Casino: Amor y honor en Las Vegas
- Автор: Pileggi Nicholas
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
Los agentes del FBI oyeron a DeLuna hablar de Caesar (Joe Agosto) y del Tenor (el nombre en clave que daban a Carl Carusso, el hombre que más tarde se descubrió que trasladaba el dinero desviado del Tropicana de Las Vegas a Kansas City). Hablaban de C. T. (Carl Thomas) y de investigaciones. Por fin el Bureau consiguió permiso para pinchar prácticamente todos los teléfonos utilizados con regularidad por la banda de Civella, incluyendo el del bufete de abogados de éste.
Según declaró Mike DeFeo, Mike El Hierro, subdirector en 1978 de las Fuerzas de Intervención contra la Delincuencia Organizada del Departamento de Justicia:
Hasta finales de los setenta, se vivió un compás de espera en lo referente a la aplicación de la ley en Las Vegas. Existía corrupción. Algunos jueces dificultaban la tarea. Paul Laxalt, como senador y gobernador, se quejó de que en el estado había demasiados agentes del FBI y del fisco. En nuestras escuchas había fugas. Uno de los jueces desprecintaba actas del gran jurado que nosotros habíamos exigido que se sellaran. En una época, uno de los polis corruptos que trabajaba para Tony Spilotro colocó a su cuñada como responsable administrativa en los juzgados. Todo ello conllevó años y años de frustración en cuanto a la aplicación de la ley. Nos dábamos de cabeza contra la pared.
Por fin llegó el respiro, pero no procedente de Las Vegas sino de la sala del fondo de una pizzería de Kansas City. Fue algo casual, cuestión de suerte. Pero básicamente se debió a que Gary Hart, supervisor de Kansas City, y su equipo estaban al corriente de que había que seguir un hilo y lo hicieron hasta el final. Para quien está a la escucha de uno de los hilos telefónicos, incluso hoy en día, no resulta tan obvio. Los pájaros aquellos tampoco precisaban tanto las cosas. Escuchaban a DeLuna decir a Carl Civella que conseguiría sacar al Genio del Stardust. Nada resultaba tan claro o tan directo. Buena parte de la conversación suele ser indescifrable. Un agente distraído podía perder el hilo con facilidad.
De las grabaciones de la pizzería Villa Capri. Habla Carl DeLuna:
Pues ya ves, el tipo quiere anunciarlo públicamente. El Genio, el Genio quiere anunciarlo públicamente. Es lo último que me ha dicho Caesar, suponiendo que pueda contar con Jay Brown (el socio del bufete de Oscar Goodman)… Sí, sí, Carl, ya te hablé de lo de anunciarlo públicamente. Recuerda lo que te dije, que el Genio estaba allí la noche que Joe hizo efectivo el cheque, y Jay Brown estaba en el Stardust. El Genio miraba a Jay Brown… igual que Joe. Dijo que el Genio iba a por el trato. Quiere llevarlo adelante. Quiere hacerlo público. Y yo le dije estas palabras: «Tú cumple con tu deber. Haz público que abandonas por la puñetera razón que se te ocurra y lárgate». Le metí eso en la cabeza. Rueda de prensa.
Según Mike DeFeo:
La clave radicaba en interpretar correctamente la conversación, pero en definitiva quien nos facilitó las cosas fue Carl DeLuna. Era un redactor de notas enrevesado y compulsivo. Tomaba notas de todo. Contabilizaba cada fajo de veinte dólares. Todos los desplazamientos. Cada vez que llenaba el depósito. Lo hacía así para que no se le cuestionaran nunca los gastos, para poder demostrar dónde gastaba el dinero. Las notas de DeLuna junto con las escuchas telefónicas en el Gold Rush de Spilotro y posteriormente en la compañía de seguros de Allen Dorfman en Chicago confirmaban lo que sabíamos hacía tiempo -que existía un sólido vínculo entre la mafia, el fondo de pensiones del Sindicato y Las Vegas-, la única diferencia era que nos hallábamos en una situación en la que tal vez podríamos intervenir.
