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Diosa Por Elección

Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:

Por fin, Shannon Parker se había reconciliado con la vida en el mundo mítico de Partholon. Amaba a su marido centauro y se había acostumbrado a su conexión con la diosa Epona y los beneficios que conllevaban ambas cosas. Casi había olvidado su antigua vida en la Tierra… sobre todo, cuando descubrió que estaba embarazada…
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
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Junto a mí, oí el tintineo de la risa de la diosa.

«Sientes la llamada de Beltane incluso ahora, ¿verdad, Amada?».

– Siento algo -dije-. Algo bueno.

La risa de Epona me produjo una inexplicable alegría. Yo seguí observando el claro con satisfacción. Junto al pequeño riachuelo, había una tienda muy grande, que parecía sacada de Las mil y una noches, y que estaba cerrada. La luz brillaba dentro, y le confería a la lona un brillo mágico. «Observa», me dijo la diosa mientras descendíamos y atravesábamos el techo de la tienda.

En el centro del espacio había un brasero de cobre en el que ardía una sola llama. El suelo estaba cubierto de ricas alfombras de lana. Los únicos muebles eran incontables cojines de terciopelo, todos teñidos del color de la sangre nueva.

– ¡He dicho que no lo voy a beber! -gritó una niña.

Sonreí al reconocer aquella voz. Era yo, o más bien Rhiannon, de adolescente. Yo hubiera reconocido aquel tono de listilla en cualquier parte.

– Pero, mi señora, la Elegida siempre bebe el vino de Epona antes del ritual de ascensión -le dijo una jovencísima Alanna, con su voz dulce, que sonaba agotada y preocupada. Alanna le tendía una copa, pero Rhiannon le dio un golpe y la tiró al suelo. El líquido rojo se derramó sobre la alfombra.

– Soy la Encarnación de la Diosa. Haré lo que quiera, y no quiero beber esa poción.

– Mi señora -dijo Alanna, intentando razonar con ella-. El vino de Epona hace que la ceremonia sea agradable para la Elegida. Por eso, Epona requiere que su Amada lo beba. La diosa sólo piensa en vos.

– ¡Ja! Epona piensa en su propio placer, y en controlarme.

– Mi señora, vos sois la Amada de Epona. Ella quiere que sigáis el mejor camino para vos misma -continuó Alanna, que obviamente, estaba consternada.

– Me niego. Prefiero conservar la lucidez. Ahora, déjame y que comience la ceremonia.

Rhiannon hizo un gesto altivo de despedida, y Alanna recogió la copa y salió, reticentemente, de la tienda.

La joven Rhiannon comenzó a pasearse, con movimientos nerviosos, de un lado a otro. Llevaba una túnica dorada que sólo tenía una abertura para la cabeza y dos agujeros para los brazos. Se ataba en el centro, pero cada vez que ella se movía, se abría vaporosamente y dejaba ver su cuerpo firme y desnudo.

– Ah, la juventud -murmuré.

De repente, Rhiannon se tapó los oídos con las manos, como una niña que no quería escuchar a sus padres.

– ¡No! ¡Sal de mi cabeza! ¡Nadie me dice lo que tengo que hacer! ¡Lo haré a mi manera, no a la tuya! -gritó.

Me di cuenta de que debía de estar gritándole a Epona, y miré a la figura que había a mi lado.

«Siempre obstinada», susurró la diosa con tristeza.

En aquel momento, se abrió la puerta de la tienda, y entró una figura asombrosa. Era un hombre alto, humano en todos los sentidos, salvo que sobre los hombros tenía la cabeza de un caballo.

– ¿Qué?

«No temas. Es un hombre humano. La cabeza es la del último semental que se apareó con mi yegua Elegida».

– ¿Se sacrifica al semental después? -pregunté, espantada. Recordaba al compañero de Epi.

La diosa respondió divertida.

«Se sacrifica de manera indolora cuando se vuelve anciano y enferma».

Yo suspiré de alivio y continué observando. Rhiannon había dejado de andar, y se había quitado las manos de los oídos cuando el hombre había entrado a la tienda. Él caminó decididamente hacia ella, pero Rhiannon dio dos pasos hacia atrás y se alejó de él. Aquello confundió al hombre, y se detuvo ante el fuego. Rhiannon y yo lo observamos. Tenía un cuerpo magnífico y una piel bronceada, y sólo llevaba un pequeño taparrabos para cubrir su desnudez.

