Bailando Al Anochecer
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:
Después de que la respiración de John hubiera vuelto a la normalidad, retiró un húmedo mechón de su rostro y le preguntado, "¿Bien? "
Belle le sonrió. "¿Tienes que preguntar? "
Él exhaló un suspiro de alivio. Ella no iba a interrogarle sobre su respuesta negativa a aceptar su declaración de amor. Sintió que su cuerpo se relajaba y hasta se las arregló para esbozar una sonrisa juguetona cuando dijo, "Compláceme."
"Ha sido maravilloso, John. Mejor de lo que nunca hubiera podido soñar. Y tengo que agradecértelo a ti."
Él le dio un pellizquito en la nariz. "Tu has desempeñado un papel fundamental."
"Mmmm," contestó Belle, evasiva. "Pero has sido tú quien se ha contenido, asegurándote de que yo estaba… bien," finalizó ella, incapaz de pensar en un término mejor. Cuando John hizo un amago de protesta, ella le tapo la boca con la mano y dijo, "Shh. Podía verlo en tu cara. Eres un hombre increíblemente amable y cariñoso, pero tratas con todas tus fuerzas de no dejar ver a la gente esa parte de ti. Mira todo lo que has hecho para que esto resultara perfecto para mí. Incluso me proporcionaste placer antes que a ti, para que no me asustara de mis emociones esta noche."
"Es porque yo… porque me preocupo por ti, Belle. Quiero que todo sea perfecto para ti."
"Oh, lo es, John," dijo ella con un suspiro de felicidad. "Lo es."
"Te protegeré," le juró él, ferozmente. "Voy a mantenerte a salvo."
Belle se acurrucó en el hueco de su brazo. "Lo sé, querido. Y yo voy a mantenerte a salvo a ti, también."
John sonrió mientras una imagen de ella blandiendo un sable pasó por su mente.
"No estoy indefensa, ya sabes," dijo Belle.
"Lo sé," dijo él indulgentemente.
Su tono la enojó, y se retorció para enfrentarlo. "No lo estoy," protestó ella. "Y deberías acostumbrarte a ello, porque no voy a dejarte tratar con este monstruo a ti solo."
John bajó la mirada hacia ella y enarcó una ceja. "¿Seguramente no pensaras que voy a dejarte ponerte en peligro? "
"¿Es que no lo ves, John? ¿Qué si te pones en peligro, podrías ponerme en peligro a mi también? Es lo mismo." John no estaba de acuerdo, pero no quiso discutirlo mientras ella yacía toda calidez y suavidad en sus brazos. "¿No habías dicho que querías olvidarte de nuestros problemas durante unas horas? " le recordó suavemente.
"Sí, imagino que lo dije. Pero es difícil, ¿verdad?" La mano de John se dirigió a la herida de su brazo donde una bala lo había rozado hacia menos de una semana.
"Sí," dijo enigmáticamente. "Lo es."
Capítulo Dieciséis
La mañana llegó demasiado rápida, y Belle comprendió que iba a tener que volver a casa. Se vistió rápidamente, sin poder creer, todavía, que hubiera sido capaz de colarse en la habitación de John la noche anterior. Nunca se había considerado una persona temeraria y audaz. Suspiró para sus adentros, suponiendo que las mujeres hacen cosas desesperadas cuando están enamoradas.
"¿Estás bien? " le preguntó John inmediatamente, mientras se ponía la camisa.
"¿Qué? Oh, sí, no es nada. Solamente pensaba en que no quiero volver a trepar tres pisos por un árbol nunca más."
"Amén a eso."
"No es que trepar por el árbol fuera tan terrible. Pero el deslizarme poco a poco a lo largo de la rama hasta tu ventana… "
"No importa," la interrumpió John, con firmeza. "Ya que no lo volverás a hacer otra vez."
Su preocupación por ella era tan obvia que Belle se olvidó de sentirse ultrajada por su arbitrario comportamiento.
Cuando silenciosamente se deslizaron por la casa de Damien, Belle se cuestionó la sabiduría de que la acompañara de regreso a su casa a pie mientras su enemigo permanecía en libertad. Le mencionó su preocupación a John cuando llegaron a los escalones de entrada.
John sacudió la cabeza. "Me atacó de forma cobarde. Probablemente prefiere moverse al amparo de la oscuridad."
"A mi me atacó durante el día," le recordó Belle, manteniéndose tercamente en el sitio.
