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Электронная книга - «Traficantes de dinero». Краткое содержание книги:

El presidente del banco FMI anuncia a toda la directiva que tiene cáncer y pronto va a morirse, hay dos candidatos para ocupar su puesto, Alex y Roscoe. Alex es liberal, con ideas nuevas, pero Roscoe es conservador. La lucha entre ambos para llegar a la cima conduce a una trama muy interesante que empieza cuando desaparecen misteriosamente 6000 dólares de la caja de la empleada Juanita Núñez, se nos revelan muchas incógnitas sobre el funcionamiento interno de un banco y cómo una mala inversión puede llevarlo a la quiebra de la noche a la mañana.
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– Vamos, Roscoe, no hable como un comisario de pueblo. A veces negarse a cambiar una decisión equivocaba es simple testarudez y nada más. Todos los periodistas lo han dicho claramente. Además, esa gente que está en la sucursal no es chusma.

Heyward dijo, desconfiado:

– Parece usted sentir una afinidad especial con ellos. ¿Sabe acaso algo que los demás no sabemos?

– No.

– De todos modos, Alex -rumió Jerome Patterton-, no me gusta la idea de someterme tan fácilmente.

Tom Straughan había escuchado los dos argumentos. Ahora dijo:

– Yo, como todos saben, me opuse a que se cortaran los fondos al Forum East. Pero tampoco me gusta que me lleven por delante unos desconocidos.

Alex suspiró.

– Si todos están de acuerdo con eso, es mejor que nos hagamos a la idea de que la sucursal del centro quedará paralizada por algún tiempo.

– Esa gentuza no podrá continuar con lo que está haciendo -afirmó Roscoe-. Me atrevo a predecir que, si nos mantenemos fuertes, si nos negamos a que nos hagan a un lado o nos pisoteen, toda la demostración se evaporará mañana.

– Y yo -dijo Alex- me atrevo a predecir que continuará toda la próxima mañana.

Finalmente ambos cálculos resultaron equivocados.

En ausencia de una actitud de suavización en el banco, la inundación de la sucursal del centro por los sostenedores del Forum East se prolongó todo el jueves y el viernes, hasta el cierre de las transacciones, el viernes por la tarde.

La gran sucursal estaba inutilizada. Y, como había predicho Dick French, toda la atención del país se concentró en aquel aprieto.

Parte de la atención prestada era humorística. Sin embargo, los inversores no estaban tan divertidos, y en la Bolsa de Nueva York, el viernes, las acciones del First Mercantile American cerraron con dos puntos y medio menos.

Entretanto Margot Bracken, Seth Orinda, Deacon Euphrates y otros continuaban planeando y reclutando.

El lunes por la mañana el banco capituló.

En una conferencia de prensa rápidamente convocada a las 10 de la mañana, Dick French anunció que la total financiación del Forum East sería restablecida inmediatamente. Por cuenta del banco, French expresó la cordial esperanza de que muchos habitantes del Forum East y sus amigos, que habían abierto cuentas en FMA en los días pasados, siguieran siendo clientes del banco.

Detrás de la capitulación del banco hubo varios motivos de fuerza. Uno fue: antes de que se abriera la sucursal el lunes por la mañana, la fila fuera del banco y en la Plaza Rosselli era todavía mayor que en días anteriores, de manera que resultaba evidente que la situación de la semana anterior iba a repetirse.

Y, para mayor desconcierto, otra fila apareció en otra sucursal del FMA, en el suburbio de Indian Hill. Aquello no fue del todo inesperado. La extensión de las actividades del Forum East a otras sucursales del First Mercantile American había sido prevista en los diarios del domingo. Cuando se empezó a formar la fila en Indian Hill, el alarmado gerente telefoneó a la Casa Central, pidiendo ayuda.

Pero fue un último factor el que desencadenó el resultado.

Al final de la semana, el sindicato que había prestado dinero a los inquilinos del Forum East y proporcionado almuerzo gratuito para los que formaban fila, la Federación Norteamericana de Empleados, Cajeros y Trabajadores de Oficina, públicamente anunció que participaba en el asunto. Afirmaron que darían apoyo adicional. Un portavoz del sindicato calificó al FMA como a «una máquina egoísta y pantagruélica de hacer dinero, puesta en marcha para enriquecer a los poderosos a costa de los que nada tienen.» Una campaña para sindicar a los empleados del banco, anunció, iba a iniciarse pronto.

