Diosa Por Elección
- Автор: Каст Филис Кристина
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
– Bueno, todavía me están dando una medicina que me atonta, pero aparte de eso, estoy bien.
En aquel momento, entró la enfermera para comprobar que su goteo intravenoso funcionaba bien. Nos saludó con un gesto de la cabeza, y yo le pregunté:
– ¿Ha pasado ya la doctora a visitar a mi padre?
– Sí, ha hecho la ronda temprano, esta mañana -dijo, mientras observaba el vendaje de la mano.
– La doctora me ha dicho que puedo irme a casa dentro de dos días -me dijo mi padre.
– Exactamente -dijo la enfermera-. Se está recuperando muy rápido. Vuelvo ahora mismo para darle su medicina -añadió, y se marchó.
– Creo que está nevando otra vez -me dijo en voz baja mi padre.
– Sí -respondí. Me senté al borde de la cama y Clint se acercó a mí.
– Nuada ya no está en el estanque, pero… -dijo apresuradamente, cuando mi padre iba a hablar otra vez-. Creemos que ya no es una amenaza para usted.
– ¿Por qué no?
– Rhiannon lo ha invocado -le expliqué yo-. La vi. Bueno, en realidad me puse en contacto con ella, y parece que está muy interesada en… eh… reunirse conmigo. Así que Clint y yo nos vamos a su casa del bosque. Creo que, entre los dos, podremos librarnos de Nuada.
– ¿Y después volverás a Partholon?
– Creo que sí. Por lo menos, eso es lo que pretendo.
La enfermera volvió a la habitación con una jeringuilla en la mano. La puso en la vía del brazo sano de mi padre y dijo:
– Esto le aliviará el dolor. Todavía está muy cansado.
Yo asentí.
– No vamos a tardar mucho. Sé que necesita descansar.
Ella se despidió y salió de la habitación.
– Bichito -me dijo mi padre-, prométeme que vas a tener cuidado. Esa criatura es muy peligrosa.
– Ya lo sé, papá. Te prometo que no me va a pasar nada. Creo que sé cómo acabar con Nuada. Tiene algo que ver con los árboles.
Mi padre asintió.
– Sí, sí. Los sauces te ayudaron la última vez.
– ¿Y cómo lo sabes, papá? ¿No estabas inconsciente?
– Lo sentí. Sentí que te estaban ayudando. Y Clint también.
Asentí, con la esperanza de que no me pidiera más detalles.
– Te voy a echar de menos, Bichito -me dijo, y me tomó de la mano-. Sé que tienes que volver, pero me apena mucho no poder conocer a mi nieta. ¡Eh! ¿Por qué no usas un poco de ese poder de los sueños para visitarme de vez en cuando? -preguntó; el sedante estaba haciendo efecto, y comenzaba a arrastrar las palabras al hablar.
– Lo haré, papá -le dije, dándole un suave beso en la frente.
En aquel momento, se me pasó por la cabeza que, si mi padre era capaz de sentir el poder de los árboles incluso cuando estaba inconsciente y a las puertas de la muerte, quizá yo pudiera comunicarme con él desde Partholon.
– He hablado con mamá Parker esta mañana. Viene para acá.
– Me alegro -dije con los ojos llenos de lágrimas-. Necesitas que te cuide.
– Sí. No cambiaría a mamá Parker por un cordero. Ni por dos corderos -dijo, y cerró los ojos.
– Adiós, papá. Te quiero -susurré, mientras me secaba las lágrimas. Volví a besarlo y me di la vuelta.
– ¡Hijo! -exclamó mi padre de repente.
– ¿Sí? -dijo Clint, inclinándose hacia él.
– Confío en ti. Protege a nuestra chica mientras esté aquí.
– Le doy mi palabra de que lo haré, señor -dijo Clint.
– Bien… -la palabra se convirtió en un ronquido.
Clint me siguió al pasillo.
– ¿Dónde hay un servicio de señoras? -le pregunté a una enfermera que pasaba por allí, sin poder dejar de llorar.
– Hay uno al lado de la sala de espera, querida. Por allí -dijo, y me dio unas palmaditas de consuelo en el hombro.
