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La Fragancia De La Flor Del Café

Электронная книга - «La Fragancia De La Flor Del Café». Краткое содержание книги:

Brasil, año 1884. En el valle del río Paraíba, los terratenientes y sus familias llevan una vida lujosa y despreocupada gracias al trabajo de sus esclavos en las plantaciones de café. Vitória aspira a más, a mucho más. Vita, como todo el mundo la llama, es hija de uno de los más ricos «barones del café». Posee una belleza extraordinaria, es inteligente, hábil en los negocios, con un carácter fuerte e independiente, y es considerada el mejor partido del valle. Cuando Vita conoce a León Castro, un periodista atractivo y enigmático, su vida cambia. León es abolicionista y lucha fervientemente contra la esclavitud y por lo tanto contra los intereses de la familia de Vita. A pesar de estas diferencias insuperables se enamoran perdidamente. Desde un inicio su amor está marcado por desencuentros. Una y otra vez los caminos de Vita y León se cruzan y se separan, pero ni el tiempo ni los reveses de la fortuna pueden con su pasión.
Ante el trasfondo del paradisíaco valle del río Paraíba y del pintoresco emporio de Río de Janeiro, de la época dorada de las plantaciones de café y de su ruina después de la abolición de la esclavitud, tienen lugar la saga de una familia de hacenderos y la historia de un gran amor…
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A través de los ojos entornados Vitória vio que un relámpago iluminaba la cabaña. Le siguió un trueno tan fuerte que se estremeció y miró a León.

– La tormenta está justo encima. Nos va caer un rayo.

– ¿Acaso no nos ha caído ya?

León la miró con sus profundos ojos oscuros. Sus párpados estaban entreabiertos, su respiración era pesada. Mechones de pelo mojado se le pegaban a la cara, y con el torso desnudo parecía un pirata que acababa de salir victorioso de una cruenta batalla naval. La visión de su angulosa barbilla a medio afeitar, cubierta por una sombra oscura, inundó a Vitória de una ternura que no había sentido nunca. Acarició su cara. El sonido de los pelos de su barba bajo sus dedos le pareció más bello que cualquier música. Su mano se deslizó por su cuello y sus anchos hombros hasta su pecho. Su piel estaba caliente y húmeda, bajo ella notó latir su corazón. Sus pezones se endurecieron bajo la suave presión de sus dedos, y oyó que León lanzaba un callado suspiro. Él miraba y seguía el movimiento de su mano. Luego la miró a los ojos. En su mirada había deseo, pero también una expresión de duda, de súplica, que Vitória no supo interpretar del todo. Entonces la acercó con fuerza a él y empezó a desabrocharle el vestido por la espalda.

Le deslizó el vestido por los hombros. La besó en el cuello, y de nuevo el roce cosquilleante de su barba despertó en Vitória una salvaje excitación. Sintió calor, su respiración se aceleró. León la besó suavemente en el cuello, luego su boca descendió hasta el comienzo de su pecho. Siguió bajándole el vestido y la ayudó a quitarse las mangas. A Vitória no le avergonzaba su desnudez, al contrario, se sentía como si siempre hubiera estado ante León con el pecho descubierto. León tomó aire con fuerza cuando vio sus pechos redondos, firmes. Introdujo sus pezones en su boca, y a Vitória le pareció que sentía por primera vez la viveza de su cuerpo. Él apretó su cuerpo contra el de ella y la empujó suavemente, y ella cedió complaciente hasta que quedó bajo él.

A Vitória le gustó sentir el peso del cuerpo de León sobre ella. Sus manos se deslizaron por su pecho, su cintura, sus caderas. Allí se detuvieron, hasta que Vitória sintió que él la agarraba con fuerza y la apretaba contra él. Sintió su erección, que le produjo temor y curiosidad a la vez. Entonces él le levantó la falda y pasó su mano por la cara interna de sus muslos. Ella contuvo la respiración, pero le dejó hacer. Su cuerpo ardía de deseo.

Él la mordisqueó en la oreja y le susurró calladamente:

– ¿Estás segura de que quieres?

Ella no contestó al momento. ¡Claro que quería! Nunca había deseado nada tanto como su amor, allí, en aquel momento, con todas las consecuencias. ¿Acaso no lo notaba él?

– Sí -dijo por fin con voz quebrada.

León la desnudó con manos hábiles, luego se quitó también él la ropa. Vitória le contempló de pies a cabeza. Su mirada se detuvo brevemente en sus caderas. ¿Cómo diablos funcionaría aquello? León, que había seguido su mirada, sonrió.

– No tienes que preocuparte, sinhazinha. La naturaleza es sabia.

