hablado si el comentario no hubiese aparecido.
– Pero no necesitaban mencionar tu nombre.
– Si quieres saber la verdad -dijo Alex sonriendo-, me gusta un poquito eso de «equidistante banquero».
Pero la sonrisa era falsa y comprendió que Margot se daba cuenta. La verdad era que el comentario le había sacudido y deprimido. Seguía deprimido esa noche, aunque se había alegrado cuando Margot telefoneó para anunciar que venía.
Preguntó:
– ¿Has hablado hoy con Edwina?
– Sí, la he telefoneado. No parecía enojada. Nos conocemos bien. Además, a ella le gusta que el Forum East esté otra vez en marcha… con todo. Tú también debes estar contento.
– Ya conoces mis sentimientos sobre el asunto. Pero eso no quiere decir que apruebe tus turbios métodos, Bracken.
Había hablado con más rudeza de lo que pensaba. Margot reaccionó con rapidez.
– No ha habido nada turbio en lo que yo o mi gente hemos hecho. Y no sé si puede decirse lo mismo de tu maldito banco.
Él levantó las manos, a la defensiva.
– No discutamos. No esta noche.
– Entonces no digas esas cosas.
– Está bien. No las diré.
La rabia momentánea de ambos desapareció.
Margot dijo, pensativa:
– Dime… ¿cuando todo empezó, no se te ocurrió que yo podía estar metida en el ajo?
– Sí. En parte porque te conozco bien y recordé que te habías callado la boca sobre lo del Forum East, cuando esperaba que nos hicieras trizas a mí y al banco.
– ¿Se te hicieron difíciles las cosas… cuando se analizaba el asunto en el banco?
Él contestó bruscamente:
– Sí, así fue. No sabía si convenía compartir lo que sospechaba o callarme. Como mencionar tu nombre no hubiera supuesto nada importante ante lo que estaba pasando, me callé. Ahora comprendo que hice mal.
– ¿De manera que ahora algunos creen que tú estabas enterado?
– Roscoe lo cree. Tal vez Jerome. No estoy seguro de los demás.
Siguió un silencio incierto hasta que Margot preguntó:
– ¿Te importa? ¿Importa mucho? -Por primera vez desde que se conocían la voz de ella era ansiosa. La preocupación ensombrecía su cara.
Alex se encogió de hombros, y decidió tranquilizarla.
– Realmente no importa, creo. No te preocupes. Sobreviviré.
Pero importaba. Importaba mucho en el FMA, a pesar de lo que acababa de decir, y el incidente había sido doblemente infortunado en aquel momento.
Alex estaba seguro de que la mayoría de los directores del banco había visto el comentario donde aparecía su nombre y la pregunta pertinente: «¿Conocía Alex y aprobó la invasión de su propio hogar?» Y, si algunos no lo habían visto, Roscoe Heyward se iba a encargar de que lo vieran.
Heyward había mostrado claramente su actitud.
Aquella mañana Alex había ido a ver directamente a Jerome Patterton cuando el presidente llegó, a las 10 de la mañana. Pero Heyward, cuyo despacho estaba más cerca, había llegado antes.
– Adelante, Alex -había dicho Patterton-. Es mejor que tengamos una sola reunión de tres y no dos reuniones por separado.
– Antes de hablar, Jerome -dijo Alex-, quiero ser el primero en mencionar el tema. ¿Ha visto esto? -puso el recorte del comentario de Con la Oreja en Tierra sobre el escritorio.
Sin esperar, Heyward dijo, con mal tono:
– ¿Cree que hay alguien en el banco que no lo haya visto?
Patterton suspiró.
– Sí, Alex, estoy enterado y desearía no estarlo. También hay una docena de personas que me ha llamado la atención sobre el asunto y no me cabe duda de que habrá otras.
Alex dijo con firmeza:
– Entonces tiene usted derecho a saber que lo que está ahí impreso es para crear problemas y nada más. Le doy mi palabra de que ignoraba absolutamente todo lo que pasó en la sucursal central, y que no sabía más que los otros cuando la cosa estaba en marcha.
– Mucha gente creerá -comentó Roscoe Heyward- que, dadas sus «relaciones» -puso un énfasis sardónico en la palabra «relaciones»- esa ignorancia es improbable.
– La explicación que he dado -exclamó Alex- está dirigida únicamente a Jerome.
Pero Heyward se negó a que le dejaran de lado.
– Cuando la reputación del banco se ve públicamente disminuida, a todos nos importa. En cuanto a su supuesta explicación: ¿realmente supone que alguien puede creer que todo el miércoles, el jueves, el viernes, el fin de semana y hasta el lunes, no tenía usted idea, ninguna idea, de que su amiga estuviera metida en el asunto?
Patterton dijo:
– Vamos, Alex: ¿qué contesta usted a eso?
Alex sintió que la cara se le ponía colorada. Estaba dolido -y se había sentido así varias veces desde el día anterior- de que Margot le hubiera colocado en esta posición absurda.
Con toda la tranquilidad que pudo, contó a Patterton la sospecha que había tenido la semana pasada de que Margot pudiera estar metida en el asunto, y su idea de que nada se ganaba si discutía con los otros esa posibilidad. Explicó, además, que hacía más de una semana que no había visto a Margot.
– Nolan Wainwright opinaba lo mismo -añadió Alex-. Me lo dijo esta mañana temprano. Pero Nolan también se calló, porque, para ambos, no era más que una impresión, un presentimiento, hasta que apareció el comentario.
– Tal vez alguien le crea, Alex -dijo Roscoe Heyward. Su tono y expresión afirmaban: Yo no.
– Vamos, vamos, Roscoe -protestó con suavidad Patterton-. Está bien, Alex. Acepto su explicación. Aunque confío en que use de su influencia con miss Bracken para que, en el futuro, dirija su artillería hacia otra parte.
Heyward añadió:
– Sería mejor que no la dirigiera hacia ninguna parte.
Ignorando la última frase, Alex dijo al presidente del banco, con una sonrisa que era una mueca apretada:
– Puede contar con eso.
– Gracias.
Alex estaba seguro de que había oído la última palabra de Patterton sobre el tema, y que la relación de ambos podía volver a ser normal, por lo menos en la superficie. Pero no estaba tan seguro de lo que había detrás de la superficie. Probablemente en la mente de Patterton y en la de otros -incluidos algunos miembros del Directorio- la lealtad de Alex tendría, a partir de ahora, un interrogante de duda. Y, si no era eso, podía haber reservas respecto a la discreción de Alex con las amistades que tenía.
De cualquier modo aquellas dudas y reservas iban a estar en la mente de los directores al llegar el fin de año, cuando estuviera cerca el retiro de Jerome Patterton y la Dirección volviera a plantearse el problema de la presidencia del banco. Y, aunque los directores eran grandes hombres en algunos sentidos, en otros, como Alex sabía muy bien, podían ser mezquinos y estar llenos de prejuicios.
¿Por qué? ¿Por qué tenía que haber pasado aquello justamente ahora?
Su humor sombrío se agudizó, mientras Margot le miraba, con ojos interrogantes y una expresión todavía ansiosa e incierta.
Margot dijo, con más seriedad que antes:
– Te he creado dificultades. Muchas, creo. No finjamos que no es así.
Él estuvo a punto de tranquilizarla de nuevo, pero cambió la idea, comprendiendo que había llegado el momento de que fueran sinceros consigo mismos.
– Otra cosa -prosiguió Margot-, quiero que recuerdes que hablamos de esto sabiendo lo que podía pasar… preguntándonos si podíamos seguir siendo como somos… gente independiente… y continuar juntos sin embargo…