El sindicato, de aquel modo, hizo inclinar la balanza, no con una brizna de paja, sino con un saco de ladrillos.

Los bancos -todos los bancos- temen, incluso odian a los sindicatos. Los dirigentes y ejecutivos bancarios miran a los sindicatos como una serpiente podría mirar a una mangosta. Lo que asusta a los bancos, si los sindicatos se hacen fuertes, es una disminución de la libertad financiera de los bancos. A veces ese miedo ha sido irracional, pero ha existido.

Aunque los sindicatos lo habían intentado con frecuencia, pocos habían abierto camino en lo que concierne a los empleados bancarios. Una y otra vez, hábilmente, los banqueros fueron más ingeniosos que los organizadores de sindicatos y pensaban seguir siéndolo. Si la situación en el Forum East significaba una palanca para que se formara un sindicato, ipso facto la palanca debía ser removida. Jerome Patterton, que había llegado temprano a su oficina y se movía con velocidad desusada, tomó la decisión de autorizar la restitución de fondos al Forum East. También aprobó el anuncio que iba a hacer el banco y que Dick French corrió a propagar.

Después, para calmar los nervios, Patterton cortó todas las comunicaciones y se dedicó a practicar puntería con palillos en la alfombra de su despacho.

Más tarde, esa misma mañana, en una reunión informal del comité de política bancaria, se acordó la restitución de los fondos aunque Roscoe Heyward rezongó:

– Se ha creado un precedente y es una entrega que lamentaremos.

Alex Vandervoort guardó silencio.

Cuando el anuncio del FMA fue leído a los partidarios del Forum East, en ambas sucursales bancarias, se oyeron algunos aplausos, y los grupos reunidos tranquilamente se dispersaron. En media hora los negocios en ambas sucursales volvieron a la normalidad.

El asunto hubiera terminado allí de no ser por una información que se había deslizado y que, vistas las cosas retrospectivamente, fue quizás inevitable. La filtración apareció dos días después en el comentario de un periódico -un comentario en la columna Con la Oreja en Tierra-, sección que había sido la primera en sacar a luz el asunto.

¿Se ha preguntado usted quién estaba detrás de los inquilinos del Forum East que esta semana pusieron de rodillas al orgulloso y poderoso First Mercantile American? La Sombra lo sabe. Es la abogada feminista y defensora de los Derechos Civiles, Margot Bracken… la misma de «la sentada en los servicios de aseo del aeropuerto», famosa por esta y otras batallas a favor de los humildes y los pisoteados.

Esta vez, aunque el «banqueo» fue idea suya, en la que trabajó activamente, miss Bracken actuó con sumo secreto. Se encargaron otros de dar la cara, pero ella se mantuvo oculta, evitó a la prensa, su aliada normal. ¿Esto también les parece raro?

¡Que no les parezca! El mejor y más grande amigo de Margot, con quien ha sido vista frecuentemente, es el equidistante banquero Alexander Vandervoort, importante ejecutivo del FMA. Si usted fuera Margot y tuviera esa relación en la cacerola: ¿no se habría mantenido aparte?

Sólo nos preocupa una cosa: ¿conocía Alex y aprobó la invasión de su propio hogar?

5

– ¡Maldición, Alex -dijo Margot-, lo lamento muchísimo!

– Tal como ha sucedido, yo también lo lamento.

– Desollaría vivo a ese periodista piojoso. Por lo menos no ha mencionado que soy pariente de Edwina.

– No muchos lo saben -dijo Alex-, ni siquiera en el banco. De todos modos los amantes son noticia más viva que los primos.

Era cerca de la medianoche. Estaban en el apartamento de Alex, y era la primera cita desde que se había iniciado la invasión de la sucursal central del FMA. El comentario de Con la Oreja en Tierra había aparecido el día anterior.

Hacía algunos minutos que había llegado Margot, tras representar a un cliente ante un tribunal nocturno: un borracho habitual y rico, cuya costumbre de atacar a quien fuera cuando estaba bebido era una de las pocas y continuas fuentes de ingreso de Margot.

– Supongo que el periodista cumplió con su deber -dijo Alex-. Y casi seguramente tu nombre habría aparecido de todos modos.

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