Diosa Por Elección
- Автор: Каст Филис Кристина
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
Mi padre debía de haber hablado un poco.
– ¿Puedo verlo?
– Está sedado y agotado a causa de la hipotermia, así que ahora está dormido -nos dijo la doctora. Después se sacó un papel del bolsillo y me lo entregó.
– Su padre me pidió que le diera este número de teléfono, y que le dijera que llame a su vecino para que dé de comer a los animales. Y quería que le dijera que no vayan a su casa. Parecía que estaba muy preocupado por si tenían algún tipo de accidente allí.
– Gracias, doctora. Por favor, ¿podría decirles a las enfermeras que tranquilicen a mi padre, y que le expliquen que Clint y yo vamos a quedarnos en un hotel de la ciudad? Después llamaré al mostrador de enfermeras y les daré el número del hotel.
– Muy bien. Su padre estará muy bien mañana, podrá levantarse con normalidad -nos dijo, y asintió amablemente para despedirse-. Conduzcan con cuidado.
– Gracias, doctora -dijo Clint, y tomó el número de teléfono de mi mano-. Hay un teléfono junto a la máquina de café. Voy a llamar al vecino…
– Seguramente, se refiere a Max Smith -dije yo.
– Al señor Smith, entonces, para decirle lo que ha pasado. Es decir, una versión edulcorada de lo que ha ocurrido.
– Te espero aquí -dije yo.
Él asintió y yo me permití el lujo de mirar la figura fuerte de su cuerpo mientras se alejaba. Hombros anchos, cintura estrecha, trasero prieto, piernas largas y fuertes.
Clint miró hacia atrás y me sorprendió observándolo.
– ¿Querías algo, mi niña? -me preguntó con una sonrisa.
– No, sólo estaba, eh… pensando -tartamudeé.
Me ruboricé y me di la vuelta. Él se alejó riéndose por el pasillo.
Volvió en pocos minutos, convenció a una enfermera para que le diera el número directo de la Unidad de Cuidados Intensivos y después me levantó de la silla por el codo. Antes de que yo tuviera tiempo de sentir frío, me había colocado en el asiento del pasajero del Hummer y estábamos en la carretera.
– ¿Por dónde se va al hotel más cercano? -me preguntó, mientras ajustaba la calefacción.
– Supongo que tú no sabrás lo que pasó con mi piso, ¿verdad?
Pensé que si Rhiannon no lo había vendido, podríamos quedarnos allí. Yo siempre dejaba una llave escondida fuera, así que entrar no sería un problema. Con melancolía, pensé que pasar la noche en mi casa sería lo más fácil.
– Eh… fue unas de las primeras cosas que encargó a su magnate del petróleo. Si no recuerdo mal, él lo vendió muy rápidamente.
– Qué maldita bruja -susurré yo-. Ve hacia el norte, y justo antes de llegar a la autopista, encontraremos un par de hoteles.
Clint asintió y el Hummer siguió recorriendo la carretera helada. Yo me quedé callada y dejé que se concentrara en el corto trayecto. Las calles estaban desiertas, y las farolas emitían halos de luz fantasmal.
Cuando llegamos al hotel Luxury Inn, Clint se bajó y entró hacia la recepción. Sin embargo, volvió al poco tiempo y me dijo que estaba completo. Así pues, continuamos nuestro camino hasta el hotel siguiente, el Best Western, situado en Kenosha. Allí les quedaba una habitación libre en el tercer piso. Cuando entramos, percibí el olor a moqueta limpia y a madera nueva. Estaba decorada con gusto, en colores azules y beige, y con un papel floral en las paredes. La cama estaba cubierta por una colcha gruesa que tenía aspecto de agradable y suave.
Era una enorme cama doble.
Me di cuenta de que ambos nos habíamos quedado, en la entrada, azorados, así que caminé decididamente hacia la ventana y descorrí las cortinas para mirar la vista. Nuestra habitación estaba en la parte posterior del hotel, y desde allí sólo veía árboles cubiertos de nieve. Yo sabía que más allá había una autopista, pero era imposible ver tanto sin que los faros de los coches iluminaran la oscuridad.
Sentí una punzada familiar, que me indicó que la idea que se me estaba ocurriendo era cosa de Epona. Aquello hizo que olvidara temporalmente la única cama de la habitación y las dudas sobre cómo íbamos a dormir.
