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Diosa Por Elección

Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:

Por fin, Shannon Parker se había reconciliado con la vida en el mundo mítico de Partholon. Amaba a su marido centauro y se había acostumbrado a su conexión con la diosa Epona y los beneficios que conllevaban ambas cosas. Casi había olvidado su antigua vida en la Tierra… sobre todo, cuando descubrió que estaba embarazada…
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
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– ¡Vaya! ¡Qué frío!

Habíamos llegado. Bajé del Hummer y salí corriendo hacia la cabaña, me quité las botas junto a la puerta y seguí a Clint hacia la chimenea.

– No te preocupes. La cabaña sólo tarda unos minutos en calentarse -me dijo con una sonrisa. Cuando el fuego ardía alegremente en la chimenea, añadió-: ¿Por qué no buscas en el segundo cajón de mi cómoda algo de ropa para estar más cómoda que con esos vaqueros? Mientras, yo iré a preparar un par de sándwiches calientes de jamón y queso.

– Me parece un buen plan -respondí.

Oí los sonidos reconfortantes de la cocina mientras buscaba en su cajón. Toqué un jersey de algodón grueso y lo saqué. Olía a limpio y tenía un logotipo redondo en la pechera. Era un castor con sombrero que tenía unas cartas de baraja en una mano y un bastón en la otra. Alrededor de la insignia se leían las palabras Escuadrón de Combate Aéreo 125 Castores. En la espalda tenía un F-16, la silueta del estado de Oklahoma y otro castor tahúr, y debajo, las palabras Grupo de Combate de la Guardia Aérea 138 de Oklahoma.

Castores voladores. Hombres… Tuve que sacudir la cabeza. Sin embargo, no pude reprimir la sonrisa.

Me quité los vaqueros, el sujetador y la camisa y me puse el jersey de Clint, que era increíblemente suave y que me llegaba por las rodillas. Me remangué y entré en calcetines a la cocina.

– Mmm… huele muy bien -dije. El jamón se estaba friendo en una sartén-. ¿Puedo ayudarte?

Él me miró y sonrió al ver el jersey.

– Veo que has descubierto mi favorito.

– Oh… No quería ponerme tu favorito. Voy a buscar otro…

– Shhh -me dijo él-. Me gusta vértelo puesto.

Antes de que yo hubiera terminado de sonrojarme, él añadió:

– Venga, ayúdame. Haz una ensalada para los dos. Las cosas están en el cajón de la verdura, en el frigorífico.

Trabajamos en un silencio agradable, y pronto estuvimos comiendo una ensalada fresca y sándwiches calientes.

– Bueno, ¿y de veras tienes un plan para acabar con Nuada, o sólo estabas tranquilizando a tu padre?

– Era una mentira. No tengo ni idea de cómo matarlo. Mi padre necesitaba concentrarse en mejorar, no preocuparse por mí. Gracias por no delatarme.

Él me hizo un saludo marcial.

– Tú eres la Elegida. Yo sólo soy uno de tus subalternos y adoradores.

Yo ignoré su comentario, pero añadí:

– Y muy buen cocinero.

– Vaya, gracias, mi niña.

Con una floritura, comenzó a recoger los platos.

– Te ayudo -dije yo, pero se me escapó un bostezo.

– No, no sabes dónde colocar las cosas. Yo solo lo haré más rápidamente. Ve a la cama. Tu hija y tú necesitáis descansar.

Con eso, me echó de la cocina.

En realidad, me sentía agradecida. Aunque el reloj de la chimenea decía que no eran más que las ocho de la tarde, a mí me parecía más de la medianoche. Mi cuerpo anhelaba dormir. La enorme cama de Clint estaba llena de edredones, y yo me acurruqué bajo ellos.

Caliente y contenta, me tendí de costado y me quedé mirando el fuego de la chimenea. El peso familiar de mis párpados me resultó reconfortante, y me sumí en un sueño profundo.

Sean Connery y yo estábamos flotando en una balsa gigante con forma de corazón, en algún lugar del Caribe donde las aguas eran color azul turquesa. Yo estaba tomando un gran mojito y sólo llevaba una sonrisa y mi bronceado. Sean me estaba poniendo aceite perfumado de coco por la espalda, y susurrándome, con su atractivo acento escocés, cómo iba a disfrutar lamiéndolo…

Cuando de repente, me vi suspendida sobre la cabaña de Clint.

– Supongo que no podías esperar a que Sean terminara lo que había empezado -dije con un suspiro.

La diosa me ignoró y su voz resonó en mi mente:

«Amada, es hora de que veas las cosas que han ocurrido».

