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Casino: Amor y honor en Las Vegas

Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:

Frank Rosenthal, El Zurdo, tuvo algo de simbólica: como la traca final de una era en la historia de la capital mundial del juego, Las Vegas.
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
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Frank Rosenthaclass="underline" Si tuviera que empezar de nuevo, ¿cómo lo haría?

Minnesota Fats: Si tuviera que empezar de nuevo, no se me ocurriría otra forma. Me paseo por las salas de billar y los bares desde que tenía dos años. Que yo recuerde, en mi vida no ha habido ni un día malo.

Risas. Aplausos.

Minnesota Fats: He estado con los seres más maravillosos que hay en el mundo. Viajé en limusina cuando los millonarios se tiraban por las ventanas. En 1930, podías pescar a los millonarios con una red. Con una red, en Broadway.

Frank Rosenthaclass="underline" Lo que más me gusta es que su estrellato en los billares le reportó fantásticos idilios.

Minnesota Fats: ¿Idilios? He vivido los mejores del mundo. Jane Russell fue una de mis novias.

Frank Rosenthaclass="underline" ¿De verdad?

Minnesota Fats: Mucho antes de que conociera a Howard Hughes.

Frank Rosenthaclass="underline" ¡No me diga!

Minnesota Fats: Mae West sigue mandándome tarjetas de felicitación en Navidad. Y Hope Hampton se cuenta entre mis amistades. Femeninas, por supuesto. En 1890 ejecutaba la danza del vientre. Y Fatima. Fatima bailó para mí en el palacio del sultán de Estambul y más tarde en El Cairo, Egipto, en el hotel Shepheard's. La verdad es que he tenido una vida bastante agradable. He estado en todas partes. El año pasado estuve un par de veces en el Polo Norte. Para Sports Illustrated. En un espectáculo para un grupo de científicos de elite. Veintisiete grados bajo cero. Y yo con mi traje de verano. Los mamones aquellos llevaban pieles de oso encima… Un tipo tuvo que llevarme a cincuenta kilómetros en un trineo arrastrado por perros. Fui incapaz de levantar el abrigo que llevaba él. Y yo con un traje de seda. Jamás había pasado frío en mi vida.

Frank Rosenthaclass="underline" ¿Y a dónde nos lleva todo esto? ¡Válgame Dios!

Aplausos.

El Zurdo se había convertido en una estrella. Y Geri se sentía cada vez más desatendida. En palabras de Mike Simon, ex agente del FBI:

Se colocaba, se marchaba unos días y El Zurdo se inquietaba por su paradero. Volvía a casa y él la acusaba de haber estado con Lenny Marmor. Ella lo negaba. Aquello constituía la base de su relación: la acusación y la negación.

Según El Zurdo, Lenny sólo tenía que chasquear los dedos y ella acudía corriendo.

Llegó un momento en que El Zurdo se irritó tanto con lo de Geri y Lenny que se ligó con una joven que era amiga de Marmor. Aunque cueste creerlo, la chica se llamaba Meñique.

Tal como confesó El Zurdo:

La muchacha tenía veinte o veintiún años y yo la perseguí para intentar humillar a Lenny Marmor. Era la preferida de Marmor. Le dije a Geri: «Voy a demostrarte como traigo a la bruja aquí». Y eso hice. La hice venir a Las Vegas. Luego la vi en California.

Quería iniciar una historia de amor. Supongo que era una tontería en aquella época. La chica era maravillosa. Pero cuando la llamé desde el hotel en Los Ángeles, lo primero que me dijo fue: «Tienes que mandarme uno de mil». Pues claro. Eso hice. Y luego, naturalmente, después de un par de citas, pretendía doses y treses.

Le hablé de Lenny. Al principio, pensaba que la tenía en el bolsillo, pero no. Me tomaba el pelo. Grababa o memorizaba cada una de mis palabras y se las repetía a Marmor. Parece increíble, pero el tipo sabía cómo manejar determinado tipo de chicas. De verdad. La tenía en el bote.

Rosenthal llegó a un punto en que se sintió tan frustrado con que su mujer siguiera atada a Marmor que le dijo que éste había sido asesinado. Él mismo cuenta:

Geri se puso como loca. Le entró el pánico. Echó a correr hacia el teléfono y llamó a Robin.