Abrimos brecha en una serie de campos. Iniciamos la investigación en el campo de las escuchas y la instalación de micrófonos ocultos a mayor escala y más complicada de la historia para poner al descubierto la influencia de la mafia en Las Vegas. Se amplió, por ejemplo, la pauta en a cuanto la vigilancia electrónica de quince a treinta días, y conseguimos cobertura para todas las cabinas del Breckinridge a pesar de disponer tan sólo de causa probable en aproximadamente un cuatro por ciento de ellas.
Conseguimos permiso para forzar la puerta del coche de DeLuna para evitar la posibilidad de que descubrieran el micrófono. Conseguimos permiso para entrar a robar en casa de Josephine Mario, familiar de Civella, para coger el mando que tenía en el coche y usarlo para abrir la puerta del garaje e instalar el micrófono que iba a convertirse en el más importante del caso.
Tuvimos que echar mano también de los aspectos de la ley tradicionalmente reservados la intimidad y el respeto. La norma había establecido siempre que no podían instalarse micrófonos en dormitorios o cuartos de baño, pero durante nuestra investigación descubrimos que Allen Dorfman siempre se iba a hablar al dormitorio o al cuarto de baño. Tuvimos que solicitar permiso para superar aquel inconveniente. Y evidentemente nos metimos en el bufete de Quinn & Peebles.
En Quinn & Peebles el FBI grabó a Nick Civella, que había salido de la prisión federal el 14 de junio de 1978 y había montado su cuartel general en el bufete de sus abogados. Allí lo conocían por señor Nichols. Qué duda cabe que Civella y sus socios se enfrentaban a una crisis: el hotel Tropicana, que había proporcionado miles de dólares en desvío de dinero al grupo de Civella, tenía problemas económicos; durante los trámites para la licencia de un nuevo propietario, la Comisión del Juego había descubierto que el desviador de dinero del Tropicana, Joe Agosto, era en realidad Vincenzo Pianetti, y que el Departamento de Inmigración de los EE. UU. llevaba diez años intentando deportarlo. El propio Agosto complicó las cosas: convocó inmediatamente una rueda de prensa y perdió los estribos, empezando a chillar y gritar en dialecto siciliano. Lo que temía Agosto -que a la larga los problemas de Rosenthal El Zurdo le iban a salpicar- tenía un buen fundamento: en julio, cuando el Departamento de Control del Juego ordenó a Rosenthal solicitar una licencia como directivo clave a pesar de poseer el cargo de director de espectáculos, exigió la misma solicitud a Joe Agosto.
Si bien Civella tenía fama por su cautela, utilizó con la máxima tranquilidad los teléfonos del bufete de abogados para resolver todos estos problemas. Estaba convencido de que ni el FBI podía plantearse grabar las exclusivas conversaciones de un abogado con un cliente.
19
«Caballeros, éstos son los riesgos del negocio. a veces incluso esta gente te roba a ti.»
El 28 de noviembre de 1978, Carl Thomas y Joe Agosto llegaron a Kansas City para reunirse con Nick Civella. Poco antes habían encargado a Thomas el desvío de dinero en el hotel Tropicana y en aquellos momentos se planteaba un problema: Civella consideraba que lo estafaba precisamente el personal al que Carl Thomas había encargado dicho desvío. Don Shepard, el gerente del casino -conocido por el sobrenombre de Bee Bee y uno de los más fieles manipuladores de la sala de contabilidad que tenía Thomas- había perdido 40.000 dólares en efectivo en una partida de cartas; en cuanto Civella se enteró de ello, inmediatamente dedujo que Shepard no podía haber acumulado tal cantidad de dinero a menos que lo robara; la idea consistía en desenmascarar el goteo: si las ganancias de la casa no aumentaban en la cantidad que normalmente se desviaba, Civella y Agosto tenía que concluir que los desviadores desviaban el desvío. Pero después de seis semanas, la moratoria se había demostrado no concluyente, y Civella había decidido anularla. El problema que se planteaba era cómo controlar el desvío cuando se iniciara de nuevo. ¿Habían investigado todos los posibles métodos de desvío? ¿Existía algún sistema para evitar que personas como Shepard robaran?