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Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:

Lady Arabella Blydon está decidida a descubrir los más oscuros secretos de Lord John Blackwood, incluso si ello significa ignorar todas las advertencias para que desista. Marcado por la guerra, tanto en el cuerpo como en el alma, John sabe que él jamás podrá ser lo suficientemente bueno para esta bella mujer, pero Belle no descansará hasta que él retorne a la luz y la alegría de la vida?. Y gane un lugar en su corazón para siempre.
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"Eso no es cierto. Ya no estás solo. Tienes amigos. Y me tienes a mí. ¿No nos dejarás ayudarte?"

John no contestó en seguida, y Belle soltó otra andanada de palabras infundidas por el pánico,. "Es solamente el orgullo lo que te lo impide. Lo sé, y no te lo perdonaré si… si mueres, y sólo porque fuiste demasiado cabezota para pedir ayuda a la gente que se preocupa por ti."

Él se alejó de ella y caminó hasta la ventana, incapaz de apartar sus pensamientos del hombre que lo acechaba.

¿Estaría ahí fuera, justo al otro lado de la delgada cortina? ¿Estaría esperando, aguardando a que llegara su momento? ¿Le haría daño a Belle?

Dios, no le dejes hacerle daño a Belle.

Transcurrió un largo minuto, y finalmente Belle habló, con voz temblorosa. "Yo… Creo que deberías saber que cuento contigo para protegerme. Afrontaré cualquier peligro que se avecine, pero no lo haré sola."

John se dio la vuelta, su rostro completamente rígido por la emoción. Abrió la boca, pero no salió una palabra.

Belle caminó hasta él y rozó su mejilla con su mano. "Y si me dejas," dijo suavemente, "yo también quiero protegerte."

John colocó su mano sobre la suya. "Oh, Belle, ¿qué he hecho para merecerte? "

Ella se permitió, finalmente, una sonrisa. "Nada. No tuviste que hacer nada."

Con un gemido, John la estrechó en sus brazos. "Nunca voy a dejarte marchar otra vez," dijo él ferozmente, sepultando sus manos en su densa cabellera.

"Por favor, díme que esta vez lo dices en serio."

John se separó y tomó su cara en sus manos, sus oscuros ojos firmemente clavados en los azules de ella. "Te lo prometo. Vamos a afrontar esto juntos."

Belle le rodeó la cintura con los brazos y dejó descansar su mejilla contra su firme pecho. "¿Podemos ignorar esto hasta mañana? ¿O al menos durante unas pocas horas? ¿Solamente fingir que todo es perfecto? "

John se inclinó y suavemente rozó con sus labios la comisura de su boca. "Oh, querida, todo es perfecto."

Belle giró su rostro, de modo que pudiera devolverle sus besos con toda su impaciente inexperiencia. Su pasión tan sólo sirvió para inflamar la de él, y antes de que ella se diera cuenta, él la había levantado en brazos y recorrido la corta distancia hasta su cama.

La posó en ella y le aparto el pelo de la cara con tal reverencia que los ojos de Belle se cuajaron de lágrimas. "Voy a hacerte mía esta noche," le dijo él, con voz ferozmente tierna.

Belle sólo pronunció dos palabra. "Por favor".

Sus labios dejaron un rastro de ardientes besos bajando por el costado de su cuello, mientras sus ágiles dedos la desvestían rápidamente. La tocaba como un hombre hambriento, acariciándola, frotándola, estrujándola. "No puedo… ir despacio," dijo él, con voz áspera.

"No me importa," gimió Belle. Sentía de nuevo la familiar oleada de excitación subiendo por sus piernas y bajando por sus brazos, para arremolinarse en el mismo centro de su ser. Deseaba la liberación, rogó por ella, clamó por ella. Jamás había soñado que el deseo pudiera apoderarse de ella tan rápidamente, pero habiéndolo probado ya una vez, no podía luchar contra la urgencia de apagar su ardiente llama. Sus manos tiraron de la bata, gobernada por la necesidad de sentir su piel contra la suya.

John parecía sentir los mismos impulsos, y casi rasgó su traje en su prisa por sentir sus senos presionando contra su pecho desnudo. "Dios, cómo te deseo," gruñó él, deslizando una mano por su torso hasta acomodarla en el suave nido de vello de su entrepierna. Ella estaba húmeda, y este conocimiento casi lo condujo a la locura.

No sabía cuanto tiempo más podría resistir sin sumergirse en ella, pero quiso estar absolutamente seguro que estuviera lista para él, así que suavemente deslizó un dedo en su interior. Podía sentir sus músculos apretándose alrededor de él, y quedó aturdido por la crudeza de su deseo.

