Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » La música del Adiós
La música del Adiós - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La música del Adiós

Электронная книга - «La música del Adiós». Краткое содержание книги:

Otoño, Edimburgo, hacia el final de la carrera del inspector John Rebus, que intenta cerrar alguno de los casos pendientes antes de jubilarse, cuando aparece muerto joven poeta ruso, al parecer a causa de un atraco que ha salido mal. Como por casualidad, una delegación comercial rusa que intenta de hacer negocios en Escocia visita la ciudad, y políticos y banqueros se muestran decididos a que el caso sea rápidamente cerrado y sin ambigüedades. Pero cuanto más indagan Rebus y su colega, la sargento Siobhan Clarke, más convencidos están de que no se trata de una simple agresión; más aún al producirse un segundo y repugnante homicidio.
Simultáneamente, la brutal agresión a un gángster de Edimburgo sitúa a Rebus bajo sospecha. ¿Ha llevado el inspector Rebus demasiado lejos su intervención en la solución de los casos? A escasos días de jubilarse de su magnífica carrera, ¿se habrá liado Rebus la manta a la cabeza?
Intensa y emocionante, La Música del adiós no es sólo el colofón agridulce de los años de servicio del inspector John Rebus, es una incisiva reflexión sobre el poder, el dinero y el crimen en un país en venta al mejor postor.
1 ... 41 42 43 44 45 46 47 48 49 ... 95
Перейти на страницу:

– Precioso.

– Y luego, hago de fantasma… y a veces, también del Monje Loco.

– ¿El Monje Loco? Buen reto para una mujer, ¿no?

– Sólo tengo que emitir gemidos y gruñidos.

– Sí, pero verán que no es un tío.

– La capucha me tapa prácticamente la cara -respondió ella, sonriendo otra vez.

– ¿La capucha? -repitió Rebus-. Me gustaría verla.

– Los disfraces se quedan en la empresa, inspector. De ese modo, si algún actor se pone enfermo avisan a un suplente.

Rebus asintió con la cabeza, como satisfecho con la explicación.

– ¿Y Nancy ha acudido alguna vez a ver su actuación?

– Hace dos semanas.

– Se lo pasaría bien, ¿no?

– Eso me pareció -respondió ella con una risita-. ¿Me está tendiendo una encerrona? No entiendo qué tiene que ver esto con su investigación.

– Nada, probablemente -dijo Rebus. Morgan se puso pensativa.

– Va a hablar con Nancy, ¿verdad? Y se enterará de lo que le he dicho.

– Me temo que tendrá que buscarse otro proveedor, señorita Morgan. Pero no se preocupe, hay muchos -dijo Rebus levantándose. Ella se puso también de pie. De puntillas, aún no le llegaba a la barbilla.

– ¿Tiene que…? -dijo tragando saliva, incapaz de acabar la frase. Pero decidió hacerlo-: ¿Tiene que enterarse mi madre de todo esto?

– Bueno, depende -contestó Rebus, tras un instante de fingida reflexión-. Capturamos al asesino… se celebra el juicio… se repasan los hechos minuto a minuto… La defensa querrá sembrar la duda en el jurado y eso significa presentar a los testigos que parezcan menos dignos de crédito. Demuestran que la declaración de Nancy es una sarta de mentiras y a partir de ahí todo huele mal… -añadió bajando la vista para mirarla a la cara-. Eso en el peor de los casos. Pero tal vez no ocurra así.

– Que es una manera de decir que tal vez ocurra.

– Debería haber dicho la verdad desde el principio, Gill. Mentir está muy bien para una actriz, pero en la vida real eso se llama perjurio.

Capítulo 22

– Vamos a ver si lo entiendo todo -dijo Siobhan Clarke.

Estaban reunidos en la sala del DIC y ella paseaba de arriba abajo por delante de la pared en que estaban expuestos los datos del caso. Pasó junto a las fotos de Alexander Todorov vivo y muerto, un informe de la autopsia y nombres con números de teléfono. Rebus despachaba un bocadillo de jamón con ensalada que acompañaba con té de un vaso de plástico. Hawes y Tibbet estaban en sus respectivas mesas, meciéndose ligeramente en la silla, como siguiendo el compás de una música sólo audible para ellos dos. Todd Goodyear daba sorbos de leche de un envase de cartón de medio litro.

– ¿Quieres que te haga un resumen? -preguntó Rebus-. El padrastro de Gill Morgan es director del banco First Albannach, ella compara droga a Nancy Sievewright y tiene acceso a una capa con capucha -se encogió de hombros, como no dándole importancia-. Ah, y Sievewright también sabía lo de la capa.

– Tenemos que interrogarla -dijo Clarke-. Phyl, Col, id a buscarla.

Sincronizaron una inclinación de cabeza al levantarse.

– ¿Y si no está? -preguntó Tibbet.

– Encontradla -ordenó Clarke.