"Sí, pero usó sicarios, y además, tú eres una mujer." John vio que Belle estaba a punto de protestar al ser descartada con tal facilidad, así que añadió diplomáticamente, "No es que te crea incapaz, pero ya sabes que la mayoría de los hombres no te verían como una amenaza. Además, no hay ninguna razón para que haya madrugado hoy. ¿Por qué iba a estar esperando aquí fuera si lo probable es que yo esté en la cama durante varias horas más? "
"Pero podría haberme visto anoche. Así que sabría que tendrías que acompañarme a casa."
"Si te hubiera visto anoche, te habría atrapado." La idea envió un escalofrío de temor por la espalda de John y reforzó su resolución de acabar con este episodio cuanto antes. Su barbilla se irguió resueltamente, tomó la mano de Belle y la condujo escalones abajo. "Pongámonos en marcha. Me gustaría llevarte a casa antes del mediodía."
Belle inspiró una profunda bocanada del fresco aire matutino. "No creo haber estado nunca fuera de casa a estas horas de la mañana. Al menos no intencionadamente."
John le ofreció una sonrisa libertina. "¿Y dirías que era tu intención salir a estas horas hoy?”
"Bien, no exactamente. " Ella se sonrojó. “Pero esperaba…”
"Eres una desvergonzada."
"Quizás, pero te habrás dado cuenta de que esta historia tiene un final feliz."
Los pensamientos de John volvieron al hombre misterioso que los había atacado a ambos. "Lamentablemente, este capítulo en particular no ha llegado a su conclusión."
Belle se puso seria. "Bien, casi un final feliz, entonces. O como quiera que uno llame al momento justo antes de la culminación."
"Yo creía que culminamos anoche."
El rubor de Belle alcanzó cotas incomparables. "Hablaba en términos literarios," refunfuñó innecesariamente.
John decidió dejar de torturarla y mantener la boca cerrada, aunque seguía sonriendo. Después de una conveniente pausa, preguntó, "¿Crees que Persephone se habrá levantado ya?"
Belle frunció el ceño y miró el cielo, que todavía estaba teñido de rosado y de naranja por los últimos rayos del amanecer. "No estoy segura. Es una ave extraña. Nunca sé qué esperar de ella. Además, nunca estoy levantada a estas horas, así que no puedo saber si es madrugadora."
"Bueno, por tu bien espero que esté todavía en la cama. En realidad lo único que podría hacer es insistir en que me case contigo, lo cual no sería un problema porque es exactamente lo que planeo hacer y a la mayor brevedad posible. En todo caso, me gustaría poder evitar los gritos y desmayos y todas esas tonterías femeninas."
Belle le lanzó una afilada mirada ante su comentario sobre "las tonterías femeninas" y refunfuñó, "Supongo que Persephone y yo nos las arreglaremos para comportarnos de manera que no ofendamos tu masculina sensibilidad."
Los labios de John se estremecieron con diversión. "Eso espero."
Belle se ahorró un comentario adicional al llegar en ese momento a los escalones de entrada a su casa. Había tenido la previsión llevar una llave con ella la noche anterior, y silenciosamente se colaron dentro. John inmediatamente hizo un gesto de ir a marcharse, no queriendo ocasionar una escena.
"Por favor no te vayas aún," dijo Belle rápidamente, colocando una suave mano sobre su brazo. Increíblemente, ningún criado había sido testigo de su entrada clandestina. "Espérame en la biblioteca. Subiré rápidamente y me pondré algo más conveniente."
John repasó su atuendo masculino con una sonrisa y asintió con la cabeza mientras Belle se apresuraba hacia el piso superior. Se detuvo en el descansillo, miró hacia abajo con una sonrisa traviesa, y le dijo, "Tenemos mucho de qué hablar. "
Él asintió de nuevo y se dirigió hacia la biblioteca. Pasó los dedos a lo largo de los lomos de los libros hasta que encontró uno con un título intrigante y lo sacó del estante. Lo hojeó perezosamente, sin prestar demasiada atención a las palabras. Sus pensamientos se centraban con terquedad en el ángel rubio de la planta superior. ¿Qué demonios la había poseído para trepar tres pisos por un árbol hasta su ventana? No es que se sintiera disgustado con los resultados, pero aún así, la mataría si intentaba algo por el estilo otra vez. Suspiró cuando su cuerpo se caldeó, no de deseo, sino de felicidad.