Diosa Por Elección
- Автор: Каст Филис Кристина
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
– ¿Y cuál es la conclusión?
– Que subestimé a Rhiannon, cosa que no va a volver a suceder.
– Y eso no es todo, papá -dije yo, y mi padre me miró de nuevo-. ¿Te acuerdas de esas fuerzas malignas que atacaron Partholon? Su líder, Nuada, o su espíritu, o lo que sea… está vivo. Y está aquí. Él provocó la muerte de Suzanna anoche.
– Explícame eso, Shannon.
– Nuada estuvo aquí anoche. Hizo que un coche atropellara a Suzanna y… -en aquel punto, se me quebró la voz, y tuve que tomar aire-. Pareció un accidente, pero Clint sintió su presencia, y sabemos que hizo algo con el coche. Y, papá, creo que va a venir aquí.
– ¿Aquí? ¿Por qué?
– Está obsesionado conmigo. Cree que soy yo quien lo llamó de entre los muertos. Yo no lo hice. No quiero tener nada que ver con él, por supuesto. Creo que su resurrección ha tenido algo que ver con un dios oscuro de Partholon. Y ha jurado que mataría a todos mis seres queridos de este mundo.
– Ya lo habías visto matar a mi reflejo en Partholon.
Asentí, conteniendo las lágrimas.
– Epona me ha advertido que este tiempo antinatural se debe a que Nuada está liberado en este mundo. La diosa dice que debo detenerlo… antes de volver.
– ¿De volver? -mi padre irguió la espalda-. Sé que te has encariñado con algunas de esas personas, pero ésta es tu casa, Shannon. Es tu sitio. Ya encontraremos la manera de enviar a Rhiannon de vuelta a su casa, para que se ocupe de sus responsabilidades.
– Papá, tengo que volver, y no sólo porque me necesiten. Quiero a ClanFintan.
– Bueno, ¿no me has dicho que Clint es su reflejo?
Yo asentí. Mi padre miró a Clint.
– Pues hasta un ciego se daría cuenta de que te quiere. ¿No es así, hijo?
– Sí, señor -respondió Clint.
– Y, por cómo os estabais besando en la cocina hace un rato, creo que tú también sientes algo por él, ¿no?
– Eso no tiene nada que ver, papá -respondí yo, ruborizándome.
– A mí me parece que sí. A mí me parece que tenemos que matar a ese tal Nuada y enviar a Rhiannon a su mundo de nuevo. Y tú tienes que quedarte aquí.
– Estoy embarazada, papá.
– ¿Eh?
– ¿Qué?
Los dos hombres hablaron a la vez. Yo suspiré.
– Estoy embarazada de ClanFintan. Tengo que volver.
Capítulo 8
– ¡Demonios, Shannon! -gritó Clint mientras se levantaba de la silla. Se alejó un par de pasos, como si quisiera darle un golpe a algo.
– ¿Estás segura de que estás embarazada, Bichito? -me preguntó mi padre con la voz ronca.
– Sí, papá.
– ¿Del centauro?
– Sí.
– ¿Y vas a tener sitio ahí dentro para todo eso? -me preguntó, mirándome fijamente.
– ClanFintan me ha dicho que voy a tener un bebé humano. Pero -añadí con una sonrisa-, dice que será muy buen jinete.
– ¿Eso dijo? -preguntó mi padre con una carcajada.
– Eso, y que él nació para quererme.
– Tienes que volver, Bichito. Ese niño necesita a su padre -me dijo entonces, mirándome con tristeza.
– Es una niña.
– ¿Cómo lo sabes?
– La Elegida de Epona siempre tiene una niña en primer lugar -le expliqué.
– Tu diosa y yo estamos de acuerdo en una cosa.
– ¿En qué?
Me cubrió la mano con la suya, curtida de trabajar.
– En que las hijas son regalos de los dioses -dijo. Los dos tuvimos que parpadear, con los ojos llenos de lágrimas. Después, él se levantó-. Tengo cosas que hacer. Os dejaré solos durante un rato, pero después me vendría bien que me ayudarais a llevar la comida a los animales, así que no tardéis mucho -dijo, y miró a Clint-. Esto cambia las cosas, hijo.
– Lo sé, señor -respondió Clint.
Mi padre asintió y después salió por la puerta de la cocina, que llevaba al garaje. Sin embargo, al instante volvió y miró fijamente a Clint.
