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Электронная книга - «La magia del deseo». Краткое содержание книги:

En otro tiempo, Savannah Beaumont había amado a Travis McCord con todo su corazón. Y una noche de verano, durante su adolescencia, había llegado a creer que él también la amaba. Pero al amanecer se había impuesto la verdad: Travis se había marchado y ella se había sentido como una tonta. Nueve años después, ella seguía diciéndose a sí misma que odiaba a Travis.
Ahora él había regresado al rancho de los Beaumont, y Savannah quería mantenerlo a distancia, pero el engaño tenía muchas caras. Travis le pedía que confiara en él para ayudarla a descubrir los secretos que escondía su propia familia. ¿Podría olvidar las traiciones del pasado… y el deseo que seguían sintiendo el uno por el otro?
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Savannah vaciló.

– No quiero dejarte.

– Sólo será un rato -sonrió, cansado-. Hasta que llevemos al caballo de vuelta a las cuadras. Tendrás que avisar enseguida a un veterinario. Ah, y tráete un caballo de refresco y un par de mantas para estos dos -señaló a Mystic y a Jones.

– ¿Para qué el caballo de refresco?

– Jones está agotado.

– ¿Y tú quieres seguir buscando a Josh? -Savannah no sabía si alegrarse o preocuparse aún más.

– Encontré al caballo, ¿no? El niño no puede estar muy lejos. Si se cayó cuando Mystic se hirió la pata, tiene que estar por aquí. El animal no ha podido alejarse tanto. No con una lesión tan grave.

Lo que estaba diciendo Travis tenía plena lógica y, por primera vez en aquella noche, Savannah abrigó la firme esperanza de que al final podrían llevar al niño de vuelta a casa, sano y salvo. «A no ser que esté muerto», pensó con una punzada de pánico.

– No pienses eso -le reprochó Travis, leyéndole el pensamiento-. Lo encontraremos y estará perfectamente. Ya lo verás.

– Oh, Dios mío, eso espero…

– Vamos -la urgió, besándola en la frente-. No pierdas la fe. No ahora. Josh, Mystic y yo contamos contigo.

– Está bien -musitó. Reacia, montó a Mattie.

Una fuerza parecía retenerla al lado de Travis. Como si algo en el aire frío de la noche le advirtiera de que abandonarlo en aquel momento acabaría en tragedia.

– Adelante -insistió él-. Sólo hay que aguantar un poco más. Y después, todo habrá terminado.

– ¿Y Josh?

– Lo encontraré -prometió Travis, solemne-. No cejaré hasta localizarlo -al ver su expresión preocupada, añadió-: En cuanto a mí, puedes estar tranquila. ¿Es que no sabes que no hay nada que pueda separarme de ti?

– Eso espero -murmuró Savannah, y se inclinó para besarlo en los labios. Sólo en aquel instante tomó conciencia de la desesperación con que lo amaba. El corazón se le partía en dos ante la perspectiva de abandonarlo.

Aun así, se marchó. No había tiempo que perder. La vida de Josh estaba en juego.

Mientras emprendía el regreso al rancho, volvió a llamar a Josh a gritos.

– ¡Josh! ¿Dónde estás? -no recibió más respuesta que el rugido del viento. «Dios mío, que lo encuentre, por favor», rezó para sus adentros. ¿Dónde estaría? ¿Se encontraría vivo?

De repente Mattie se detuvo. Savannah escrutó la oscuridad, pero no vio nada. Poco esperanzada, llamó por última vez a Josh.

El corazón le dio un vuelco en el pecho cuando, a lo lejos, alcanzó a escuchar una leve respuesta, un débil eco en medio de la noche. Pero lo primero que pensó fue que se lo había imaginado. Gritó de nuevo y esperó, conteniendo la respiración. Esa vez la réplica resultó inequívoca.

Emocionada, picó espuelas, siguiendo el sonido de la voz de Josh.

– Ya voy -chilló para hacerse oír por encima del silbido del viento. Para alivio suyo, distinguió entre los árboles a Travis montando a Jones.

– Yo también lo he oído. Habría venido antes, pero tenía que volver a ensillar a Jones -le explicó Travis y, a continuación, voceó el nombre de Josh a pleno pulmón.

Los gritos de respuesta de Josh se oían cada vez más cerca.

– Está vivo -susurró Savannah, llorando de alivio. Minutos después llegaban al borde de un empinado barranco-. Josh, ¿dónde estás?

Su voz resonó en el cañón nevado.

– Aquí… -respondió el chico desde el fondo.

– Ya estamos aquí, Josh -Savannah desmontó de un salto y corrió hacia el borde del cortante. El fondo estaba tan negro… Apenas podía distinguir la figura inerte entre la nieve-. ¡Enseguida te sacamos de ahí!

