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Diosa Por Elección

Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:

Por fin, Shannon Parker se había reconciliado con la vida en el mundo mítico de Partholon. Amaba a su marido centauro y se había acostumbrado a su conexión con la diosa Epona y los beneficios que conllevaban ambas cosas. Casi había olvidado su antigua vida en la Tierra… sobre todo, cuando descubrió que estaba embarazada…
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
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Por desgracia, sabía hacia dónde iba.

– ¡Oh, Epona, no! Por favor, no me lleves allí otra vez…

«Paciencia, Amada».

– Pero si ya sé que Nuada ha salido del estanque, porque está nevando otra vez. ¿De veras tengo que verlo de nuevo?

«No tienes que ver a Nuada, Elegida, pero vas a presenciar su liberación».

Aquello me intrigó. Mi espíritu tomó una velocidad vertiginosa, y pronto vi el horizonte de Chicago. Me dirigí hacia el lago Michigan, y bruscamente, torcí hacia la derecha. Pronto vi luces suaves y árboles.

– Grant Park -dije con una sonrisa, al recordar un viaje maravilloso que había hecho a Chicago con un grupo de amigas de la universidad.

Nunca había visto el parque de noche, y a medida que descendía a través de la cúpula de ramas desnudas de los árboles, me quedé asombrada de lo agreste que parecía. Era imposible que hubiera estado en mitad de Chicago unos minutos antes. El parque estaba oscuro y silencioso. Silencioso de una manera antinatural.

– ¡Ven!

Aquella orden atravesó la quietud como el restallido de un látigo, y me asustó.

Reconocí la voz al instante, y me preparé para lo que me esperaba. Estaba flotando a unos siete metros del suelo. Avancé de nuevo, y me detuve junto a un grupo de magníficos robles, en mitad de un pequeño claro. En el centro de aquel claro había una hoguera. Alguien había dibujado un círculo a su alrededor, con algo que derretía la nieve.

Debía de ser sal.

La hoguera no era grande, pero tenía algo raro. Al principio no entendía qué. Después me di cuenta de que las llamas parpadeaban mucho, como si las estuviera sacudiendo un viento fuerte. Sin embargo, no corría ni una brizna de brisa. La nieve caía recta desde el cielo.

Entonces, Rhiannon salió de entre las sombras y entró en aquel círculo. Llevaba un abrigo de piel muy largo, y de repente, abrió los brazos y lo dejó caer.

Estaba completamente desnuda; ni siquiera llevaba zapatos. A mí se me escapó un jadeo de sorpresa, pero ahogué el sonido. Instintivamente, supe que Epona no quería que revelara mi presencia en aquella ocasión. Sin embargo, no hubiera tenido que preocuparse. Rhiannon estaba concentrada en otra cosa.

Comenzó a bailar lentamente, siempre dentro del círculo. Onduló el cuerpo seductoramente, y yo reconocí aquel estilo de danza sensual, porque era el mismo que había visto cuando Terpsícore había bailado en mi ceremonia de matrimonio con ClanFintan. Era evidente que Rhiannon estaba representando una danza de cortejo para excitar a quienes la miraban. Sin embargo, allí no había nadie.

Su ritmo incrementó, y ella se pasó las manos por todo el cuerpo, de manera provocativa.

– ¡Ven! -repitió.

Entonces, entró una segunda figura al claro, y yo hice un gesto de disgusto. Era Bres. Él también estaba desnudo, y era evidente que Rhiannon le resultaba muy atractiva.

Cuando apareció, los árboles del claro susurraron, como si sus ramas hubieran temblado. Después, el claro entero quedó en silencio. Era evidente que Rhiannon estaba haciendo magia, pero sin la ayuda de los árboles. Ellos no le hablaban.

Rhiannon se acercó, contoneándose, hasta Bres. Él tenía algo en la mano; cuando se movió, la luz del fuego arrancó brillos a la hoja de un puñal.

¿Qué demonios…?

Rhiannon tomó el cuchillo y se arrodilló ante Bres. Tomó su miembro endurecido con una mano y, con la otra, le hizo un corte superficial por toda la longitud del pene. La sangre brotó al instante.

Yo me encogí de espanto, pero Bres no se movió. Sólo tembló de impaciencia y gimió. Tenía los ojos firmemente cerrados.

La herida que había surgido por el corte estaba goteando sangre sobre la nieve.

