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La Fragancia De La Flor Del Café

Электронная книга - «La Fragancia De La Flor Del Café». Краткое содержание книги:

Brasil, año 1884. En el valle del río Paraíba, los terratenientes y sus familias llevan una vida lujosa y despreocupada gracias al trabajo de sus esclavos en las plantaciones de café. Vitória aspira a más, a mucho más. Vita, como todo el mundo la llama, es hija de uno de los más ricos «barones del café». Posee una belleza extraordinaria, es inteligente, hábil en los negocios, con un carácter fuerte e independiente, y es considerada el mejor partido del valle. Cuando Vita conoce a León Castro, un periodista atractivo y enigmático, su vida cambia. León es abolicionista y lucha fervientemente contra la esclavitud y por lo tanto contra los intereses de la familia de Vita. A pesar de estas diferencias insuperables se enamoran perdidamente. Desde un inicio su amor está marcado por desencuentros. Una y otra vez los caminos de Vita y León se cruzan y se separan, pero ni el tiempo ni los reveses de la fortuna pueden con su pasión.
Ante el trasfondo del paradisíaco valle del río Paraíba y del pintoresco emporio de Río de Janeiro, de la época dorada de las plantaciones de café y de su ruina después de la abolición de la esclavitud, tienen lugar la saga de una familia de hacenderos y la historia de un gran amor…
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– ¡Son terribles! -se lamentó dona Alma-. Los conozco desde hace casi treinta años y cada vez parecen más infantiles.

– Mae, es carnaval. Déjelos.

Por suerte, en ese momento llamaron la atención de dona Alma los personajes de Esmeralda y su jorobado, cuya verdadera identidad no pudo descubrir Vitória a primera vista. Y de pronto, como obedeciendo a una señal acordada en secreto, llegaron todos los demás. Eufrasia, vestida de Madame Pompadour con su Rey Sol, Arnaldo; Rogério, que quedaba muy bien como Cristóbal Colón; la viuda Almeida, como la Cenicienta más vieja y fea que se podría imaginar; Edmundo, que ocultaba bajo un hábito de monje lo único hermoso que tenía, su esbelto cuerpo; Joao Henrique de Barros junto a su padre, los dos como capitanes de fragata portugueses; Florinda, una conocida de los tiempos del colegio, que se había disfrazado de Juana de Orleáns; el notario Rubem Leite con su mujer, él con armadura de caballero, ella como princesa del castillo; los Sobral, que se habían vestido con sus cuatro hijos como una familia de la Virginia norteamericana de los años treinta, a juego con su villa llena de columnas; el patrón de Pedro, el comissionista Fernando Ferreira, como mosquetero algo mofletudo; Rubem Araújo y su esposa Isabel, embarazada, ambos transformados en jeques árabes, quizás para disimular su estado; el doutor Vieira con el ocurrente disfraz de médico… aunque de la Edad Media; Aaron Noguerira, que resultaba muy convincente como chino; y el colega de Pedro, Floriano de Meló con su esposa Leonor en una versión más modesta, aunque históricamente más correcta, de Madame Pompadour y Luis XV.

Había un gran barullo, pero todos estaban de muy buen humor, y la incoherente mezcla de disfraces hacía que todos gastaran bromas al respecto. El disfraz de Vitória era el más elaborado e imaginativo, y recibió todo tipo de halagos. En medio de todo aquel jaleo nadie se dio cuenta de que cada vez estaba más nerviosa.

¡Cielos, era realmente tonta! La fiesta empezaba a las ocho, y eran las nueve. Todavía faltaban algunos invitados, no había motivo para estar tan intranquila. Sólo sería tarde cuando ya hubieran comido y consumido bastante alcohol, cuando los mayores empezaran a retirarse y los jóvenes pudieran bailar y coquetear sin inhibiciones.

– ¡Vita, eres un arbusto de café maravilloso! Pero admite que yo tampoco estoy mal, y bastante más elegante que la senhora de Meló.

– ¡Estás encantadora, Eufrasia! Y Arnaldo está increíblemente vivo.

– ¿Cómo que vivo?

– ¿No sabías que el Rey Sol, Luis XIV, ya estaba muerto mucho antes de que Madame Pompadour se convirtiera en la amante del rey? De su hijo…

– ¿Qué importa eso? Lo principal es que estamos muy bien, ¿no? A propósito, ¿quién es ese tipo del ridículo disfraz de las alas?

– Es Carlos, el hermano de mi futura cuñada. Es ingeniero y hace experimentos de vuelo. Imagínate: es un hombre muy instruido, pero no obstante piensa que el hombre podrá volar alguna vez, ¡y en máquinas voladoras!

– ¡Qué loco! Bien, si lo pienso mejor, no lo encuentro tan atractivo. -Eufrasia dio un sorbo de su copa y dirigió a Vitória una penetrante mirada-. No sé por qué, pero hoy te noto distinta. ¿No será hoy el día en que Colón va a descubrir América?

