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Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:

Lady Arabella Blydon está decidida a descubrir los más oscuros secretos de Lord John Blackwood, incluso si ello significa ignorar todas las advertencias para que desista. Marcado por la guerra, tanto en el cuerpo como en el alma, John sabe que él jamás podrá ser lo suficientemente bueno para esta bella mujer, pero Belle no descansará hasta que él retorne a la luz y la alegría de la vida?. Y gane un lugar en su corazón para siempre.
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El ceño fruncido de Belle se convirtió en una mueca. Era muchos "lamentablemente" para lo que, se suponía, era un acontecimiento feliz. Estaba enredándolo todo. Abandonando todo intento de lograr una elegante narrativa, terminó rápidamente la nota.

Imagino que estarás sorprendida. Yo misma lo estoy también. Te lo explicaré todo cuando llegues.

Con amor,

Belle

Estaba a punto de bajar con las cartas y pedirle a un criado que buscara a tres mensajeros rápidos cuando Persephone entró por la puerta que estaba abierta.

"Cielos, te has levantado temprano," exclamó la anciana señora.

Belle sonrió y asintió, suprimiendo el diabólico impulso de señalar que en realidad no había llegado a acostarse.

"¿Por alguna razón en particular? " insistió Persephone.

"Me caso mañana." No había razón para no ser sincera.

Persephone parpadeó como un búho. "¿Disculpa? "

"Matrimonio."

El parpadeo continuó. Belle reconsideró su primera impresión y decidió que su acompañante se asemejaba, más que a un simple búho, a uno con algún tipo de tic. Unos segundos después, sin embargo, su parpadeante amiga recobró la voz. "¿Alguien a quien conozcamos?"

"Pues, Lord Blackwood, por supuesto," exclamó Belle, en tono irritado. "¿Quién, si no?"

Persephone se encogió de hombros. "No nos ha visitado mucho, desde hace tiempo."

"Apenas calificaría “unos días” como mucho tiempo" Dijo Belle, a la defensiva. "Y de todos modos, no tiene la menor importancia, ya que nos hemos reconciliado y nos casamos mañana por la tarde."

"Muy bien."

"¿No va siquiera a felicitarme?"

"Por supuesto, querida. Ya sabe que pienso que es un hombre encantador, pero siento que, de alguna manera, he fallado en mis deberes como su acompañante. ¿Cómo voy a explicar esto a sus padres?"

"Ni siquiera conoce a mis padres, y además, ellos no tienen la menor idea de que tengo una acompañante." Belle echó un vistazo a Persephone e inmediatamente comprendió que había dicho lo incorrecto. La anciana señora pareció haberse metamorfoseado de un búho enfermo a un hurón inquieto. "Vealo de esta forma," le dijo Belle con la esperanza de animarla. "El objetivo de toda jovencita es casarse, o al menos eso nos inculcan. ¿Correcto?"

Persephone asintió, pero no parecia convencida.

"Yo voy a casarme. Por lo tanto he logrado un noble objetivo, y esto habla muy bien de usted, como mi acompañante." Belle sonrió débilmente, incapaz de pensar en otro momento en el que hubiera pronunciado tal sarta de tonterías.

Persephone le lanzó una mirada que pareció decir, "Oh, ¿de verdad? " en el más sarcástico de los tonos.

"Muy bien," capituló Belle. "Es una situación poco común, lo confieso. Y, probablemente, la gente hablará de ello durante semanas. Simplemente tendremos que tratar de sacar el mejor partido de ello. Y lo más importante, soy muy feliz. "

Los labios de Persephone se curvaron en una romántica semisonrisa. "Entonces eso es todo lo que importa."

* * *

Belle estaba segura que no sería capaz de pegar ojo esa noche, pero despertó a la mañana siguiente con una refrescante sensación de descanso.

John había regresado otra vez el día anterior para decirle que había encontrado a un sacerdote que los casaría a las siete de la tarde del día siguiente. Belle había sonreído, insistió en que él se quedara con sus lacayos para el resto del día, y luego cortésmente lo echó de la casa. Tenía cosas que hacer.

