Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
La Fragancia De La Flor Del Café - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Fragancia De La Flor Del Café

Электронная книга - «La Fragancia De La Flor Del Café». Краткое содержание книги:

Brasil, año 1884. En el valle del río Paraíba, los terratenientes y sus familias llevan una vida lujosa y despreocupada gracias al trabajo de sus esclavos en las plantaciones de café. Vitória aspira a más, a mucho más. Vita, como todo el mundo la llama, es hija de uno de los más ricos «barones del café». Posee una belleza extraordinaria, es inteligente, hábil en los negocios, con un carácter fuerte e independiente, y es considerada el mejor partido del valle. Cuando Vita conoce a León Castro, un periodista atractivo y enigmático, su vida cambia. León es abolicionista y lucha fervientemente contra la esclavitud y por lo tanto contra los intereses de la familia de Vita. A pesar de estas diferencias insuperables se enamoran perdidamente. Desde un inicio su amor está marcado por desencuentros. Una y otra vez los caminos de Vita y León se cruzan y se separan, pero ni el tiempo ni los reveses de la fortuna pueden con su pasión.
Ante el trasfondo del paradisíaco valle del río Paraíba y del pintoresco emporio de Río de Janeiro, de la época dorada de las plantaciones de café y de su ruina después de la abolición de la esclavitud, tienen lugar la saga de una familia de hacenderos y la historia de un gran amor…
1 ... 36 37 38 39 40 41 42 43 44 ... 142
Перейти на страницу:

– ¿No hacen una pareja maravillosa? -le preguntó Eufrasia a Arnaldo, esperando que él la deslizara también a ella con tanto ímpetu por la pista de baile. Pero El Rey Sol había bebido demasiado y apenas le sostenían las piernas.

– Sí, como hechos el uno para el otro -contestó Florinda en su lugar. Estaba justo detrás de ellos y se escondía de los caballeros que podrían tener la idea de sacarla a bailar. No, no es que fueran muchos, como pudo comprobar con pesar.

Tras ese baile Vitória hizo una pausa. Tenía mucho calor y estaba sedienta. Como cumpliendo sus órdenes apareció Edmundo con una copa de champán.

– Vita, toma un trago. Pareces muy cansada.

Vitória sonrió sin ganas. ¿No había dicho lo mismo en la última fiesta? ¿Y en la anterior también? Tomó la copa y bebió con tanta avidez que casi se atraganta. ¡Cielos, debería controlarse un poco! Tenía que disfrutar todavía mucho más de la fiesta, al fin y al cabo era su cumpleaños.

– ¡Vamos! -oyó de pronto decir a León. ¿Cómo se había acercado otra vez sin que ella se diera cuenta? Aquel hombre tenía realmente algo de gato. Le retiró la copa de la mano, la dejó en la mesa más próxima y le sonrió-. Quiero bailar con usted mientras se encuentre todavía en condiciones.

Edmundo los miró dolido. Pero lo que vio le hizo olvidar en cierto modo la reciente humillación. El hombre bailaba con Vitória tan divinamente que a su lado incluso Rogério habría parecido un mamarracho. León acercaba el cuerpo de Vitória al suyo más de lo que se consideraba decente, tanto que se movían como uno solo al ritmo de la música. Ni siquiera la imagen que daban les importaba. León, en harapos y descalzo, agarraba a Vitória, vestida suntuosamente de los pies a la cabeza, con tanta pasión que no sólo le robó el aliento a ella, sino también a todos los testigos de aquel provocador baile.

Las personas mayores estaban escandalizadas: con su pantalón andrajoso, que apenas le tapaba la pantorrilla, y la camisa hecha jirones, que dejaba casi todo su pecho al descubierto, el hombre estaba prácticamente desnudo. Eufrasia, en cambio, miraba excitada a la pareja: nunca antes había visto un baile que irradiara tanta vitalidad animal, tanto deseo. Joana estaba maravillada: por fin reconocían los dos abiertamente lo que sentían el uno por el otro, aunque hubieran elegido un modo algo desconsiderado de hacerlo. Y Aaron estaba aturdido por la fuerza con que había reconocido la cruda realidad: Vitória y León estaban hechos el uno para el otro.

Capítulo diez

La fiesta fue todo un éxito, al menos para los invitados. Incluso en el valle, donde reinaban el lujo y la opulencia, se recordaría la celebración durante mucho tiempo. Si la comida y las bebidas, la música, el ambiente, la decoración y los disfraces habían sido de lo más exquisito, el tema de conversación a que había dado pie era el más excitante desde hacía tiempo. ¿Cuándo se había visto que una sinhazinha se mostrara así ante todos, y además en los brazos de un hombre a quien ningún barón del café dejaría voluntariamente entrar en su casa? ¿Cuántas veces se era testigo de una rivalidad tan apasionada entre dos hombres por el favor de una bella mujer? Rogério Vieira de Souto casi se pega con León Castro si éste hubiera querido y sus amigos no hubieran intervenido. ¡Grandioso!