– ¿Dónde está tu padre? -chilló a través del auricular-. ¡Tienes que buscar a tu padre! ¡Tienes que encontrarlo! Luego se sentó y esperó casi una hora a que llamara Robin. Yo no dije esta boca es mía.

Cuando llamó Robin, le dijo que él estaba bien. Geri se volvió hacia mí:

– Eres un hijo de puta -me dijo-. ¿Por qué lo has hecho?

– Nunca se sabe -respondí.

Pero lo había hecho para poder comprobar con mis propios ojos que seguía pendiente de él y no de mí. Seguía en su corazón.

A finales de 1976, Geri volvió a establecer contacto con su antiguo amante Johnny Hicks. Hicks trabajaba como jefe de sala en el casino Horseshoe y vivía de manera holgada en una urbanización situada al otro lado de la calle donde Rosenthal tenía la residencia. «Geri siempre lo perseguía», decía Beecher Avants, jefe de homicidios del Departamento de Policía de Las Vegas.

Una tarde, al abandonar Hicks su piso, recibió cinco disparos en la cabeza. Steven Rosenthal, el hijo de ocho años de Geri y El Zurdo, se encontró inesperadamente con los hechos cuando iba hacia su casa y dijo a su madre y a su padre que fuera había pasado algo. Geri y Steven salieron a ver qué hacían los coches de policía en aquella calle normalmente tan tranquila y se encontraron con que habían disparado contra Hicks. Según Beecher Avants:

Intentamos hablar con Geri pero nos respondió: «Que os den por culo. Yo no hablo con vosotros.

El Zurdo dijo:

Volvió a casa hecha una furia. En el fondo, pensó que yo tenía algo que ver con aquello. Era una locura. Pero ella siempre tuvo el presentimiento de que yo lo había matado.

Rosenthal El Zurdo no tenía la cabeza en sus problemas domésticos. Tenía cuatro casinos que dirigir y encima fingir que ni siquiera los tocaba. Un programa de televisión, que cuando llevaba tan sólo unos meses en antena ya había alcanzado tanto éxito que Rosenthal decidió trasladarlo del estudio de televisión que había estado utilizado al propio hotel Stardust. «Por primera vez en la historia de Las Vegas -afirmó un crítico de televisión de la prensa-, un programa de televisión de emisión regular se emitirá en directo desde un casino.» El programa, a decir verdad, no tenía una emisión regular, pues durante los primeros cinco meses se había emitido tan sólo cinco veces, pero el anuncio prometía muchísimo: Frank Sinatra iba a ser entrevistado en el primero de estos directos. Aparecerían asimismo Jill St. John y Robert Conrad. Se construyó un estudio especial en el Stardust y el 27 de agosto de 1977 mil personas acudieron a presenciar el programa que se iba a grabar a las siete y media de la tarde. Se entusiasmaron cuando Sinatra expuso su opinión sobre un tema que tenía un interés fuera de lo corriente: cargarse a la NCAA por someter a dos años de prueba al equipo de baloncesto de la Universidad de Las Vegas.

A las once de la noche, la audiencia conectó el televisor al canal de la KSHO para ver el programa y lo que surgió en sus pantallas fue un personaje de dibujos animados que sostenía un cartel en el que podía leerse un momento por favor. El momento se convirtió en minuto y luego en más de una hora. El equipo de grabación de la emisora se había averiado. Unas horas más tarde, la emisora prosiguió su programación con La caída del Imperio Romano «No sabemos exactamente lo que ha sucedido -afirmó Red Gilson, director general del Canal 13-. Es algo que ocurre una vez entre un millón. Resulta prácticamente imposible que se averíen dos equipos de grabación al mismo tiempo.»

De nuevo, Frank Rosenthal figuraba en las primeras páginas de los periódicos de Las Vegas; y al día siguiente volvió a aparecer con su demanda a la emisora por unos daños calculados en 10.000 dólares, afirmando que la avería había perjudicado terriblemente la fama del Show de Frank Rosenthal. Él mismo y su equipo estuvieron unos días armando jaleo y amenazando con pasar el programa a otra emisora; uno de los críticos de televisión llegó a hablar incluso de sabotaje. Ahora bien, como no picó otra cadena, el programa lo reemprendió el Canal 13, convirtiéndose en una curiosidad local rara y sorprendente, la cual pareció afianzar a Rosenthal de forma permanente.

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