Casino: Amor y honor en Las Vegas
- Автор: Pileggi Nicholas
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
Los problemas de Glick se agravaron al hundirse el imperio del Sindicato de Camioneros; él no era más que una nota a pie de página en dicho hundimiento, pero una nota con mucho jugo. La desmedida soberbia de Glick pedía a gritos un castigo justo. «Lo cierto es que Allen R. Glick nunca ha estado ni estará vinculado a algo que no sea perfectamente legal», anunció Allen R. Glick al Wall Street Journal.
Uno de los que leyeron el artículo del Wall Street Journal sobre los préstamos que Glick se otorgaba a sí mismo fue Nick Civella, el jefe el hampa de Kansas City, a quien había acudido aquél a visitar cuatro años antes en la habitación de la bombilla solitaria. Civella montó en cólera al enterarse de que Glick metía mano en la caja. Bastante duro resultaba ya sablear a un casino como para encima tener que soportar que se te adelante el dueño. Civella habría llamado directamente a Glick para decírselo de no ser por un pequeño inconveniente: estaba en la cárcel cumpliendo una corta condena por haber efectuado apuestas ilegales a través de una llamada telefónica interestatal (tenía el teléfono controlado). Pero durante una comunicación con su hermano, Carl Civella, El Corcho, ordenó que se hiciera algo con Glick. Así pues, Carl Civella y su principal lugarteniente, Carl DeLuna, El Curtido, emprendieron una serie de viajes a Chicago para reunirse con otros mafiosos, socios de Argent del grupo de Kansas City. El plan consistía en echar a Glick o bien obligarlo a entregar a la mafia millones de dólares en efectivo.
El hombre clave de la operación fue DeLuna, atracador a mano armada y asesino a sueldo, a pesar de que tenía alma de contable: tomó unas meticulosas notas de sus viajes y pormenorizó todos los gastos en pequeñas fichas y blocs de notas. Escribía los nombres de las personas en código pero podían descifrarse con facilidad. A Allen Glick lo llamaba el Genio, a Rosenthal el Zurdo o el Loco, que ortografiaba como «Loko». Joe Agosto del Tropicana era Caesar, ortografiado «Ceasar».
A finales de 1977, DeLuna y Carl Civella tomaron el avión para Chicago para reunirse con el jefe, Joe Aiuppa, y el subjefe, Turk Torello. «Corrían rumores de que el Genio se estaba adueñando de todo», escribió DeLuna en una de sus tarjetas, documentando así el primer intento de la mafia de desprenderse de Glick después de entregarles el dinero. Quien formuló la propuesta a Glick fue Rosenthal El Zurdo, tal como aquél declaró años más tarde.
P: Permítame una pregunta, señor Glick, ¿usted y Frank Rosenthal tuvieron alguna discusión a propósito de Frank Rosenthal y la empresa Argent?
R: Sí.
P: ¿Cuándo tuvieron lugar aproximadamente estas discusiones, si es que lo recuerda?
R: Creo que fue hacia 1977.
P: ¿Y cuál fue la naturaleza de estas discusiones?
R: El señor Rosenthal se presentó una tarde en mi despacho y me informó de que tenía el consentimiento de los socios para proponerme la compra de todas las participaciones, una compra por parte de los socios. Y precisó lo que a él le parecía que podía resultar aceptable para los socios.
P: ¿Y cuáles eran las condiciones?
R: Dijo que consideraba que había que ofrecer unos 10 millones de dólares en efectivo a los socios a fin de recuperar su 50% de la propiedad.
P:…¿Quién, si es que se identificó a alguien, actuaba como representante de los supuestos socios?
R: El señor DeLuna, Carl DeLuna. Tal como declaramos el señor Rosenthal, el señor Thomas… yo diría que el señor Dorfman…
P: ¿Se planteó seriamente la propuesta, señor Glick, de adquirir la empresa Argent a sus socios, los supuestos socios por 10 millones de dólares?
R:…Mis intenciones eran serias en cuanto al señor Rosenthal. En cuanto a la idea de lo que me propuso, no lo consideré en serio.
P: ¿Se tomó en serio Frank Rosenthal tales sugerencias?
