Casino: Amor y honor en Las Vegas
- Автор: Pileggi Nicholas
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
Había otro sitio al que acudía Geri en busca de desahogo durante esta época: la casa de Spilotro. Allí, ella y Nancy se servían unos vodkas y desgranaban sus infortunios domésticos. Geri se quejaba de El Zurdo. Nancy se quejaba de Tony.
Geri también trasladaba sus quejas al único hombre que creía que podía ejercer alguna influencia sobre su marido: Tony Spilotro. Se veían en el Villa d'Este, un restaurante propiedad de Joseph Pignatelli, Joe Pig.
Según Frank Cullotta:
Se sentaban en la barra o en un compartimiento. Ella siempre tomaba vodka con hielo. Yo observaba cómo él asentía e intentaba hacerla entrar en razón. Me situaba en el extremo opuesto y constataba que a veces se quedaban una hora hablando y que luego ella se levantaba y se iba. Sé lo que se alargaba la conversación porque yo tenía asuntos pendientes con él y sólo podía abordarlo cuando Geri había abandonado el local.
En febrero de 1976, poco después de que despidieran a El Zurdo, los auditores afirmaron haber llamado a Frank Mooney, el tesorero del Stardust, para decirle que las balanzas de contar las monedas de las máquinas tragaperras estaban descompensadas en un tercio. Posteriormente, Mooney declaró ante el Comité de Seguridad e Intercambio no recordar dicha llamada, si bien aquello constituyó la primera señal de alarma que detectó problemas en la sala de contabilidad del Stardust.
Por aquella época toda la atención de Glick se centraba en conseguir cuarenta y cinco millones de dólares adicionales de la caja de pensiones del Sindicato para sus planificadas restauraciones y la contratación de un sustituto de El Zurdo (tarea esta última mucho más fácil puesto que ya se le había indicado a quien debía contratar). Allen Dorfman, el principal asesor financiero de la caja de pensiones había convocado a Glick a Chicago. Frank Balistrieri ya había comentado a Glick que Dorfman tenía en mente al sustituto de Rosenthal.
Dorfman, un atlético ex profesor de gimnasia de cincuenta y tres años, estaba a cargo del fondo de pensiones desde 1967, cuando enviaron a la cárcel a su amigo íntimo James R. Hoffa, presidente del Sindicato de Camioneros. Dorfman había intimado con Hoffa gracias a su padre, Paul Dorfman, El Rojo, agente empresarial del Sindicato, con amigos en el mundo del hampa, quien ayudó a Hoffa a tomar el control de éste.
El joven Dorfman no podía accederá ningún cargo oficial en el sindicato al haber sido condenado en 1972 por haber aceptado una suma de dinero por la concesión de un préstamo de la caja de pensiones. No obstante, en 1976, cuando Glick acudió a verlo, seguía controlando los miles de millones del fondo. Dorfman dirigía secretamente, a través de los socios del hampa que tenía en todo el país, la mayor parte de síndicos de la Caja y utilizaba como tapadera su compañía de Seguros Confederados. Dicha compañía ocupaba incluso el segundo piso de la caja de pensiones en la avenida Bryn Mawr, edificio próximo al aeropuerto O'Hare de Chicago, donde trabajaban unas doscientas personas y se sacaban más de diez millones de dólares anuales tan sólo procesando las demandas de incapacidad del Sindicato. Dorfman también llevaba los seguros de las empresas que solicitaban préstamos del fondo de pensiones.
Según Glick, tras celebrar una reunión con los abogados de la caja de pensiones del piso superior, se fue al despacho de Dorfman del segundo piso, donde éste le informó de que el sustituto de El Zurdo sería Carl Wesley Thomas, un ejecutivo de casinos de cuarenta y cuatro años con mucha experiencia y buenas relaciones. Una sugerencia que constituyó una agradable sorpresa.