– No conozco los planes de Colón. Pero las exóticas plantas no tienen la más mínima intención de dejarse descubrir hoy.

– ¡Ah, entonces no! Pero yo que tú cedería un poco ante Rogério. Sois prácticamente marido y mujer, todo el valle sabe que estáis hechos el uno para el otro y que os casaréis. Basta con veros cuando bailáis.

– ¡No digas tonterías, Eufrasia! Me gusta bailar con él, es cierto, pero no por eso me voy a casar con él.

– ¿Conoces a alguien mejor? ¿Un hombre más guapo, más listo y más rico, que además esté tan perdidamente enamorado de ti?

– A lo mejor sí.

– ¡Oh, Vita! ¡No puedo creer que seas tan tonta!

– Piensa lo que quieras.

– ¿Qué estáis cuchicheando? Venid a la carpa, hay mucho ambiente.

Florinda se acercó por detrás, y Vitória confió en que no hubiera escuchado nada de lo que decían. Florinda era la peor cotilla de los alrededores.

– ¡Venid pronto, no os perdáis lo mejor! -dijo a sus antiguas compañeras de colegio-. Ha aparecido un esclavo descalzo y muy sucio que está bebiendo champán. Rogério y Arnaldo han intentado echarle, pero él afirma con rotundidad que ha sido invitado a la fiesta. Igual hay una pelea -se regocijó Florinda.

Vitória se imaginó quién era el causante de todo el alboroto. Sólo León sería capaz de aparecer vestido de esclavo en una fiesta llena de fazendeiros. ¿Pero cómo había llegado hasta la carpa? ¿No podía entrar por la puerta y saludar primero a los anfitriones, como el resto de los invitados?

Cuando Eufrasia, Florinda y Vitória llegaron a la carpa ya se había aclarado la situación. Pedro había identificado al “esclavo” como León Castro, y Arnaldo, Rogério, Pedro y León hablaban amistosamente y brindaban por el malentendido. A Rogério le pareció el episodio sumamente cómico, reía a voces y felicitaba a León por el impacto conseguido. En cambio Arnaldo, el prometido de Eufrasia, parecía consternado.

– ¿Cómo se puede tener la estúpida idea de disfrazarse de esclavo? -dijo con agitación.

– Rey Sol, ¿acaso no somos todos esclavos ante Vuestro esplendor? -dijo Pedro, intentando poner fin a la discusión-. Ah, por ahí viene la amante de Vuestro hijo, ella sabrá cómo tranquilizaros.

Arnaldo no entendió la broma, pero se dio cuenta de que hablaba de Eufrasia y le cambió la cara.

Los demás hombres miraron a las tres jóvenes que se acercaban. Rogério estiró la espalda, Pedro les hizo un gesto amistoso. León no cambió un ápice ni su actitud ni su gesto. Sólo cuando Vitória se acercó a él y le tendió la mano, esbozó una leve sonrisa.

– Senhor Castro, tiene usted peores modales que un esclavo del campo. ¿O también forma parte de su disfraz?

– Sinhazinha, reconozco que ha sido una descortesía reunirme con los hombres sin haberla saludado a usted antes. Pero no he podido evitar esta pequeña broma. ¿Me disculpa?

Vitória tardó unos segundos en contestar.

– Claro que le disculpa. Vita, ¿no nos vas a presentar a este magnífico esclavo? ¿Dónde lo has comprado? -dijo Eufrasia interponiéndose entre los dos. León se rió y le dio la mano a Eufrasia. Vitória los presentó, luego hizo lo mismo con Florinda, que presenciaba toda la escena en silencio. ¡Qué demonio de hombre! ¡Y sus dos amigas hablaban con él con toda frivolidad!

– Necesitaremos reponernos de este susto. Vamos a comer algo, si es que el senhor Alves no ha acabado con todo -dijo Pedro animando a todo el grupo.

Para llegar a la larga mesa donde se presentaban las más selectas exquisiteces tuvieron que serpentear entre la multitud, con lo que el grupo se disolvió. Rogério y Pedro iban delante, algo más atrás les seguían Arnaldo y Florinda, observados con recelo por Eufrasia, a la que no gustaba dejar a su prometido solo en compañía de otras mujeres. Pero esta vez no tenía elección si no quería perderse lo que ocurría entre Vita y León. Avanzaba justo detrás de éstos, aunque no pudo entender lo que León le dijo a Vitória cuando se inclinó sobre ella.

Vitória había perdido el apetito. Llevaba días imaginando cómo iban a disfrutar del faisán, las terrinas de carne, los guisos de ternera, las gelatinas de pescado y el solomillo fileteado; del aroma de las sopas de setas, los risottos de verduras, las tortas de maíz y los purés de mandioca; de los suflés de frambuesa, las tartas de chocolate, las crepés de canela y las cremas de vainilla. Pero al ver la mesa llena de ricas viandas, sintió un sudor frío. No podría tragar nada mientras León estuviera cerca de ella y su pulso hiciera semejantes cabriolas.

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