– ¡Ven! Usando el conocimiento de la oscuridad antigua -dijo Rhiannon, en un tono sexual y ronroneante-, te he despertado. Te he llamado de la muerte. Ahora, con este sirviente del dolor y del placer de Pryderi, con su sangre y su simiente, te lo ordeno, Nuada. ¡Te convoco al lugar de poder!

A mí se me encogió el estómago de náuseas cuando Rhiannon bajó la cabeza, tomó el pene escarlata de Bres en la boca y comenzó a succionar rítmicamente.

«Ya has visto suficiente de esta perversión».

La voz de Epona me atravesó la mente, y me alejé a toda velocidad de aquel claro corrupto.

Me incorporé de golpe. La televisión estaba sin sonido, y las formas azules del canal del tiempo proyectaban sombras extrañas sobre el bulto que había a mi lado.

– Rhiannon está invocando a Nuada -dije, mientras apartaba de golpe las mantas. Entré al baño y me llené un vaso de agua-. Y está valiéndose de poderes oscuros para ello.

– ¿Qué ocurre, Shannon? -me preguntó Clint, pasándose una mano por la cara para quitarse el sueño de los ojos.

– Lo he visto. Está invocándolo. Y está usando el poder de Pryderi a través de Bres. Ella es la que ha traído a Nuada aquí, y no es de extrañar que él esté obsesionado conmigo. Cree que yo soy la que lo desea. Hay una cosa de la que podemos estar seguros: después del encantamiento, o de lo que sea, él no se va a quedar por aquí molestando a mi padre.

– ¿Has podido ver dónde estaba?

– Estaba en Chicago, en Grant Park. Bres estaba con ella. No te puedes creer lo que hizo Rhiannon.

– Sí, me lo creo -dijo él en tono sombrío, y yo me pregunté qué sería lo que había tenido que experimentar con Rhiannon. Entonces, decidí que no quería saberlo nunca.

– Al principio, parecía que Rhiannon estaba llamando a Nuada para que fuera con ella, pero después lo convocó en un lugar de poder… creo que eso es lo que dijo.

– En el bosque sagrado -dijo Clint con seguridad-. Cree que estamos allí. Ella sabe que no me gusta salir del bosque, y tú le dejaste bien claro que estamos juntos.

Asentí, intentando pasar por alto el doble significado de sus palabras. Bostecé forzadamente y dije:

– Bueno, será mejor que nos durmamos de nuevo, porque mañana nos espera un viaje largo y difícil.

Me acurruqué en mi lado de la cama y cerré los ojos.

Él se levantó a apagar la televisión, y después, volvió a acostarse.

– Buenas noches, mi niña.

– Buenas noches -susurré.

Capítulo 12

Cuando sonó la llamada del servicio despertador del hotel, a las ocho de la mañana, yo miré medio adormilada a mi alrededor y me aparté el pelo revuelto de la cara. Entonces vi a Clint. Salía del baño completamente vestido y arreglado, con energía, y me entregó una taza de té humeante.

– Gracias -murmuré.

Di un sorbito a la infusión y lo observé mientras encendía la televisión. Dijeron que había empezado a nevar otra vez. Qué sorpresa.

Clint se sentó con algo de rigidez en la única silla que había en la habitación.

– ¿Llevas mucho rato despierto? -le pregunté.

– Un rato.

Quise preguntarle qué tal estaba de la espalda, pero aquella mañana, su actitud era distante. Era evidente que se había refugiado en su cueva. Sentí una punzada de dolor por la cercanía que habíamos perdido, pero en realidad, aquello era positivo. Yo iba a marcharme pronto, y Clint tenía que dejar de pensar que estaba enamorado de mí (y yo de él, me susurró mi propia mente).

– Estaré lista enseguida -dije alegremente, mientras me levantaba de la cama y me dirigía al baño.

Compramos un buen desayuno y nos lo tomamos en el coche. Después fuimos al hospital, y llegamos a la habitación de mi padre cuando él también acababa de desayunar. Estaba un poco incorporado en la cama, con el brazo apoyado a un lado, algo rígido. Al vernos, sonrió. Todavía tenía los ojos un poco apagados, pero tenía mucho mejor color.

– ¿Qué tal estáis vosotros dos? -dijo con su voz grave.

– Bien, papá. Hemos venido a verte para asegurarnos de que no estás ligando mucho con las enfermeras -dije, y le di un beso. Me sentí contenta porque ya estaba mucho mejor.

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