– Voy a sonarme la nariz y a lavarme la cara -le dije yo a Clint.
– Estaré en la sala de espera.
Como siempre, el baño del hospital estaba muy limpio, aunque el papel higiénico raspaba la nariz. Me eché agua fría en la cara, pero salí de allí con la nariz y los ojos enrojecidos.
– Tal vez mi padre tenga razón. A lo mejor puedo usar el poder de la diosa para visitarlo. Así que esto no es realmente un adiós. Averiguaré cómo puedo volver a verlo, aunque sea en sueños.
Volví a sonarme la nariz y erguí los hombros.
Clint estaba sentado frente a una televisión que tenía sintonizado un canal de noticias locales.
– ¿Mejor? -me preguntó con una mirada de preocupación.
Asentí.
– Lo siento, yo…
Entonces, en la pantalla apareció algo que me llamó la atención.
La periodista rubia tenía una sonrisa sarcástica. Por encima de su hombro apareció el logotipo de Playboy, y bajo él, un letrero en negro: Una profesora de Broken Arrow pasa de la enseñanza a la seducción.
– Oh, Dios mío -susurré.
– Bien, y ahora, las noticias locales son mucho más interesantes que el tiempo. El agente de la antigua profesora de Broken Arrow, Shannon Parker, ha anunciado esta mañana que su clienta, de treinta y cinco años, va a posar desnuda para Playboy. Y la noticia ya ha creado revuelo; parece que la ex profesora, que actualmente reside en Chicago, quiere que la sesión fotográfica se realice en su estado natal, Oklahoma.
El compañero de la presentadora hizo un comentario gracioso, y cambiaron a la sección de deportes. Yo me había mareado, así que tuve que sentarme en la silla más cercana.
– No irás a ponerte mala otra vez, ¿no? -me preguntó, Clint, con una expresión cautelosa.
– ¡Posar desnuda para Playboy! -exclamé, sacudiendo la cabeza-. El pobre papá se va a morir.
Me tapé la cara con las manos y me hundí en el asiento.
– Él sabe que no eres tú.
– Sí, pero nadie más lo sabrá -dije yo. De repente, me descubrí la cara y me erguí-. Va a ir al bosque sagrado, Clint. Quiere alejarte de mí, y cree que lo conseguirá haciéndose las fotos allí. El bosque sagrado es el lugar de poder… Ha convocado a Nuada allí, por si necesita un plan de apoyo. Esa bruja quiere deshacerse de mí. Seguramente querrá darme como comida a Nuada, como si yo fuera un regalo delicioso.
– En el bosque, ella está en su forma más poderosa.
– Y yo también. Además, tengo tres cosas que ella no tiene.
– ¿Cuáles?
– Primero, la experiencia. Yo ya he participado en la aniquilación de Nuada una vez. Y lo único que ha hecho ella es provocarlo con el sexo y la maldad. Segundo, el bosque me reconoce, y sabe que soy la Elegida de Epona. Y, tercero -añadí con una sorpresa-, te tengo a ti. Tu poder aumenta el mío, y ella no sabe cuánto. En realidad, me da la sensación de que me ha subestimado, lo cual es muy bueno para nosotros y muy malo para ella.
Me puse en pie y tomé de la mano a Clint.
– Vamos. Estoy harta de andar de puntillas a su sombra.
TERCERA PARTE
Capítulo 1
El viaje de vuelta al bosque fue agotador. Salimos de Broken Arrow un poco después de las nueve de la mañana, y seis horas después paramos en un pueblo sin nombre para repostar y para comer algo. Cuatro horas después, cuando el sol se estaba poniendo, por fin Clint tomó el giro para salir de la carretera y enfiló el sendero cubierto de nieve que llevaba a su cabaña.
– Nagi Road -susurré, mientras observaba la carretera por la ventanilla-. Los fantasmas de los muertos.
Tuve una sensación de tristeza, de soledad. Alcé la mano y la posé en el cristal.
– Yo recordaré -les murmuré a los espíritus.
– ¿Estás hablando con los fantasmas? -me preguntó Clint suavemente.
– Sí -respondí, y tomé nota de que debía pedirles a mis doncellas que realizaran unas libaciones en memoria de los guerreros indios.