– Ya sé por qué me resulta tan familiar tu cara -dijo, sacudiendo la cabeza-. Eres ese coronel del Ejército del Aire cuyo F-16 se estropeó justo por encima de Tulsa, y que se quedó en el aparato lo suficiente como para impedir que se estrellara en la ciudad y cayera en el río Arkansas. La historia salió en todos los periódicos. ¿No te acuerdas, Shannon? Fue hace unos cinco años.
Yo asentí y parpadeé como una boba. Me acordaba, pero no había reconocido a Clint.
Mi padre lo miró con las cejas arqueadas.
– Dijeron que por haber esperado tanto, fuiste eyectado demasiado tarde. Te rompiste la espalda, si mal no recuerdo.
– Recuerda bien -dijo Clint.
– Dijeron que fuiste un héroe.
– Sólo estaba haciendo mi trabajo.
Mi padre asintió con respeto.
– Hay botas altas en el armario. Antes de venir al establo, abrigaos bien. No quiero que mi nieta se enfríe.
Cerró la puerta de la cocina y me dejó a solas con Clint.
– Entonces, ése es el motivo por el que te duele la espalda -le dije.
– Sí.
– ¿Y te viene bien vivir en mitad del bosque?
– Sí. Es el único modo en el que puedo moverme. Cuanto más lejos estoy del bosque, más empeoro. Por eso no pude quedarme en Tulsa con Rhiannon cuando vino, y por eso no me di cuenta de lo que estaba haciendo hasta mucho después.
– ¿Y ahora estás bien, o necesitas volver al bosque hoy?
– Puedo tolerarlo durante unos días, porque las tierras de tu padre tienen árboles que me dan algo de alivio. Es en la ciudad donde me debilito rápidamente.
– Bueno, avísame. No quiero ser la causa de…
Él me interrumpió con más tristeza que enfado.
– Podías haberme dicho lo del bebé.
Me encogí de hombros.
– No representa ninguna diferencia. De todos modos, habría querido volver, aunque no estuviera embarazada. Lo he dicho para que mi padre lo entienda con más facilidad.
– Para mí también es más fácil comprenderlo, pero quiero que sepas una cosa. Todavía quiero que te quedes. Si por algún motivo no puedes volver o decides no hacerlo, yo te querría, y te desearía. A ti y a tu hija.
– Gracias, Clint. Lo recordaré.
Me tomó la mano y me dio un beso en la muñeca. Yo la aparté, de mala gana.
– Vamos a lavar los platos del desayuno para ir a ayudar a mi padre.
– De acuerdo.
Cuando terminamos el trabajo, salimos de la cocina y, en el garaje, nos pusimos unos abrigos viejos, gorros, guantes, bufandas y las botas de goma, altas y de suela gruesa. Abrimos la puerta del garaje y entramos a un mundo completamente blanco.
Seguía nevando. Aquella mañana eran unos copos cristalizados que caían sobre los montículos brillantes que ya lo cubrían todo. El viento de Oklahoma soplaba con fuerza, y era lo único que me resultaba familiar de aquel tiempo.
Nos acercamos al establo, cuya puerta estaba abierta, y comenzamos a escuchar los ladridos de los perros, que salieron y saltaron hacia nosotros, intentando no resbalarse en la superficie helada de la nieve. A cada pocos pasos, alguno de los cachorros rompía con una pata la capa dura y tenía que luchar por no hundirse en la nieve que amenazaba con envolverlo.
Yo me asomé al establo y dije:
– Vaya, papá, ¿no tenías sólo tres perros hace seis meses? Aquí cuento cinco, creo.
– Sí -respondió mi padre, que apareció en la puerta con un cubo de pienso en las manos-. Mamá Parker se enamoró de la cachorrita marrón y del cachorro plateado hace dos meses. Se llaman Fawnie Anne y Murphy.
Clint y yo atravesamos la nieve y entramos en el establo junto a los perros. El maravilloso olor a alfalfa me envolvió e inhalé profundamente el olor del heno mezclado con el de caballo. El establo era grande y estaba bien diseñado. Había ocho boxes ocupados por yeguas, potros y un par de caballos de carreras muy elegantes. En el otro lado había pilas de heno que llegaban al techo. Junto al heno estaba la habitación de los arreos, de la que provenía olor a grano y a cuero.