Caricias del corazón
- Автор: Джексон Лайза
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Caricias del corazón». Краткое содержание книги:
Matt jamás había conocido a una mujer que no sucumbiera al encanto de los McCafferty. Sin embargo, la hermosa Kelly Dillinger, la policía asignada al caso del intento de asesinato de su hermana, demostró ser completamente indiferente a su atractivo. Aunque no se llevaban bien, la actitud profesional y distante de ella hería el orgullo de Matt… y le encendía la sangre.
Cuanto más se resistía Kelly, más decidido estaba él a romper las barreras. De algún modo, la atractiva detective había conseguido quebrar su dura coraza exterior para tocar su alma…
Una docena de recriminaciones la asaltaron, pero las ignoró todas. En vez de eso, le dedicó una pícara mirada.
– Dime, vaquero -bromeó-. ¿Cómo son las segundas partes?
Matt lanzó una carcajada.
– ¿Quieres verlo?
– Mmm -susurró ella mientras le acariciaba el vello del torso-. Si estás seguro de que puedes…
– Tú me lo estás pidiendo, señorita.
– Otra vez. Te lo estoy pidiendo otra vez -le aclaró ella con una carcajada.
Rápido como el relámpago, Matt la rodeó, apretó la boca contra la de ella y cuando Kelly gimió, dijo:
– Pues lo vas a tener.
– Espera un segundo…
Sin embargo, su protesta se vio interrumpida por un apasionado beso. En menos de lo que dura un suspiro, la sangre volvió a hervirle en las venas y el corazón se le aceleró con fuerza.
Se perdió una vez más y, al hacerlo, comprendió sin dudarlo que estaba perdida y desesperadamente enamorada de él.
Diez
– Randi se ha despertado.
La voz de Slade resonó por la línea de teléfono con fuerza y penetró en el cerebro de Matt a la mañana siguiente. Matt miró al lado de la revuelta cama en la que Kelly, con el cabello pelirrojo cubriéndole el rostro, se estiraba y bostezaba. Sus hermosos ojos marrones parpadeaban para ayudarla a salir de un profundo sueño.
– ¿Cuándo?
– Hace un rato.
– ¿Ha dicho algo? -preguntó él.
Kelly se despertó inmediatamente. Su sopor desapareció por completo. Se levantó todo lo rápidamente que pudo por el otro lado de la cama para tomar su ropa.
– Todavía no. Yo voy ahora de camino al hospital.
– Nosotros tomaremos el siguiente vuelo de regreso.
– ¿Nosotros? -repitió Slade.
Matt se dio cuenta de su error.
Slade soltó una carcajada. Su sonido molestó profundamente a Matt.
– Espero que me lo cuentes todo cuando regreses a Grand Hope, hermano -dijo Slade. Con esto, colgó el teléfono.
Matt comenzó a vestirse.
– ¿Randi? -preguntó Kelly.
– Se ha despertado.
Kelly se puso en marcha inmediatamente.
– ¿A qué estamos esperando?
– Tal vez vosotros me podáis decir qué es lo que está pasando -dijo Randi al ver que Matt y Kelly estaban en una concurrida habitación de hospital. Slade, Thorne y Nicole rodeaban la cama en la que Randi parecía dispuesta a comenzar una guerra-. Quiero ver a mi hijo.
Randi no sólo estaba despierta, sino que parecía dispuesta a matar a cualquiera que cometiera el error de decirle que no podía ver a su hijo. Los miraba a todos con frialdad, pero, al mirarla, Matt sintió que le habían quitado un enorme peso de los hombros.
Randi tenía los ojos muy alerta, aunque su rostro estaba algo hinchado y el cabello despeinado. Cuando levantaba el brazo derecho, hacía gestos de dolor como si las costillas que se había roto aún le dolieran. Sin embargo, resultaba fácil leer la expresión de su rostro. Estaba furiosa. Y mucho.
– ¿Hay alguna razón por la que no pueda ver a J.R.? -preguntó Matt mirando a Nicole.
– Lo estamos organizando.
– Pues que sea rápido -insistió Randi mientras leía la placa con el nombre que Nicole llevaba sobre la bata-. ¿Quién es usted?
– La doctora Stevenson -respondió Nicole.
– Eso ya lo veo, pero ya he conocido a dos médicos más que afirman estar ocupándose de mí -dijo. Hablaba con dificultad, forzando las palabras. Estas sonaban algo ahogadas, pero el mensaje estaba claro. Randi McCafferty estaba despierta y se sentía furiosa. Bien. Eso significaba que, definitivamente, se estaba poniendo mejor.
