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Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:

Lady Arabella Blydon está decidida a descubrir los más oscuros secretos de Lord John Blackwood, incluso si ello significa ignorar todas las advertencias para que desista. Marcado por la guerra, tanto en el cuerpo como en el alma, John sabe que él jamás podrá ser lo suficientemente bueno para esta bella mujer, pero Belle no descansará hasta que él retorne a la luz y la alegría de la vida?. Y gane un lugar en su corazón para siempre.
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"¿Belle?" llamó de nuevo, esta vez elevando la voz. Se apresuró a caminar, volviendo la cabeza en todas las direcciones. Y entonces, cuando pasaba por delante del callejón, vio un movimiento borroso y el familiar cabello rubio de Belle.

"¡Santo Dios! " gritó, lo bastante alto como para hacer que la mayoría de la gente que caminaba por la acera se parase y mirara fijamente. "¡Suéltenla, bestias!" Se precipitó en el callejón, con su sombrilla levantada por encima de la cabeza. "¡Suéltenla, les digo!” Con un golpe furioso, descargó el brazo con la sombrilla sobre la cabeza de uno de los atacantes.

"¡Cierra el pico, vieja! " gritó él, aullando de dolor.

La respuesta de Persephone fue un movimiento horizontal con su improvisada arma que le acertó de pleno en el pecho. Lo dejó sin aliento, y el hombre cayó al suelo.

El otro matón se debatía entre el más absoluto pánico y la pura avaricia, codiciando el dinero que le habían prometido si capturaba a la dama rubia. Hizo un último intento desesperado, apenas consciente que varias personas se había apresurado a entrar en el callejón al oír los gritos de socorro de Persephone.

"¡He dicho que la suelte!" tronó Persephone. Cambió su táctica de ataque y comenzó a empujarlo brutalmente con la punta de su parasol. Cuando lo apuñaló con efectividad en la ingle, finalmente soltó a Belle y dolorosamente encorvado se dio a la fuga.

"Persephone, muchísimas gracias," dijo Belle, con tardías lágrimas de terror en sus ojos.

Pero Persephone no la escuchaba. Toda su atención estaba concentrada en el hombre que aún seguía tirado en el suelo. Hizo un amago de levantarse, pero ella lo pinchó en el vientre. "No tan rápido, señor." le dijo.

Los ojos de Belle se agrandaron. ¿Quién habría pensado que la querida y anciana Persephone poseyera semejante vena de valentía?

El villano vio la creciente muchedumbre que se formaba alrededor de él y cerró los ojos, comprendiendo que la fuga era imposible.

Para gran alivio de Belle, un policía llegó rápidamente a la escena, y ella le contó su historia. Él comenzó a interrogar a su atacante, pero el hombre permaneció taciturno. Es decir, hasta que el policía le recordó los posibles castigos por atacar a una dama de la posición de Belle.

El hombre cantó como un canario.

Lo habían contratado para secuestrarla. Sí, solamente a ella. No, no a cualquier bonita dama rubia, sino a ésta en particular. El caballero que lo había contratado hablaba con el acento desdeñoso de la nobleza. No, él no sabía su nombre, y no lo había visto antes, pero tenía el pelo rubio y los ojos azules, si eso servia de ayuda, y llevaba un brazo en cabestrillo.

Después de terminar el interrogatorio, el policía lo arrastró con él y le dijo a Belle que fuera especialmente cuidadosa. Tal vez debería contratar uno de esos policías de Bond Street para mayor protección.

Belle tembló de miedo. Tenía un enemigo. Uno que probablemente la quería muerta.

Cuando la muchedumbre comenzó a dispersarse, Persephone se giró hacia ella y le preguntó solícitamente, "¿Te encuentras bien, querida? "

"Sí, sí," contestó Belle. "Estoy bien." Sus ojos se dirigieron hacia el brazo de donde el horrible hombre la había agarrado. Había un vestido y un abrigo entre su piel y la de él, pero de todos modos se sintió sucia. "Sin embargo, me gustaría tomar un baño."

Persephone asintió. "No podría estar más de acuerdo."

Ya entrada la mañana siguiente, un lacayo trajo a Belle la respuesta de Emma.

