Bailando Al Anochecer
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:
Parpadeó otra vez. Las palabras no desaparecieron.
Algo iba terriblemente mal. Trataba de apartarla de él otra vez. No sabía por qué, y tampoco sabía por qué él pensaba que lo iba a lograr, pero no podía permitirse creer que él no la quería.
¿Cómo podría no hacerlo, cuando ella lo quería tanto? Dios no podía ser tan cruel.
Belle rápidamente apartó esos pensamientos deprimentes. Tenía que confiar en su instinto, y éste le decía que John sí la quería. Muchísimo. Tanto como ella a él. Le había pedido que fuera paciente con él. Eso parecía indicar que estaba tratando de solucionar el problema que le preocupaba. Debía estar metido en alguna dificultad, y no quería implicarla. Típico de él.
Soltó un gruñido. ¿Cuándo iba él a aprender que el amor significaba compartir los problemas de uno? Arrugó el papel hasta convertirlo en una pelota y lo apretó con fuerza en la mano. Iba a conseguir su primera lección esa tarde, porque ella iba a ir a verlo, y al cuerno con lo que era apropiado.
Y esto era otra cosa. Sus maldiciones mentales habían alcanzado proporciones épicas durante los últimos días. Incluso comenzaba a impresionarse ella misma. Belle tiró la nota y se frotó las manos. Disfrutaría echándole la culpa de la degradación de su lenguaje.
Sin molestarse en cambiarse de ropa, Belle agarró una capa abrigada y marchó con paso majestuoso en busca de su criada. La encontró en su vestidor, examinando sus vestidos en busca de pequeños desgarros.
"Oh, hola milady," dijo Mary rápidamente. "¿Sabe ya qué vestido deseará llevar puesto esta noche? Ha de ser planchado. "
"No importa," dijo Belle enérgicamente. "Me parece que no voy a salir esta noche después de todo. Pero quiero dar un corto paseo esta tarde, y me gustaría que me acompañaras. "
"En seguida, milady. " Mary fue a por su abrigo y siguió a Belle escaleras abajo. "¿Dónde vamos? "
"Oh, no muy lejos," dijo Belle enigmáticamente. Frunció los labios con firme determinación, abrió la puerta de la calle y bajó a zancadas los escalones.
Mary se apresuró para alcanzarla. "Nunca la he visto andar tan rápido, milady. "
"Siempre camino muy rápida cuando estoy irritada. "
Mary no tenía respuesta para esto, así que simplemente suspiró y aceleró el paso. Después de haber caminado unas manzanas, Belle se paró en seco. Mary casi chocó contra ella.
" Hmmm," dijo Belle.
"¿Hmmm? "
"Este es el lugar. "
"¿Qué lugar? "
"La casa del Conde de Westborough. "
"¿El conde de que? "
"El hermano de John. "
"Ah." Mary había visto a John varias veces durante las últimas semanas. "¿Por qué estamos aquí? "
Belle suspiró y levantó la barbilla con terquedad. "Hemos venido para hacer una visita." Sin esperar la respuesta de Mary, subió los escalones y golpeó con la aldaba tres veces.
"¿Qué?" dijo Mary casi chillando. "No puede venir aquí de visita. "
"Puedo y lo haré. " Impaciente, Belle llamó otra vez.
"Pero… pero… aquí solo viven hombres. "
Belle puso los ojos en blanco. "Realmente, Mary, no tienes por qué hablar de ellos como si fueran una especie aparte. Son igual que tú y que yo." Se sonrojó. "Bueno, casi. "
Acababa de alzar la mano otra vez para agarrar la aldaba cuando el mayordomo abrió la puerta. Le dio su tarjeta de visita y le dijo que estaba allí para visitar a Lord Blackwood. Mary estaba tan avergonzada que era incapaz de mirar más arriba de las rodillas de Belle.
El mayordomo introdujo a las dos señoras en un pequeño salón a un lado del vestíbulo principal.
"Persephone va a echarme a la calle," susurró Mary, sacudiendo la cabeza.