Determinada a no tener una boda completamente carente de tradición, encargó docenas de flores para que fueran enviadas a su casa y luego arrastró a Persephone junto con ella para comprar un vestido. Está de más decir, que llevaron con ellas a varios criados como escoltas. A Belle no le gustaba pensar en si misma como una alarmista, pero por otro lado, no tenía el menor deseo de ser arrastrada a otro callejón asqueroso.

* * *

Madame Lambert se horrorizó ante la idea de confeccionar un traje de novia con tan poco aviso, pero, sin embargo, logró facilitar a Belle un vestido verde, de seda, sumamente favorecedor que apenas necesitó modificaciones. El vestido tenía un corte muy sencillo, estilo Imperio, con una falda que caía elegantemente hasta el suelo desde el talle alto. El escote dejaba sus hombros ligeramente expuestos y estaba adornado con capas de translucida gasa blanca. El vestido era más apropiado para un tiempo más calido, pero Belle decidió que dadas las circunstancias no podía quejarse.

El resto del día pasó con sorprendente lentitud. Belle siempre había pensado en las bodas como algo que requería de ingentes montañas de preparativos, pero se encontró con que toda esa montaña de trabajo se esfumaba cuando el matrimonio de una debía ser realizado en su propia casa con menos de media docena de invitados.

Así que hoy era el día de su boda, y ella no tenía absolutamente nada que hacer, excepto holgazanear y ponerse nerviosa. Se sentiría mejor cuando Emma llegará, decidió. Lo que necesitaba era compañía femenina. Persephone era encantadora, pero no había estado nunca casada y no era de mucha ayuda. Había tratado de tener "un poco de conversación" con Belle la noche anterior, pero pronto se hizo dolorosamente obvio que tenía mucho menos de que “hablar” que Belle. Y Belle estaba firmemente determinada a mantener su boca cerrada.

La conversación decayó rápidamente.

Lamentablemente, Emma pareció tomarse con calma su llegada a Londres. Belle vagó sin rumbo por la casa durante todo el día, incapaz de concentrarse en nada. Jugueteó con el desayuno, picoteó en el almuerzo, y finalmente se instaló en un asiento junto a la ventana de la salita de su madre y de dedicó a mirar fijamente hacia la calle.

Persephone se acercó hasta allí y asomó la cabeza en la habitación. "¿Va todo bien, querida?"

Belle no se giró. Por alguna inexplicable razón, su mirada estaba completamente concentrada en un pequeño perro negro que ladraba correteando por la acera. "Estoy bien. Solo estoy pensando "

"¿Está segura? Parece un poco… extraña. "

Belle arrancó su mirada del paisaje urbano y se giró para afrontar a Persephone. "Estoy bien, de verdad. Es solo que no tengo nada que hacer, esto es todo. Y si lo tuviera, dudo que fuera capaz de concentrarme en ello."

Persephone sonrió y asintió. Nervios prenupciales. Se marchó del cuarto.

Belle volvió a la ventana. El perro se había marchado, así que ella decidió contemplar las hojas de los árboles que bordeaban la acera. ¿Cuántas caerían con un viento tan fuerte?

Dios santo, ¿cuándo se había vuelto tan melodramática? Ahora sabía por qué la gente montaba tal alboroto con las bodas. Era para mantener la mente de la novia ocupada, no fuera a ser que cayera en tan extrañas simas mentales.

¿Extrañas simas mentales? ¿De dónde había sacado eso? Ahora sabía que estaba realmente en problemas. Volvió a su dormitorio, se tumbó en la cama, y por pura fuerza de voluntad se obligó a dormir.

Solo comprendió que se había amodorrado cuando Persephone comenzó a sacudirla por los hombros. "Santo cielo, muchacha,"decía. "No puedo creer que haya estado durmiendo la siesta el día de su boda. "

Belle se frotó los ojos, maravillándose de haber sido realmente capaz de obligarse a dormir. "No parecía haber nada mejor que hacer," dijo, somnolienta.

"Bien, Lord Blackwood está abajo con el señor Dawes, el Reverendo, y parece bastante ansioso por empezar con los procedimientos. "

"¿Qué hora es?" preguntó Belle, espabilándose rápidamente.

"Las seis y media de la tarde."

¡Dios Santo! ¿Cuánto tiempo había estado durmiendo? "¿Ha llegado ya alguno de mis parientes?" De los únicos tres que iban a asistir, pensó Belle tristemente.

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