Cuerpo de Muerte
- Автор: Джордж Элизабет
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:
El colegio estaba a escasa distancia del pub Snake Catcher, en Lyndhurst Road. El papel de Lexie exigía que fumase y exhibiera su mal genio y que, en general, se mostrase poco colaboradora y en peligro de cualquier cosa, desde un embarazo hasta una enfermedad de transmisión sexual o una incontrolada adicción a la heroína. Aunque Meredith nunca se lo hubiese mencionado a la chica, el hecho de que su blusa de mangas cortas revelase varias cicatrices de otros tantos cortes en los brazos daba crédito a la historia que ambas tramaban.
Encontró un lugar con sombra donde dejar el coche. Lexie y ella atravesaron el asfalto calcinado en dirección a las oficinas administrativas. Allí hablaron con una secretaria angustiada que estaba tratando de satisfacer las necesidades de un grupo de estudiantes extranjeros con evidentes limitaciones en su inglés. Le preguntó a Meredith: «¿Usted quiere qué?». Y luego: «Tiene que hablar con Monica Patterson-Hughes, de Lactancia», lo que sugería que no había entendido muy bien lo que Meredith pretendía respecto a su hermana pequeña. Pero como Monica Patterson-Hughes era mejor que nadie, Lexie y ella fueron a buscarla. La encontraron en plena demostración sobre cómo se cambiaban los pañales; su auditorio: un grupo de chicas adolescentes que tenían el aspecto inconfundiblemente atento de futuras niñeras. Estaban absortas mirando una gastada muñeca repollo que la mujer utilizaba en la demostración. Era obvio que los bebés artificiales anatómicamente correctos estaban fuera del alcance de los limitados recursos de la organización.
– En la segunda parte del curso utilizamos bebés reales -informó Monica Patterson-Hughes a Meredith después de apartarse para permitir que las futuras niñeras disfrutaran de la muñeca-. Y además estamos estimulando el uso de pañales de tela otra vez. Se trata de criar bebés ecológicos. -Miró a Lexie-. ¿Quieres inscribirte, querida? Es un curso muy popular. Tenemos chicas colocadas en todo Hampshire una vez que acaban los estudios. Tendrías que reconsiderar tu aspecto (el pelo es un poco excesivo), pero con una buena guía en cuanto a vestimenta y aseo personal podrías llegar lejos. Si estás interesada, por supuesto.
Lexie parecía cabreada, sin necesidad de apuntador. Meredith llevó a Monica Patterson-Hughes aparte. No era eso, le explicó. Se trataba de algo muy diferente.
– Lexie se ha desmadrado un poco, y yo soy el adulto responsable en su vida, y me han dicho que hay un programa para chicas como Lexie, chicas que necesitan que se hagan cargo de ellas, que precisan alguien que sea un ejemplo para ellas, que demuestre interés, que actúe como una hermana mayor. Algo que yo soy obviamente: su hermana mayor, quiero decir. Pero, a veces, una auténtica hermana mayor no es alguien a quien una hermana pequeña desee escuchar, especialmente en el caso de alguien como Lexie, quien ya ha tenido algunos problemas (muchas relaciones con chicos y exceso de alcohol y cosas así) y que no quiere escuchar a alguien a quien considera francamente «una puta gorda sermoneadora». He oído hablar de un programa… -repitió con ilusión-. ¿Una mujer joven de…, creo que era de Winchester, que trata con chicas problemáticas?
Monica Patterson-Hughes frunció el ceño. Luego meneó la cabeza. No había ningún programa de esas características asociado con el colegio. Tampoco conocía a nadie que estuviese organizando esa clase de programa. Chicas en riesgo de exclusión… Bueno, generalmente se las trataba a una edad más temprana, ¿verdad? ¿Era posible que aquel programa fuese algo que correspondiese, tal vez, al Distrito de New Forest?
