La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
-�No lo creas. Est�s descansada y tienes reservas. Bueno, el caso es que regresaste a casa. �En tren?
-�Hice todo el trayecto en tren. Sola. Aunque con la maleta. Rumbo al hogar.
Charlie se desperez� y pase� la mirada por el cuarto, pero la cabeza de Joseph estaba vuelta hacia otro lado. Parec�a escuchar otras m�sicas.
-�Y cuando llegaste a casa, �qu� encontraste, con exactitud?
-�Ya te lo he dicho: el caos.
-�Describe un poco el caos.
-�Un cami�n de mudanzas en el sendero. A mi madre llorando. Y mi cuarto, ya medio
vac�o.
-��D�nde estaba Heidi?
-�No estaba. Ausente. No se encontraba entre los presentes.
-��Nadie fue a buscarla? �Era tu hermana mayor, la ni�a de los ojos de tu padre? �Viv�a a millas de distancia? �Estaba gozando ya de la seguridad del matrimonio? �Por qu� Heidi no fue a tu casa, para ayudar un poco?
Distra�damente, fija la vista en sus manos, Charlie repuso: -Estar�a pre�ada, supongo. Por lo general, lo est�.
Kurtz miraba fijamente a Charlie, y tard� mucho en volver a hablar. Como si hubiera o�do mal, pregunt� en voz baja:
-��Por qu� has dicho que estaba pre�ada? -Kurtz aclar�-: Me refiero a Heidi.
Charlie no contest�. Kurtz continu�:
-�Charlie, Heidi no estaba embarazada. El primer embarazo de Heidi tuvo lugar el a�o siguiente.
-�Bueno, pues resulta que no, que por una vez en la vida no estaba pre�ada.
-�En este caso, �por qu� no fue a casa de tu madre para ayudar en algo?
-�Quiz� prefiri� no saber nada del asunto. El caso es que se mantuvo apartada del asunto. �Por el amor de Dios, Mart, hace ya diez a�os de esto! Yo era una ni�a, una persona diferente.
-�Fue una verg�enza. Y Heidi no pudo aceptar la verg�enza. Me refiero a la quiebra de tu padre.
Secamente, Charlie dijo:
-�No hace falta que aclares que la verg�enza fue la quiebra. �Es que hubo m�s verg�enzas todav�a?
Kurtz consider� que las palabras de Charlie, en esta ocasi�n, eran simple ret�rica. Volv�a a tener la atenci�n fija en sus papeles, y le�a lo que el largo dedo de Litvak le indicaba. Kurtz dijo:
-�El caso es que Heidi se mantuvo al margen, y toda la responsabilidad de hacer frente a la crisis familiar cay� sobre tus j�venes hombros, �no es eso? Charlie, a la edad de diecis�is a�os, tuvo que actuar de salvadora. Cursaste �un curso acelerado sobre la fragilidad del sistema capitalista�, tal como has dicho agudamente hace poco. Y ello fue una lecci�n de realismo que jam�s olvidaste. Viste c�mo todos los juguetes de la sociedad de consumo, los lindos muebles, los bonitos vestidos, todos los atributos de la respetabilidad burguesa, eran f�sicamente extra�dos de tu casa, ante tus propias narices. T� s�lo. Administrando. Disponiendo. Con un dominio absoluto sobre tus pat�ticos padres burgueses, que hubieran debido pertenecer a la clase obrera, pero que tuvieron la negligencia de no pertenecer a ella. Consol�ndolos. Suavizando sus sufrimientos. Y casi les diste la absoluci�n, me parece. -Con tristeza, y despu�s de una breve pausa, Kurtz a�adi�-: Duro, muy duro.
Y se call� bruscamente, en espera de que Charlie hablara.
Pero Charlie no habl�. Mir� fijamente a Kurtz, desafi�ndole con la mirada, en espera de que fuera Kurtz quien bajara la vista. A Charlie no le quedaba otro remedio. Las surcadas facciones de Kurtz se hab�an endurecido misteriosamente, principalmente en la parte cercana a los ojos. Pero, a pesar de todo, Charlie sigui� desafi�ndole con la mirada. Ten�a una manera especial de hacerlo, aprendida ya durante la infancia, consistente en dejar la cara inm�vil, convertida en una m�scara de hielo, y en ocupar la mente con otros pensamientos. Y Charlie gan� el desaf�o, ya que Kurtz fue el primero en hablar, lo cual constituy� la prueba del triunfo de Charlie. Kurtz dijo:
-�Charlie, reconocemos que esto es muy doloroso para ti, pero te pedimos que nos cuentes esta historia con tus propias palabras. Ya nos has hablado del cami�n de mudanzas. Ya nos has hablado del modo en que se llevaron de tu casa cosas que eran tuyas. �Qu� m�s?