R: Me permito remitirme a lo que acabo de decir. Lo tomé en serio porque procedía del señor Rosenthal. No lo tomé en serio como algo factible o plausible. Pero sí, él se lo tomó muy en serio.
P: ¿Cómo se dio cuenta de que Frank Rosenthal se tomaba en serio las discusiones con usted?
R: Un tiempo después de esta discusión en concreto, acudió de nuevo a mí y dijo que por parte de las personas que él representaba -utilizó la palabra «socios»- era una propuesta aceptable.
P: ¿Y qué le respondió usted al señor Rosenthal?
R: Le dije que no veía forma de negociar algo así. No me interesaba ni quería involucrarme en una operación de este tipo, pues me estaba hablando de 10 millones de dólares en efectivo sin declarar. Dije que no quería complicarme con ello. Él replicó que representaba a los socios con los que yo había estado de acuerdo, cuya representación yo había sancionado para un acuerdo de ratificación respecto a esta compra del total de las acciones según lo calificaba él. No sabía qué pensar de ello, pues por la relación que yo tenía con él consideraba al señor Rosenthal como un mentiroso patológico y un psicópata, y trataba con él a diario teniendo siempre en cuenta el tipo de persona que tenía delante.
P: ¿Cómo reaccionó el señor Rosenthal a su rechazo a la transacción de los 10 millones de dólares?
R: Se disgustó muchísimo y dijo que sus socios verían con muy malos ojos mi respuesta negativa. De nuevo, las amenazas se hicieron patentes en todas sus frases al detallar la réplica que podían decidir los socios. Amenazas que yo me tomé en serio a pesar de considerarle un mentiroso patológico en otras condiciones…
P: En la idea primigenia, en la discusión que llevaron usted y el señor Rosenthal, ¿qué papel imaginaba para sí mismo el señor Rosenthal si es que preveía alguno?
R:…el de jefe ejecutivo, dirigir la empresa como presidente de hecho.
P: ¿Y tendría algún título de propiedad?
R: Sí. Dispondría de un interés de propiedad del 50%…
Allen Glick siguió comportándose como si creyera tener algún poder en su propia empresa. Rosenthal intentó obligarle a vender el Lido Show a Joe Agosto, del Tropicana, pero Glick se negó a ello. Como consecuencia, Carl Civella y Carl DeLuna siguieron con sus viajes a Chicago para organizar el complot contra Glick, y DeLuna continuó anotando todo lo que sucedía, creando inconscientemente un extraordinario rastro de papel para los agentes del orden, que finalmente lo descubrieron.
En enero de 1978, se reunieron con Frank Balistrieri, Joe Aiuppa, Jackie Cerone y Turk Torello, que recibía tratamiento por un cáncer de estómago. Según las notas de DeLuna: «No se hablaba más que de sustituir al Genio. El Loko (Frank Rosenthal) debía estar ahí pero no pudo acudir». El 10 de abril se reunió de nuevo con Aiuppa, Cerone, Torello y Tony Spilotro, quien al parecer andaba por la zona y se dejó caer allí. Según las notas: «Se habló de quien iba a ver al Genio. Se decidió que fuera yo». El 19 de abril, De Luna volvió a Chicago con Carl Civella para reunirse con Aiuppa, Cerone y Frank Rosenthaclass="underline" «Se habló otra vez de que yo tenía que ir a ver al Genio. (De ello habíamos hablado hacía diez días. Nota: ficha del 4-10.) El Loko me dio su teléfono personal. Él y yo quedamos de acuerdo en que la primera reunión sería donde el avocatto (despacho del abogado Oscar Goodman) y establecimos una cita provisional para la semana siguiente. 22 (Joe Aiuppa sugirió esperar a que ON (Nick Civella) estuviera aquí (hubiera salido de la cárcel) pero MM (Carl Civella) dijo que prefería solucionarlo antes (del retorno de Civella). Por ello, el Loko y yo con el Genio la semana que viene». DeLuna anotó meticulosamente sus gastos para el viaje: salida, 180 dólares, vuelta, 180 dólares, aparcamiento, 7 dólares, con un total de 387 dólares, quedando un remanente de 8.702 dólares.