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Regreso a Belzagor [Downward to the Earth - es]

Электронная книга - «Regreso a Belzagor [Downward to the Earth - es]». Краткое содержание книги:

Cuando los humanos abandonan el planeta Belzagor, siguiendo la política de descolonización consistente en dar independencia a todos los alienígenas con cultura propia, el administrador imperial Gundersen retorna para emprender un viaje etnológico-sentimental-místico-iniciático… donde hallará o no hallará lo que esperaba, pero en todo caso no retornará el mismo que se puso en camino… como tampoco el lector volverá a ser el mismo después del viaje maravilloso que esta novela propone.
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Gundersen y sus compañeros nildores se encontraban a algunos kilómetros de ese punto de cambio cuando del monte surgió un grupo de sulidores que le mandaron detenerse. Gundersen sabía que eran guardias fronterizos. No existía un sistema formal de vigilancia ni ningún otro tipo de organización gubernamental pero, de todos modos, los sulidores patrullaban la frontera e interrogaban a quienes deseaban cruzarla. Incluso en los tiempos de la Compañía se había respetado, hasta cierto punto, la jurisdicción de los sulidores: habría exigido demasiados esfuerzos rechazarla arbitrariamente y, en consecuencia, los contados terráqueos destinados a las estaciones de la región de las brumas se detenían cortésmente y especificaban su destino antes de continuar la marcha.

Gundersen no participó en la discusión. Nildores y sulidores se situaron a un lado y le dejaron solo para que contemplara los encumbrados bancos de nieve en el horizonte septentrional. AI parecer, había problemas. Un joven sulidor alto y bruñido señaló varias veces a Gundersen y habló largo y tendido; Srin'gahar replicó con unos pocos monosílabos y el sulidor pareció enfurecerse, caminó de un lado a otro y arrancó vehementemente la corteza de los árboles con fuertes golpes de sus enormes garras. Srin'gahar volvió a hablar y entonces llegaron a un acuerdo. El sulidor enojado se internó en el bosque y Srin'gahar indicó a Gundersen que volviera a montar. Reanudaron la marcha hacia el norte, guiados por los dos sulidores que se quedaron.

—¿A qué se debía la discusión? —preguntó Gundersen.

—A nada.

—Pues parecía muy enojado.

—No tiene importancia —afirmó Srin'gahar.

—¿Intentaba impedirme que atravesara la frontera?

—Sentía que no debías atravesarla —reconoció Srin'gahar.

—¿Por qué? Tengo el permiso de un nacido muchas veces.

—Se debía a un motivo personal de rencor, amigo de mi viaje. El sulidor sostenía que en el pasado le habías ofendido. Te conocía de antes.

—Es imposible —dijo Gundersen—. Antes apenas tuve contacto con los sulidores. Nunca salían de la región de las brumas y yo apenas la visité. Dudo que, en los ocho años que pasé en tu planeta, haya intercambiado una docena de palabras con los sulidores.

—El sulidor no se equivocaba al recordar que tuvo un contacto contigo —agregó Srin'gahar delicadamente—. He de decirte que hay testigos dignos de confianza sobre este hecho.

—¿Cuándo? ¿Cómo?

—Fue hace mucho tiempo —repuso Srin'gahar. El nildor pareció satisfecho con esa vaga respuesta pues no ofreció más detalles.

Después de unos instantes de silencio, agregó—: Creo que el sulidor tenía buenas razones para estar molesto contigo. Pero le explicamos que te proponías expiar todos tus actos del pasado y al final cedió. Los sulidores son a menudo una raza terca y vengativa.

—¿Pero qué le hice a él? —insistió Gundersen.

—No es necesario que hablemos de esas cosas —replicó Srin'gahar.