A su lado, Travis intentaba identificar la ruta más rápida de descenso. A continuación, sacó una soga de su silla y ató un extremo al tronco de un pino.

– Bajaré yo solo.

– ¡Pero Josh me necesita! -protestó ella.

– Aunque sólo sea por esta vez, haz lo que te digo, por favor. Si me veo en apuros, gritaré. Lo último que necesito es que tú te hagas daño intentando salvar al chico.

– Sácalo entonces de allí.

– Descuida.

Después de atarse la soga a la cintura, empezó al descenso. Savannah no lo perdía de vista desde el borde del barranco. El niño estaba hecho un ovillo bajo la escasa protección de un pequeño árbol.

– ¿Cómo te encuentras? -preguntó Travis una vez que se acercó lo suficiente.

Josh no respondió. Le castañeteaban los dientes. Estaba temblando de pies a cabeza.

– Déjame que te examine bien… -Travis se concentró en palparle los miembros, buscando alguna lesión o hueso roto-. Sé que esto te va a costar un poco, pero tenemos que volver a casa cuanto antes. ¿Podrás hacerlo, Josh?

El niño asintió débilmente, pero no hizo ningún intento por levantarse. Travis le echó su abrigo por encima y lo levantó delicadamente en brazos. Consideró sus opciones. O se llevaba rápidamente el niño en aquellas condiciones o esperaba a que Savannah volviera con ayuda. Pero eso podría tardar horas.

– Mira, Josh, voy a intentar sacarte de aquí. ¿Crees que podrás hacerlo? -volvió a preguntarle.

– No lo sé…

– Animo: lo conseguiremos. Ya lo verás -y empezó a subir por la empinada ladera, con el niño apretado contra su pecho.

Savannah lo observó mientras ascendía lentamente por la pendiente cubierta de nieve. Los minutos se le hicieron eternos. Vio que resbalaba varias veces, caía hacia abajo un trecho hasta que conseguía levantarse de nuevo. Finalmente, alcanzó la cumbre del barranco.

– Oh, Josh -susurró, besando al niño y sollozando en silencio-. Gracias a Dios que estás vivo -aterrada, miró a Travis-. Se está congelando.

– Hay que llevarlo a la casa cuanto antes, pero no creo que esté en condiciones de montar solo, y Jones está demasiado agotado para cargar con los dos. ¿Podrás llevarlo tú?

– Por supuesto.

Una vez que Savannah montó en Mattie, Travis la ayudó a instalar al niño en su silla.

– ¿Dónde está Mystic? -inquirió Josh con voz débil en el instante en que se pusieron en marcha. Se acurrucaba contra su tía, temblando de frío y de miedo.

– Está atado y a salvo. Enviaremos a buscarlo cuando lleguemos a casa -le aseguró Travis.

El trayecto de vuelta duró una eternidad. Josh no volvió a abrir la boca más que para gemir. A Savannah le dolían terriblemente los brazos de sujetarlo. Para cuando distinguieron los primeros edificios del rancho, el sol ya asomaba en el horizonte.

Lester los descubrió en el potrero más cercano a las cuadras. Sonrió de oreja a oreja y de inmediato ordenó a Johnny que despertara a todo el mundo en la casa.

– Hola, hijo. No sabes cuánto me alegro de volver a verte -le dijo a Josh mientras lo ayudaba a bajar del caballo.

Charmaine y Wade se reunieron con ellos segundos después. Charmaine apenas había tenido tiempo para ponerse una bata sobre el camisón y calzarse las botas.

– ¡Josh! -tenía el rostro bañado en lágrimas-. Oh, cariño, ¿estás bien? Déjame mirarte…

– Será mejor que entre cuanto antes en casa -dijo Travis.

– No. Dámelo -lo estrechó contra su pecho, emocionada-. ¡Que Dios te bendiga por haberlo encontrado!

– Hay que llamar a una ambulancia -fue la respuesta de Travis-. Está congelándose de frío.

– ¡Oh, cariño… ¡ -susurró Charmaine llevándolo hacia la casa.

Josh se colgaba del cuello de su madre como un desesperado. Charmaine estaba sollozando y a Savannah se le saltaban las lágrimas.

– ¿Y Mystic? -quiso saber Lester.

– Tenemos que volver a buscarlo -explicó Travis, mirando cómo Charmaine entraba en la casa con su hijo-. Está herido. En la pata delantera derecha, probablemente el tobillo.

Lester frunció el ceño.

– Voy a buscar la camioneta -y salió disparado.

Travis se volvió hacia Savannah. Tenía el semblante muy serio, preocupado. Se le notaban las ojeras de cansancio.

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