"No lo hará, y de todas formas trabajas para mí, así que ella no puede despedirte. "
"Aún así, esto no le va a gustar. "
"No veo ninguna razón por la que tenga que enterarse," dijo Belle, con resolución. Pero interiormente estaba temblando. Esto era algo muy impropio, y si había una cosa para la que su madre no la había educado, era para ser impropia. Oh, ella había visitado a John a solas en el campo, pero allí el protocolo era más flexible.
Justo cuando pensó que sus nervios habían llegado casi al límite, el mayordomo regresó.
“Lord Blackwood no recibe, milady.”
Bella jadeó ante el insulto. John se había negado a verla. Se puso en pie y salió a zancadas del cuarto, manteniendo un porte erguido gracias a la dignidad que le había sido inculcada desde su nacimiento. No se detuvo hasta que hubo recorrido media calle, y entonces, incapaz de evitarlo, miró hacia atrás.
John estaba de pie en una de las ventanas del tercer piso, mirándola fijamente.
Tan pronto como la vio girarse, se apartó y dejó que las cortinas volvieran a su sitio.
"Hmmm," dijo Belle, mirando todavía la ventana.
"¿Qué? " Mary siguió su mirada fija, pero no encontró nada de interés.
"Es un bonito árbol el que hay delante del edificio. "
Mary arqueó las cejas, convencida de que su patrona había perdido la cabeza.
Belle se acarició la barbilla. "Está extraordinariamente cerca de la fachada." Sonrió. "Ven, Mary, tenemos trabajo que hacer. "
"¿Tenemos?" Pero las palabras de Mary no fueron oídas, porque Belle ya estaba a varios pasos por delante de ella.
Cuando llegó a su casa, Belle subió directamente hasta su habitación, tomó una hoja de papel de su escritorio y escribió una nota a Emma, quien había sido mucho más chicazo mientras crecía que Belle.
Queridísima Emma,
¿Cómo trepas a los árboles?
Afectuosamente,
Belle
Después de enviar la carta a su prima, Belle lidió con su dolor y su cólera de la mejor manera que se le ocurrió. Se fue de compras.
Para esta salida se llevó a Persephone con ella. La anciana señora nunca se cansaba de visitar las elegantes tiendas de Londres. Había muchísima más variedad que en Yorkshire, le explicó. Y además, era muy divertido gastar el dinero de Alex.
En realidad, ninguna de las dos mujeres necesitaba ropa nueva después de su última salida, pero se acercaba la temporada de vacaciones, así que deambularon por varias tiendas de fruslerías, buscando regalos. Belle encontró un pequeño telescopio para su hermano y una encantadora cajita de música para su madre, pero no podía evitar el desear en el fondo de su corazón que fueran para John las compras que realizaba. Suspiró. Simplemente tendría que confiar en que al final todo saldría bien. Se negaba a pensar lo contrario. Sería demasiado doloroso.
Fue probablemente porque estaba tan perdida en sus pensamientos, que no se percató de los dos tipos de aspecto bastante desagradable que acechaban en un callejón cuando ella pasó por delante. Antes de darse cuenta de lo que pasaba, uno de ellos la había agarrado del brazo y había comenzado a tirar de ella hacia lo más profundo del callejón.
Belle gritó y luchó con toda sus fuerzas. El matón había conseguido introducirla lo bastante en el callejón para que los transeúntes de la calle principal no la vieran. Y Londres se había vuelto tan ruidoso, que era comprensible que tampoco nadie escuchara sus gritos. "Suélteme, perro callejero," le gritó. Sentía el brazo como si se lo estuvieran desgarrando, pero bloqueó la sensación de dolor, concentrada tan sólo en escapar.
"Esta es, ya te lo dije," oyó decir a uno de los rufianes. "Esta es la señorita elegante que buscamos. "
"Cierra el pico y ven aquí. " El otro hombre se acercó y el terror que Belle sentía se duplicó. No había forma de que fuera capaz de oponer resistencia a la fuerza de ambos hombres.
Pero justo cuando parecía que todo estaba perdido, la salvación llego en la inverosímil figura de Persephone. Se había distraído mirando lo expuesto en un escaparate particularmente atractivo cuando Belle había desaparecido en el callejón y quedó muy aturdida cuando al mirar alrededor vio que su pupila había desaparecido. Cuando llamó a Belle y no obtuvo respuesta, se preocupó y comenzó a buscarla con la mirada frenéticamente.