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Diosa Por Elección

Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:

Por fin, Shannon Parker se había reconciliado con la vida en el mundo mítico de Partholon. Amaba a su marido centauro y se había acostumbrado a su conexión con la diosa Epona y los beneficios que conllevaban ambas cosas. Casi había olvidado su antigua vida en la Tierra… sobre todo, cuando descubrió que estaba embarazada…
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
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– Demonios, espero que no se desnude hoy.

El sonido de mi voz recorrió el claro silencioso. Rhiannon se giró hacia mí. Cuando se encontraron nuestros ojos, las dos nos quedamos inmóviles, a pocos metros de distancia.

Rhiannon y yo parpadeamos al mismo tiempo. Yo estaba pensando que ella llevaba demasiado maquillaje cuando ella comenzó a hablar.

– No eres tan atractiva como yo.

– ¿De veras? -respondí-. A mí me parece que llevas demasiado maquillaje, y que eso te hace parecer mucho mayor.

Arqueó una ceja y se cruzó de brazos, cosa que yo imité rápidamente.

– ¿Para qué has venido, Shannon?

– Creo que tú y yo tenemos que hablar.

Ella sonrió, y se rió suavemente.

– ¿Y por qué iba a querer yo hablar contigo, profesora?

– Por muchos motivos. Parece que tenemos muchas cosas en común. Me pareció interesante conocerte.

– Yo no tengo ningún interés en conocerte a ti.

– ¡Oh, por favor! Tienes que sentir tanta curiosidad como yo. ¡Míranos! Somos la misma. Si tú te quitas el maquillaje, y yo me pongo un abrigo de piel como el tuyo, sería como estar frente a un espejo. Seguro que tenemos muchas preguntas que hacernos la una a la otra. ¿Y qué demonios hace tu novio ahí?

– Bres no es mi novio. Es mi sirviente, y está vinculado a mí por la sangre. Está cumpliendo mis órdenes. Se está preparando para la Llamada.

Aquello no sonaba bien.

– No lo entiendo -dije.

– Se me olvida que eres ignorante y no conoces las costumbres antiguas, y que sólo te pareces a mí en el aspecto -dijo ella con condescendencia-. Estoy llamando a un protector, y Bres será el cuerpo que habite.

– ¡Dios santo! ¿Acaso crees que Nuada va a ser tu guardaespaldas? -inquirí con un escalofrío.

– ¡Nuada! ¡Ese es el nombre que utilizó el espíritu! ¿Por qué lo conoces?

– ¡Porque ayudé á matarlo en Partholon! Él no es un protector benevolente, es un ser perverso. Has resucitado al espíritu del líder de las criaturas demoniacas que estuvieron a punto de destruir tu antiguo mundo.

– Entonces, ¿Nuada es muy poderoso? -preguntó ella. En vez de haberse quedado espantada, se había quedado pensativa.

– Rhiannon, es el mal. No va a proteger a nadie. Él destruye vidas, no las salva -le dije. Sin embargo, ella sonrió, y me di cuenta de que no lo estaba entendiendo bien. Tomé aire y continué-: Mató a tu padre.

– ¡Mientes! -gritó.

– Lo siento. No quería decírtelo así, pero tu padre murió hace seis meses. Yo vi cómo ocurrió todo. Los Fomorians, las criaturas que él lideraba, invadieron el Castillo de MacCallan. Los hombres no estaban preparados para repeler el ataque, y no tuvieron ninguna oportunidad. Epona me llevó a presenciar aquel horror durante el Sueño Mágico. Tu padre luchó con nobleza, y mató a docenas de criaturas. Tuvo una muerte heroica.

Rhiannon se había quedado pálida.

– Cuando llamaste a Nuada para que viniera a este mundo, me encontró a mí en vez de a ti. Fue a mi casa, y estuvo a punto de matar a mi padre también.

– Mentiras -escupió ella-. Dices mentiras porque no puedes soportar que yo sea más poderosa que tú.

– ¡A mí no me importa un comino lo poderosa que seas tú, idiota! ¡Ni siquiera quiero estar en este mundo! Ya habría vuelto a Partholon si tú no hubieras resucitado a esa maldita criatura y la hubieras traído aquí. El motivo por el que estoy en Oklahoma es que tengo que arreglar lo que tú has estropeado. Otra vez.

– No me hables así -me ordenó en un tono frío y peligroso.

– Mira, Rhiannon. Ya no estás en Partholon, y yo no soy uno de tus esclavos. No me asustas, y te hablaré como me dé la gana. Quiero ser agradable contigo, sobre todo después de que Epona me mostrara lo que ocurrió en tu pasado, el motivo por el que eres tan odiosa.