Lexie, metida ya sin duda en su papel, colaboró diciendo secamente que no pensaba «tener nada que ver con ningún jodido municipio de los cojones» y sacó el paquete de cigarrillos como si fuese a encender uno allí mismo. Monica Patterson-Hughes parecía absolutamente horrorizada: «Querida, aquí no puedes…». Lexie la informó de que pensaba hacer lo que le saliera «de los cojones». Meredith pensó que esto tal vez fuera pasarse un «poco» y se encargó de sacar a su «hermana pequeña» de allí a toda prisa.
Una vez que estuvieron fuera, Lexie comenzó a presumir: «Eso ha sido muy divertido, ¿no crees?», y «¿Adonde vamos ahora?», y «En el próximo lugar les hablaré de mi novio. ¿Qué te parece?».
Meredith quería decirle que sería mejor que se mostrara un poco más contenida, pero Lexie tenía muy pocas diversiones en su vida, y si esta pequeña excursión que habían emprendido tenía el potencial suficiente para proporcionarle un poco de entusiasmo en ausencia de esos padres que no la dejaban en paz con la Biblia, a ella le parecía bien. De modo que en las oficinas del municipio del distrito -que encontraron en Lyndhurst, en un grupo de edificios dispuestos en U, llamados Appletree Court- actuaron tan convincentemente que las enviaron directamente a hablar con un asistente social llamado Dominic Cheeters, quien les trajo café y bizcochos de jengibre y limón. Aquel hombre tan amable parecía tan ansioso por ayudarlas que Meredith se sintió culpable por tener que engañarlo.
Sin embargo, también en esas oficinas les dijeron que no había ningún programa destinado a las chicas en riesgo de exclusión y, definitivamente, ningún programa organizado por una tal Gina Dickens, de Winchester. Dominic, extraordinariamente servicial, se tomó incluso el trabajo de llamar por teléfono a varias de sus fuentes personales, como las llamaba. Pero el resultado fue el mismo. Nada. De modo que, a continuación, dio un paso más y llamó a la consejería de educación en Southampton para ver si podían ayudarle en esa cuestión. Para entonces, Meredith había decidido que sabía que no podrían ayudarlas, y así fue.
La misión con Lexie Streener les llevó la mayor parte del día. Pero Meredith consideró que había sido un tiempo bien empleado. Ahora disponía de una prueba irrefutable, decidió, de que Gina Dickens era una maldita mentirosa en cuanto a su vida en el New Forest. Y Meredith sabía por su experiencia personal que cuando una persona decía una mentira, ésta sólo era una entre docenas más.
Cuando estuvo solo otra vez, Gordon silbó para llamar a Tess. La perra acudió a la carrera. Había estado fuera desde primera hora de la mañana. Se había instalado en su lugar favorito con sombra, debajo de una hortensia trepadora en la parte norte de la casa. Allí Tess tenía una guarida de tierra apisonada que se conservaba húmeda incluso en los días más calurosos del verano.
Buscó el cepillo del retriever. Tess le ofreció esa mirada socarrona, meneó la cola y saltó encima de la mesita baja que él utilizaba para este propósito. Gordon acercó un taburete y comenzó por las orejas. Tess necesitaba un buen cepillado diario, de todos modos, y éste era un buen momento para hacerlo.
Quería fumar, pero no tenía cigarrillos, de modo que se aplicó vigorosamente a la tarea de cepillar a su perra. Estaba tenso de la cabeza a los pies y quería relajarse. No sabía cómo manejar esa sensación, así que se dedicó a cepillar el pelo de Tess una y otra vez.
Se habían alejado del coche en dirección al granero y, finalmente, entraron allí. Gina debía haberse preguntado por qué, pero no podía permitirse que eso importase porque Gina estaba impoluta, como un lirio que crece en una pila de excrementos, y estaba decidido a mantenerla de esa manera. De modo que la dejó en el camino de acceso de la casa con aspecto desconcertado o asustado o preocupado o ansioso, o lo que fuese que una mujer pudiese sentir cuando el hombre a quien le ha abierto su corazón parece encontrarse a merced de alguien que podía hacerle daño a él, o a los dos.