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Cuerpo de Muerte

Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:

Thomas Lynley vuelve de su permiso tras la muerte de su mujer porque su equipo no se fía de la capacidad de la nueva jefe del departamento, la inspectora Isabelle Ardery, cuyo estilo a la hora de liderarlos parece molestar a todos y cada uno de los componentes del equipo. El conflicto empieza cuando se encuentra el cadáver de una mujer apuñalada en un aislado cementerio de Londres. Mientras que Lynley empieza sus pesquisas en la ciudad de Londres, sus anteriores colegas Barbara Havers y Winston Nkata siguen la pista hacia el sur de la ciudad. Allí descubrirán que las pistas se dirigen hacia el hermoso bosque llamado New Forest. Lo que no saben es que más de un oscuro secreto acecha en el bosque y que la investigación va a llevarlos a un final que es tan sorprendente como terrible.
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Gordon meneó la cabeza, transmitiendo de forma elocuente tanto su incredulidad como su asco. Dio una profunda calada al cigarrillo con un gesto que Meredith interpretó como airado.

– Conociste a esa tal Gina…

– Su nombre es Gina. Gina Dickens, punto. No la llames «esa tal Gina». No me gusta.

– ¿Es que acaso se supone que debe importarme que a ti no te guste? Conociste a esa persona y decidiste que preferías estar con ella y no con Jemima, ¿no es así?

– Eso es un puto disparate. Vuelvo al trabajo.

Gordon se dio la vuelta para marcharse.

Meredith alzó la voz.

– Tú la alejaste. Quizá Jemima esté en Londres ahora, pero nunca hubo una razón para que ella se marchase, excepto tú. Ella tenía aquí su propio negocio. Había contratado a Lexie Streener. Estaba tratando de que el Cupcake Queen fuese un éxito, pero a ti eso no te gustaba, ¿verdad? Le pusiste las cosas difíciles. Y, de alguna manera, utilizaste eso, o el interés de Jemima en su negocio, o las horas que estaba fuera de casa, o «lo que sea», para que ella sintiera que tenía que marcharse. Y luego trajiste a Gina… -A Meredith todo eso le parecía tan razonable, tan propio de la forma en que actuaban los hombres.

– Vuelvo al trabajo -repitió él mientras se dirigía a la escalera que daba acceso al andamiaje que se extendía a lo largo del edificio. Antes de comenzar a subir, sin embargo, se volvió hacia ella-. Para que conste, Meredith, Gina no llegó aquí, a New Forest, hasta junio. Vino de Winchester y…

– ¡De donde eres tú! Fuiste a la escuela allí. La conociste entonces.

Ella sabía que su voz sonaba como un chillido, pero no podía evitarlo. Por alguna razón que no era capaz de entender había comenzado a sentirse desesperada por saber qué estaba pasando y qué había ocurrido durante todos esos meses en los que Jemima y ella se habían distanciado.

Gordon agitó la mano a modo de despedida.

– Puedes creer lo que quieras. Pero lo que yo quiero es saber por qué me has odiado desde el principio.

– No se trata de mí.

– Todo trata de ti, y por eso me odiaste desde la primera vez que me viste. Piensa en eso antes de volver por aquí. Y deja a Gina en paz.

– Jemima es la razón…

– Jemima -dijo él con voz tranquila- ya habrá encontrado fácilmente a otro hombre. Tú lo sabes tan bien como yo. Y espero que eso también te vuelva loca.

* * *

La camioneta de Gordon Jossie no estaba a la vista cuando Robbie Hastings aparcó tras los altos setos, en el camino particular de la casa. Pero eso no le hizo cambiar de idea. Si Gordon no estaba allí, aún existía la posibilidad de que su nueva mujer sí estuviese en la casa, y Robbie quería verla tanto como deseaba hablar con Gordon. También quería echar un vistazo por los alrededores. Y quería ver el coche de Jemima con sus propios ojos, aunque Meredith nunca podía haberlo confundido con el de otra persona. Era un Fígaro, y no se ven coches así todos los días en la carretera.

No tenía ni idea de todo lo que aquello podía o no probar. Había llamado otras dos veces al móvil de Jemima, y no había obtenido respuesta. Comenzaba a sentir pánico. Jemima era una chica alocada, pero nunca ignoraría a su propio hermano.

Robbie se dirigió hacia el prado donde pastaban dos ponis. Era una época del año un tanto extraña para sacar a los animales del bosque, y se preguntó cuál sería el problema. Ambos ponis parecían encontrarse en perfectas condiciones.

