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Diosa Por Elección

Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:

Por fin, Shannon Parker se había reconciliado con la vida en el mundo mítico de Partholon. Amaba a su marido centauro y se había acostumbrado a su conexión con la diosa Epona y los beneficios que conllevaban ambas cosas. Casi había olvidado su antigua vida en la Tierra… sobre todo, cuando descubrió que estaba embarazada…
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
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– ¡Mierda!

Me levanté de la cama y seguí hablando sola.

– Volver a Oklahoma debería ser una experiencia normal. Antes, Oklahoma era algo normal… incluso aburrido -comencé a vestirme y, mientras lo hacía, continué mi perorata-: ¡Pero no! En vez de eso estás embarazada, en mitad de una tormenta de nieve, y perseguida por un monstruo horrible. Y muerta de hambre, además.

Me callé al abrir la puerta de mi habitación, y me encaminé hacia la cocina. No iba a poder dormirme otra vez, y de repente, me apetecían mucho unos huevos revueltos, una tostada y beicon. Por lo menos, allí sabía dónde estaban las cosas.

Abrí un cajón donde se guardaba de todo y rebusqué las cerillas para encender la lámpara que había siempre sobre la mesa de la cocina.

– Aquí están -susurré.

– Podías haberte ahorrado la molestia. Creo que tu padre dejó las cerillas aquí, junto a la lámpara -dijo Clint, y me asustó tanto que di un respingo.

– ¡Demonios, Clint! ¿Qué haces ahí sentado a oscuras? -antes de que él pudiera responder, encendí la lámpara. Él se estaba llevando la taza a los labios-. ¿Y por qué no has dicho nada? Me has dado un susto de muerte.

– Parecía que tenías una misión. He pensado que era mejor quedarme aquí sentado, y no estorbarte.

– Mmm… ¿por qué estás despierto?

– ¿Y tú? ¿Has tenido uno de esos sueños?

– Sí.

– ¿Has visto a ClanFintan otra vez?

– No. Esta vez sólo he flotado por ahí, mientras mantenía una conversación con Epona -respondí, y después le dije-: Voy a hacer huevos revueltos y beicon para todo el mundo. No me digas que no tienes hambre.

– Me encantaría que me dieras de comer.

Nuestras miradas se cruzaron, y por el brillo de sus ojos, supe que su respuesta tenía doble sentido. Aparté la vista rápidamente.

– ¿Y qué te dijo tu diosa?

– Oh… -yo comencé a romper huevos en un cuenco-. Me dijo que el mal anda suelto, y que hay que detener a Nuada, y que los ancianos me ayudarán, y el Chamán de este mundo también, y que confiara en mí misma -le dije, batiendo como una maniaca-. Sin embargo, yo prefiero evitar el mal. No sé cómo detener a Nuada, no conozco a ningún anciano ni a un Chamán aquí, y creo firmemente que todo esto se me escapa de las manos.

Me di cuenta de que estaba conteniendo las lágrimas, lo cual sólo sirvió para enfadarme más. Quizá me hubiera librado de las náuseas matinales, pero tenía las hormonas descontroladas. Maravilloso.

Clint me agarró las manos para que dejara de batir los huevos frenéticamente. Apoyó la barbilla sobre mi cabeza e hizo que me apoyara en él.

– Estoy aquí. Tu padre está aquí. Entre los tres lo solucionaremos. Además eres la Elegida de Epona. No lo olvides.

– Eso es lo que me recordó ella -dije, dándome la vuelta para mirarlo a los ojos.

– Bueno, si no quieres hacerle caso a tu diosa, ¿vas a hacerme caso a mí? Después de todo, soy el reflejo de tu marido -sin darse cuenta, habló en un tono juguetón tan parecido al de ClanFintan que se me encogió el corazón.

– Sí, lo eres de verdad -respondí temblorosamente.

Él leyó el anhelo en mi cara, y su tono de broma se volvió serio al instante. Noté que se le cortaba la respiración. Entonces, me acarició con suavidad la barbilla y la mejilla, y me pasó la mano por la nuca. Yo me estremecí.

– Shannon, mi niña.

Aquella expresión cariñosa salió de sus labios justo cuando se inclinaba para besarme. El beso fue ligero y engañosamente casto. Apartó la cara para poder mirarme.

– Deja que te bese, Shannon.

– Acabas de hacerlo.

– Eso no ha sido un beso, mi amor -dijo él, con una sonrisa llena de promesas-. Déjame besarte, Shannon -repitió suavemente.

