Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » La música del Adiós
La música del Adiós - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La música del Adiós

Электронная книга - «La música del Adiós». Краткое содержание книги:

Otoño, Edimburgo, hacia el final de la carrera del inspector John Rebus, que intenta cerrar alguno de los casos pendientes antes de jubilarse, cuando aparece muerto joven poeta ruso, al parecer a causa de un atraco que ha salido mal. Como por casualidad, una delegación comercial rusa que intenta de hacer negocios en Escocia visita la ciudad, y políticos y banqueros se muestran decididos a que el caso sea rápidamente cerrado y sin ambigüedades. Pero cuanto más indagan Rebus y su colega, la sargento Siobhan Clarke, más convencidos están de que no se trata de una simple agresión; más aún al producirse un segundo y repugnante homicidio.
Simultáneamente, la brutal agresión a un gángster de Edimburgo sitúa a Rebus bajo sospecha. ¿Ha llevado el inspector Rebus demasiado lejos su intervención en la solución de los casos? A escasos días de jubilarse de su magnífica carrera, ¿se habrá liado Rebus la manta a la cabeza?
Intensa y emocionante, La Música del adiós no es sólo el colofón agridulce de los años de servicio del inspector John Rebus, es una incisiva reflexión sobre el poder, el dinero y el crimen en un país en venta al mejor postor.
1 ... 42 43 44 45 46 47 48 49 50 ... 95
Перейти на страницу:

– Defiende tus planes -dijo-. Si tienes pensado alguien para que se incorpore al equipo, díselo. Así tendrás la gente que tú quieras.

– Ya tengo la gente que quiero.

– Guau, qué amable. Pero lo que el público necesita oír es que hay veinticuatro policías recorriendo el páramo y siguiendo el rastro del malo. Sólo cinco de Homicidios de Gayfield Square no tiene garra.

– Bastaron cinco para Enid Blyton -comentó Clarke con una sonrisita.

– Y también bastaron para Scooby Doo -añadió Goodyear.

– Si cuentas al perro -puntualizó Clarke, y añadió, dirigiéndose a Rebus-: Bien, ¿a quién incordio primero, a Macrae, a MacFarlane o a Jim Bakewell?

– Haz triplete -dijo él. En ese momento sonó el teléfono de su mesa y lo cogió-. Inspector Rebus -frunció los labios, lanzó un par de gruñidos a su interlocutor y volvió a colgar de golpe-. Los jefes piden una víctima propiciatoria -dijo levantándose.

* * *

James Corbyn, director de la policía de Lothian and Borders, esperaba a Rebus en su despacho de la segunda planta de Jefatura en Fettes Avenue. Corbyn, con más de cuarenta años, lucía pelo negro con peinado a raya y un rostro reluciente recién afeitado y friccionado con loción. La gente generalmente se fijaba mucho en el aspecto del jefe de policía para no mirar la gran mancha de su mejilla derecha. Los agentes habían advertido que cuando aparecía en la televisión siempre estaba situado a la derecha de la pantalla para que no se le viera el otro perfil. Había incluso discusiones sobre si la mancha recordaba la costa de Fife o la cabeza de un terrier. Su anterior apodo de Pantalones Planchados había cedido ante el más distintivo de Hombre de la Mancha, que a Rebus se le antojaba el de un malhechor de tebeo. Él sólo había estado en su despacho en tres o cuatro ocasiones y nunca (de momento) para que le diera unas palmaditas en la espalda o le estrechara la mano para felicitarle. Y lo que le habían dicho por teléfono no apuntaba a que la situación fuese a cambiar.

– Pase, pase -dijo el propio Corbyn tras entreabrir la puerta y asomar la cabeza.

Cuando Rebus se levantó del sillón del pasillo y empujó la puerta para entrar, Corbyn ya estaba situado tras su gran e impoluto escritorio. Había un hombre sentado frente al director de la Policía. Era grande, calvo y con rostro mofletudo y rosado por la hipertensión. Se irguió lo justo para dar la mano a Rebus, presentándose como sir Michael Addison.

– Su hijastra se mueve rápido -dijo Rebus al banquero, que tampoco había sido moroso y se había presentado en Fettes menos de hora y media después de la conversación de Rebus con Gill Morgan-. Da gusto tener amigos.

– Gill me lo ha contado todo -dijo Addison-. Al parecer se ha juntado con mala gente, pero de eso nos ocuparemos su madre y yo.

– ¿Así que su madre lo sabe? -pinchó Rebus.

– Esperamos que no sea necesario…

– Para que no vuelva a la bebida -apostilló Rebus.

El banquero acusó sorpresa y Corbyn aprovechó el silencio.

– Escuche, John, no entiendo qué espera presionando sobre ese asunto.

Que le llamara por su nombre de pila quería indicar que los tres eran del mismo bando.

– ¿A qué asunto se refiere, señor? -replicó Rebus, disidente.

