Caricias del corazón
- Автор: Джексон Лайза
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Caricias del corazón». Краткое содержание книги:
Matt jamás había conocido a una mujer que no sucumbiera al encanto de los McCafferty. Sin embargo, la hermosa Kelly Dillinger, la policía asignada al caso del intento de asesinato de su hermana, demostró ser completamente indiferente a su atractivo. Aunque no se llevaban bien, la actitud profesional y distante de ella hería el orgullo de Matt… y le encendía la sangre.
Cuanto más se resistía Kelly, más decidido estaba él a romper las barreras. De algún modo, la atractiva detective había conseguido quebrar su dura coraza exterior para tocar su alma…
– Lo sé. Esperaba que usted pudiera hablarme un poco sobre Randi. Con quién salía, quiénes eran sus amigos y sus enemigos…
– Y quién es el padre de su hijo. Esa es la pregunta del millón, ¿verdad? Desgraciadamente, yo no lo sé tampoco. No tengo ni idea de quién podría querer hacerle daño a Randi y espero sinceramente que no sea el padre de su hijo. Por desgracia, hay de todo en este mundo.
Durante las siguientes dos horas, Kelly estuvo hablando con Sara y otras personas de la redacción sin obtener mucha más información de la que ya disponía. Nadie tenía ni idea de quién podría querer hacer daño a Randi ni de quién era el padre de su hijo. Tenía muchas amigas, pero una en particular, Sharon Okano, una tía y una prima por parte de su madre y todo el mundo, parecían pensar que estaba escribiendo un libro, una historia de ficción sobre el mundo del rodeo. Aparte de su habitual columna, Randi ocasionalmente trabajaba como autónoma.
Cuando por fin se registró en un hotel frente a Elliott Bay, era ya de noche. Allí, se dirigió directamente a su habitación y arrojó el bolso sobre una mesa.
Se puso junto a la ventana, observando las aguas grises durante unos instantes. Entonces, llamó a la amiga de Randi, Sharon, quien, según el mensaje grabado, la «llamaría tan pronto como fuera posible». Kelly dejó su nombre y su número de teléfono del hotel junto con el del departamento del sheriff de Grand Hope. Luego llamó a su departamento y dejó un mensaje de voz para Espinoza. Tras realizar estas tareas, decidió salir a explorar la ciudad.
Se dirigió al paseo marítimo. El viento soplaba con fuerza, levantando la espuma en el mar mientras los ferrys atravesaban las oscuras aguas. Aunque aún ni siquiera había llegado el día de Acción de Gracias, ya se notaba el sabor de la Navidad en los escaparates de las tiendas.
Se compró una taza de sopa de marisco en un pequeño restaurante situado en el muelle 56 y regresó al hotel preguntándose qué estaría haciendo Matt en aquellos momentos. Pensó en el hecho de que había estado a punto de hacer el amor con él y segura de que, si volvía a tener la oportunidad, lo volvería a hacer. Se metió los puños en el bolsillo y consideró las consecuencias de ese acto.
¿Qué daño podría causar? Ella era adulta, igual que él. «Pero tú eres policía y él es el hermano de una víctima, tal vez incluso un sospechoso». No era que creyera los chismorreos locales, pero…
Cuando llegó al hotel, tenía el cabello empapado, las mejillas cortadas por el frío y los dedos congelados. Entró en el vestíbulo y, cuando se dirigía hacia el ascensor, sintió, más que vio, a alguien. El aroma de la loción para después del afeitado, de cuero y de caballos le dijo claramente de quién se trataba.
– ¿Cómo me has encontrado? -preguntó. El corazón se le aceleró al ver el reflejo del rostro de Matt en las puertas del ascensor.
– Un poco de trabajo detectivesco.
– Sí, claro… -comentó ella riendo.
Las puertas se abrieron y Kelly entró en el ascensor. Matt estaba a su lado y ella observó sus ojos oscuros. Brillaban de alegría y, decididamente, de algo más peligroso.
Él apretó el botón del último piso del hotel. Cuando ella extendió la mano para apretar uno diferente. Matt le agarró la mano.
– Me pareció que te gustaría venir a mi habitación durante un rato. A tomar una copa.
– ¿Sí? Sé que nos dejamos llevar un poco la otra noche, pero no creo que sea buena idea que nosotros… Bueno, considerando las circunstancias, no creo que fuera buena idea que estuviéramos juntos.
– Ya lo estamos…
Matt estaba a su lado, sin tocarla. Simplemente, parecía llenar por completo el espacio del ascensor. Kelly se sentía como si fuera claustrofóbica, como si no pudiera respirar.
