Diosa Por Elección
- Автор: Каст Филис Кристина
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
Cuando terminó su invocación, bajó los brazos y miró a su alrededor como si acabara de despertar de un sueño abrumador. El azul de su aura seguía brillando, pero no había ninguna otra cosa que hubiera cambiado en él, ni en la zona que lo rodeaba.
Le rogué a Epona que, si lo que él estaba haciendo no funcionaba, me permitiera llegar hasta los árboles para poder vencer a Nuada. Y, al mirar al borde del bosque, tuve que parpadear. Me froté los ojos y vi lo que estaba sucediendo.
De entre los árboles aparecían figuras que se acercaban al claro majestuosamente. Eran hombres ancianos, cuyos rostros estaban tan marchitos por el tiempo que no podía adivinarse su edad. Y, por cada uno de aquellos hombres aparecía la figura de un espectro luminiscente. Al principio era difícil distinguirlos como entidades individuales, porque se mezclaban perfectamente con el blanco y el gris de los copos de nieve, pero el anillo de guerreros fantasmales siguió avanzando. Cuanto más se acercaban, más distinguibles eran sus rasgos.
Los ancianos se acercaron, y al unísono, comenzaron un cántico. Tenía el mismo ritmo ancestral que la invocación que había hecho Clint. Los guerreros muertos no hablaban, pero seguían hacia delante con pasos sigilosos, obedeciendo la llamada de los ancianos. Las coronas de plumas de los antiguos vestidos de combate se alzaban y descendían con los movimientos de los guerreros.
Yo aparté la vista de aquella fabulosa escena y miré a Clint. De él irradiaba un poder puro, maravilloso. Se había unido al cántico de los ancianos.
Después miré a Rhiannon. Ella era ajena a todo, y seguía destruyendo el círculo que ella misma había dibujado, y canturreándole a la criatura. El cuerpo de Nuada había recuperado la forma por completo. Era la sombra viviente del ser al que había derrotado ClanFintan. Se movía de adelante hacia atrás, concentrado en la pequeña parte del círculo que Rhiannon debía romper todavía.
Noté que el aire se movía a mi alrededor, como si alguien hubiera pasado un plumero por mi cuerpo. Las formas nebulosas de dos de los guerreros pasaron tan cerca de mí que, de haber alargado el brazo, hubiera podido tocar sus trajes de flecos.
«Saludos, Elegida».
Los pensamientos de varios de los guerreros invadieron mi mente.
«Agradecemos tu recuerdo».
Me sorprendí. Aquéllos debían de ser los espíritus de los guerreros de Nagi Road. Con mudo asombro, vi cómo seguían avanzando hacia el círculo de nieve derretida.
Rhiannon rompió la última parte de la circunferencia y dio un paso atrás con un grito de triunfo. Entonces, chocó con el anciano más cercano a ella. El susto casi le hizo perder el equilibrio, pero el indio la agarró con sus brazos fuertes y la mantuvo en pie.
– Apártate, Hechicera -dijo, y su voz era como el crujido de las hojas de otoño-. Tenemos que llevar a cabo una tarea.
Rhiannon se zafó de sus manos. Miró frenéticamente a su alrededor, con los ojos desorbitados, al ejército de guerreros fantasmales.
– Haz lo que te ha dicho el Chamán, Hechicera -le dijo Nuada, silbando aquella última palabra-. Yo terminaré lo que tú dejaste inacabado.
Sin embargo, antes de que pudiera poder un pie fuera del círculo, el cántico de los ancianos comenzó de nuevo. En aquella ocasión había urgencia y tensión en las palabras.
Nuada abrió las fauces y dejó a la vista sus colmillos afilados mientras rugía a los espíritus. Entonces, vio a Clint y entornó los ojos.
– Ahí estás, Chamán -dijo-. Ahora terminaremos esto que hay entre nosotros.
En cuanto se liberó del círculo, sentí un cambio en el ejército de guerreros. Todos prorrumpieron en gritos de batalla, y como si fueran uno, avanzaron cerrando más y más el círculo.
Nuada se detuvo ante el muro de espíritus.
– Los muertos no pueden hacerme nada -dijo con un gesto imperioso.
