Caricias del corazón
- Автор: Джексон Лайза
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Caricias del corazón». Краткое содержание книги:
Matt jamás había conocido a una mujer que no sucumbiera al encanto de los McCafferty. Sin embargo, la hermosa Kelly Dillinger, la policía asignada al caso del intento de asesinato de su hermana, demostró ser completamente indiferente a su atractivo. Aunque no se llevaban bien, la actitud profesional y distante de ella hería el orgullo de Matt… y le encendía la sangre.
Cuanto más se resistía Kelly, más decidido estaba él a romper las barreras. De algún modo, la atractiva detective había conseguido quebrar su dura coraza exterior para tocar su alma…
– Efectivamente, el detective Espinoza y yo sólo queremos ayudarla -afirmó Kelly con firmeza-. Tratar de protegerla a usted y a su bebé.
– Lo sé. De verdad. Sin embargo, le ruego que no me sermonee sobre mi seguridad, ¿de acuerdo? Créame si le digo que ya he escuchado todas las razones por las que debería quedarme en el hospital, colaborando con la policía y viviendo una vida de prisionera hasta que consigan arrestar a la persona que anda detrás de mí, pero eso no va a ocurrir. Mire, no quiero resultar desagradecida, porque agradezco mucho lo que ustedes intentan hacer. Se trata simplemente de que me muero de ganas por ver a mi hijo. Me estoy volviendo loca sentada aquí. Aún no he tenido oportunidad de ejercer como madre y mi hijo ya tiene más de un mes. Creo que ahora lo más importante para mí es establecer un vínculo emocional con mi hijo -confesó. La sinceridad de sus palabras le llegó a Kelly muy dentro-. ¿Sería demasiada molestia para usted ir al rancho dentro de unas pocas horas, después de que yo me haya instalado y haya tenido oportunidad de ver a mi hijo?
Kelly no era inmune a lo que Randi le estaba diciendo. A Espinoza no le gustaría, pero a Kelly no le interesaba especialmente estar a buenas con él. Aún se sentía dolida por las insinuaciones que el detective había hecho sobre su vida amorosa.
«No se trata de tu vida amorosa. No te engañes. La otra noche te lo pasaste bien, pero fue sexo. Nada más. Al menos para Matt»
Acababa de pensar en estas palabras cuando él entró por la puerta. Matt la miró a los ojos y, durante un instante, ella sintió el mismo calor y la misma intensidad que antes. El estómago se le tensó. Tuvo que mirar de nuevo a Randi.
– Lo comprendo. Pasaré a verla más tarde. Después de cenar.
– Gracias -dijo ella-. Estoy segura de que mis hermanos podrán ocuparse de mí hasta entonces.
– Lo intentaremos -afirmó Matt. Entonces, ofreció a Kelly una sonrisa que a ella le recordó la pasión que habían compartido. Lo más ridículo fue que se sonrojó. Por el amor de Dios, era policía. No podía consentir que un vaquero le hiciera comportarse como si fuera una estúpida colegiala-. ¿Cómo estás?
– Bien. Sólo quiero salir de aquí… oh… veo que no estabas hablando conmigo -dijo Randi.
– Me refería a ambas.
– Estoy bien -replicó Kelly-. Estaré en el pasillo y me aseguraré de que puede entrar en el vehículo sin problemas con la prensa.
– Creo que podremos arreglárnoslas. Slade se está ocupando de los papeles del alta y hemos aparcado el coche cerca de una entrada trasera.
– Muy bien -afirmó Kelly-. Iré a verla esta noche sobre las siete, ¿le parece bien?
– Sí. Y gracias.
Kelly salió de la habitación. ¿Por qué se sentía tan incómoda con Matt? Habían hecho el amor. ¿Y qué? Tenía treinta y dos años, por el amor de Dios, y era detective de profesión. Tenía todo el derecho a hacer lo que quisiera, pero jamás había sido una mujer promiscua. Jamás había creído en el sexo por el sexo ni se había permitido tener aventuras sin alguna clase de sentimiento. De hecho, aparte de su novio del instituto, el de la universidad y otro hombre, no había tenido más relaciones. Su hermana, por el contrario, se había enamorado en una docena de ocasiones y se había casado dos veces. Kelly siempre se había mostrado muy cautelosa y había vivido su vida utilizando la cabeza en vez de escuchar al corazón.