Queridísima Belle,

No puedo ni imaginar por qué de repente quieres aprender a trepar a los árboles, ya que nunca sentiste el menor interés por ello cuando éramos pequeñas.

El primer paso es buscar un árbol con ramas razonablemente bajas. Si no puedes alcanzar la primera rama, no llegarás a ningún sitio…

La carta continuaba durante dos páginas más. Emma era muy minuciosa. Y también un poco desconfiada, como demostraba el final de la carta.

Espero que encuentres todo esto útil, aunque debo decir que me pregunto dónde piensas trepar a un árbol en Londres. Confieso que creo que esto tiene algo que ver con John Blackwood. El amor hace cosas extrañas a las mujeres, como bien sé.

Ten cuidado, independientemente de lo que hagas, y tan solo puedo suspirar de alivio por no ser ya tu acompañante.

Dios bendiga a Persephone.

Afectuosamente,

Emma

Belle se burló. Si Emma fuera todavía su acompañante, probablemente insistiría en ir junto con ella. Emma nunca había sido famosa por su comportamiento prudente.

Belle releyó la carta, prestando especial atención a la parte sobre cómo trepar a un árbol. ¿Iba realmente a hacerlo? Cuando se había parado frente a la casa de Damien y evaluado aquel árbol, no había creído realmente que haría algo al respecto. Ella no era la clase de mujer audaz, capaz de trepar por un árbol y colarse en la casa de un conde por una de las ventanas del tercer piso. En primer lugar, tenía vértigo.

Pero, como Emma tan sabiamente había indicado, el amor hacía cosas extrañas a una mujer. Eso, y el peligro. Su desagradable experiencia con aquellos dos matones en el callejón la habían convencido que era el momento de actuar con decisión.

O quizás con precipitación lo definía mejor.

Belle sacudió la cabeza. No importaba. Estaba decidido. La habían asustado, y necesitaba a John.

Pero aquellos matones complicaban un poco sus proyectos. No podía acercarse ella sola en medio de la noche a casa de Damien cuando alguien la acechaba ahí fuera para secuestrarla. Y Mary, desde luego, no sería protección suficiente. Persephone y su peligrosa sombrilla eran otra historia, pero Belle dudó que Persephone accediera a ir con ella. Puede que fuera más bien tolerante respecto a los deberes del papel de acompañante, pero seguramente establecería el límite en permitir que Belle se colara en el cuarto de un hombre.

¿Qué hacer, qué hacer?

Belle sonrió pícaramente.

Tomó una pluma y escribió una nota a Dunford.

* * *

"¡Me niego en absoluto! "

"No seas pelmazo, Dunford," dijo Belle. "Necesito tu ayuda. "

"Tú no necesitas ayuda, tú necesitas un freno. Y no soy pelmazo, soy sensato. Una palabra de la cual pareces haber olvidado el significado."

Belle se cruzó obstinadamente de brazos y se hundió en su sillón. Dunford se levantó y comenzó a marcar el paso, gesticulando con las manos mientras hablaba.

Nunca lo había visto así de alterado.

"Lo que estás pensando es una maldita tontería, Belle. Si no te rompes el cuello – y esta es una posibilidad bastante grande, si consideramos que toda tu experiencia como trepadora de árboles puede reducirse a una carta de tu prima -entonces probablemente te detendrán por allanamiento. "

"No me detendrán."

"Oh, ¿de verdad? ¿Y cómo estás tan segura de que acabaras en la habitación correcta? Con tu suerte, seguro que aterrizas en el dormitorio del conde. Y me he fijado en cómo te mira. Me parece que apreciaría su fortuna."

"No lo haría. Sabe que estoy interesada en su hermano. Y no voy a ‘aterrizar en su dormitorio' como tan delicadamente has dicho. Sé cual es la habitación de John."

"Ni siquiera voy a preguntar cómo sabes eso."

Belle tenía en la punta de la lengua la defensa de su reputación, pero, en cambio, guardó silencio. Si Dunford pensaba que ella ya había estado en el dormitorio de John, tal vez se sintiera menos renuente a ayudarla a volver allí otra vez.

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