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Casino: Amor y honor en Las Vegas

Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:

Frank Rosenthal, El Zurdo, tuvo algo de simbólica: como la traca final de una era en la historia de la capital mundial del juego, Las Vegas.
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
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Pero en caso de que se acusara a Rosenthal de que su puesto constituyera una tapadera de lo que realmente tenía entre manos -dirigir el casino, como siempre-, El Zurdo se volcó en su nueva ocupación. Anunció que presentaría un programa de variedades para promocionar el Stardust y, evidentemente, sus restaurantes y cafeterías. Empezó a escribir asimismo una columna en Las Vegas Sun.

De una columna de Frank Rosenthaclass="underline"

La liberación de la mujer… Se me ha ocurrido ir a dar una vuelta al Country Club de Las Vegas y comer allí con el vicepresidente ejecutivo de Argent, Bob Stella. Buscando un cambio de aires y, por qué no, alguna historia. Me llaman inmediatamente la atención las damas de Las Vegas… Phyliss La Forte (muy pendiente del estilo, originaria de Nueva York, ojos biónicos para detectar líneas esbeltas y curvas de aúpa… una joven muy elegante tanto con su equipo de tenis como sin él)… Sandy Tueller (la esposa del doctor), una mujer inmensamente bella, tenis subido, muy auténtica, también chic… Barbara Greenspun (el summum de la moda). La mujer del editor es un genuino «bombón» (sabor a perfección). Conjunto pantalón, vestidos caros, blusas, y lo que cuelga, un plato de la moda de Nueva York. Enorme ropero. Barbara Greenspun podría ser perfectamente una de las mujeres mejor vestidas de costa a costa. Mi ojo profesional (mi esposa Geri está de acuerdo en ello) y no se hable más. Al resto de damas del club, mis disculpas. Mi ojo profesional (Geri) advierte que no se os ve, y a mí se me acaba el espacio.

Del show de Frank Rosenthaclass="underline"

Pam Peyton: Señor Rosenthal, esta semana tengo también unas cartas para el consultorio.

Frank Rosenthaclass="underline" Muy bien, estoy a punto… a punto para lo que se le ofrezca.

Pam Peyton: No hace falta. No hace ninguna falta.

Frank Rosenthaclass="underline" Estoy a punto, Pam.

Pam Peyton: Perfecto. La semana pasada resolvió usted muy bien las consultas, todo hay que decirlo.

Frank Rosenthaclass="underline" Estoy a punto para lo que usted mande.

Pam Peyton: Pues adelante, aquí tenemos una que da en el clavo.

Frank Rosenthaclass="underline" Vamos para allá.

Pam Peyton: Dice así. «Apreciado señor Rosenthaclass="underline" Tengo la sensación de que usted y los jugadores han enterrado el hacha y se les ve una actitud mucho más pasiva y satisfecha. ¿He captado bien la situación?» J. M., Las Vegas, Nevada.

Frank Rosenthaclass="underline" Los jugadores no entierran el hacha. Enterrar el hacha implicaría disponerse a una emboscada. Lo que hay que hacer es levantarse y ser consciente de su situación. Son hombres entregados al plan de expulsarme y mandarme a Chicago. Y dudo mucho que lo consigan.

Pam Peyton: ¿Y Timbuktu?

Frank Rosenthaclass="underline" Vamos a quedarnos aquí con ellos, y cuando entierren el hacha, yo haré lo mismo. Aunque no veo que sea algo inminente.

Pam Peyton: Realmente se lo han puesto muy difícil.

Frank Rosenthaclass="underline" Sí, son duros. Pero, ¿qué más da? Nosotros estamos aquí. Aquí estamos.

Pam Peyton: La vida sigue, ¿verdad?

Frank Rosenthaclass="underline" Nosotros estamos aquí.

Pam Peyton: Aquí tengo una pregunta clave. La verdad es que ésta me encanta… «Apreciado señor Rosenthaclass="underline" Tal vez le parecerá a usted una pregunta absurda». Debo añadir que no es una pregunta concisa. «Me pregunto si un muchacho que no lleva en Las Vegas ni tres meses es capaz de encontrar a una mujer guapa y atractiva frecuentando el Jubilation. Parece que usted se encuentra como pez en el agua en este ambiente, sobre todo en el Jubilation. He conocido a gente que afirma que usted conoce a todas las chicas guapas de la ciudad. ¿Podría usted ofrecer a un solitario recién llegado a la ciudad algún consejo, ya sea respondiendo a mi carta o durante el programa? Se lo agradecería muchísimo. Y también se lo agradecerían otros solteros amigos míos que están en el mismo barco. No puede decirse que yo sea un remilgado, tengo buen aspecto y deseo establecerme en Las Vegas. Pero, Frank, las mujeres de esta ciudad, por mi corta experiencia, afirmaría que son difíciles de abordar.» Él es R. L. de Las Vegas, Nevada.