Vitória sintió el roce de la manta sobre la que estaban echados, y pudo oír el ruido de la tormenta, que sacudía y hacía temblar las tablas de madera de la cabaña. No notó que la lluvia entraba por la puerta en el interior de la cabaña, ni oyó los resoplidos de los caballos, que estaban a tan sólo unos metros de ellos. Todo lo que había a su alrededor se desvaneció mientras León hacía vibrar su cuerpo con sus manos y su lengua. Le besó los pezones, acarició su vientre, jugueteó con su ombligo. Le hizo cosquillas entre los dedos de los pies, continuó sus caricias subiendo por las piernas, hasta que le separó los muslos para descubrir con su lengua sus lugares más secretos y estimular un punto que ella hasta entonces ni siquiera había imaginado que existía. Vitória temblaba de deseo y sintió un agradable ardor en el centro de su cuerpo. Cuando creía que ya iba a explotar, los labios de León siguieron subiendo por su cuerpo. Cuando sus rostros se juntaron, se miraron directamente a los ojos. León se apoyaba sobre una mano, con la otra exploraba lo más íntimo de ella como para abrirse camino. Vitória sentía que se iba a derretir. Entonces él hizo un movimiento de pelvis y la penetró.

En un primer momento le gustó cómo él se deslizaba lentamente en su interior, hasta que de pronto sintió un punzante dolor. Apretó con fuerza los ojos, pero enseguida los volvió a abrir. León no dejaba de mirarla. Sabía que le dolía. Introdujo su pene un poco más, despacio y con cuidado, pero cada vez más a fondo. Luego pareció que quería retirarse, pero cuando ya estaba casi fuera, volvió a embestir, esta vez con más fuerza. Sus movimientos se hicieron cada vez más rápidos, sus jadeos más fuertes, y Vitória sintió por fin algo más que dolor: placer. Placer puramente animal, ardiente. Comenzó a seguir el ritmo de él. León jadeaba, y transmitió su éxtasis a Vitória, que se agarraba con desesperación a su espalda y respiraba cada vez más deprisa.

– Te quiero -susurró él cariñosamente-, no sabes cuánto te quiero.

Pronunció varias veces su nombre con voz ronca. Las piernas de Vitória comenzaron a temblar sin control. Olas de fuego recorrieron su cuerpo, hasta que su excitación alcanzó el punto álgido y sus sentidos llegaron a tal delirio que las lágrimas inundaron sus ojos. Pero entonces León le levantó las piernas, de forma que sus pantorrillas quedaban junto a su espalda, y la penetró con tal fuerza que parecía que iba a romperse. Vitória gritó. En ese mismo instante salió un fuerte jadeo de la garganta de León. Se retiró enseguida y se dejó caer al lado de Vitória en la manta.

Los dos quedaron tumbados bañados en sudor y respirando con dificultad.

– ¿Sabes lo que has dicho? -le preguntó Vitória.

– Cada sílaba.

– ¿Es cierto? ¿Me quieres realmente?

– Más que a mi vida.

León la besó efusivo, y Vitória supo en ese mismo instante que nada de lo que habían hecho podía ser pecado.

Siguieron tumbados un rato en silencio mirando el techo, del que colgaban algunas hojas de palmera secas y por el que se colaba el agua en algunos puntos. A lo lejos se oían todavía los truenos, y el viento ya no soplaba con tanta fuerza.

– Sabías que me hacías daño.

– ¡Shsh! -León la hizo callar con un beso-. Sí. Y lo siento. Ven aquí.

Extendió un brazo para que Vitória se pudiera acurrucar a su lado. Escucharon el sonido de la lluvia, hasta que se quedaron dormidos.

Vitória se despertó por el roce de los dedos de León. Estaba a su lado, detrás, muy pegado a ella. Recorría su silueta con una mano suavemente, con la ligereza de una pluma.

La deslizó por sus muslos, sus caderas, su cintura, hasta el borde de sus pechos. Le retiró el pelo y la besó en el cuello.

– Mi querida sinhazinha -le murmuró al oído, y ella le dio a entender que estaba despierta con un simple “hum”.

No se movió, mantuvo los ojos cerrados y casi estuvo a punto de dormirse de nuevo. Pero León parecía tener otros planes para el resto de la noche.

– Déjame amarte otra vez, Vita -le susurró. Él interpretó su nuevo “hum” como una aprobación. Ella sintió su masculinidad entre sus muslos. ¿No intentaría tomarla por detrás? Vitória se despertó de golpe.

– No, por favor.

Vitória se volvió, para poder mirarle a la cara. Se sentía herida, y aunque no quería descartar ninguna experiencia nueva con León, no podía imaginar entregarse de nuevo a él en ese momento.

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