Casino: Amor y honor en Las Vegas
- Автор: Pileggi Nicholas
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
Día 1 de mayo de 1978, a las tres horas y doce minutos de la tarde en el Gold Rush. Llamada grabada por el FBI entre Spilotro, Leonard Garmisa y Dena Harte, novia de Blitzstein:
Spilotro: (apartando el auricular) …el pájaro es amigo de Dormían.
¿Qué quieres que te diga?
Garmisa: Oye…
Spilotro: Dime, Irv.
Garmisa: ¿Cómo?
Spilotro: Irv.
Garmisa: ¿Cómo, Irv?
Spilotro: ¿No hablo con Irv Garmisa? Pues eso.
Garmisa: ¿Con quién hablo?
Spilotro: Con Tony Spilotro.
Garmisa: Soy Lenny Garmisa, Tony.
Spilotro: ¡Ah, Lenny! ¿Qué tal van las cosas, Lenny?
Garmisa: Bien.
Spilotro: Ya decía yo…
Garmisa: ¿Eh?
Spilotro: Estaba en sintonía, ¿no?
Garmisa: Sí, en sintonía, pero yo no te había conocido. ¿Qué tal, Tony?
Spilotro: Muy bien, aparte de la llamada, es algo molesto, la verdad.
Garmisa: Yo ya le dije que no te llamara. Pero quería que lo supiera.
Spilotro: Vamos a ver si me cuentas qué pasó, Irv.
Garmisa: Lenny.
Spilotro: Dime lo que pasó, Lenny.
Entonces Garmisa le cuenta a Tony que al no haber podido hablar directamente con él, había pasado el encargo al que se había puesto al teléfono en el Gold Rush.
Spilotro: Vale, perfecto, recibió el mensaje y…
Garmisa: Así que yo le dije, oye, llama a esta señora, a Barbara Russel, tiene habitación en el Stardust, ya está ahí. Haz por ella lo que esté en tu mano. Si quieres cargarlo a mi cuenta, yo encantado, pero hay que tratarla como a una reina. Le dije que eso era todo. Y hasta hoy. Resulta que hoy me llama Gregory Peck para invitarme a la fiesta de cumpleaños de su hija, y he tenido que hablar con su secretaria. Le he dicho: «Oye, Barbara, ¿qué tal lo pasaste?» Me responde que de cine. «¿Te llamó alguien?» Me pregunta a qué me refiero. Le digo que eso, que ya le había dicho que alguien se pondría en contacto con ella, y me responde que no, que no la llamó nadie.
Spilotro: Vale. De acuerdo. Y ahora una pregunta.
Garmisa: Dime.
Spilotro: ¿Le pasaron la cuenta?
Garmisa: Creo que ella… pues no lo sé.
Spilotro: ¿No lo sabes? Vamos a hacer una cosa, Lenny. Ahora mismo coges el puto teléfono y lo investigas, ¿vale? Y yo mando que le reembolsen el dinero, ¿qué te parece?
Garmisa: Por favor…
Spilotro: Pero si ella… un momento, escúchame. Si se le pasó la cuenta, coges el teléfono y vuelves a llamar a Joey. La chica tenía que constar en rojo. ¿Sabes lo que significa en rojo, Lenny?
Garmisa: Sí.
Spilotro: Que se trata de una cortesía.
Garmisa: Sí, ya lo sé.
Spilotro: O sea que no sabes si le ofrecieron trato preferente.
Garmisa: Ni idea, pero no creo.
Spilotro: ¿No crees?
Garmisa: No creo, pero voy a llamarla, si quieres, lo hago por el otro teléfono mientras esperas.
Garmisa llamó al despacho de Peck y al contactar de nuevo por el otro teléfono su tono traducía, según los del FBI que estaban a la escucha, que estaba arrepentido de haberse visto envuelto en aquel embrollo.
Garmisa: Dice que se registró con el nombre de señora Barbara Russel, pero que no sabe por qué le apuntaron el nombre de su marido. Tal vez los que tú tenías avisados intentaron localizarla buscando el nombre de Barbara Russel cuando en el registro constaba como Dale Russel.
Spilotro: ¿Dale Russel?
Garmisa: Y total fueron tres putas noches, ¿cómo voy a reembolsarle algo? Te lo juro, Tony, ya sabes lo que te aprecio, has sido muy amable al llamar pero no te preocupes. Le hice el comentario a JP (Joey Lombardo, El Payaso), pero…
Spilotro: Sí, pero no es eso, Lenny. Cuando Joey dice que quiere que se haga algo, eso está hecho.
