Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
La Fragancia De La Flor Del Café - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Fragancia De La Flor Del Café

Электронная книга - «La Fragancia De La Flor Del Café». Краткое содержание книги:

Brasil, año 1884. En el valle del río Paraíba, los terratenientes y sus familias llevan una vida lujosa y despreocupada gracias al trabajo de sus esclavos en las plantaciones de café. Vitória aspira a más, a mucho más. Vita, como todo el mundo la llama, es hija de uno de los más ricos «barones del café». Posee una belleza extraordinaria, es inteligente, hábil en los negocios, con un carácter fuerte e independiente, y es considerada el mejor partido del valle. Cuando Vita conoce a León Castro, un periodista atractivo y enigmático, su vida cambia. León es abolicionista y lucha fervientemente contra la esclavitud y por lo tanto contra los intereses de la familia de Vita. A pesar de estas diferencias insuperables se enamoran perdidamente. Desde un inicio su amor está marcado por desencuentros. Una y otra vez los caminos de Vita y León se cruzan y se separan, pero ni el tiempo ni los reveses de la fortuna pueden con su pasión.
Ante el trasfondo del paradisíaco valle del río Paraíba y del pintoresco emporio de Río de Janeiro, de la época dorada de las plantaciones de café y de su ruina después de la abolición de la esclavitud, tienen lugar la saga de una familia de hacenderos y la historia de un gran amor…
1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 142
Перейти на страницу:

– Vita, vayámonos de aquí -le había susurrado él.

¡Nada le gustaría más! Pero ¿cómo conseguirlo? Eufrasia estaba pegada a ellos como una lapa, y al ser la anfitriona, Vitória no podía desaparecer sin más. Pero entonces apareció Joana y les dio a Vitória y León un pretexto para abandonar la carpa.

– Tu madre te está buscando por todas partes.

– ¡Oh, la bella dona Alma! Vitória, ¿puedo acompañarla para saludar por fin a su señora madre? -preguntó León con hipocresía.

Y se marcharon mientras Eufrasia, a la que Joana había involucrado en una conversación sobre la última moda en peinados, los miraba con estupor.

En el pasillo entoldado que llevaba hasta la mansión, León cogió a Vitória de la mano y se salieron del camino marcado por antorchas. De la mano, se deslizaron por el patio, que en ese momento estaba desierto. A Vitória le parecía que sus pasos resonaban sobre el suelo de arena tanto que podrían oírse desde la casa. El corazón le latía con fuerza. Cuando llegaron al huerto de las hierbas aromáticas a su alrededor sólo había oscuridad. La luz de las antorchas no llegaba hasta allí, y la luna estaba cubierta por negras nubes de lluvia. El aire era bochornoso y olía a lluvia inminente y a naturaleza verde.

– Espero que no empiece a llover -dijo Vitória, y enseguida se sintió como una tonta.

– ¿De verdad quiere hablar conmigo del tiempo? Yo tenía una idea mejor. -Entonces soltó la mano de Vitória y se acercó a unas jardineras-. ¡Ah, justo a tiempo! -León sacó una botella de champán de detrás de una maceta-. No está muy frío, pero se puede beber.

Vitória le miró asombrada. ¡Había pensado en todo! Sacó dos copas como por arte de magia, descorchó la botella y le ofreció una copa.

– ¡Por la planta más fascinante del mundo!

– ¡Por el esclavo más asombroso del mundo!

Brindaron y se miraron fijamente a los ojos. Ninguno de los dos se atrevió a romper con palabras la magia de ese momento. Vitória fue la primera en retirar la mirada. Contempló la copa, luego se la bebió de un trago. León sonrió indulgente, pero no dijo nada. Ella le acercó la copa para que se la llenara. Él cumplió su deseo en silencio, sin perder su sonrisa de satisfacción.

– León…

Él sacudió la cabeza como si se sorprendiera del travieso comportamiento de un niño que interrumpe una conversación entre adultos, aunque sin provocar ningún tipo de enfado gracias a su actitud inocente. Dejó su copa en el suelo, cogió con ambas manos el antifaz de Vitória y se lo quitó cuidadosamente. Durante unos segundos pareció quedar hipnotizado por los ojos que se fijaron en él medio temerosos, medio provocadores.

– León…

– ¡Shsh!

Esta vez se puso el dedo delante de los labios para evitar que ella hablara. Luego se acercó y la besó.

¡Y de qué modo! Vitória sintió escalofríos cuando sus labios se juntaron. Cerró los ojos y se abandonó a su abrazo, a la fuerte presión de sus manos en su cintura y su espalda. Se abrazó a él como un náufrago y deseó que aquel momento fuera eterno. Ningún hombre la había besado jamás así, con ninguno había sentido la necesidad de abandonarse y dejarse llevar. A Vitória le temblaban las piernas. Nunca se había sentido tan débil y fuerte a la vez.

