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Diosa Por Elección

Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:

Por fin, Shannon Parker se había reconciliado con la vida en el mundo mítico de Partholon. Amaba a su marido centauro y se había acostumbrado a su conexión con la diosa Epona y los beneficios que conllevaban ambas cosas. Casi había olvidado su antigua vida en la Tierra… sobre todo, cuando descubrió que estaba embarazada…
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
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Abrí los ojos. Había un rayo de luz blanca, plateada y pura, que salía de mis manos. Aquel relámpago se dirigió hacia Clint, y cuando lo recibió, el hielo que había bajo sus pies comenzó a relucir con una luminiscencia sobrenatural, que se extendía con cada uno de sus pasos. El resplandor que rodeaba a Clint hizo que la oscuridad que había alrededor de la grieta del hielo fuera mucho más evidente, más obscena.

Una ola pasó por encima de la cabeza de mi padre, y él desapareció bajo la superficie.

Clint reaccionó al instante.

– ¡Más, Shannon! -gritó.

Yo me sentí como si me arrancaran el alma. Apreté los dientes y presioné la espalda contra el tronco del árbol.

– ¡Soy la Elegida de Epona, y necesito vuestro poder!

En aquella ocasión no susurré, sino que grité, y la respuesta fue rápida. Me llegó en forma de columna brillante, que salió de mis manos y envolvió a Clint de un modo que hizo resplandecer con tanta intensidad su aura de zafiro que tuve que parpadear.

La mano ensangrentada de mi padre era lo único que se veía por encima del agua. Clint se agarró a ella, y el fuego azul se extendió por todo su brazo hacia el agua, encendiendo una llama etérea. Salió un grito de agonía desde las profundidades del estanque, y de repente, el cuerpo de mi padre fue vomitado de la superficie oscura. El aura azul de Clint se expandió para abarcar a mi padre.

Yo quería correr hacia ellos para ayudar a Clint a arrastrar a mi padre a tierra firme, pero Clint debió de sentir que el poder que yo le transmitía se debilitaba, porque se volvió hacia mí y me gritó:

– ¡Quédate ahí! Sigue enviándome poder. Yo me ocuparé de tu padre.

Obedecí, intentando mantenerme concentrada en ser un conducto de aquella energía antigua, y Clint se arrodilló junto a mi padre, que estaba inmóvil, y comenzó la reanimación para una víctima de ahogamiento.

Mi padre no había estado mucho tiempo bajo el agua, pero a mí se me nubló la visión por las lágrimas mientras esperaba. Me parecía que pasaba una eternidad antes de que mi padre tosiera, y después vomitara bocanadas de agua del estanque. En cuanto comenzó a respirar por sí mismo, Clint se lo echó al hombro con un movimiento suave. Después caminó hacia mí desde el estanque, tambaleándose bajo el peso considerable de la forma inerte de mi padre.

– ¡Tenemos que llevarlo al médico, Shannon! ¡Vamos! -me dijo con la voz ahogada.

Rápidamente, yo le acaricié el tronco al sauce.

– Gracias por salvarle la vida -le dije.

«Ha sido un verdadero placer, Amada de Epona». La respuesta fue un suave eco que resonó en mi mente mientras yo seguía a Clint.

Sin dudarlo, tomé la mano libre de Clint para transmitirle fuerza y calor. Mi palma ardió cuando la energía pasó de él a mí.

– No -jadeó él. Estaba muy pálido, y tenía una expresión de dolor-. Guárdala para él. Yo estoy bien.

Yo lo solté, de mala gana, y ambos volvimos al establo.

Los tres perros que habían sobrevivido estaban callados y quietos cuando entramos. Clint dejó a mi padre, con sumo cuidado, sobre una pila de heno. Le envolvió la mano con mi bufanda, y para cuando yo volví del cuarto de arreos con unas cuantas gualdrapas, él ya le había quitado el abrigo y el jersey mojados.

– Tápalo y habla con él mientras traigo el Hummer. Ahora es el momento de que compartas el poder curativo de los árboles.

Yo asentí, y comencé a tapar a mi padre con las mantas. Sentí terror al ver que tenía la piel de un color gris azulado, y que estaba inmóvil. Le tomé la mano sana, y me concentré en transmitirle todo el calor que el sauce me había regalado. Noté el cosquilleo caliente en la palma.

