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Diosa Por Elección

Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:

Por fin, Shannon Parker se había reconciliado con la vida en el mundo mítico de Partholon. Amaba a su marido centauro y se había acostumbrado a su conexión con la diosa Epona y los beneficios que conllevaban ambas cosas. Casi había olvidado su antigua vida en la Tierra… sobre todo, cuando descubrió que estaba embarazada…
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
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– Gracias, muchas gracias -dijo el enfermero, y con una expresión de exasperación, le puso la inyección a mi padre.

En aquel momento, apareció la cirujana, la doctora Athena Mason. Era una mujer atractiva de mediana edad cuya voz y actitud infundían confianza. Tenía el cuadro de resultados de mi padre, y después de saludarnos, examinó la mano herida. Mi padre asintió, y ella me contó cuál era la situación.

– Su padre ha sufrido un daño grave en los nervios de la mano. Con la cirugía, probablemente recuperará el ochenta por ciento de la movilidad. Sin la operación, no podrá sujetar objetos ni tendrá sensibilidad por debajo de la muñeca. Él y yo hemos llegado a la conclusión de que el mejor tratamiento es la cirugía.

– ¿Y estará bien? -pregunté yo, un poco mareada.

– Sí -ella me sonrió para darme seguridad-. Puedo operarlo inmediatamente. Si esperan fuera, prepararemos a su padre. Los llamaré para que entren de nuevo antes de llevarlo al quirófano.

Yo le di a mi padre un beso rápido y salí con Clint a la sala de espera. Nos acercamos a la máquina de café y sacamos un té. Al poco rato, se acercó una enfermera y nos avisó de que podíamos entrar a ver a mi padre.

– Gracias -le dije.

Una enfermera vestida para entrar al quirófano estaba sacando la camilla de mi padre al pasillo. Se detuvo.

– La doctora está esperando -nos dijo.

Yo asentí y, rápidamente, le di un beso a mi padre en la frente. Tenía muchos tubos clavados en diversos lugares. Le habían puesto una especie de tienda de campaña diminuta alrededor de la mano, como si fuera un cuerpo muerto que había que ocultar. Aquel pensamiento me asustó. Intenté sonreír alegremente.

– Todo va a salir muy bien, papá. No te preocupes por nada.

– Hola, Bichito. Esta morfina me ha puesto muy tonto -me dijo, arrastrando adorablemente las palabras-. Creo que he estado flirteando con esa enfermera -añadió, y soltó una risita.

Yo me eché a reír y le besé la mejilla.

– Ahora ya sé por qué no querías morfina.

– Exacto -dijo él, y miró a Clint-. Cuida de nuestra chica, hijo.

– Sí, señor.

– Oh, y no te preocupes por mamá Parker. La he llamado. Su cuñado le está poniendo las cadenas en el Buick. Llegará antes de que estos carceleros me suelten.

– Se va a enfadar contigo -le dije con una sonrisa.

– Lo sé -me respondió.

– Ya es la hora, señor Parker -dijo la enfermera, y continuó empujando la camilla.

– Te quiero, papá.

– Yo también te quiero, Bichito.

Las puertas del ascensor que subía al quirófano se cerraron silenciosamente. Clint me siguió mientras yo caminaba hacia la sala de espera con desánimo. Miré el reloj, y me di cuenta, con asombro, de que había pasado el mediodía.

La enfermera de Urgencias estaba en su mostrador.

– La doctora ha dicho que seguramente su padre estará en quirófano unas dos horas.

Yo le di las gracias.

– Creo que tengo hambre -le dije a Clint.

Él asintió.

– Seguramente te vendrá bien comer algo.

– Pero no quiero comida de hospital -respondí yo con la nariz arrugada.

La enfermera intervino.

– Hay un Arby al final de esta calle, y está abierto pese a la nevada. Todo un turno de personal nos quedamos aquí atrapados cuando cambió el tiempo, y en el restaurante están cocinando como locos -añadió, encogiéndose de hombros-. A las enfermeras tampoco nos gusta la comida de hospital.

– Un Arby está muy bien -respondió Clint-. Muchas gracias.

– ¿Quiere que le traigamos algo? -me ofrecí yo.

– Oh, no. Ya hemos ido -dijo la enfermera. Después cerró la ventanilla y se despidió de nosotros agitando la mano a través del cristal.