– Yo estaba aquí cuando te trajeron -explicó Nicole-, y estabas en muy mal estado. Aparte de estar en coma, tenías conmoción cerebral, un pulmón perforado, costillas rotas, la mandíbula fracturada y un fémur prácticamente destrozado. Algunos de tus huesos ya han sanado y puedes hablar, pero tardarás algún tiempo en poder volver a caminar. Además, tenemos la complicación de que se te tuvo que hacer una cesárea. Después, alguien decidió inyectarte insulina y estuviste a punto de morir. Por todo esto, creo que sería mejor que te tomaras tu tiempo, que escucharas las órdenes de los médicos y que trataras de ponerte bien antes de empezar a hacer demasiadas peticiones.
– Entonces, ¿es usted la que está al mando?
– No. Te atiende un equipo entero. A mí sólo me interesa porque eras mi paciente y… y porque tengo algo que ver con tu familia.
– ¿Con mi familia? ¿Qué quieres decir con eso?
– Nicole es mi prometida -explicó Thorne. Se acercó un poco a la cama y entrelazó los dedos con los de Nicole-. Créeme. Te traeremos al niño en cuanto el pediatra y tus médicos digan que es el momento adecuado.
– ¿Prometida? -susurró Randi. Entonces, hizo un gesto repentino, como si un fuerte dolor le hubiera atravesado el cerebro-. Espera un momento, Thorne. ¿Te vas a casar?
– Así es. Sólo estábamos esperando a que tú te recuperaras para que pudieras asistir a la ceremonia.
– Un momento… Todo esto es demasiado para mí… ¿Cuánto tiempo he estado en coma?
– Mas de un mes -dijo Slade.
– ¡Santa María! -exclamó. Entonces, levantó la mano para que nadie le dijera nada más-. Ahora, esperad un minuto -dijo. Por fin se había dado cuenta de que Thorne llevaba escayola y un bastón-. ¿Y a ti qué te ha pasado?
– Tuve un accidente, pero hubo suerte. Mi avión cayó.
– ¿Cómo? ¿Y tú? -le preguntó a Slade-. ¿A ti también te ha pasado algo?
Slade se tocó la fina cicatriz que le recorría toda la mejilla, desde la ceja hasta la barbilla.
– No. Es por un accidente de esquí. ¿Es que no te acuerdas?
Randi negó con la cabeza.
– Ocurrió el invierno pasado. No hace ni un año. Viste la cicatriz en el entierro de papá.
Los ojos de Randi se llenaron de lágrimas.
– Hay muchas cosas de las que no me acuerdo -admitió. Entonces centró su atención en Matt-. ¿Se está desmoronando toda la familia? ¿Y tú? Parece que todos los que tienen el apellido McCafferty están malditos. ¿Qué te ha pasado a ti?
– Nada.
– ¿No has tenido ninguna experiencia cercana a la muerte, ni ninguna herida, ni te has comprometido?
– Hasta ahora no -comentó él, y vio que los hombros de Kelly se tensaban ligeramente.
– Bien. En cuanto a ti -le dijo Randi a Thorne-. Me pondré al día de tu vida amorosa más tarde. Por el momento, lo que quiero es ver a mi hijo. Por lo tanto, o me lo traéis o me marcho ahora mismo.
– Espera un poco, ¿quieres? -le pidió Slade-. Le hemos puesto el nombre de J.R., como si fuera Júnior o por el nombre de papá. Está con Juanita en el rancho y, tan pronto como sea posible, os reuniremos a los dos.
– No perdáis ningún momento -insistió Randi. Evidentemente, se estaba empezando a cansar-. En cuanto al nombre, ya hablaremos de eso. No creo que yo quiera que mi hijo se llame J.R. ¡Venga ya! ¿Como papá? ¿De quién ha sido la brillante idea? -preguntó mirando a todos sus hermanos.
– Mía -confesó Thorne.
– Me lo tendría que haber imaginado. Tú siempre fuiste el más mirado de todos, aunque no podías soportar a papá.
Thorne abrió la boca para protestar, pero decidió contener la lengua. Kelly dio un paso al frente y se acercó a la cama de Randi.
– Me llamo Kelly Dillinger. Trabajo para el departamento del sheriff -dijo muy claramente, mientras le dedicaba a Randi una sonrisa-. Cuando los médicos estén de acuerdo, me gustaría hablar con usted sobre el accidente.
A Randi se le nubló la vista.
– El accidente… -repitió sacudiendo la cabeza.
– Sí, cerca de Glacier Park. La obligaron a salirse de la carretera, o, al menos, eso es lo que creemos.