– Papá, ¿me oyes? -con el borde de una de las mantas, comencé a secarle el pelo-. Por favor, papá, tienes que despertarte.

Le temblaron los párpados, y por fin, abrió los ojos. Sin embargo, tenía una mirada rara, vidriosa.

– ¡Papá!

– ¿Bichito? -preguntó, con un hilo de voz.

– Soy yo. Estás bien.

– ¿Y los cachorros?

Yo negué con la cabeza.

– No se pudo hacer nada.

– Mamá Parker se va a disgustar mucho.

Cerró los ojos de nuevo, y yo le apreté la mano frenéticamente para que no se desvaneciera. Él me devolvió la presión, y yo recuperé el aliento.

– Ahora te creo -me susurró-. Creo lo de Partholon. Te creo.

Oí el rugido del Hummer. Clint apareció un instante después y volvió a cargar con mi padre sobre su hombro. Lo tendió en el asiento trasero del vehículo, con un gesto de dolor, y me habló con una autoridad calmada.

– Shannon, ve detrás con él. Sigue transmitiéndole toda la energía que puedas, pero no te debilites tú misma como hiciste en el bosque sagrado. Ya no tendrás muchas oportunidades de recargarte.

– ¿Y tú?

– Ya nos preocuparemos por mí más tarde.

Se sentó tras el volante y me dijo:

– Agárrate, va a ser un viaje rápido.

Clint arrancó el motor, giró el volante y se dirigió rápidamente hacia la carretera.

– ¿Qué tal está la mano? -me dijo después de unos segundos, mirándome por el espejo retrovisor.

Mi padre tenía posada la mano herida sobre el pecho. Yo estaba sentada a su derecha, así que me incliné hacia él.

– Deja que te vea, papá.

Él emitió un gruñido de dolor, pero me lo permitió. Tenía la bufanda empapada en sangre, que ya estaba goteando sobre las gualdrapas.

– Sigue sangrando -le dije a Clint.

– Toma -me dijo, quitándose la bufanda del cuello-, envuélvele la herida con esto y presiónasela. Tiene un corte profundo.

– Lo siento, esto te va a doler -le dije a mi padre. Después le envolví la mano, até la bufanda y apreté con fuerza, transmitiéndole más calor. Mi padre cerró los ojos.

– ¡Mierda! -dijo entre dientes-. Era mejor cuando no la sentía.

– Por lo menos tu voz suena mejor.

– Sí, y voy a emplearla para soltar una retahila de juramentos. Esa maldita cosa estaba ahí. Era parte del estanque.

– Lo sé. Aquí no está completamente formado, como estaba en Partholon. Su cuerpo es más líquido y tenebroso.

– Es malvado. Lo sentí.

Yo asentí y seguí concentrada en transmitirle la energía a mi padre.

De repente, quiso incorporarse, y yo tuve que sujetarlo para que se estuviera quieto.

– ¡Esa cosa sigue ahí, con el resto de los animales!

– Señor -dijo Clint rápidamente-, lo hemos detenido, al menos temporalmente. Y no creo que Nuada quiera atacar a un animal a menos que éste tenga valor para una persona. Se sirvió de los cachorros para atraerlo a usted. Ahora que nos hemos ido, no tiene motivo para perseguir a los animales.

Mi padre se relajó un poco.

– Tiene un objetivo -le dije yo-. En este momento está centrado en toda la gente a la que quiero.

Mi padre asintió.

– Tiene sentido, si es que alguna cosa de todo este embrollo tiene sentido -dijo, mientras le castañeteaban los dientes-. ¿Cómo pudo creer esa cosa que tú lo llamaste para que viniera aquí?

– No lo sé, yo no… A menos que lo haya llamado otra persona.

Clint me miró por el espejo retrovisor y asintió, comprendiéndolo todo al mismo tiempo que yo.

– Lo llamó Rhiannon -dije.

– ¿Y por qué ha hecho eso?

– Es mala, papá. Bres, su seguidor, practicaba la magia negra. Me lo dijo Alanna. Y ClanFintan me habló de un horrible dios maligno, y de cómo la gente del Castillo de la Guardia había empezado a adorarlo. Tal vez Rhiannon se abriera al mismo mal sin entender de verdad las consecuencias. Tal vez ni siquiera fuera ésa su intención, pero lo que estuviera haciendo despertó a Nuada de entre los muertos. Tú dices que ella intentaba que la ayudaras, ¿no?

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