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La Fragancia De La Flor Del Café

Электронная книга - «La Fragancia De La Flor Del Café». Краткое содержание книги:

Brasil, año 1884. En el valle del río Paraíba, los terratenientes y sus familias llevan una vida lujosa y despreocupada gracias al trabajo de sus esclavos en las plantaciones de café. Vitória aspira a más, a mucho más. Vita, como todo el mundo la llama, es hija de uno de los más ricos «barones del café». Posee una belleza extraordinaria, es inteligente, hábil en los negocios, con un carácter fuerte e independiente, y es considerada el mejor partido del valle. Cuando Vita conoce a León Castro, un periodista atractivo y enigmático, su vida cambia. León es abolicionista y lucha fervientemente contra la esclavitud y por lo tanto contra los intereses de la familia de Vita. A pesar de estas diferencias insuperables se enamoran perdidamente. Desde un inicio su amor está marcado por desencuentros. Una y otra vez los caminos de Vita y León se cruzan y se separan, pero ni el tiempo ni los reveses de la fortuna pueden con su pasión.
Ante el trasfondo del paradisíaco valle del río Paraíba y del pintoresco emporio de Río de Janeiro, de la época dorada de las plantaciones de café y de su ruina después de la abolición de la esclavitud, tienen lugar la saga de una familia de hacenderos y la historia de un gran amor…
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Y llegó al fin el gran momento. Dos días más tarde llegarían los más de ciento cincuenta invitados, la mayor parte vecinos y conocidos del valle del Paraíba, pero también amigos de Pedro de Río y clientes de su padre de otras partes del país. Algunos de ellos dormirían en Boavista, a otros los alojarían en fazendas vecinas y hoteles de Valença o Vassouras. Vitória compartiría su habitación con Joana. En otras circunstancias le habría resultado un fastidio, pero ahora contribuía a aumentar la emoción y el buen humor que se había apoderado de ella. Le gustaba la idea de arreglarse junto a su futura cuñada e intercambiar cosas con ella.

Boavista estaba irreconocible. En toda la planta baja se habían puesto los muebles junto a la pared para dar cabida a todos los invitados. Las puertas de dos hojas entre el salón y el comedor se dejaron abiertas, lo mismo que las puertas que daban al despacho, que había quedado casi completamente vacío. En total disponían de una superficie de casi cien metros cuadrados. Además, detrás de la veranda se había dispuesto una carpa a la que se accedía por un pasillo cubierto con un toldo. Aunque lloviera, los invitados que quisieran charlar fuera de la pista de baile o sin ser molestados por la música de la orquesta, que sin duda serían la mayoría, podrían llegar con los pies secos a la carpa, en la que se había dispuesto un bar y una amplia mesa con comida. Lo único que no aguantaría la carpa sería una tormenta violenta.

Pensando en un disfraz, Vitória había tenido una idea que no era fácil llevar a la práctica, pero que si lo conseguía, causaría furor. Quería vestirse de arbusto de café.

– ¡Qué idea más loca! -le dijo dona Alma alarmada-. ¿No te puedes vestir de Madame Pompadour como otras jóvenes?

– Aquí habrá muchas Madame Pompadour, pero sólo un arbusto de café.

Luego le explicó a su madre cómo imaginaba su disfraz, y finalmente dona Alma dio su aprobación.

– Por mí está bien. Parece que no te vas transformar demasiado,

Nada más lejos de la intención de Vitória. El día de su cumpleaños no sólo quería estar guapa, sino que además quería hacer una entrada espectacular. Y con su disfraz lo conseguiría. El vestido era de seda verde y en realidad era muy fácil de confeccionar. Aunque era todo menos sencillo. En la falda llevaba numerosas hojas de satén entre las que asomaban pequeña flores blancas y frutos rojo fuerte. La costurera había tardado una semana en realizar las flores, y para hacer los frutos, que estaban formados por pequeños pompones de seda, había necesitado una semana más. Estas aplicaciones daban a la falda un volumen que destacaba aún más la delgada cintura de Vitória. En el corpiño del vestido no había ni hojas, ni flores, ni frutos pegados, pues habría sido muy recargado y le habría molestado para bailar. En lugar de eso estaba todo él bordado. El extraordinariamente delicado trabajo lo había realizado una mujer de Valença que era conocida por sus bordados de filigrana. También los guantes, que le llegaban a Vitória hasta el codo, llevaban flores y frutos bordados. Dona Alma aceptó prestarle a Vitória de nuevo los rubíes, que combinaban perfectamente con el disfraz. En la cabeza llevaría una complicada estructura hecha con auténticas ramas de café, y en la cara un antifaz verde con los bordes bordados en rojo y blanco y del que salían pequeñas ramitas a los lados.

