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Электронная книга - «Bailando Al Anochecer». Краткое содержание книги:

Lady Arabella Blydon está decidida a descubrir los más oscuros secretos de Lord John Blackwood, incluso si ello significa ignorar todas las advertencias para que desista. Marcado por la guerra, tanto en el cuerpo como en el alma, John sabe que él jamás podrá ser lo suficientemente bueno para esta bella mujer, pero Belle no descansará hasta que él retorne a la luz y la alegría de la vida?. Y gane un lugar en su corazón para siempre.
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Su erecta virilidad discrepó de sus palabras, pero John dijo, "No hay nada que prefiera más hacer. "

Tan sólo la tenía en sus brazos unos segundos cuando escucharon un horrible ruido.

La voz de Persephone.

Entonces sonó una llamada en la puerta. "Oh, ¿Belle? " se oyó, en un teatral susurro. "¿Belle? "

Belle fulminó la puerta con una mirada. "¿Persephone?"

"¿Puedo entrar un momento?"

El pánico la atenazó. "Uh, ¡un minuto!" Gracias a Dios la puerta estaba cerrada. "¡Escóndete!" siseó a John.

"Lo intento," le respondió él, con otro siseo. Saltó de la cama, maldiciendo el frío aire nocturno. Recogió su ropa en una brazada, rogando no haber olvidado nada, y se dirigió a trompicones hacia el armario.

Belle agarró su bata, se cubrió, y fue hacia la puerta. Giró la llave y la abrió, maravillándose de que sus temblorosas piernas que la mantuvieran erguida. "Buenas noches, Persephone."

"Siento molestarte, pero no podía dormir, y sabía que habías ido hoy a la librería. Me preguntaba si podrías prestarme algo para leer."

"Por supuesto." Belle se precipitó al interior de la habitación y tomó algunos libros. "Es todo poesía, pero es a lo que iba a dedicar la noche."

Persephone se percató de las piernas desnudas de Belle que se entreveían bajo su bata y dijo, "¿No llevas puesto camisón?”

Belle se sonrojó y en silencio agradeció que la oscuridad de la noche ocultara su vergüenza. "Tenía calor. "

"No puedo imaginar por qué. La ventana está abierta de par en par. Pillaras un enfriamiento. "

"No creo." Belle empujó los libros a los brazos de Persephone.

"Gracias." Persephone arrugó la nariz y olisqueó el aire. "¿Qué olor es ese? Es de lo más peculiar. "

Belle rezó para que el consabido estado de doncellez de Persephone fuera cierto ya que la habitación estaba perfumada con los aromas del acto sexual. Tan solo podía esperar que no reconociera el olor. "Umm, me parece que viene del exterior. "

"Bien, no puedo imaginar qué es, pero deberías acordarte de cerrar la ventana antes de irte a dormir. Y si lo deseas podría prestarte un poco de mi perfume de esencia de violetas. Estoy segura de que el olor desaparecerá si rocías un poco de perfume por la habitación."

"Quizás por la mañana." Belle hizo un gesto en dirección a la puerta.

"Buenas noches, entonces. Te veré por la mañana."

"Buenas noches." Belle cerró la puerta rápidamente, apoyando la espalda contra ella con un suspiro.

La puerta del armario se abrió de golpe. John surgió a través de ella, la parte superior de su cuerpo enredado en los vestidos de Belle. "Dios bendito, mujer, tienes demasiados vestidos. "

Belle no le hizo caso. "Estaba muy asustada."

"Y yo me he sentido como un condenado estúpido. Te lo advierto, no voy a aguantar así mucho más tiempo." Embutió su pierna herida bruscamente en los pantalones.

"¿No? " preguntó Belle débilmente.

"No mucho más. Soy un hombre adulto. Luché en una maldita guerra, casi pierdo una pierna, jugué en el mercado de valores durante cinco años y acumule dinero suficiente para comprar una maldita casa. ¿Crees que me gusta tener que ir escondiéndome en armarios? "

Belle no creyó que fuera necesaria una respuesta.

"Bien, no me gusta. No me gusta esto en absoluto." Se sentó en una silla cercana para poder meter su pierna buena en los pantalones. Belle conjeturó que su pierna herida no era lo bastante fuerte para sostenerlo sobre ella demasiado tiempo.

"Y te diré algo más," añadió él, luchando por mantener a raya su irritación. "En lo que a mi respecta, tú eres mía. ¿Entiendes eso? Y no me gusta que me hagan sentir como un ladrón por disfrutar de lo que es el mío."

"¿Qué vas a hacer? "

Él agarró su camisa. "Voy a casarme contigo ya. Y luego voy a llevarte de vuelta a Bletchford Manor y a meterte en mi cama y te mantendré allí durante una semana. Todo ello sin necesidad de preocuparme de que la señorita Melocotones entre sin permiso en cualquier momento para arruinarme el humor."