– Bueno, ya sabe. Las jóvenes son proclives… la verdad es que a Gill le ha entrado miedo.

– ¿De perder al proveedor, quizá? -dijo Rebus como considerándolo y volviéndose hacia Addison-. La amiga se llama Nancy Sievewright, por cierto. ¿Usted la conoce?

– En absoluto.

– Pero sí uno de sus colegas, un tal Roger Anderson, que, por lo visto, es incapaz de apartarse de ella.

– Conozco a Roger -confesó Addison-. Él estaba en el lugar en que apareció el cadáver de ese poeta.

– Descubierto por Nancy Sievewright -dijo Rebus marcando las palabras.

– ¿Y en qué afecta todo esto a Gill? -terció Corbyn.

– En que mintió en una investigación de homicidio.

– Pero ya le ha dicho la verdad -replicó Corbyn-. ¿No le basta?

– Pues no, señor. ¿Y el nombre de Stuart Janney? -preguntó dirigiéndose a Addison.

– ¿Y bien?

– Trabaja también para usted.

– Trabaja para el banco, no para mí personalmente.

– Y se pasa el día pegado a los diputados del Partido Escocés tratando de proteger a rusos de dudosa reputación.

– Un momento -dijo Addison, cuyo rostro mofletudo y rosado se congestionó, haciendo resaltar en el cuello un sarpullido del afeitado.

– Acabo de comentar con mis colegas -prosiguió Rebus-, el modo en que todo se relaciona. En un país del tamaño de Escocia y una ciudad pequeña como Edimburgo, se empieza a ver todo claro. Su banco espera hacer buenos negocios con los rusos, ¿verdad? Tal vez encuentre un hueco en su apretada agenda para una partida de golf con ellos en Gleneagles. Y Stuart Janney se encarga de que todo ande sobre ruedas…

– No veo realmente qué es lo que tiene que ver mi hijastra con todo esto.

– Que tal vez sea algo embarazoso si resulta que está implicada en el homicidio de Todorov… por mucho que usted trate de distanciarla del caso. Y apunta directamente a usted, a la dirección del banco. Por lo que supongo que a Andropov y a sus amigos no les hará mucha gracia.

Corbyn dio con el puño en la mesa con los ojos como carbones encendidos. Addison, tembloroso, comenzó a incorporarse.

– Ha sido un error -dijo-. Lamento haber tratado de impedir que esto afectara demasiado a Gill.

– Michael… -exclamó Corbyn, pero no supo dar fin a la frase.

– He advertido que su hijastra no ha adoptado su apellido, señor -añadió Rebus-. Lo que no impide que le pida favores, ¿no es cierto? Y vive en un precioso piso del banco, ¿verdad?

El abrigo y la bufanda de Addison estaban en un colgador de la puerta, y a ella se encaminó.

– Sólo apelo a un poco de decoro -dijo casi para sus adentros el banquero, que había metido un brazo en una manga y no lo lograba en la otra; pero era tanto su deseo de irse que salió del despacho con el abrigo a rastras. La puerta quedó abierta. Rebus y Corbyn se miraron cara a cara.

– No ha salido mal la cosa -comentó Rebus.

– Es usted un imbécil, Rebus.

– ¿Dónde fue a parar el «John»? ¿Teme que le suba la hipoteca por inquina?

– Es un buen hombre, y un amigo -espetó Corbyn.

– Y su hijastra, una mentirosa que consume drogas -replicó Rebus encogiéndose de hombros-. Como suele decirse, uno no elige su familia, pero puede elegir sus amistades… pero es que los amigos de ese banco también son un poco raros.

– ¡El First Albannach es una de las mejores entidades económicas que tiene este país! -vociferó de nuevo Corbyn.

– Eso no quiere decir que sean íntegros.

– Sí, claro, supongo que el «íntegro» es sólo usted -replicó Corbyn con una risa seca-. Dios, qué descaro.

– ¿Desea alguna cosa más, señor? ¿Le ha pedido tal vez un vecino que el DIC centre sus escasos recursos en la investigación del robo de un gnomo de jardín?

– Una última cosa -dijo Corbyn, que había vuelto a sentarse-. Usted… es… historia -añadió espaciando las palabras.

– Gracias por recordármelo.

– Lo digo en serio. Sé que le quedan tres días para jubilarse, pero los va a pasar suspendido de servicio.

Rebus le miró con dureza.

– ¿No le parece un tanto ruin y patético, señor?

– Pues le va a gustar el resto -dijo Corbyn suspirando hondo-. Si se le ocurre cruzar la puerta de Gayfield Square, rebajo de categoría a todos cuantos queden dentro de su radio de acción. No le digo más, Rebus, lárguese de aquí y vaya contando los días del calendario. Ha dejado de ser un policía de servicio y no volverá a serlo. Haga el favor de entregarme el carnet -añadió con la mano abierta.

1 ... 42 43 44 45 46 47 48 49 50 ... 95
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)