– ¿Quién es? -le pregunté a Epona.

«El hombre fue elegido de mi guardia privada. Guiar a mi Elegida a la edad adulta es un gran honor».

Así que Rhiannon ascendía al poder a través de aquel ritual sexual. La miré de nuevo. No debía de tener ni dieciséis años, y por su falta de respuesta, debía de ser virgen todavía.

«Ha permanecido virgen, sí, como dicta la tradición», me dijo la diosa, anticipándose a mis preguntas, como siempre. «Por eso debería haber tomado la poción. Permite que se eleven los velos que hay entre los mundos. Yo entro en mi Elegida, y su paso a la edad adulta es placentero. Sin embargo, ella desobedeció mi voluntad, y debe pagar el precio».

El tono de voz de Epona no era duro, ni enjuiciador. Era de resignación, de tristeza, como si deseara que las cosas fueran de otra manera.

«A veces, cumplir la propia voluntad no es algo fácil de soportar».

Vi cómo el hombre de cabeza de semental se acercaba de nuevo hacia Rhiannon. Ella volvió a retroceder, tan deprisa que se tropezó con uno de los cojines. Al caer comenzó a gritar, pero con un movimiento veloz, él saltó a su lado y la atrapó entre sus brazos, girándose, de modo que cuando ella cayó, lo hizo sobre su pecho.

Su grito se transformó en un gruñido de desprecio.

– ¡No me toques! -le escupió.

En vez de obedecerla, él le rodeó los hombros con el brazo, la estrechó contra sí y la sujetó a su costado. Con la mano libre, le abrió la túnica dorada y comenzó a explorar las partes íntimas de su cuerpo suave y joven. Yo vi la expresión de espanto de Rhiannon cuando, sin querer, rozó la cara contra la cabeza embalsamada del caballo.

Estaba temblando, pero no de deseo.

– ¡Te ordeno que me sueltes! -dijo ella. Intentó que su voz sonara firme, pero el miedo que sentía hizo que sonara como si fuera incluso más joven.

El hombre le hizo caso omiso. En vez de dejar que escapara, se llevó la mano a sus piernas y se arrancó el cuero que cubría su impresionante erección.

– ¿Por qué no para? -pregunté yo, espantada.

«No puede. Ha tomado la poción de Cernunnos, y el espíritu del dios vive dentro de él. Debe aparearse con mi Elegida para asegurar la fertilidad de Partholon. Amada, tú sentiste la llamada del ritual cuando entramos en el claro. La ceremonia de ascensión de Rhiannon debería haber estado llena de placer y deseo, en vez de horror y dolor. No hay forma de detenerlo. Ni siquiera mi Elegida puede poner en peligro Beltane y la fertilidad de Partholon».

La violación continuó, y nuestros espíritus ascendieron a través del techo de la tienda, seguidos por los gritos de Rhiannon.

Flotamos en silencio muy por encima del bosque.

«Observa las consecuencias, Amada».

Mientras hablaba, la diosa agitó una mano ante nosotras, y el cielo comenzó a brillar y a ondularse como si alguien hubiera arrojado una piedra a la superficie de un lago. Cuando se aclaró, las imágenes se solidificaron y se movieron delante de nosotros.

– Es como una pantalla de cine -dije con reverencia.

«Observa», repitió la diosa.

Yo observé atentamente, mientras las escenas se sucedían contra el cielo nocturno. Rhiannon estaba creciendo, así que su aspecto maduró en la sucesión de imágenes, pero eso fue lo único que maduró. Todas las escenas eran de sexo con diferentes hombres y en diferentes posturas. El único factor común era que Rhiannon siempre permanecía fría y mantenía el control de la situación. Algunas veces, incluso paraba en mitad del acto y le ordenaba a su compañero que se marchara de su vista. Yo observé cómo se acostaba con incontables hombres, aunque era evidente que ella obtenía poco placer de las relaciones sexuales.

«No se permite sentir placer. El sexo es algo oscuro para Rhiannon, así que el amor, finalmente, también se ha convertido en oscuridad para ella».

Oscuridad. Era una descripción acertada. El tiempo pasó ante nuestros ojos y las aventuras sexuales de Rhiannon se hicieron más y más retorcidas. Parecía un reflejo de lo que le estaba sucediendo a su propia personalidad.

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