Miró hacia la casa por encima del hombro. Todas las ventanas estaban abiertas, como si confiasen en que entrase la brisa, pero no parecía haber nadie dentro. Todo le venía de perlas. Meredith había dicho que el coche de Jemima estaba en el granero, de modo que dirigió allí sus pasos. Había abierto ya la puerta cuando oyó la agradable voz de una mujer que preguntaba:

– Hola. ¿Puedo ayudarle en algo?

La voz llegaba de un segundo prado, que se encontraba en el costado este del granero, al otro lado de un estrecho sendero rural lleno de baches que llevaba al brezal. Robbie vio a una mujer joven que se quitaba restos de hierbajos de las rodillas de los pantalones vaqueros. Parecía como si la hubiese vestido la diseñadora de uno de esos programas de la tele: camisa blanca almidonada y con el cuello levantado, pañuelo de cuello vaquero, sombrero de paja que le protegía el rostro de los rayos del sol. Llevaba gafas de sol, pero podía asegurar que era guapa. Más guapa que Jemima con diferencia, alta y con curvas en lugares donde otras chicas de su edad habitualmente no deseaban tenerlas.

– ¿Busca a alguien? -preguntó ella.

– A mi hermana -dijo Robbie.

– Oh -dijo ella.

Ninguna sorpresa, pensó él. Bueno, a estas alturas no tendría que mostrarse sorprendida, ¿verdad? Meredith había estado allí antes que él, y qué mujer no haría preguntas acerca de su hombre si el nombre de otra mujer surgía de manera inesperada.

– Me dijeron que su coche está en el granero -dijo Robbie.

– Claro -dijo ella-. El mío también. Espere un momento.

Se agachó para pasar a través de la cerca alambrada. Eran alambres de espino, pero llevaba guantes gruesos para mantenerlos apartados. También llevaba un mapa de alguna clase, parecía un Ordnance Survey. [11]

– Ya he terminado aquí -dijo-. El coche está allí dentro.

Así era. No estaba oculto debajo de una lona, como había dicho Meredith, sino a plena luz: era gris acorazado con el techo crema. Era un cacharro viejo y, como tal, lo habían metido en el fondo del granero. Detrás de él había otro coche, un Mini Cooper último modelo, aparentemente el de la mujer.

La chica se presentó, aunque sabía perfectamente que no podía ser otra que Gina Dickens, la sustituta de Jemima. Se había sentido bastante molesta al enterarse de que el coche no era de Gordon, sino de su antigua pareja. Había tenido algunas palabras con él por ese motivo, añadió. Y también a causa de la ropa de Jemima, que estaba guardada en unas cajas en el desván de la casa.

– Gordon me dijo que se había marchado hacía varios meses y que en todo ese tiempo no había tenido ninguna noticia de ella, que es probable que no regrese, que ellos…, bueno, no dijo exactamente que hubiesen tenido una pelea, sólo que se separaron. Dijo que era algo que se veía venir desde hacía tiempo y que había sido idea de ella, y como él esperaba seguir adelante con su vida, había metido todas sus cosas en cajas y no se había deshecho de ellas. Pensó que algún día querría recuperarlas y le pediría que se las enviase cuando… estuviese instalada en alguna parte, supongo. -Se quitó las gafas y le miró abiertamente-. Estoy hablando sin parar -dijo-. Lo siento. Es que todo esto me pone nerviosa. Me refiero a la impresión que da y todo lo demás. Su coche aquí, sus cosas metidas en unas cajas en el desván.

– ¿Usted creyó a Gordon?

Robbie deslizó la mano por el coche de Jemima. No tenía una mota de polvo y brillaba con una pátina reluciente. Ella siempre lo había cuidado muy bien. De modo que Meredith tenía razón en cuanto a esto: ¿por qué su hermana no se lo había llevado? Cierto, sería difícil tener un coche en Londres. Pero ella no habría tenido eso en cuenta. Cuando la atacaba un impulso, nunca se detenía a considerar la situación.

Gina contestó con la voz ligeramente alterada:

– Bueno, en realidad no tenía ninguna razón para no hacerlo, señor Hastings. Me refiero a creer en lo que me dijo. ¿Usted piensa de otro modo?

– Robbie -dijo él-. Mi nombre es Robbie. Puede llamarme así.

– Yo soy Gina.

– Sí. Lo sé. -Él la miró-. ¿Dónde está Gordon?

– Está trabajando cerca de Fritham. -Se frotó los brazos como si hubiese sentido un súbito escalofrío-. ¿Le gustaría entrar? -preguntó-. En la casa, quiero decir.

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[11] Es la Agencia Nacional de Mapas para uno de los mayores editores del mundo.

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