Garmisa: Ya lo sé.
Spilotro: Claro que si se registra con el nombre de Dale Russel, ¿cómo podemos localizarla?
Garmisa: Tampoco lo sabía yo. Si me acabo de enterar hace unos segundos. O sea que no le des más vueltas, ¿vale?
Spilotro: Es que tienes que llamar a Joey y decirle…
Garmisa: Voy a llamar a Joey.
Spilotro: Ahora mismo está en casa.
Garmisa: Se lo explicaré inmediatamente.
Spilotro: Mientras tanto, voy a hacer otra comprobación. Pero casi estoy seguro de lo que pasó.
Garmisa: Déjalo, ya lo sabemos…
Spilotro: De acuerdo, Lenny.
Garmisa:…por la otra línea. Tengo que dejarte. Tengo que dejarte, Tony.
Spilotro: Tranquilo.
Garmisa: Vale.
Spilotro: Adiós.
Durante setenta y nueve días de la primavera de 1978, el FBI grabó más de ocho mil conversaciones en 278 cintas magnetofónicas, y la mayor parte de éstas con temas tan banales como el de la secretaria de Gregory Peck. Con todo, en junio, el Bureau emprendió un registro masivo durante el que más de cincuenta agentes ejecutaron órdenes de busca y captura desde Spilotro a Allen Glick. Dichas órdenes, que se ejecutaron en Chicago y Las Vegas, habilitaban a los agentes para embargar dinero en efectivo, archivos, armas, grabaciones y expedientes económicos, detalles que fueron pormenorizados en las portadas de los periódicos de Las Vegas, acompañados por los comentarios habituales que vinculaban a Spilotro con Rosenthal y el Stardust. No obstante, al cabo de unos meses, prácticamente todo el material embargado se devolvió a sus propietarios; el registro acogido con tanta publicidad había sido un fracaso. Spilotro seguía libre para continuar con su trabajo.
18
«Lo cierto es que Allen R. Glick nunca ha estado ni estará vinculado a algo que no sea perfectamente legal.»
A veces lo llamaban el Genio y otras el Calvo; lo llamaran como lo llamaran, Allen Glick había representado un error y la mafia quería deshacerse de él. Al principio, Glick había dado la impresión de ser el blanco perfecto, pero resultaba que en vez de resolver los problemas los creaba. De entrada, era el objetivo ideaclass="underline" a la prensa le encantaba azuzarlo, divertirse a costa de su falta de experiencia, burlarse de su seriedad y dar por supuesto que tanta gestión resultaba sospechosa. Por otro lado, era mucho más listo de lo que habían esperado los del fondo de pensiones del Sindicato.
En 1976, el American Stock Exchange, como parte de una investigación rutinaria en la solicitud de Glick de conseguir capital adicional para compensar a los propietarios de las obligaciones, descubrió que Glick había prestado diez millones de dólares del capital de Argent a algunos de sus socios subsidiarios, sin haber planificado la devolución de dicho dinero. Más tarde, en 1977, la Comisión de Garantías y Cambio descubrió que al cabo de una semana de recibir el préstamo del Sindicato en 1974, Glick había utilizado 317.500 dólares de éste para restaurar su casa y pagar deudas personales. La Comisión acusó a Glick de utilizar Argent «como fuente particular de financiación, desatendiendo de forma flagrante su deber de garante ante los propietarios de obligaciones de Argent». Según el Wall Street Journal, Glick había cobrado más de un millón de dólares por sus servicios de gestión y había cargado dicha suma a la deuda que tenía con Argent, reduciendo así de forma unilateral su montante. La Comisión acusó asimismo a Glick de malversar fondos de Argent en una serie de negocios improductivos, entre los que se contaba un proyecto de urbanización para el gobierno en Austin, Texas.
«Allen Glick, el propietario prodigio de casinos de Las Vegas» se había convertido en «el acosado propietario de casinos de Las Vegas». La Comisión de Garantías y Cambio había presentado una demanda contra Argent; el desvío de dinero de las máquinas tragaperras seguía bajo control; no se había resuelto el asesinato de Tamara Rand. Se había pagado por adelantado 300.000 dólares a una agencia de publicidad por unos anuncios en un periódico de Las Vegas, Valley Times, algunos de los cuales jamás se habían publicado. Se habían entregado aportaciones a determinados candidatos políticos, y éstos las habían devuelto haciéndolo público.