Frank Rosenthaclass="underline" Esto casi parecería una autobiografía… Pues, ahora en serio…

Pam Peyton: ¿Quiere que se la repita?

Frank Rosenthaclass="underline" No… Conozco a la mayor parte de encantadoras coristas de Las Vegas. He tenido la suerte de ser director de espectáculos en el hotel Stardust. Y evidentemente uno allí tiene el placer de conocer a muchas señoras atractivas como usted misma. Claro que, Pam, yo estoy casado, y el muchacho que escribe la carta… la verdad, ¿qué voy a decirle? Puede pasar por el Jubilation y echar un vistazo, esta noche están todas allí.

Pam Peyton: Pero si hay un montón de chicas atractivas aquí. Este chico está loco. Tal vez no se haya molestado en dirigir la palabra a ninguna de ellas…

Frank Rosenthaclass="underline" Puede que sea un solitario, pero no se sentirá así en el Jubilation. Seguro.

Pam Peyton: Es cierto. Y vamos a por otra carta. «Apreciado señor Rosenthaclass="underline" ¿La salida de Claire Haycock y de Walter Cox de la Comisión del Juego tendrá algún efecto sobre su situación en cuanto a la licencia o su estrategia legal?» La pregunta es de J. B., Las Vegas, Nevada.

Frank Rosenthaclass="underline" No, no creo, Pam. Tengo la impresión de que la Comisión del Juego está a tope… digamos que está colapsada.

Pam Peyton: Es algo como que el mundo da muchas vueltas.

Frank Rosenthaclass="underline" Exactamente. Y antes de pasar a la siguiente, vamos a hacer una pausa para los anuncios. Volveremos con el excelente dúo, Sharon Tagano y David Wright.

El show de Frank Rosenthal empezó en abril de 1977 y a partir de entonces se emitió de forma irregular durante dos años los sábados a las once de la noche. En una ocasión, el crítico de televisión Jim Seagrave del Valley Times escribió a propósito de tal imprevisible irregularidad refiriéndose al programa como ¿Dónde está Frank?, pero Seagrave fue pescado enseguida: «Algo tendrá Frank Rosenthal que mueve a sus invitados a decir la verdad», escribió tras el debut del programa. «Tal vez sean esos ojos fríos, pequeñitos, hipnóticos y penetrantes. O quizá sea su forma de hablar pausada, cuidadosa y comedida, como la del juez que dicta sentencia. Por encima de todo está su porte global, que irradia la austeridad del maestro de escuela, la intolerancia ante la frivolidad.»

Los primeros invitados de Rosenthal fueron Allen Glick y los hermanos Doumani, accionistas de cuatro hoteles de Las Vegas. Fred Doumani afirmó a Rosenthal que Nevada se estaba convirtiendo en un estado policial, opinión que recogieron disciplinadamente los periódicos del lunes. Por regla general, durante el programa se hacían una serie de desconexiones para los múltiples hoteles y clubs nocturnos de Argent, así como los espectáculos del Lido Show; entrevistas con los pronosticadores Joey Boston y Marty Kane sobre los partidos de la semana siguiente, invitados promesa como Jill St. John y O.J. Simpson; y la ocasional aparición de alguna consagrada superestrella como Frank Sinatra. Rosenthal introducía a cada uno de sus invitados con el peculiar estilo popularizado por el igualmente sin par presentador Ed Sullivan: las mujeres eran «encantadoras», los grupos, «buenísimos», las bailarinas no solamente «buenísimas» sino «de alta escuela» y «muy ágiles, muy guapas y de largas piernas», los que actuaban en el Stardust tenían «un inmenso talento». Era un espectáculo de aficionados y del estilo hágaselo usted mismo, pero tenía algo que enganchaba al público, por lo que no tardó en convertirse en el show punta, cuando se emitía.

Frank Rosenthaclass="underline" Permítame que le haga una pregunta.

Minnesota Fats: Adelante.

Frank Rosenthaclass="underline" ¿Hablamos de Minnesota o de Fats?

Minnesota Fats: Yo nací y pasé mi infancia en Nueva York, y vivo en Illinois, pero al director de El buscavidas le gustó Minnesota Fats. Dijo que era un nombre más distinguido. Y eso le parecía más taquillero. Y escribieron un gran artículo en Illinois, donde vivo. Me casé con una Miss América de Illinois. Llevo cuarenta y tantos años por allí. Por ello el estado de Illinois escribió un gran artículo sobre este nombre tan ilustre. La cosa va por ahí.

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