Hasta aquel momento.
Hasta Matt.
Él la alcanzó antes de que se marchara.
– Sólo quería decirte que la cena de Acción de Gracias será mañana a las seis.
– No salgo hasta las cinco, pero sí, me encantaría.
– Bien. Además… el sábado es la boda de Thorne y Nicole. Me gustaría que fueras mi pareja.
– Sí, ¿verdad? -bromeó ella.
– A menos que tengas otros planes.
Kelly se echó a reír. ¿Qué era lo que tenía Matt McCafferty? Un minuto hacía que ella se sintiera muy tímida y, al siguiente, la hacía flirtear con él como nunca lo había hecho en toda su vida.
– Los cancelaré -bromeó ella. Entonces, echó a andar de nuevo, pero Matt la agarró por el brazo y, tras darle la vuelta, la besó hasta hacerle perder el sentido.
– Hazlo -afirmó. Con eso, se dio la vuelta y volvió a entrar en la habitación de Randi.
Kelly se aclaró la garganta. Vio que dos enfermeras apartaban rápidamente la mirada, fingiendo que no habían visto nada. Entonces, vio a Nicole que avanzaba por el pasillo.
– Es un canalla arrogante, ¿verdad? -comentó la doctora mientras Kelly trataba de recuperar un poco de integridad.
– El peor.
– Como sus hermanos -replicó Nicole con una sonrisa-. Sé que a veces me he excedido un poco, sobre todo en lo que se refiere a mis pacientes, pero espero que comprendas que no se trataba de nada personal.
– Lo comprendo.
– Y espero que vengas a la boda. Sé que no te he avisado con mucho tiempo, pero Thorne y yo queríamos esperar hasta que Randi pudiera asistir. Es este sábado por la noche.
– Allí estaré -prometió Kelly.
Regresó a su despacho y se encerró para poder avanzar un poco con todo el papeleo que tenía atrasado de otros casos, pero, como siempre, terminó hojeando el expediente de Randi McCafferty. Releyó los mismos nombres de siempre, pero ninguno de ellos le pareció ser un enemigo en potencia. Aparte de sus hermanos, tenía una tía por parte de madre que se llamaba Bonnie Lancer, y una prima, Nora. Se mantenía en contacto con sus amigos a través del correo electrónico y ocasionales llamadas de teléfono. Kelly había hablado con todos los que habían mantenido contacto con Randi durante los tres meses anteriores al accidente, pero no había conseguido nada. No habían sacado nada en claro del Ford rojo oscuro que supuestamente la había echado de la carretera, y Kelly no se imaginaba cómo el libro de Randi podría tener algo que ver con lo sucedido.
Estaba a punto de dar su jornada por terminaba cuando Stella la llamó por el interfono.
– Detective Dillinger… hay alguien aquí que quiere… un momento, no lo haga otra vez…
Justo en aquel momento, la puerta del despacho de Kelly se abrió de par en par. Era Matt.
– Tienes que dejar de hacer esto -lo amonestó ella. Una vez más, Stella apareció en la puerta con aspecto muy abrumado-. No importa -añadió antes de que Stella tuviera oportunidad de disculparse-. Estás en la oficina del sheriff, no puedes entrar como si fuera tu casa. La pobre Stella va a tener ataques de ansiedad.
– Tenemos que hablar.
– Supongo que se tratará de algo profesional.
– En parte.
– Estoy en mi puesto de trabajo -insistió ella, pero le indicó que tomara asiento-. Tiene que ser algo profesional. Al cien por cien.
– ¿Sí? -la desafió él. Kelly vio el brillo de los ojos de Matt y sintió que el corazón estaba a punto de detenérsele. En un instante, supo que él estaba recordando la noche que pasaron juntos. La garganta se le secó ante los recuerdos de las febriles caricias.
– Sí. Bueno, creo que eso sería lo mejor. ¿Qué puedo hacer por ti?
Matt tuvo la audacia de sonreír. Lentamente.
– Vaya, ésa sí que es una pregunta comprometida…
– Supongo que tienes una razón, que espero que sea buena, para haber entrado aquí de ese modo.
– Te he oído decir que esta noche ibas a venir a mi casa.
– Más tarde. Sobre las siete.