– Sí, jefa -replicó él poniéndose la chaqueta. Clarke le miraba con el ceño fruncido, pero Rebus sabía que Tibbet no pretendía ser sarcástico; la llamaba «jefa» porque era la verdad.

Clarke pareció notarlo y miró hacia Rebus, quien hizo una bola con el envoltorio del bocadillo que cayó casi a medio metro de la papelera.

– A mí no me parece que sea traficante -dijo Clarke.

– Quizá no -replicó Rebus-. Tal vez es una simple amiga que comparte la droga.

– Pero si cobra lo que comparte -terció Goodyear-, ¿eso no es traficar?

Se acercó a la papelera y recogió la fallida bola de Rebus, que situó en el objetivo. A Rebus le dio la impresión de que lo había hecho sin pensar.

– Bien, si no fue al piso de Gill Morgan aquella noche, ¿dónde estuvo? -preguntó Clarke.

– Ya que añadimos ingredientes a la verdad -interrumpió Rebus-, aquí tienes otro: el camarero del hotel vio a Andropov y a Cafferty con otro hombre la noche en que asesinaron a Todorov. Ese hombre es el ministro de Fomento, llamado Jim Bakewell.

– Intervino en el programa Question Time -añadió Clarke. Rebus asintió despacio con la cabeza y optó por no decir nada de su encuentro con Andropov en el Caledonian.

– ¿Habló con el poeta? -preguntó Clarke.

– No creo. Cafferty invitó a Todorov a una copa en la barra y cuando éste se largó, fue a la mesa con Andropov y Bakewell. Yo me situé en esa mesa y desde allí hay un ángulo muerto, por lo que no creo que Andropov viese a Todorov.

– ¿Pura casualidad? -aventuró Goodyear.

– En el DIC no aceptamos casualidades -replicó Rebus.

– ¿Quiere eso decir que a veces se ven relaciones donde no las hay?

– Todo guarda relación, Todd. Se llama seis grados de diferencia. Pensaba que un vende-Biblias lo sabría.

– Yo no he vendido una Biblia en mi vida.

– Deberías probar… es un buen modo de desahogarse.

– Bueno, chicos, ya está bien -terció Clarke-. ¿Quieres que hablemos con ese Bakewell? -preguntó a Rebus.

– Tal como están las cosas, es para sospechar de todo el Parlamento -dijo Goodyear.

– ¿Qué quieres decir? -preguntó Rebus.

Le explicaron lo que habían hecho por la mañana: lo del proyecto de Roddy Denholm y de la grabación de los debates del comité de rehabilitación urbana. En apoyo de lo expuesto, Goodyear alzó en la mano una caja con cintas de grabación digital.

– Si tuviéramos un reproductor… -dijo.

– Nos van a enviar uno de Howdenhall -le recordó Clarke.

– Serán horas y horas de entretenimiento -musitó él, colocando los pequeños casetes en fila y de canto en la mesa, como si fueran fichas de dominó.

– Creo que se desvanece el encanto del DIC -comentó Rebus.

– Podría ser -replicó ella dando un golpe en la mesa que hizo caer los casetes.

– ¿Crees que habría que hablar con Megan MacFarlane? -preguntó Rebus.

– ¿Por qué?

– Porque probablemente conocía a Riordan. Es curioso que esté relacionada con las dos víctimas…

Clarke asintió con la cabeza sin estar convencida del todo.

– Este caso es un verdadero campo minado -dijo al fin con un gruñido, volviendo a la pared con los datos de la investigación. Rebus advirtió en ese momento que habían añadido la foto de Charles Riordan.

– ¿Será el mismo asesino?-preguntó.

– Se lo preguntaré al velador de espiritismo -replicó ella.

– Delante de los niños, no -dijo Rebus en broma. Goodyear vio un envoltorio de galletas en el suelo y lo echó a la papelera.

– Hay empleados de la limpieza, Todd -espetó Rebus, y se volvió hacia Siobhan Clarke-: ¿Un asesino o dos?

– No lo sé.

– Bastante aproximado. La respuesta adecuada sería «da igual». Lo que cuenta en esta fase es que manejamos la hipótesis de que las dos muertes guardan relación.

Ella asintió con la cabeza.

– Macrae querrá ampliar el equipo con refuerzos.

– Cuantos más seamos, más divertido.

Pero cuando vio que clavaba en él la mirada, la notó insegura. Nunca había dirigido una investigación. En la muerte del G8 del año anterior habían indagado con discreción para que no trascendiera a la prensa, pero en cuanto los periodistas se enteraran de que investigaban un doble asesinato, querrían incluirlo en la primera página exigiendo que se activaran las pesquisas y se resolviera rápido.

– Macrae querrá que se encargue un inspector jefe -dijo Clarke.

A Rebus le habría gustado que no estuviera allí Goodyear para haberlo discutido libremente con ella. Negó con la cabeza.

1 ... 41 42 43 44 45 46 47 48 49 ... 95
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)