Yo quería que me besara. Lo necesitaba. Su sonrisa fue maravillosa cuando yo asentí.

Entonces, me abrazó, y yo me aferré a sus hombros. Nuestros cuerpos se unieron al mismo tiempo que nuestros labios. Sentí la pasión contenida en la tirantez de su cuerpo mientras Clint saboreaba mi boca. Dejé que nuestras lenguas se entrelazaran. Él jugueteó con la mía, exactamente igual que jugueteaba ClanFintan.

Aquel pensamiento fue como un puñetazo en el estómago. Me aparté rápidamente y salí de su abrazo.

– Yo… lo siento. No quiero… No, no es cierto. Sí quiero. Quiero sentir tus besos. Eres como él, y no puedo evitar desearlo. Pero estoy casada, y no contigo.

– Estás casada en otro mundo, Shannon, no en éste.

– ¿Y eso te importaría a ti? Si yo te perteneciera a ti, ¿no te importaría que me acostara con él, en este mundo o en el otro?

Su silencio fue toda la respuesta que yo necesitaba.

– Claro. Los hechos no cambian. Esté aquí o allí, sigo casada con otro hombre.

– ¿De qué estás hablando, Shannon? -preguntó de repente mi padre.

Clint y yo nos sobresaltamos culpablemente.

– Eh… Buenos días, papá.

– Será mejor que saques el beicon de la sartén -dijo mientras se sentaba frente a la silla de Clint-. Y sírveme un café, por favor.

Yo se lo serví.

– Gracias, Bichito -me dijo, y le dio un sorbo al café mientras yo vertía los huevos en la sartén. Cuando mi padre volvió a hablar, su tono era pensativo-. No puedo decir que entienda ni que me crea de verdad lo que me contaste anoche. Sin embargo, te conozco lo suficientemente bien como para saber que tú sí te lo crees. Y nunca has sido mentirosa, así que debe de haber algo de verdad en todo ello. Estoy dispuesto a escuchar con la mente abierta -dijo. Le dio otro sorbo al café y miró a Clint-. Pero primero quiero saber con quién demonios estás casada, y por qué es este hombre el que está aquí contigo, en vez de tu marido.

Yo removí los huevos en la sartén, y le hablé por encima del hombro, mirando hacia atrás.

– Estoy casada con un Sumo Chamán y guerrero, que también es el líder de su gente. Se llama ClanFintan. No está aquí conmigo porque existe en otro mundo.

– Has dicho que estás allí desde tu accidente. Eso fue hace seis meses. No creo que sea tiempo suficiente para conocer a alguien tanto como para casarse con él.

– Era un matrimonio arreglado. Me desperté en Partholon después del accidente y me encontré comprometida con él. Era una de las cosas de las que huía Rhiannon.

– ¿Rhiannon?

– Así se llama la mujer que se está haciendo pasar por mí -dije-. El desayuno está listo. Podéis serviros -añadí, mientras ponía en la mesa tres platos que saqué del armario.

Mientras desayunábamos, mi padre siguió haciéndome preguntas.

– Parece que te metiste en un lío, si esta tal Rhiannon huyó a otro mundo con tal de no casarse con ese tipo.

– No era sólo por eso -dijo Clint-. Rhiannon dejó su mundo porque era una cobarde, y porque quería el tipo de poder que atisbo en éste.

Mi padre masticó un poco, mirando a Clint especulativamente.

– ¿Y cuál es tu papel en todo esto?

– Yo traje a Shannon de vuelta a este mundo.

– ¿Tú? ¿Porqué?

Antes de que Clint pudiera responder, yo intervine.

– Para entenderlo, tienes que entender a Rhiannon, lo cual significa que debes escuchar toda la historia. -Estoy escuchando.

Yo sonreí y comencé a contarle la historia. Mi padre me prestó toda su atención y no me interrumpió, salvo por unas cuantas preguntas en cuanto a los centauros y su cambio de forma. Clint también escuchó atentamente. Aunque yo le había explicado algunas cosas de las que habían ocurrido en Partholon, nunca había oído la historia entera. Sólo lo que Rhiannon le había contado, desde su perspectiva.

Cuando terminé la narración, en el punto en que Clint había tirado de mí y me había arrastrado al claro del bosque sagrado, mi padre preguntó:

– Entonces, ¿dónde está Rhiannon?

– Bueno, no creo que esté en Oklahoma, pero sigue en este mundo -dijo Clint-. No sé por qué, pero sólo fui capaz de traer a Shannon, no expulsé a Rhiannon.

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