Diosa Por Elección
- Автор: Каст Филис Кристина
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
– Epona es egoísta y celosa. Ella intenta obligarme a que la adore, pero yo siempre he tomado mis propias decisiones. ¿Por qué iba a someterme a una sola diosa, cuando hay muchos para poder elegir?
– ¿Qué te llaman los árboles? -repetí yo.
– No me llaman nada -respondió Rhiannon despreciativamente.
– Ellos le han dado la bienvenida a Shannon, llamándola Elegida de Epona -dijo Clint suavemente.
– ¡No!
– Sí. Yo lo he visto. Shannon es la Elegida de Epona. Ha sido reconocida en ambos mundos. Y ella también está embarazada. Va a tener a la verdadera Hija de Epona. La diosa ya no habla contigo. Lleva mucho tiempo sin hacerlo. Sabes que es la verdad.
Rhiannon comenzó a negar con la cabeza, y me vi reflejada en ella. Vi todo lo que había temido siempre, todas mis inseguridades y mis heridas, en su expresión.
– Lo siento, Rhiannon -le dije con amabilidad. Ella estaba rota y yo no me sentía contenta. Tenía una sensación de pérdida y de tristeza.
Clint le soltó la muñeca. Ella se retiró, caminó hacia atrás por encima de los vestigios del círculo, más allá del cadáver de su sirviente, hasta que tropezó con una de las raíces de los ancianos robles. Cuando cayó, no se levantó. Sus sollozos me sacudieron como si fueran míos.
De nuevo, Clint se agachó a mi lado.
– ¿Estás lista para volver a casa, mi niña?
Yo no podía hablar, así que asentí.
– Primero, deja que te mire la herida.
Cerré los ojos y apreté la cabeza contra su hombro cuando me quitó la bufanda empapada en sangre del costado. Mientras me inspeccionaba el corte, inhalé aire bruscamente.
– Lo siento, amor -me dijo, y me besó la frente-. Es una herida mala, pero creo que lo peor de todo se lo llevó la costilla. Vamos a ver si puedo taponártela para que no sigas sangrando.
– Eso estaría bien -susurré.
Clint me ató la bufanda alrededor del torso para mantener el vendaje improvisado en su sitio. Intenté no hacer demasiado ruido, pero me dolía mucho, y no pude evitar gimotear.
– ¿Crees que podrás andar? -me preguntó cuando terminó.
– Si me ayudas sí -susurré.
– Siempre te ayudaré. Para eso estoy aquí.
Él me puso un brazo alrededor de los hombros y el otro bajo el codo. Después, me ayudó a ponerme en pie.
– Oh, Dios, me duele mucho -dije, jadeando.
– Lo sé, mi niña -respondió mientras caminábamos hacia los árboles-. Ya casi hemos llegado. Cuando toques los árboles te sentirás mejor.
Me di cuenta de que pasábamos junto a Rhiannon, que se había acurrucado en posición fetal a los pies del roble más cercano. Después, yo estaba en la base del roble gigante. Clint me apoyó con delicadeza sobre la corteza cubierta de musgo.
«Bienvenida, Amada, Elegida de Epona».
Las palabras sonaron maravillosamente bien.
– Hola -murmuré-. Por favor, ayúdame. Me duele mucho.
«Te oímos, Elegida».
Con aquellas palabras llegó una oleada de calor que me recorrió todo el cuerpo. Fue como una inyección de morfina, y rápidamente, me sentí calmada y fortalecida.
– Oh, gracias, anciano -le dije.
– ¿Mejor? -me preguntó Clint, apoyando la mano en mi hombro. Yo asentí.
– ¿Lo suficientemente bien como para cambiar de mundo?
Su voz no vaciló, pero yo la noté extrañamente ahogada.
Lo miré a los ojos, y de repente supe que si decía que no, que si decía que esperáramos hasta que se me hubiera curado la herida, nunca volvería. Me quedaría allí para siempre, y sería la esposa de aquel hombre maravilloso, y el amor de su vida.
«Debe ser tu decisión, Amada. Tuya y del Chamán».
Cerré los ojos y me apoyé en el árbol.
– Pero, realmente, no es una elección -susurré a Epona.
En aquel mundo, yo era profesora de literatura y lengua inglesa e hija. Y podría ser la esposa de un hombre que me quería mucho.
En Partholon era un símbolo de seguridad y la prueba de la benevolencia y la fidelidad de una diosa.