– En eso te equivocas -respondió Clint-. Los que te rodean son espíritus de guerreros muertos, protectores de este bosque sagrado y este mundo. Yo los he despertado, como ellos me despertaron a mí. Y ahora, vamos a expulsarte a ti, y a tu perversidad, y te enviaremos de vuelta a tu reino de oscuridad.
Con un silbido de reptil, Nuada se lanzó hacia Clint. Con una gran rapidez, uno de los guerreros se interpuso en el camino de la criatura y le dio un hachazo. En vez de pasar a través del cuerpo de Nuada, le cortó la carne oscura. Antes de que el eco del grito de dolor de Nuada se hubiera desvanecido, la parte de carne cortada se volvió ceniza y se dispersó en el aire, entre los copos de nieve.
Los demás espectros rodearon el cuerpo de Nuada, que no dejaba de gritar. Pronto, no vi más que una forma que se retorcía, rodeada por los espíritus enfadados de los guerreros.
Y después, sólo hubo silencio.
Entonces, los guerreros desaparecieron. En el lugar que había ocupado Nuada sólo quedó un hueco en la nieve, cubierto de ceniza.
Dejó de nevar.
– Chamán, ¿nos necesitas para algo más? -le preguntó uno de los ancianos, respetuosamente, a Clint.
– No, amigo mío. Gracias.
Sin embargo, el anciano no se dio la vuelta inmediatamente. Habló con solemnidad:
– Mi corazón siente alegría, porque la herida del alma del Chamán Blanco se ha curado.
Pronunció aquellas palabras de un modo muy bello, como si cada una de las sílabas tuviera un significado secreto. Entonces, el anciano entornó los ojos y,se acercó a Clint, mirándolo con atención. Era como si estuviera viendo el alma de Clint.
El anciano frunció el ceño con preocupación.
– Piensa, hijo -dijo con una infinita tristeza-. Tienes que asegurarte de que ése es el camino que vas a recorrer. Es muy largo.
Clint se sorprendió.
– Gracias, amigo. Lo recordaré.
– Nos veremos de nuevo, Chamán Blanco. Hasta entonces, adiós, hijo mío -dijo el anciano, mientras volvía hacia el bosque.
– Adiós, padre -le dijo Clint.
Después, se acercó rápidamente a mí y se agachó a mi lado.
– ¿Puedes andar? -me preguntó con calma. Entre sus brazos, me sentí bien de repente, como si me hubiera aliviado el dolor del costado.
– ¡No! -gritó Rhiannon, y se lanzó hacia Clint, con el puñal listo para atacar.
Sin embargo, Clint reaccionó rápidamente. Se puso en pie y, con facilidad, rechazó su golpe, le agarró la muñeca y se la retorció hasta que ella soltó el puñal, que cayó inofensivamente entre la nieve.
Sin soltarla, Clint se agachó para recuperar el arma, y después se dirigió a ella.
– Se acabó, Rhiannon. No voy a tolerar nada más.
– ¡Tú! ¡Tú! ¡Como si tú pudieras dictar las acciones de una diosa!
– Yo nunca haría algo semejante. Sin embargo, tú no eres una diosa -le dijo él, y yo me sorprendí por la gentileza con la que le había hablado.
– ¡Mentira! ¡Soy la Elegida de Epona, la Amada, la Encarnación de la Diosa. Y voy a tener a la Hija de Epona.
– No -dije yo-. Antes eras su Elegida, pero ya no lo eres.
– Y supongo que piensas que ahora lo eres tú.
– Sí. Sí, lo soy. Yo no lo pedí, y al principio ni siquiera quería serlo, pero ahora lo acepto. Partholon es mi elección.
Antes de que Rhiannon pudiera responder con alguno de sus retorcidos razonamientos, le pregunté:
– ¿Te hablan los árboles?
– ¿Los árboles? Ellos están aquí para reforzar mi poder, para engrandecer mi magia.
– No. Ellos no refuerzan tu poder. Tú has estado obteniendo poder de la tierra, sí, pero los árboles no te lo han dado voluntariamente. Rhiannon, tú te has entregado a Pryderi. Eso significa que has traicionado a Epona.