Yo tomé del brazo a Clint y salimos a la calle. El Hummer estaba en el aparcamiento de Urgencias. Su motor arrancó y rugió como el de un coche de carreras. A los pocos minutos estábamos en el Arby, y antes de salir del coche, me volví hacia Clint y le di un beso en la mejilla. Él me abrazó y me besó la cabeza antes de soltarme.

– Vamos. Las dos tenéis que comer.

Capítulo 10

– No hay nada como un sándwich gigante del Arby con extra de salsa, una ración de patatas fritas grande y una Pepsi light.

De vuelta a la sala de espera del hospital, yo chasqueé con la lengua con agrado y sorbí por la pajita las últimas gotas de líquido.

– Ahora que ya no tengo tantas ganas de vomitar, la comida me sabe muy bien.

Clint me miró divertido.

– Madre mía, ¡sí que comes!

Yo me di unas palmaditas en el estómago y asentí.

– Sí, comemos mucho.

– ¿Te sientes mejor?

– Asombrosamente mejor -dije con una sonrisa.

– ¿Y estás preparada para hablar de nuestro plan?

– ¿Tenemos plan? -pregunté, sorprendida.

– Si no lo tenemos, deberíamos.

– Bueno, sé lo que no quiero hacer.

– Es tan buen lugar para empezar como cualquier otro. Vamos a decidir lo que no queremos hacer y planearemos desde ahí -dijo.

Su tono era de militar a cargo de la operación, y yo le di las gracias a mi diosa de que uno de los dos supiera lo que estaba haciendo.

– No quiero volver a casa de mi padre -dije en voz baja-. No podría soportar acercarme al estanque de nuevo.

– Estoy de acuerdo. No sería seguro, aunque estén los árboles para ayudarte. Son poderosos, sí, pero para matar a Nuada necesitas el poder que sólo pueden transmitirte los ancianos robles del corazón del bosque sagrado.

– Si es que se le puede matar. Se supone que está muerto.

– Entonces, tenemos que enviarlo de vuelta a la oscuridad.

Hablaba con una confianza que yo no sentía. Y sin querer, no dejaba de preguntarme cómo encajaba el dios Pryderi en todo aquello. Luchar contra Nuada resucitado ya era horrible. Luchar contra un maligno dios antiguo podría ser…

– Debemos encontrar a Rhiannon y conseguir que nos diga qué demonios está pasando.

– Quieres decir qué demonios ha hecho -me corrigió Clint.

Asentí.

– ¿No te dejó un número de teléfono, ni una dirección donde dar con ella?

– Lo intentó, pero yo no lo acepté. No quería tener que volver a verla. Había dejado una mancha de suciedad en todos los lugares de mi vida que había tomado. Necesitaba estar limpio de ella.

– ¡Eso es…! -dije, dándome una palmada en la frente-. ¿Cómo no lo había pensado antes? No necesitamos el teléfono de Rhiannon, porque ella está conectada conmigo. ¿No recuerdas que dijiste que ella y yo tenemos las mismas auras? Seguramente, tú solo podrías llamarla con ayuda del bosque sagrado, pero imagínate qué tipo de mensaje podríamos enviarle los dos juntos con el bosque.

– Sería algo que no podría ignorar -respondió Clint con una sonrisa.

– Y si pasa por alto nuestra primera invitación, seguiremos invitándola, e invitándola, e invitándola…

– Se va a enfadar mucho. Lo verá como un reto.

– Muy bien. Eso es, en realidad.

Miré el reloj. Eran más de las cinco de la tarde. Fuera, el cielo se había oscurecido por completo. De nuevo, la noche. Al recordar el viaje largo que nos esperaba hasta el bosque, suspiré de cansancio.

– Esta noche no -dijo Clint, leyéndome el pensamiento-. Vamos a esperar hasta mañana. Nos aseguraremos de que tu padre está bien y de que tu madrastra está de camino. Y viajaremos durante el día.

Poco después, la doctora Mason apareció en la sala de espera.

– Su padre ha salido perfectamente de la operación. Había más daños de los que yo había pensado al principio, por eso hemos tardado más de lo que esperaba.

– ¿Pero podrá usar la mano de nuevo?

– Le llevará varios meses de rehabilitación, pero sí, podrá entrenar a sus caballos de carreras y manejar el heno.

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