En el abdomen, sentí un cosquilleo, como de las alas de un ruiseñor joven, que me recordaba cuál debía ser mi decisión.
Abrí los ojos y sonreí con tristeza a Clint.
– Lo suficientemente bien como para cambiar de mundo.
Él asintió una vez.
– Ya sabemos lo que debemos hacer. Te ayudaré a ponerte a horcajadas sobre la corriente, y yo me colocaré en la misma posición frente a ti. Concéntrate en llamar a ClanFintan.
De repente, oímos la risa de Rhiannon, burlona y tensa. Clint y yo nos volvimos a mirarla. Estaba todavía acurrucada a los pies del árbol, a pocos metros de nosotros. Tenía el pelo enmarañado y sus ojos estaban apagados, perdidos.
– No puedes volver.
Sus palabras me dejaron helada.
– Claro que puedo. Antes casi lo consigo. Fue la aparición de Nuada lo que estropeó el traslado.
La risa se mezcló con sollozos.
– ¡No sabes nada, Elegida! -dijo sardónicamente-. Podrás pedirle a tu centauro que se acerque al claro, incluso quizá puedas tocarlo brevemente a través de la magia de los árboles, pero no puedes volver con él si no realizas un sacrificio de sangre. Pregúntale a tu diosa, si no me crees.
– Rhiannon, yo no necesité hacer ningún sacrificio de sangre para traer aquí a Shannon -dijo Clint.
– Yo fui quien la trajo. Yo quería invocar a Nuada, llevaba llamándolo muchos cambios de luna. Lo sentía, pero no podía atraerlo hacia aquí, aunque hiciera los sacrificios adecuados. Había algo que lo estaba reteniendo, y supe que era su obsesión por Shannon. Así que decidí traerla a ella. Utilicé primero la misma ánfora del primer intercambio, y cuando fracasé, aproveché tu invocación en el bosque.
Shannon sintió un escalofrío al recordar el ánfora que encontró en la biblioteca del templo y que estuvo a punto de absorberla. Afortunadamente, ClanFintan había llegado a tiempo.
– ¿Mataste a alguien aquella noche? -preguntó Clint con infinita tristeza.
– Sí. Por eso pudiste traerla aquí.
– ¿Y el día en que Nuada llegó aquí finalmente?
– Sacrifiqué a otro. En aquella ocasión, Nuada llegó a este mundo con facilidad, atendiendo mi llamada.
– No es posible que esté diciendo la verdad y necesitemos un sacrificio.
Clint no me miró. Tocó la mejilla manchada de lágrimas de Rhiannon con una mano, y la otra la apoyó sobre el tronco del roble. Cerró los ojos y se encerró en sí mismo. Su aura latió con tanto brillo que tuve que cubrirme los ojos. Cuando la luz desapareció, me estaba mirando, y su expresión era de tristeza.
– Está diciendo la verdad.
– Bueno, pues si necesitamos sangre, ¡tengo mucha en el costado! -grité.
Rhiannon negó lentamente con la cabeza.
– Debe ser una muerte. Aprendí bien esa lección en Partholon. Pryderi se la enseñó a Bres, y Bres me la enseñó a mí. La Triple Cara de la Oscuridad disfruta con la muerte. Debes sacrificar a un humano para pasar al otro mundo.
Miré a Clint, pidiéndole ayuda. Él asintió lentamente, dándole la razón a Rhiannon.
A mí se me hundieron los hombros, y bajé la cabeza. Oí un movimiento a mi lado, y me di cuenta de que Clint se había acercado a mí con Rhiannon, a quien tenía agarrada de la muñeca. Ella no se resistía, sino que estaba muy quieta, a su lado. Yo lo miré, y vi que sus ojos estaban llenos de dolor y determinación. Me asustó.
– Esto es elección mía, Shannon. No lo olvides. Lo hago voluntariamente.
Antes de que pudiera preguntarle qué quería decir, se volvió hacia Rhiannon. Su voz sonó profunda y calmante.
– No puedo dejarte aquí sola. Lo sabes -le dijo, y su tono de voz convirtió aquellas palabras en una expresión de cariño-. Eso es lo que estuvo mal desde un principio. Te dejaron sola con demasiada frecuencia, y nadie te guió de verdad.
Rhiannon no respondió, pero abrió mucho los ojos y asintió.