Sintió cómo la mano de León subía por su cuello para acariciar su pelo. Iba a destrozarle el peinado, pero daba igual. Sintió un hormigueo en el cuero cabelludo.

Vitória se soltó de pronto del abrazo. Había oído pasos.

– ¿Qué…?

Esta vez fue ella la que hizo un gesto para que no hablara. Escuchó atentamente, pero no se oía nada.

– Me pareció que venía alguien a hacernos compañía -le dijo a León en voz baja-. Será mejor que volvamos.

– ¡Qué cruel! Precisamente ahora quería probar sus deliciosos frutos.

– ¡Oh, todavía no es el momento de la recolección!

– A mí me ha parecido que ya estaban maduros.

Por suerte, en la oscuridad León no pudo ver cómo se sonrojaba Vitória.

– Pero le permito bailar luego conmigo. ¡Vamos!

– ¡Espere! -León agarró de la mano a Vitória, que quería irse-. Tengo un regalo para usted. -Metió la mano bajo su burda camisa y sacó una cadena de la que desprendió un colgante. Se lo dio a Vitória. Ella lo cogió sin decir nada e intentó reconocer en la oscuridad de qué se trataba.

– ¿Qué es esto?

– Mírelo luego a la luz. Quiero ver su cara cuando lo reconozca.

– Entonces démonos prisa. Me muero de curiosidad.

Vitória volvió corriendo, tan sigilosamente como habían ido antes. León la siguió en silencio. Cuando se acercaban a la casa oyeron los aplausos. ¡Oh, no, se habían perdido el anuncio oficial del compromiso de Pedro!

De vuelta en la fiesta, a Vitória le costaba todavía comprender lo que había vivido unos minutos antes. La inesperada intimidad entre León y ella le parecía un sueño. No le había visto durante meses, y de pronto aparecía y la besaba como si fuera la cosa más natural del mundo. Y quizás lo fuera. ¿Acaso no eran una pareja de enamorados desde hacía tiempo? ¿Cuántas veces había imaginado que él la cogía en sus musculosos brazos, que sus fuertes manos recorrían suavemente su piel, que su mirada la acariciaba de la cabeza a los pies? Aunque en sus fantasías, sus encuentros eran más tímidos. Se necesitaban muchas caricias robadas y alusiones sutiles antes de pensar realmente en otras intimidades, y muchas pequeñas señales de enamoramiento antes del primer beso.

Pero todo había sido distinto. Aunque a Vitória no le importaba. Si se hubiera comportado con ella de la manera habitual en otras circunstancias, hoy no habrían ido más allá de una leve caricia en la mano. Se veían tan poco, y tenían tan pocas oportunidades de estar solos, que León había hecho bien asaltándola por sorpresa.

La música, las innumerables personas con sus vistosos disfraces y la claridad de la luz devolvieron a Vitória a la realidad. Pedro y Joana habían abierto el baile, y otras parejas se iban animando poco a poco. Eduardo y dona Alma daban muy buena imagen como pareja de zares, y dona Alma parecía haberse curado milagrosamente de todos sus males en los brazos de su marido. Bailaba como una jovencita y se movía con gran soltura. El zar miraba a su zarina con tal arrebato que Vitória casi sintió vergüenza. ¿Cómo podían mostrar sus padres que estaban tan enamorados? No era propio de gente de su edad.

Se acercó a un grupo de gente en el que estaba Aaron. ¡El pobre, le había tenido imperdonablemente abandonado, mientras él la seguía toda la noche con su mirada!

– Aaron, por fin puedo dedicarme a usted. ¿Qué novedades hay en el Imperio del Centro?

– Pero, Vita, ¿no sabe que yo soy un chino de California? Jamás he visto el país natal de mis antepasados.

– ¡Qué tragedia!

– Pues sí. ¿Le gustaría bailar conmigo para hacerme olvidar mi triste desarraigo?

– Encantada.

Aaron no podía creerse su buena suerte. ¡Vitória le regalaba el favor del primer baile! La tomó de la mano y la llevó hasta la pista de baile. Hacían una pareja muy cómica, el chino con su larga trenza negra y el brillante arbusto de café, pero quedaban muy bien juntos. Aaron no era un bailarín nato, aunque seguía el ritmo y se mostraba seguro.

Vitória miraba continuamente a sus padres, que, por el contrario, no notaron su presencia. ¡Dios mío, si incluso parecía que iban a besarse!

Cuando la orquesta empezó a tocar una nueva pieza, Rogério se acercó a ellos.

– ¿Me permite? -le dijo a Aaron, y ocupó su lugar.

¡Oh, qué diferencia! En los brazos de Rogério se sintió ligera como una pluma, y él se movía a su alrededor con tanto ímpetu que no veía otra cosa que una interminable estela de colores entremezclados que giraba en torno a ella.

1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)