Carl Wesley Thomas era uno de los ejecutivos más prestigiosos de Nevada. Con sus conservadores trajes y sus gafas con montura de acero, Carl Thomas parecía más un banquero de Carson City que un jefe de casino de Las Vegas. Se había trasladado a esta ciudad en 1953 y en diez años había pasado de croupier de blackjack en el Stardust a socio minoritario del casino Circus Circus, propiedad a la sazón de Jay Sarno, uno de los empresarios de casinos más importante. Sarno había construido, además del Circus Circus, el primer casino de la ciudad que permitía la entrada a los niños, el Caesar's Palace, el casino más boyante de la historia de Las Vegas. Sarno tenía gran amistad con Allen Dorfman y había utilizado los créditos del fondo para la construcción de ambos casinos.
Las autoridades del juego en todo el estado se sintieron aliviadas cuando se enteraron de que Carl Thomas iba a sustituir a Frank Rosenthal en Argent. Ni uno solo dudó de que Allen Glick había optado por una alternativa brillante y saneadora en su problemática empresa.
Lo que no sabía Glick acerca de Carl Thomas -y por otra parte tampoco sabía nadie en todo el estado- era que, además de su gran fama como el primero en la nueva raza de ejecutivos de casino de Nevada, el hombre era el mayor experto en desviar fondos de los casinos de todo América.
Él y su reducido equipo de ejecutivos de casinos, que había captado en el medio, habían ideado unos métodos tan hábiles para despistar millones de dólares de los casinos que en ningún momento nadie sospechó que se había extraviado dinero. Thomas a veces lo desviaba para los propietarios; otras, para los propietarios camuflados; y en alguna ocasión, él y su equipo desviaban el dinero hacia sus bolsillos.
Carl Thomas había aprendido este oficio en el Circus Circus, donde despistar dinero formaba parte de su trabajo. Dicha práctica ya se llevaba a cabo bajo el mando de Sarno, incluso antes de que Thomas llegara allí y tuviera que hacer efectivos los pagos de los préstamos de la caja de pensiones del Sindicato. A principios de los sesenta, el desvío de fondos en los casinos era una práctica relativamente común, y Thomas demostró ser tan capaz y discreto en ella que no tardó en convertirse en gerente de casinos. Durante esta época, Sarno le presentó a Allen Dorfman, que visitaba Las Vegas como mínimo una vez al mes, al acecho de empresarios que precisaran préstamos del Sindicato para construir nuevos casinos.
Thomas y Dorfman entablaron una gran amistad, y en 1963, Dorfman invitó a Thomas a Chicago, a la fiesta que organizó cuando cumplió cuarenta años. Allí se reunieron unos trescientos invitados, la mayoría procedentes de Las Vegas, pero en el transcurso de ésta, Allen Dorfman se fijó como objetivo presentar a Thomas a Nick Civella. Tal como descubrió Thomas, Civella era uno de los beneficiarios del desvío del dinero, y al cabo de poco, Thomas ya se reunía en secreto con el jefe de la mafia cada vez que Civella acudía a la ciudad.
Frank Rosenthal puntualiza:
Vamos a aclarar eso del desvío de dinero. No hay ningún casino, al menos en este país, capaz de protegerse contra esta práctica. No existe ninguna garantía de seguridad. No puede evitarse el desvío de dinero del casino si el tipo que lo lleva a cabo conoce el paño. Por otro lado, existen dos tipos de desvío. A uno lo llamamos sangrar. Digamos que es el chocolate del loro. Tienes a un tipo encargado de la veintiuna. Se dedica a apartar unos trescientos, cuatrocientos dólares por noche. A eso se le llama sangrar a un casino. Para ello tan sólo se precisan dos personas: el encargado y el recadero, el chaval que lleva y trae las fichas de la caja a las mesas. Ahora bien, por lo que se refiere al desvío organizado, ya estamos hablando de algo sofisticadísimo. En mi época no se podía pensar en ello a menos que la corrupción se hubiera adueñado del casino. No es una cuestión de normas, reglas y criterios establecidos por el Departamento de Control y la Comisión, porque éstos no tenían ni idea de la historia. Un desvío organizado exige como mínimo tres personas. Al más alto nivel. Sin ello resulta imposible. No hay forma. Y si la hay, que alguien me la cuente, porque podrá patentarla.