– ¿Qué cosas?

«La caída de Rhiannon», respondió la diosa en un tono triste.

– Tienes razón. Quiero saberlo.

Después de todo, Rhiannon era una parte de mí, en muchos sentidos. Me sentía obligada a entender por qué se había vuelto tan retorcida.

«Prepárate, Elegida. Recuerda que estoy a tu lado».

Aquello parecía un mal presagio, pero antes de que pudiera atemorizarme demasiado, comencé a flotar hacia arriba, hacia el cielo oscuro y sin estrellas. Subí y subí, atravesé las nubes preñadas de copos y salí al cielo nocturno, frío y silencioso. Había más estrellas de las que yo hubiera visto en mi vida, incluso en Partholon. Rápidamente, el cielo se abrió, y yo sentí que mi alma era succionada hacia la abertura. Entré en un túnel completamente oscuro, en el que sentí como si se me clavaran mil agujas heladas en el cuerpo. Intenté gritar, pero la negrura del túnel absorbía todos los sonidos. Tuve que sufrir aquella agonía en silencio.

Salí expelida hacia la calma de otro cielo nocturno.

Me encontré flotando sobre el Templo de Epona, y el aire perfumado de una noche cálida de primavera envolvió mi alma trémula con sus brazos amorosos. Mi terror desapareció, y respiré profundamente, reconfortada y relajada. Había una planta cuajada de lilas rodeando la fuente de aguas termales, y yo suspiré de placer al ver aquello por debajo de mí.

Entonces, pestañeé. Estaba confusa.

No recordaba que hubiera lilas junto a la fuente. Observé las murallas de mármol del templo. Había árboles ornamentales y una pradera llena de flores en la zona que se extendía más allá de las puertas del templo.

Antes no había nada de eso.

La sorpresa final fue ver la hiedra florecida que colgaba desde los muros del templo. Cuando el edificio era mío, no había nada de aquello. Mi templo era un lugar bello, sí, pero no estaba dedicado únicamente a adorar la belleza, sino que también era el templo de los guerreros. Como tal, debía estar preparado para la guerra. Aquel templo estaba preparado para dar una fiesta.

«La que fue mi Elegida antes que Rhiannon había envejecido».

Seguía oyendo la voz de Epona en la mente, pero en aquella ocasión, su presencia era más tangible que nunca. A mi lado, percibí un movimiento en el cielo. Volví la cabeza y me quedé sin aliento al ver a mi diosa. Era magnífica. Tenía una melena espesa de color rubio, como el trigo maduro, y le caía hasta los hombros ocultando en parte su rostro. Llevaba una túnica de lino del mismo color perla que el mármol de su templo, que flotaba como la gasa y se ceñía sensualmente a sus formas elegantes.

– ¡Oh! Diosa…

Incliné la cabeza con adoración. Nunca había visto a nadie como ella. Era la belleza esculpida desde tiempo inmemorial. Era lo que los artistas llevaban siglos intentando recrear. Estar en su presencia me había dejado sin palabras.

«La que fue mi Elegida antes que Rhiannon había envejecido», repitió ella. «Tenía una hija, pero como sucede algunas veces, la niña no mostró afinidad por entrar a mi servicio. Cuando murió, elegí a Rhiannon como Encarnación. Sin embargo, sólo era una niña que gateaba. Así que mis Sacerdotisas menores se ocuparon del templo hasta que mi joven Elegida creció. Ellas permitieron que crecieran las flores, y que el templo se convirtiera en menos de lo que yo quería que fuera. Sabía que mi Elegida devolvería las cosas a su estado idóneo cuando tuviera edad suficiente para ello. Lo que no sabía era que las Sacerdotisas que la cuidaron la mimaron tanto que la dañaron irreparablemente. Vamos a presenciar su ceremonia de ascensión».

La diosa agitó la mano, y la escena cambió. Nos vimos suspendidas sobre un precioso claro en el bosque que rodeaba el templo.

– Es el claro con los dos robles -dije.

«Sí, Amada. Es el Bosque Sagrado. Esta noche vamos a presenciar la celebración de Beltane, la estación siguiente a la primera menstruación de Rhiannon».

Había grandes hogueras por todo el borde del claro. Y alrededor de aquellas hogueras, había hombres y mujeres bailando y bebiendo, todos ellos ligeros de ropa, lo cual era típico de cualquier ceremonia que presidiera Rhiannon. Parecía que todo el mundo lo estaba pasando muy bien. La música se oía por el bosque, y yo me di cuenta de que mi corazón se aceleraba de impaciencia.

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