– Está bien. En ese caso, tal vez no debamos estarlo más de lo que ya estamos… hasta que se resuelva el caso. No quiero perder mi objetividad.
– Demasiado tarde.
Matt la agarró. Aunque ella sabía que debía decirle que la dejara en paz, no lo hizo. En vez de eso, levantó la barbilla y recibió su cálida boca con los fríos labios. Matt la abrazó con fuerza y, cuando el ascensor llegó al último piso del hotel, la besó con la suficiente pasión como para hacerla vibrar.
La batalla había terminado y ella lo sabía. No se molestó en protestar ni en resistirse. Él la tomó en brazos y, como si se tratara de un novio que llevara a la novia el día de su boda, la transportó al interior de la suite.
Kelly cerró los ojos y se perdió en él. Estaban solos. ¿Qué mal podría causar que pasaran una noche juntos? Con un gruñido, Matt le bajó la cremallera del chaquetón y se lo quitó tan fácilmente como la había besado. Primero la chaqueta, luego el jersey, las botas y los vaqueros… todas las prendas fueron cayendo al suelo. Kelly no se lo impidió. Se limitó a besarlo tan fervientemente como él a ella.
Notó vagamente las suaves luces, el cálido fuego de la chimenea y las flores que daban aroma a la estancia. Le quitó también a él la ropa y se perdió en las caricias de aquellas manos callosas sobre su cuerpo, en los labios y en la lengua que la tocaban y la saboreaban, en el cuerpo de Matt junto al suyo. Lentamente, la hizo tumbarse sobre la colcha de raso.
– ¿Cómo… cómo me has encontrado?
– Cuando quiero algo, no lo dejo escapar -susurro él. Le acarició la barbilla con un largo dedo-. Me dijiste que te ibas a marchar y yo decidí seguirte.
– Seattle es una ciudad bastante grande.
– Y yo soy un hombre muy decidido -replicó él con una pícara sonrisa.
– Y con contactos.
– Muchos.
– Que sabes utilizar.
– Cuando tengo que hacerlo…
Se inclinó sobre ella y le besó la parte superior de uno de los senos. Entonces, le bajó el tirante del sujetador para dejarlo más al descubierto. Kelly tragó saliva al sentir que las manos de él le esculpían las costillas y se deslizaban por su espalda, estrechándola, hasta que, por fin, se introdujo un pezón en la boca.
Kelly pensó que se iba a morir. Matt le lamió el pezón mientras ella arqueaba la espalda.
– Kelly… -susurró él sobre la piel de su abdomen.
Entonces, se bajó sobre ella y le rozó suavemente la carne con los labios, tocándola, saboreándola, torturándola… Poco a poco, comenzó a bajarle las braguitas y terminó por tirarlas al suelo. Ella se sintió loca de deseo, ansiosa de mucho más… Los rincones de la habitación comenzaron a nublarse. Kelly sólo era consciente de las sensaciones que él le provocaba.
El sudor le cubría el cuerpo y la sangre le vibraba en las venas, rugiéndole en los oídos y el cerebro. Oyó un gemido, pero le costó reconocer su propia voz. El calor se le extendía por el cuerpo a través de las extremidades mientras ella se movía contra él, deseando mucho más…
– Matt, por favor… -susurró.
Él se deslizó sobre ella y, de algún modo, se quitó los pantalones. Los labios de Matt encontraron los de Kelly y unos fuertes brazos le rodearon el cuerpo. La penetró con una única embestida y ella gimió de placer. Después, comenzó a moverse contra su cuerpo. Kelly captó el movimiento que él imprimía, con el corazón latiéndole a toda velocidad. Le arañó la espalda, respirando con dificultad. El ritmo de Matt fue incrementándose, su nervudo cuerpo se tensaba con cada rápido movimiento.
Kelly se miró en los ojos que la observaban, profundos e intensos. Entonces, un profundo temblor la sacudió desde el interior. Un millón de luces de colores estallaron en el aire, bailando ante ella, como si el universo hubiera colisionado. Matt se dejó llevar también y con un rugido tan salvaje como el viento salvaje de Montana, cayó sobre ella, envolviéndola con sus brazos y enterrándole el cuello en la garganta.
– Kelly… -susurró-. Oh, Kelly…
Permanecieron tumbados, con los miembros entrelazados hasta que consiguieron calmarse. Ella se acurrucó contra Matt, descansando la mejilla sobre el hombro desnudo mientras él le acariciaba el rostro y le apartaba el cabello de la mejilla.