Pero también otros dieron bastante que hablar: la prometida de Pedro da Silva, ¡qué criatura tan pálida! La hija de los Pleitiers Soares había abandonado la fiesta en compañía de su prometido sin esperar al matrimonio Pereira, con el que habían venido. ¡Aquel comportamiento era absolutamente impensable en una chica decente! Incluso la propia anfitriona, dona Alma había coqueteado tan descaradamente con el senhor de Barros como con su marido. Claro, ¡de alguien tenía que haberlo heredado la hija!

– ¡Cielos, nunca me había dolido tanto la cabeza!

Vitória estaba tumbada en la cama y observaba cómo se peinaba Joana. Sus miradas se cruzaron en el espejo. Joana estaba sonrosada y despierta, mientras que Vitória tenía los ojos hinchados y luchaba contra el mareo.

– Le diré a Miranda que te traiga una bolsa con hielo -dijo Joana, poniéndose de pie para abrir las cortinas.

– ¡Oh, no, ciérralas!

La intensa luz del sol le hizo daño en los ojos a Vitória. Y le hizo recordar la noche anterior. No, mejor se quedaría en la cama, escondiéndose en la penumbra protectora de lo que inexorablemente le esperaba en cuanto se levantara. ¡¿Qué había hecho?!

– No te servirá de nada decir que estás enferma. No puedes deshacer los acontecimientos, así que mejor enfréntate a las consecuencias cuanto antes y así ya las habrás superado.

– Sé buena y déjame dormir un poco más ¿vale? -Vitória se giró y se tapó la cabeza con la sábana. No estaba de humor para escuchar los consejos de Joana. Sólo cuando oyó la puerta, asomó la cabeza. Estaba sudando, y no sabía si era sólo a causa del calor. Se moría de vergüenza. Precisamente ahora, cuando la casa estaba llena de gente ante la que había que mostrar la mejor cara, se comportaba como la más frívola de las muchachas. ¿Qué pensarían los padres de Joana? ¿Y los Esteve, que también habían dormido en Boavista?

Por otro lado: ¡qué baile! Habría bailado así toda la eternidad, y si no hubiera habido gente presente, se habría arrancado la ropa y se habría entregado a León allí mismo. Su cara había estado tan cerca de la de él que los demás debían de haber pensado que se besaban. ¿O se habían besado realmente?

Miranda entró con la bolsa con hielo. Le sonrió a Vitória con picardía. Pero Vitória no estaba tan enferma como para no darse cuenta del gesto.

– ¿De qué te ríes, estúpida? ¿Y por qué me traes tan poco hielo? Corre, quiero un cubo entero.

Cuando llegó el hielo picado, Vitória fue poniéndose los trozos en el cuello, se frotó con ellos los brazos, dejó que se derritieran en sus piernas. No le importaba que se mojara la cama, al fin y al cabo las sábanas estaban empapadas de sudor y había que cambiarlas. ¡Ah, qué sensación tan refrescante! Poco a poco Vitória fue recuperando el ánimo. Llamó de nuevo a Miranda.

– ¡Tráeme café y limonada!

¡Iba a demostrar a aquella joven hasta dónde podía llegar! ¡Y a los demás también!

Dos horas más tarde Vitória ya estaba preparada para enfrentarse a todos. Su cabeza seguía pareciendo una olla de grillos, pero por lo demás se sentía de nuevo como una persona. Llevaba un vestido especialmente bonito, tenía el pelo recogido y se había puesto un poco de colorete en sus pálidas mejillas. Pensó incluso en ponerse las gafas, que le daban un aspecto de sensatez, pero rechazó la idea. ¡Qué más daba! ¡Que vieran todos por qué los hombres perdían la cabeza por ella!

Puso en una cadena el colgante que le había regalado León. Era una pequeña rama de café de oro con flores de perlas blancas y frutos de diminutos rubíes. Una pieza muy selecta que coincidía plenamente con sus gustos. ¡Qué bien la conocía a pesar de haber pasado tan poco tiempo juntos! Vitória estaba encantada con el regalo, le emocionaba que León, que como periodista no era especialmente rico, se hubiera gastado tanto dinero en ella. Él no había visto la cara de Vitória cuando abrió el regalo a la luz; ella había llegado antes a la casa, había admirado la joya, la había guardado en un pequeño bolsillo de su vestido y enseguida se había mezclado con el resto de invitados.

La planta baja estaba en silencio. En el salón sólo se oía el tic-tac del reloj. Abrió la puerta y vio asombrada que casi todo el desorden había desaparecido ya. Había que colocar de nuevo los muebles en su sitio, pero no quedaba huella alguna de la fiesta. Parecía increíble que apenas doce horas antes se hubiera desarrollado allí la escena que dona Alma probablemente no le perdonaría nunca. Vitória siguió hasta el comedor. La misma imagen. Aunque la mesa estaba ya en su sitio de siempre. Seguro que sus invitados habían desayunado allí. ¿Pero dónde estaban todos?

1 ... 36 37 38 39 40 41 42 43 44 ... 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)