"Por favor," rogó Belle. "Quiero… " Su voz se apagó.

"¿Qué quieres? "

"Te quiero a ti," dijo roncamente. "Ahora".

"Oh, querida, yo también." Con un suave empujón, le separó las piernas y se colocó sobre ella, preparado para entrar, pero sin llegar a tocarla. Su aliento era entrecortado, y necesitó de toda su fuerza de voluntad para decir, “¿Estás segura, amor? Porque una vez que te toque no voy a ser capaz de pararme."

La respuesta de Belle fue colocar firmemente sus manos sobre sus caderas y empujarlo hacia ella. John finalmente se permitió hacer lo que había estado soñando durante semanas y, con cuidado, entró en ella. Era pequeña, sin embargo, y él se sentía aterrorizado por si le hacía daño, así que fue avanzando despacio en su interior y retrocediendo para permitir que su cuerpo se acostumbrara al de él. "¿Te duele? " le susurró.

Belle sintió un poco de incomodidad cuando él empezó a entrar en ella, pero también podía sentir que su cuerpo se relajaba así que negó con la cabeza, no queriendo preocuparlo. Además, sabía a donde conducía todo esto, y deseaba con todas sus fuerzas llegar hasta allí.

John gruñó en su interior cuando alcanzó la delgada barrera de su virginidad. Había necesitado hasta el último gramo de su autocontrol para no sumergirse totalmente en ella de la forma en que su excitado cuerpo exigía. "Esto puede doler un poco, amor," dijo él. "Desearía que no fuera así, poder sufrirlo yo por ti, pero te prometo que sólo será una vez, y… "

"¿John? " lo interrumpió Belle, suavemente.

"¿Qué? "

"Te amo. "

Se sintió como si su garganta estuviera a punto de cerrarse. "No, Belle, no lo haces," jadeó. "No puedes. Tú…"

"Te amo. "

"No, por favor. No lo digas. No digas nada. No… " No podía hablar. No podía respirar. Ella le pertenecía, pero se sentía como si la hubiera robado. Ella era más de lo que merecía, y aunque fuera lo bastante egoísta para quererla en su vida, no era tan bastardo como para pedir su corazón.

Belle vio la expresión torturada en sus ojos. No lo entendió, pero deseó con desesperación hacerla desaparecer. Las palabras no podían curarlo así que le demostró su devoción atrayendo su cabeza hacia la suya.

Se sintió vencido por sus dulces y tiernos movimientos, y lanzo las caderas hacia delante, envainándose completamente en ella. La sentía tan bien, mejor que cualquier otra cosa que hubiese experimentado alguna vez, pero se obligó a permanecer inmóvil un minuto mientras sentía como su estrecho pasaje se estiraba para acomodarlo.

Belle sonrió tímidamente. "Eres tan grande."

"Exactamente igual que cualquier otro hombre. Aunque no quiero decir que debas tener nunca una base para comparar. " Comenzó a moverse dentro de ella, embistiendo suavemente y disfrutando de la dulce fricción entre sus cuerpos.

Belle jadeó cuando lo sintió. "Oh Dios."

"Oh Dios, en efecto."

"Creo que me gusta esto." Inconscientemente, Belle comenzó a mover sus caderas bajo él, elevándose para encontrarlo cuando él se sumergía en su interior.

Sus piernas se enroscaron alrededor de él, y su nueva posición permitió que él se introdujera aún más profundamente dentro de ella, hasta que Belle estuvo segura de que tocaba su corazón.

Sus movimientos se hicieron más rápidos e impetuosos, y Belle fue arrastrada junto con él mientras ambos navegaban sobre aquel furioso oleaje hacia la liberación. Ella clavó sus dedos en su piel, arañándolo mientras trataba de pegarse aún más a él. "¡Lo quiero ya! " jadeó, sintiendo que su cuerpo comenzaba a retorcerse fuera de control.

"Oh, y lo tendrás, te lo prometo." Su mano resbaló entre sus cuerpos y acarició el núcleo más sensitivo de su sexo. Explotó en el mismo instante en que él la tocó, gritando de pasión mientras cada músculo de su cuerpo se tensaba y luego parecía estallar.

La sensación de ella palpitando alrededor de su rígida verga era más de lo que John podía soportar, y la embistió una última vez, gruñendo guturalmente mientras se vertía en ella. Juntos se derrumbaron en un aturdido y sudoroso enredo de brazos y piernas, sus cuerpos irradiando calor.

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