Puesto que a partir de ese momento el nildor se refugió en un silencio impenetrable, Gundersen tuvo tiempo más que suficiente para evaluar las ambigüedades gramaticales de la última frase. Sobre la base exclusiva de su contenido verbal, podía significar: «Es inútil hablar de esas cosas», «Me resultaría incómodo hablar de esas cosas», «Es incorrecto que hablemos de esas cosas» o «Es de mal gusto que hablemos de esas cosas». El significado exacto sólo se podía descifrar con la ayuda de los gestos complementarios, los movimientos de las púas del copete, la trompa y las orejas, y Gundersen no tenía habilidad ni se encontraba en la posición adecuada para detectar dichos gestos. Estaba desconcertado ya que no recordaba haber ofendido a un sulidor y no comprendía cómo pudo hacerlo indirecta o inconscientemente; un rato después llegó a la conclusión de que Srin'gahar se mostraba deliberadamente misterioso y quizá se expresaba con parábolas demasiado sutiles o extrañas para ser captadas por la mente de un terráqueo. De todos modos, el sulidor había retirado sus misteriosas objeciones al viaje de Gundersen y la región de las brumas estaba próxima. El follaje de los árboles de la selva ya era más escaso que uno o dos kilómetros atrás y los árboles se veían más pequeños y espaciados. Ahora eran más frecuentes las bolsas de densa niebla. En muchos lugares el terreno amarillo y arenoso quedaba totalmente al descubierto. Pero el aire era tibio y despejado, tupida la maleza y el brillante sol dorado estaba tranquilizadoramente visible: aún era, inequívocamente, un lugar de clima benigno.

Bruscamente Gundersen percibió un viento frío que llegaba del norte e indicaba cambios. El sendero bajaba por un ligero declive y al subir por el otro extremo Gundersen vio por encima de un montecillo un extenso campo de desolación totaclass="underline" una tierra de nada entre la selva y la región de las brumas. Allí no crecían árboles, arbustos ni musgo; sólo aparecía el terreno amarillo, cubierto por algunos guijarros. Más allá de esa zona estéril, Gundersen avistó una empalizada blanca que reflejaba impetuosamente la luz del sol; al parecer, era un acantilado de hielo de cientos de metros de altura que obstruía el camino hasta donde divisaban sus ojos. En la distancia más lejana, detrás y por encima de la muralla blanca, se alzaba la cumbre de una elevada montaña, de color rojo claro, cuyas puntas escarpadas, cumbres y baluartes destacaban brusca y extrañamente contra el cielo gris plomizo. Todo parecía más grande de lo naturaclass="underline" macizo, monstruoso, excesivo.

—A partir de aquí has de caminar por tus propios medios —dijo Srin'gahar—. Lo lamento, pero es la costumbre. No puedo transportarte más lejos.

Gundersen se apeó de su montura. No le molestó el cambio de situación: sentía que debía dirigirse al renacimiento por sus propias fuerzas y estaba avergonzado de haber ido sentado a horcajadas de Srin'gahar durante tantos centenares de kilómetros. Sorprendido, descubrió que jadeaba después de haber caminado no más de quince metros junto a los cinco nildores. El paso de éstos era lento y majestuoso pero, evidentemente, el aire en esa zona estaba más enrarecido de lo que suponía. Se obligó a disimular su problema. Avanzaría. Se sentía aturdido, extrañamente alegre y dominaría el aporreo en el pecho y la palpitación en las sienes. La austeridad del nuevo frescor de la atmósfera resultaba vigorizante. Se encontraban a mitad de camino de la zona de vacío y en ese momento Gundersen vio con claridad que lo que aparentemente era una sólida barrera blanca que atravesaba el planeta consistía, en realidad, en una muralla de densa bruma situada a nivel del suelo. Hilos desgajados de esa bruma le acariciaban la cara. Al contacto con su pegajoso toque imágenes de muerte surgieron en su mente —cráneos y tumbas, féretros y velos— pero no se desanimó. Miró hacia la montaña rosada que dominaba el terreno en el norte y, al hacerlo, las nubes que cubrían la región de las brumas se separaron, permitiendo que el sol cayera sobre la cumbre más alta —una nevada cúpula de gran extensión— y le pareció que el rostro de Kurtz, transfigurado y sereno, le miraba desde esa cima uniforme y redondeada.

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Сюжет
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Главный герой
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