Todo estaba preparado, menos el adorno de la cabeza, que le llegaría el mismo día de la fiesta. Vitória se probó un día el disfraz con los accesorios para ver el efecto del conjunto. Llegó bailoteando al salón, donde pensaba que estaban sus padres. Pero además de dona Alma y el senhor Eduardo estaba también el abogado, el doutor Nunes. Los tres se quedaron mirando a Vitória como si fuera una aparición extraterrestre, hasta que dona Alma rompió el silencio:

– No parece que vayas a cumplir realmente dieciocho años.

Pero su padre tenía otra opinión:

– ¡Vita, el disfraz es magnífico!

Y el doutor Nunes añadió:

– Es increíble, qué plantas tan maravillosas crecen en esta fazenda.

Joana y Pedro llegarían en cualquier momento. Vitória les esperaba con impaciencia y se movía nerviosa por toda la casa. En realidad, ya no había mucho que hacer. Todo lo que había que preparar de antemano estaba ya terminado. A lo largo del día llegaría el hielo, un bloque procedente de Norteamérica tan enorme que ni el largo transporte en barco hasta Brasil ni el viaje por las ardientes colinas de la provincia reducirían notablemente su tamaño. En el sótano habían preparado un rincón con un hule para almacenar allí el hielo. Y si no se consumía todo en la fiesta, podría aguantar de este modo un par de semanas más. ¡Cómo disfrutaba de las bebidas heladas, del sonido del hielo en los vasos y de los exquisitos alimentos presentados sobre hielo picado! ¡Y qué gusto poder tratar al día siguiente los pies maltratados y el dolor de cabeza -había que contar con esos efectos secundarios de la fiesta- con pequeños trozos de hielo que se fundían al contacto con la piel! Vitória quería disfrutar de ese lujo con todos sus sentidos, pues no podían contar con nuevos suministros de hielo hasta julio, cuando llegaba el invierno a Chile.

En su última revisión de la casa, Vitória pudo ver que entre todos los posibles asientos que se habían llevado al salón estaba también la desvencijada silla de la habitación de su madre. ¿Y si se sentaba en ella el pesado senhor Alves? ¡Seguro que la silla se rompería bajo su enorme peso!

– ¡Miranda!

La joven vino desde la habitación contigua.

– ¿Sí, sinhá Vitória?

– Ocúpate de que esta vieja silla desaparezca de aquí. Mira.

Vitória se dejó caer con fuerza sobre el cojín de terciopelo rojo oscuro y se removió en la silla, que comenzó a crujir y chirriar de forma preocupante.

– Está totalmente desvencijada. Apenas soporta mi peso. Imagina lo que ocurriría si se sentara en ella el senhor Alves.

Miranda se rió.

– Le estaría bien merecido.

– ¡Por favor! -Pero Vitória no pudo evitar la risa. Sí, le estaría bien merecido-. Aunque probablemente no esté mucho tiempo sentado. Pasará la mayor parte del tiempo en el buffet. No obstante, hay que retirar esta silla. Dile a Humberto que se la lleve al carpintero. A lo mejor la tiene reparada para pasado mañana.

Miranda asintió y se marchó. En ese momento se oyó un coche de caballos. Vitória se recogió la falda y fue a la puerta lo más deprisa que pudo.

Joana parecía algo cansada del viaje, pero su cara se iluminó en cuanto vio a Vitória. También Pedro se alegraba de estar de nuevo en Boavista.

– ¡Joana, Pedro, por fin! No os asustéis de cómo está todo. Hemos puesto la casa patas arriba para estar preparados para el gran asalto -explicó Vitória mientras los tres entraban.

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