Rhiannon dio un respingo, como si yo la hubiera golpeado, pero yo continué hablando.

– Sin embargo, no me estás facilitando las cosas. Creo que tu problema es que nunca te han dicho que no, así que te has pasado la vida haciendo lo que querías y te has convertido en una bruja egoísta y odiosa. En circunstancias normales, dejaría que te las arreglaras tú misma hasta que te dieras cuenta de que necesitas terapia psicológica, pero el problema es que te las has arreglado para soltar a un ser malvado y enloquecido en este mundo. Por si no lo sabías, Rhiannon, no es muy normal que nieve así en Oklahoma. Es antinatural, como la magia que has estado usando -dije, y di un paso hacia ella-. Ahora, quiero que envíes a esa criatura de vuelta al infierno, o a donde sea.

– Enviaré a la criatura -dijo Rhiannon, en un tono muy controlado- al sitio al que pertenece. Observa y aprende, profesora.

Se dio la vuelta y, sin decir una palabra, elevó los brazos por encima de la cabeza. La silenciosa plegaria de Bres se hizo audible de repente. Las palabras eran irreconocibles, pero mi cuerpo reaccionó de una manera intensa al oírlas. Se me puso el vello de punta, y me sentí como si estuviera en mitad de una tormenta eléctrica. Entonces, el acento melódico de Rhiannon se unió a la voz gutural y áspera de Bres. Ella se acercó a él, pero me di cuenta de que no atravesaba la circunferencia de hielo derretido.

Sin alzar la cabeza, él extendió los brazos hacia ella. Tenía un objeto en la palma de la mano. A la luz grisácea que se filtraba entre los copos de nieve, brilló la hoja de un puñal.

– Oh, magnífico -murmuré.

Me preparé para correr hacia delante y quitarle el puñal o taparme los ojos, como si estuviera viendo una película de miedo. Mientras decidía qué iba a hacer, Bres elevó la cara, y con horror, yo observé cómo cambiaban sus rasgos, cómo se alteraba su forma, como si estuviera hecho de arcilla. Primero, se cerraron su boca y su nariz, y sus ojos brillaron. Después ya no tenía ojos, sino unos huecos negros y cavernosos, y su boca se convirtió en un agujero de fauces horribles. Después su rostro volvió a cambiar, y se convirtió en el hombre más guapo que yo hubiera visto en mi vida.

Tuve que tragar bilis. Mientras, él se convirtió de nuevo en el esquelético Bres.

Rhiannon no mostró ninguna reacción ante aquellas espantosas transformaciones. Le quitó el puñal, y con dos movimientos rápidos le hizo dos cortes en forma de cruz en el pecho. Al instante comenzó a brotar la sangre de las heridas, y a derramársele por la piel.

Ante la aparición de la sangre, el ritmo de su letanía aumentó de manera espectacular. Por el rabillo del ojo, vi moverse una forma oscura. Me di la vuelta rápidamente en dirección a aquella figura, y se me encogió el estómago.

La negrura avanzó, y Rhiannon notó su presencia. Entonces, también se volvió. Al ver aquella forma negra, entrecerró los ojos y las palabras de su letanía cambiaron.

– ¡Nuada eirich mo dhu! ¡Nuada eirich mo dhu! ¡Nuada eirich mo dhu!

Siguió y siguió, como si fuera un disco rayado. Yo observé cómo Nuada se incorporaba y se convertía en una forma reconocible. Le crecieron garras de las manos, y se le separaron las piernas, que tomaron una forma humanoide. Y extendió las alas. Abrió la boca y comenzó a formar palabras.

– Mujer, estoy aquí, cumpliendo tus deseos.

Estaba concentrado en Rhiannon. No parecía que notara mi presencia.

– Agradezco tu obediencia -dijo Rhiannon con una voz seductora-, y te ordeno que habites en el cuerpo de mi sirviente.

Él soltó una carcajada horrible.

– Quizá tengas el poder de despertarme, mujer. Sin embargo, tu patética ofrenda de sangre no es suficiente para darme órdenes. No tengo deseo de ser tu sirviente, pero deseo probarte.

Con una rapidez inesperada, Rhiannon se lanzó hacia mí y me tomó del brazo.

– ¿Qué demonios estás haciendo? -grité yo, intentando zafarme de ella sin quitarle la vista de encima a Nuada, que seguía acercándose a nosotras. Al oír mis gritos, él se detuvo.

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