"Realmente necesitas encontrar un nuevo nombre para tu casa. "

"Nuestra casa," la corrigió, frunciendo el ceño ante su tentativa de cambiar de tema. "Y he estado demasiado ocupado persiguiéndote para dedicarle un momento al tema."

"Yo te ayudaré." Belle sonrió. Él la amaba. Puede que no lo hubiera dicho con palabras, pero estaba allí mismo, en sus ojos.

"Bien. Ahora si me perdonas, tengo que saltar otra vez por tu ventana, deslizarme hasta el suelo por un árbol, regresar a casa de Damien, y tratar de dormir algo. Y después de eso, tengo que pensar cómo conseguir una licencia especial. "

“¿Una licencia especial? "

"No estoy dispuesto a soportar estas tonterías más tiempo del imprescindible. Con un poco de suerte estaremos casados para el fin de semana."

"¿El fin de semana? " repitió Belle. "¿Estás loco? No puedo casarme esta semana. Ni siquiera puedo comprometerme oficialmente hasta que mis padres regresen."

John gimió mientras se agachaba para coger sus botas y pronunció una maldición completamente desconocida para Belle. "¿Cuándo tardaran en regresar? " le preguntó, en voz muy baja.

"No estoy segura."

"¿Te sería posible hacer una estimación? "

"No más de un par de semanas, supongo." Belle se abstuvo de señalar que tendrían que esperar al menos un mes o dos después de que sus padres volvieran antes de que pudieran casarse. Su madre insistiría en una gran boda. De eso estaba segura.

John maldijo otra vez. "Si no están en casa en una quincena Alex puede entregarte. O dile a tu hermano que venga de Oxford. Me da igual. "

"Pero… "

"Sin peros. Si tus padres hacen alguna pregunta, puedes decirles simplemente que tuvimos que casarnos. "

Belle tragó en seco y asintió. ¿Qué más podía hacer? "Te quie… " Perdió el valor, y el resto de la frase quedó en su lengua.

Él se giró. "¿Sí? "

"Nada. Ten cuidado al bajar el árbol. Está bastante alto. "

"Tres plantas, para ser exactos. "

Su sonrisa torcida era contagiosa, y Belle sintió como las comisuras de su boca se curvaban mientras lo seguía hacia la ventana.

Él se inclinó y murmuró, "Un beso de despedida." Sus labios acariciaron los suyos en una última y apasionada caricia.

Belle apenas tuvo tiempo de devolverle el beso antes de que él se alejara, se pusiera los guantes, y desapareciera hacia el exterior. Ella se precipitó hacia la ventana y miró afuera, contemplándolo con una sonrisa mientras descendía el árbol.

"Podría haber salido por la puerta," refunfuñó para si misma. "La habitación de Persephone está en el otro extremo de la casa." Oh bueno, era más divertido de esta forma, y seguramente mucho más romántico. Mientras no se rompiera su tonto cuello al descender. Belle se asomó un poco más por la ventana y suspiró aliviada cuando vio que sus pies tocaban tierra. Él se agachó un poco para frotarse la rodilla herida, y ella se estremeció compasivamente.

Lo miró hasta que desapareció de su vista, apoyada contra el alféizar con una expresión soñadora en su cara. Londres podía ser muy hermoso en algunas ocasiones, reflexionó. Como ahora, con sus calles desiertas, y…

Un movimiento atrajo su atención. ¿Era un hombre? Era difícil decirlo. Por un momento se preguntó que podría estar haciendo alguien vagando ahí fuera y a pie a estas horas de la noche.

Se le escapó una risita. Tal vez todos los caballeros de Londres habían decidido practicar un poco de cortejo poco convencional esa noche.

Suspirando, cerró la ventana y regresó a la cama para acostarse. Sólo cuando ya estaba acurrucada bajo su edredón recordó que él no había conseguido su liberación. Sonrió irónicamente. No era extraño que estuviera tan raro.

* * *

John regresó a casa de su hermano con una mano puesta sobre su arma durante todo el camino. Últimamente, Londres estaba cada vez más peligroso, y uno nunca era demasiado cuidado. De todos modos, no había querido dejar un carruaje parado frente a casa de Belle. Alguien podría haberlo visto, y no quiso que fuera pasto de algún malicioso rumor. Además, tan solo lo separaban unas cuantas manzana de la casa de Damien. Parecía como si todos los integrantes de la Temporada vivieran apiñados en una diminuta parcela de Londres. Dudaba de que la mayor parte de ellos supieran siquiera que la ciudad se extendía más allá de Grosvenor Square.

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