– Eh, ¿por qué no empezamos a llamarla ahora? -le pregunté a Clint.
– ¿A Rhiannon?
– Claro. Mira, el hotel está rodeado de árboles. No son ancianos, pero están situados de manera muy parecida a los sauces del estanque de mi padre. Yo obtuve poder de ellos porque estaban muy cerca. Quizá pueda hacerlo aquí también, y sobre todo, si tú me ayudas.
– Creo que estás demasiado cansada como para hacer eso. Hoy te has agotado.
– Tendré cuidado. No voy a correr ningún riesgo. Será sólo algo como echarle un cebo, para ver si muerde.
– No me gusta la idea, Shannon.
– Podría hacerlo sin ti -le dije, y vi que él apretaba los dientes con un gesto que yo había empezado a reconocer. Era la señal de que comenzaba a estar enfadado-. Pero no quiero hacerlo sin ti. Por favor, ayúdame.
– De acuerdo -me respondió él con reticencia-. Pero vamos a hacerlo rápidamente. Si no la encontramos enseguida, pararemos y no volveremos a intentarlo hasta que estemos de nuevo en el bosque.
– Te lo prometo.
Le estreché la mano y tiré de él hacia la puerta. Sabía que cumplir aquella promesa no sería difícil. Epona era la que estaba detrás de aquella idea, y con la diosa apoyándonos, íbamos a tener éxito.
Fuimos silenciosamente al terreno de la parte de atrás del edificio. Allí, la nieve estaba intacta, y tenía un brillo casi mágico. No soplaba el viento, y la noche estaba muy silenciosa.
Clint hizo una señal en dirección a la fila de árboles más altos, y nos dirigimos hacia allí. Cuando llegamos, me di cuenta de que eran mucho más grandes de lo que me habían parecido en un principio.
– También son perales -dijo Clint.
– Bien. Me gustó el que había fuera del hospital.
– Muy bien -dijo él, y se quitó los guantes-. Hagamos lo mismo que hicimos en el bosque. Vamos a concentrarnos en Rhiannon y en su aura.
Posó las manos sobre la corteza del tronco y me hizo una seña para que yo lo imitara al otro lado del árbol. Después inclinó la cabeza y su preciosa aura azul comenzó a brillar suavemente.
– Espera -suspiré-. No sé cómo es el aura de Rhiannon.
Alzó la cabeza, y respondió con una sonrisa. El aura de Rhiannon era exactamente igual que la mía.
– Es plateada, como si alguien hubiera derretido una luna llena en un cubo de mercurio. Y el borde es de color púrpura, como el de las ciruelas maduras.
– Eso es muy poético, Clint -respondí, intentando disimular lo conmovida que me había dejado su descripción de mi aura.
– Sólo describo lo que veo, mi niña -respondió él suavemente, lo cual no ayudó a calmarme el aleteo del corazón.
Posé las manos sobre el árbol. Inmediatamente, la corteza tembló y yo sentí calor.
«¡La Amada de Epona!».
– Hola, pequeño -dije yo con una sonrisa, y con los ojos cerrados-. Necesito tu ayuda.
«Estoy aquí para ayudarte, Amada».
– Muchas gracias. También necesitaré la ayuda de los hermanos que te rodean.
«Aquí estamos, Amada».
Su respuesta fue como el eco de un secreto.
Muy bien. Adelante.
Primero me imaginé la magnífica aura azul de Clint, con su borde dorado. Pensé en la fuerza que había sentido dentro de aquella aura, la fuerza que él tenía por dentro. Pensé en su bondad y su lealtad. Con los ojos cerrados, vi los latidos de su aura, y vi cómo vacilaba hacia mí, esperando a que yo la usara. De repente, entendí cómo podía hacerlo. Tomé aire, y con aquella respiración, lo acepté y tiré de su fuerza hacia mi interior. El aura de Clint me llenó hasta que sentí un cosquilleo en la piel. Tuve ganas de abrir los ojos y gritar de alegría, pero sabía que no podía hacerlo. Me concentré en el árbol, y sentí claramente el poder verde y vibrante del peral. Después seguí su tronco hacia las ramas superiores, y desde allí dije: -Ayudadme, hermanos…