-�Mi jaca.
-��Tambi�n se llevaron tu jaca?
-�Ya te lo he dicho.
-��Juntamente con los muebles? �En el mismo cami�n?
-�No, en otro. No seas est�pido.
-�Bueno, pues resulta que hab�a dos camiones. �Los dos al mismo tiempo? �O primero uno y luego otro?
-�No me acuerdo.
-��D�nde se encontraba tu padre, en aquel entonces, f�sicamente hablando? �Se encontraba en su estudio? Mirando por la ventana c�mo se lo llevaban todo? �C�mo se porta un hombre como �l, en un trance tan desagradable?
-�Se hallaba en el jard�n.
-��Y qu� hac�a all�?
-�Miraba las rosas. Las cuidaba. Dec�a que no pod�an llevarse las rosas, pasara lo que pasara. No hizo m�s que decirlo una y otra vez. �Si me quitan las rosas, me matar�.�
-��Y t� madre?
-�Mam� estaba en la cocina. Guisando. Fue lo �nico que se le ocurri�.
-��Con gas o con electricidad?
-�Electricidad.
-�Pero, y conste que quiz� me equivoque, creo que me has dicho que os cortaron la electricidad�
-�La volvieron a conectar.
-��Y no se llevaron la cocina?
-�La ley proh�be el embargo de las cocinas. La cocina, una mesa, y una silla para cada miembro de la familia.
-��Cuchillos y tenedores?
-�Un juego para cada persona.
-��Y por qu� no se limitaron a sellar la casa y a echaros a todos?
-�La casa estaba inscrita a nombre de mi madre. Ella misma lo exigi�, a�os atr�s.
-�Prudente mujer. De todas maneras, era de tu padre. �Y en d�nde me has dicho que la directora de la escuela ley� la noticia de la quiebra de tu padre?
Charlie hab�a quedado, en los �ltimos momentos, casi desconcertada. Durante unos segundos, las im�genes vacilaron en su memoria, pero ahora volvieron a adquirir consistencia, volvieron a proporcionarle las palabras que necesitaba. Vio a su madre, con un pa�uelo de cabeza de color malva, inclinada sobre la cocina, preparando fren�ticamente un pastel de harina y mantequilla, plato favorito de la familia. Vio a su padre, mudo, con la cara gris, ataviado con un blazer cruzado, azul, mirando las rosas. Vio a la directora de la escuela, que manten�a las manos a la espalda, como si quisiera calentarse el trasero cubierto de lanilla en el hogar apagado de su imponente sala despacho.
Impasible, Charlie contest�:
-�En la London Gazette, que es donde se publican todas las quiebras.
-��La directora estaba suscrita a ese peri�dico?
-�Cabe presumirlo.
Kurtz efectu� un lento y largo movimiento afirmativo con la cabeza, cogi� un l�piz y escribi� las palabras �cabe presumirlo� en el bloc que ten�a ante �l, haci�ndolo de manera que Charlie pudo ver la inscripci�n. Kurtz dijo:
-�Muy bien. Y despu�s de la quiebra vinieron las acusaciones de fraude. �Puedes contarnos el juicio?
-�Ya te lo he dicho. Mi padre no nos permiti� asistir. Al principio quer�a asumir su propia defensa. Quer�a ser un h�roe. Y nosotros nos sentar�amos en primera fila, para animarle. Pero cuando le mostraron las pruebas, cambi� de parecer.
-��De qu� le acusaron?
-�De robar el dinero de sus clientes.
-��Qu� condena le impusieron?
-�Dieciocho meses, menos los beneficios legales. Ya te lo he dicho, Mart. Ya te lo he contado todo antes. �Qu� diablos quieres?
-��Le visitaste en la c�rcel?
-�No nos lo permiti�. No quer�a que le vi�ramos humillado. Kurtz, en tono pensativo, repiti�:
-�Humillado. Su verg�enza. La ca�da. Realmente te impresion� mucho, �verdad?
-��Te resultar�a m�s simp�tica si no me hubiera impresionado?
-�No, Charlie; creo que no. -Kurtz hizo una breve pausa y pro-sigui�-: Bueno� El caso es que te quedaste en casa. Renunciaste a seguir en la escuela, renunciaste a seguir formando tu inteligencia que de tan excelente manera respond�a a tus esfuerzos, te dedicaste a cuidar de tu padre y a esperar que concedieran la libertad a tu padre, �no es eso?